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<channel><title><![CDATA[Reik&iacute;simo - Club del Libro]]></title><link><![CDATA[https://www.reikisimo.com/club-del-libro]]></link><description><![CDATA[Club del Libro]]></description><pubDate>Sun, 17 May 2026 23:37:27 -0700</pubDate><generator>Weebly</generator><item><title><![CDATA[Les Miserables de Victor Hugo.]]></title><link><![CDATA[https://www.reikisimo.com/club-del-libro/les-miserables-de-victor-hugo]]></link><comments><![CDATA[https://www.reikisimo.com/club-del-libro/les-miserables-de-victor-hugo#comments]]></comments><pubDate>Mon, 30 May 2022 03:45:53 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">https://www.reikisimo.com/club-del-libro/les-miserables-de-victor-hugo</guid><description><![CDATA[Digne era un peque&ntilde;o pueblo ubicado en el norte de Provenza, una pintoresca regi&oacute;n del sureste de Francia. Estaba bordeado en parte por monta&ntilde;as que a menudo estaban infestadas de bandidos.         En 1806 Monsieur Charles Myriel fue nombrado nuevo obispo de Digne.Cuando el obispo Myriel lleg&oacute; a la ciudad, lo acompa&ntilde;aban su hermana menor, Mademoiselle Baptistine, y su doncella, Madame Malgoire.Su nuevo hogar, el Palacio Episcopal, fue construido en piedra, espa [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div class="paragraph" style="text-align:center;"><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Digne era un peque&ntilde;o pueblo ubicado en el norte de Provenza, una pintoresca regi&oacute;n del sureste de Francia. Estaba bordeado en parte por monta&ntilde;as que a menudo estaban infestadas de bandidos.</font></span></span></div>  <div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0;margin-right:0;text-align:center"> <a> <img src="https://www.reikisimo.com/uploads/7/7/6/9/7769312/girl_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%"></div> </div></div>  <div class="paragraph" style="text-align:center;"><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En 1806 Monsieur Charles Myriel fue nombrado nuevo obispo de Digne.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando el obispo Myriel lleg&oacute; a la ciudad, lo acompa&ntilde;aban su hermana menor, Mademoiselle Baptistine, y su doncella, Madame Malgoire.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su nuevo hogar, el Palacio Episcopal, fue construido en piedra, espacioso y hermoso. Estaba muy bien complementado con un jard&iacute;n plantado con magn&iacute;ficos &aacute;rboles.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El palacio estaba situado junto a un hospital. El hospital era un edificio largo y angosto de un piso con un peque&ntilde;o jard&iacute;n.</font></span></span><br /><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tres d&iacute;as despu&eacute;s de su llegada a Digne, el obispo visit&oacute; el hospital. Antes de que terminara su visita a los vecinos, invit&oacute; al director del hospital a pasar por su palacio para una visita.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">-Se&ntilde;or -le dijo al director-, &iquest;cu&aacute;ntos pacientes tiene?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Veintis&eacute;is, monse&ntilde;or ".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El obispo recorri&oacute; con la mirada el sal&oacute;n, aparentemente tomando medidas y haciendo c&aacute;lculos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Cabe veinte camas &rdquo;, se dijo a s&iacute; mismo, y luego, alzando la voz, dijo:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Escuche, se&ntilde;or director, lo que tengo que decir. Evidentemente hay un error aqu&iacute;. Hay veintis&eacute;is de ustedes en cinco o seis cuartos peque&ntilde;os; solo somos tres y hay espacio para sesenta. Hay un error, le digo. Usted tiene mi casa y yo la suya.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">devu&eacute;lvame la m&iacute;a; usted est&aacute; en casa."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al d&iacute;a siguiente, veintis&eacute;is pobres inv&aacute;lidos fueron instalados en el palacio del obispo y el obispo estaba en el hospital.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En poco tiempo empezaron a llegar donaciones de dinero. Los que ten&iacute;an y los que no hab&iacute;an tocado a la puerta del obispo; unos ven&iacute;an a recibir limosnas y otros a darlas. En menos de un a&ntilde;o se hab&iacute;a convertido en el tesorero de todos los ben&eacute;volos y el dispensador de todos los necesitados. Grandes sumas de dinero pasaron por sus manos. Sin embargo, en nada cambi&oacute; su estilo de vida, ni a&ntilde;adi&oacute; el menor lujo a su sencilla comida. Los pobres del barrio siempre lo llamaban Monsieur Bienvenu.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En 1815 hab&iacute;a llegado a los 76 a&ntilde;os, pero no parec&iacute;a tener m&aacute;s de sesenta. No era alto. Daba largos paseos con frecuencia y ten&iacute;a un paso firme. Estaba de buen humor y todos se sent&iacute;an a gusto en su presencia. De toda su persona parec&iacute;a irradiar alegr&iacute;a. Su tez rojiza y lozana y sus dientes blancos, todos bien conservados y que ense&ntilde;aba cuando re&iacute;a, le daban un aire abierto y f&aacute;cil. La gente lo consideraba c&aacute;lido y gentil. Era una persona reflexiva y respetada por todos los que lo conoc&iacute;an.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La oraci&oacute;n, la limosna, el consuelo de los afligidos, la jardiner&iacute;a, el estudio y el trabajo llenaron cada d&iacute;a de su vida. El d&iacute;a del obispo estuvo repleto de buenos pensamientos, buenas palabras y buenas acciones.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cada hermosa tarde pasaba una hora o dos en su jard&iacute;n meditando en presencia del gran espect&aacute;culo del firmamento estrellado. Sentado all&iacute; solo comparaba la serenidad de su coraz&oacute;n con la serenidad de los cielos, conmovido en la oscuridad por el esplendor visible de las constelaciones, y el esplendor invisible de Dios, abriendo su alma a los pensamientos que caen de lo desconocido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s necesitaba este anciano que divid&iacute;a las horas de ocio de su vida, donde ten&iacute;a tan poco ocio, entre la jardiner&iacute;a de d&iacute;a y la contemplaci&oacute;n de noche? Un peque&ntilde;o jard&iacute;n para caminar e inmensidad para reflexionar. Unas pocas flores en la tierra, y todas las estrellas en el cielo.</font></span></span></div>  <h2 class="wsite-content-title" style="text-align:center;"><span style="color:rgb(0, 0, 0)">LA CA&Iacute;DA</span></h2>  <div class="paragraph" style="text-align:center;"><font size="4"><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Una hora antes de la puesta del sol, en la tarde de un d&iacute;a a principios de octubre en 1815, un hombre que viajaba a pie entr&oacute; en la peque&ntilde;a ciudad de DIGNE. Las pocas personas que en ese momento estaban en sus ventanas o en sus puertas miraban a este viajero con una especie de desconfianza. Habr&iacute;a sido dif&iacute;cil encontrar un transe&uacute;nte de apariencia m&aacute;s miserable. Era un hombre de mediana estatura, s&oacute;lido y robusto, en la fuerza de la madurez; puede que tuviera cuarenta y seis o siete a&ntilde;os. Una gorra de cuero holgada ocultaba a medias su rostro, bronceado por el sol y el viento, y chorreando sudor. Su peludo pecho se ve&iacute;a a trav&eacute;s de la tosca camisa amarilla que estaba sujeta al cuello con una peque&ntilde;a ancla de plata; vest&iacute;a una corbata retorcida como una soga, pantal&oacute;n azul basto, gastado y ra&iacute;do, blanco en una rodilla y con agujeros en la otra, y una blusa gris vieja y andrajosa, remendada en un lado con un trozo de tela verde cosido con bramante; a la espalda llevaba una mochila bien llena, bien abrochada y completamente nueva. En su mano portaba un enorme bast&oacute;n anudado; sus pies sin medias calzaban zapatos claveteados; su cabello estaba corto y su barba larga.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El sudor, el calor, la larga caminata y el polvo, a&ntilde;ad&iacute;an una mezquindad indescriptible a su aspecto andrajoso.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Llevaba el pelo rapado, pero erizado, porque hab&iacute;a empezado a crecer un poco y, al parecer, no se lo hab&iacute;an cortado desde hac&iacute;a tiempo.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Cuando lleg&oacute; a la esquina de la rue Poichevert, gir&oacute; a la izquierda y se dirigi&oacute; hacia la oficina del alcalde. Entr&oacute; y un cuarto de hora despu&eacute;s sali&oacute;.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Hab&iacute;a entonces en Digne una buena posada llamada La Croix de Colbas.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Volvi&oacute; el viajero sus pasos hacia esta posada, que era la mejor del lugar, y fue enseguida a la cocina. Todas las cocinas echaban humo y un gran fuego ard&iacute;a vigorosamente en el lugar de la chimenea. El anfitri&oacute;n, que era a la vez jefe de cocina, iba de la chimenea a las cacerolas, muy ocupado supervisando una excelente cena para unos carreteros que re&iacute;an y conversaban ruidosamente en el sal&oacute;n contiguo.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Una marmota gorda, flanqueada por perdices blancas y gansos, daba vueltas en un largo asador ante el fuego; sobre las praderas se cocinaban dos grandes carpas del lago Laucet y una trucha del lago Alloz.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El anfitri&oacute;n, al o&iacute;r que se abr&iacute;a la puerta y entraba un reci&eacute;n llegado, dijo, sin levantar la vista de sus rangos:</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&iquest;Qu&eacute; tendr&aacute; el se&ntilde;or?</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; Algo para comer y hospedaje.&rdquo;</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; Nada m&aacute;s f&aacute;cil &rdquo;, dijo el anfitri&oacute;n, pero al volver la cabeza y tomar una observaci&oacute;n del viajero, agreg&oacute;: &ldquo; Por pago.&rdquo;</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El hombre sac&oacute; de su bolsillo una gran cartera de cuero y respondi&oacute;:</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">" Tengo dinero."</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; Entonces &rdquo;, dijo el anfitri&oacute;n, &ldquo; Estoy a su servicio &rdquo;</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El hombre volvi&oacute; a guardarse la bolsa en el bolsillo, se quit&oacute; la mochila y la dej&oacute; con fuerza junto a la puerta y, con el bast&oacute;n en la mano, se sent&oacute; en un taburete bajo junto al fuego.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Sin embargo, mientras el anfitri&oacute;n pasaba de un lado a otro, mantuvo un ojo atento en el viajero.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo;&iquest;La cena est&aacute; casi lista? " dijo el hombre.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; Directamente &rdquo;, dijo el anfitri&oacute;n.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Mientras el reci&eacute;n llegado se calentaba de espaldas, el digno ventero,</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Jacquin Labarre, sac&oacute; un l&aacute;piz de su bolsillo y luego arranc&oacute; la esquina de un papel viejo que sac&oacute; de una mesita cerca de la ventana. En el margen escribi&oacute; una l&iacute;nea o dos. Lo dobl&oacute; y le entreg&oacute; el trozo de papel a un ni&ntilde;o. El posadero susurr&oacute; una palabra al ni&ntilde;o y este sali&oacute; corriendo en direcci&oacute;n a la oficina del alcalde.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El viajero no vio nada de esto.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Pregunt&oacute; por segunda vez: "&iquest;Est&aacute; lista la cena?"</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; S&iacute;, en unos instantes &rdquo;, dijo el anfitri&oacute;n</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El chico volvi&oacute; con el papel. El anfitri&oacute;n lo despleg&oacute; apresuradamente, como quien espera una respuesta. Parec&iacute;a leer con atenci&oacute;n, luego, inclinando la cabeza hacia un lado, pens&oacute; por un momento. Luego dio un paso hacia el viajero, que parec&iacute;a sumido en inquietantes pensamientos.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">-Se&ntilde;or -dijo-, no puedo recibiros. No tengo espacio.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; Bueno,&rdquo; respondi&oacute; el hombre, &ldquo; Un rinc&oacute;n en la buhardilla, un lecho de paja. Veremos eso despu&eacute;s de la cena.&rdquo;</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; No puedo darle nada de cenar&rdquo;.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Esta declaraci&oacute;n, hecha en un tono mesurado pero firme, le pareci&oacute; seria al viajero.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&Eacute;l se levant&oacute;.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; &iexcl;Ay, bah! Pero me muero de hambre.&rdquo;</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; No tengo nada &rdquo;, dijo el anfitri&oacute;n.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El hombre se ech&oacute; a re&iacute;r y se volvi&oacute; hacia la chimenea y los fogones.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">" &iexcl;Nada! &iquest;Y todo eso? "</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; Todo eso est&aacute; comprometido &rdquo;.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El hombre volvi&oacute; a sentarse y dijo, sin alzar la voz:</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&ldquo; Estoy en una posada. Tengo hambre, y me quedar&eacute;. &rdquo;</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">El anfitri&oacute;n inclin&oacute; su o&iacute;do y dijo con una voz que lo hizo temblar:</span></font><br /><br />&#8203;</div>  <div class="paragraph" style="text-align:center;"><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&#8203;&nbsp;&iexcl;Vayase! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A estas palabras, el viajero, que estaba encorvado, avivando algunas ascuas en el fuego con el extremo de su bast&oacute;n forrado de hierro, se volvi&oacute; de repente y abri&oacute; la boca como para responder, cuando el anfitri&oacute;n, mir&aacute;ndolo fijamente, a&ntilde;adi&oacute; en el mismo tono solitario: &ldquo;Pare, no m&aacute;s de eso. Es mi costumbre ser cort&eacute;s con todos. &iexcl;Vayase! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre inclin&oacute; la cabeza, recogi&oacute; su mochila y sali&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tom&oacute; la calle principal; caminaba al azar, escabull&eacute;ndose cerca de las casas como un hombre triste y humillado; no se dio la vuelta ni una sola vez. Si se hubiera vuelto, habr&iacute;a visto al posadero de la Croix de Colbas, de pie en su puerta con todos sus invitados, y los transe&uacute;ntes reunidos a su alrededor, hablando con entusiasmo, y se&ntilde;al&aacute;ndole, y por las miradas de miedo y desconfianza que se intercambiaron, habr&iacute;a adivinado que en poco tiempo su llegada ser&iacute;a la comidilla de todo el pueblo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; anduvo alg&uacute;n tiempo, yendo por casualidad por calles desconocidas para &eacute;l, y olvidando el cansancio, como ocurre en el dolor.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente sinti&oacute; una punzada de hambre; la noche estaba a la mano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; anduvo alg&uacute;n tiempo, yendo por casualidad por calles desconocidas para &eacute;l, y olvidando el cansancio, como es el caso de la pena. De pronto sinti&oacute; una punzada de hambre; la noche estaba a la mano.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Unos ni&ntilde;os que lo hab&iacute;an seguido desde la Croix de Colbas le arrojaron palos. Se volvi&oacute; enojado y los amenaz&oacute; con su bast&oacute;n, y se dispersaron como una bandada de p&aacute;jaros.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pas&oacute; la prisi&oacute;n; una cadena de hierro colgaba de la puerta unida a una campana. &Eacute;l llam&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La reja se abri&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;Se&ntilde;or llave en mano &mdash;dijo &eacute;l, quit&aacute;ndose la gorra con respeto&mdash;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Me abre y me deja quedarme aqu&iacute; esta noche? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Una voz respondi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Una prisi&oacute;n no es una taberna; h&aacute;gase arrestar y abriremos. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La reja se cerr&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La noche lleg&oacute; r&aacute;pidamente; soplaban los fr&iacute;os vientos alpinos.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Empez&oacute; a caminar de nuevo, saliendo de la ciudad, con la esperanza de encontrar alg&uacute;n &aacute;rbol o un pajar bajo en el cual pudiera refugiarse. Camin&oacute; durante alg&uacute;n tiempo, con la cabeza gacha. Cuando pens&oacute; que estaba lejos de toda habitaci&oacute;n humana, levant&oacute; los ojos y mir&oacute; a su alrededor con intriga. Estaba en un campo; ante &eacute;l hab&iacute;a un mont&iacute;culo bajo cubierto de rastrojos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El cielo estaba muy oscuro; no era simplemente la oscuridad de la noche, sino que hab&iacute;a nubes muy bajas, que parec&iacute;an descansar sobre las colinas, y cubr&iacute;an todo el cielo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No hab&iacute;a nada en el campo ni sobre la colina, excepto un &aacute;rbol feo, a pocos pasos del viajero, que parec&iacute;a girar y retorcerse.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Volvi&oacute; sobre sus pasos; las puertas de Digne estaban cerradas. Pas&oacute; por una brecha y entr&oacute; en la ciudad.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eran como las ocho de la noche. Como no conoc&iacute;a las calles, caminaba al azar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al pasar por la plaza de la catedral, se&ntilde;al&oacute; con el pu&ntilde;o a la iglesia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En la esquina de esta plaza se encuentra una imprenta. Agotado por la fatiga y sin esperar nada mejor, se acost&oacute; en un banco de piedra frente a esta imprenta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En ese momento una anciana sali&oacute; de la iglesia. Vio al hombre tirado en la oscuridad y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; haces ah&iacute; mi amigo? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;l respondi&oacute; con dureza, y con ira en su tono:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Ya ves mi buena mujer, me voy a dormir. &ldquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La buena mujer, que realmente merec&iacute;a el nombre, era Madame la Marquise de R___.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Sobre el banco? " dijo ella. &ldquo;No puede pasar la noche as&iacute;. Debe tener fr&iacute;o y hambre. Deber&iacute;an darte alojamiento por caridad. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;He llamado a todas las puertas. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Bueno, &iquest;entonces qu&eacute;? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Todo el mundo me ha ahuyentado. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La buena mujer toc&oacute; el brazo del hombre y le se&ntilde;al&oacute;, al otro lado de la plaza, una casita baja al lado del palacio del obispo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Has llamado a todas las puertas? " ella pregunt&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" S&iacute;. &ldquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Has llamado a esa de ah&iacute;? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" No."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Toca ah&iacute;. &rdquo;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Aquella tarde, despu&eacute;s de su paseo por la ciudad, el obispo de Digne se qued&oacute; hasta bastante tarde en su habitaci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estaba ocupado con su gran trabajo en Deber, que lamentablemente qued&oacute; incompleto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A las ocho en punto estaba todav&iacute;a en el trabajo, cuando la se&ntilde;ora Malgoire, como de costumbre, entr&oacute; para tomar los platos de plata del panel cerca de la cama. Un momento despu&eacute;s, el obispo, sabiendo que la mesa estaba puesta y que tal vez su hermana estaba esperando, cerr&oacute; su libro y se fue a la sala.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Madame Malgoire acababa de terminar de colocar los platos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras dispon&iacute;a la mesa, hablaba con mademoiselle Baptistine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La l&aacute;mpara estaba sobre la mesa, que estaba cerca de la chimenea, donde ard&iacute;a un buen fuego.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Uno puede imaginar f&aacute;cilmente a estas dos mujeres, ambas pasadas de los sesenta a&ntilde;os: Madame Magloire, peque&ntilde;a, gorda y r&aacute;pida en sus movimientos; Mademoiselle Baptistine, dulce, delgada, fr&aacute;gil, un poco m&aacute;s alta que su hermano. Madame Malgoire ten&iacute;a aire de campesina y mademoiselle Baptistine el de una dama.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Justo cuando entr&oacute; el obispo, Madame Malgoire hablaba con cierto calor. Estaba hablando con mademoiselle sobre un tema familiar y al que el obispo estaba bastante acostumbrado. Fue una discusi&oacute;n sobre los medios para sujetar la puerta principal.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Parece que mientras Madame Malgoire estaba haciendo provisiones para la cena, hab&iacute;a o&iacute;do la noticia en varios lugares. Se hablaba de que un fugitivo mal parecido, un vagabundo sospechoso, hab&iacute;a llegado y estaba al acecho en alg&uacute;n lugar de la ciudad, y que algunas aventuras desagradables podr&iacute;an acontecer a quienes regresen a casa tarde en la noche. Entonces mademoiselle Baptistine se atrevi&oacute; a decir t&iacute;midamente:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hermano, &iquest;Escuchas lo que dice la se&ntilde;ora Malgoire? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Escuch&eacute; algo de eso indistintamente&rdquo;, dijo el obispo. Luego, dando media vuelta a su silla, poniendo las manos en las rodillas, y levantando hacia la anciana criada su rostro cordial y jovial, sobre el que brillaba la luz del fuego, dijo: -&iexcl;Bien, bien! &iquest;Cu&aacute;l es el problema ? &iquest;Estamos en alg&uacute;n gran peligro? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entonces Madame Malgoire comenz&oacute; de nuevo su historia, exagerando inconscientemente un poco.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Parec&iacute;a que un gitano descalzo, una especie de mendigo peligroso, estaba en el pueblo. Hab&iacute;a ido a buscar alojamiento a Jacquin Labarre, que se hab&iacute;a negado a recibirlo; se le hab&iacute;a visto entrar en la ciudad por el bulevar Gassendi y deambular por la calle al anochecer.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un hombre con una mochila y una cuerda, y una cara terrible.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Por cierto ! &rdquo;, dijo el obispo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Continu&oacute;: &ldquo;S&iacute;, monse&ntilde;or; es verdad. Algo suceder&aacute; esta noche en el pueblo; todo el mundo lo dice. Y yo digo, monseigneur, y mademoiselle dice tambi&eacute;n...</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest; Yo ? interrumpi&oacute; la hermana. " No dije nada. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La se&ntilde;ora Malgoire prosigui&oacute; como si no hubiera o&iacute;do esta protesta:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Decimos que esta casa no es nada segura, y si monse&ntilde;or me lo permite, ir&eacute; y le dir&eacute; a Paulin Musebois, el cerrajero, que venga y vuelva a poner los viejos cerrojos en la puerta; est&aacute;n ah&iacute;, y tomar&aacute; s&oacute;lo un minuto. Digo que tenemos que tener cerrojos, aunque s&oacute;lo sea por esta noche, porque digo que una puerta que se abre con un pestillo en el exterior a la primera esquina, nada podr&iacute;a ser m&aacute;s horrible, y entonces monse&ntilde;or tiene la costumbre de decir siempre: "Pase". , incluso a medianoche. Pero, &iexcl;Dios m&iacute;o! Ni siquiera hay necesidad de pedir permiso...</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En ese momento llamaron violentamente a la puerta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Adelante ! &ldquo;, dijo el obispo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La puerta se abri&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se abri&oacute; r&aacute;pidamente, bastante de par en par, como si alguien la empujara con audacia y energ&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entr&oacute; un hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ese hombre, que ya conocemos; era el viajero que hemos visto deambular en busca de alojamiento.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entr&oacute;, dio un paso y se detuvo, dejando la puerta abierta detr&aacute;s de &eacute;l. Llevaba la mochila a la espalda, el bast&oacute;n en la mano y una mirada &aacute;spera, dura, cansada y feroz en los ojos, a la luz del fuego. &Eacute;l era horrible. Fue una aparici&oacute;n de mal ag&uuml;ero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Madame Malgoire ni siquiera tuvo fuerzas para gritar. Se qued&oacute; temblando con la boca abierta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mademoiselle Baptistine se volvi&oacute;, vio entrar al hombre y se levant&oacute; medio alarmada; luego, volvi&eacute;ndose lentamente hacia el fuego, mir&oacute; a su hermano y su rostro recobr&oacute; su habitual calma y serenidad.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El obispo mir&oacute; al hombre con ojos tranquilos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras abr&iacute;a la boca para hablar, sin duda para preguntar al forastero qu&eacute; quer&iacute;a, el hombre, apoyado con ambas manos en su garrote, miraba alternativamente a uno y otro, y sin esperar a que hablara el obispo, dijo en voz alta;</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Mire aqu&iacute;! Mi nombre es Jean Valjean, soy un presidiario; he estado diecinueve a&ntilde;os en las galeras. Hace cuatro d&iacute;as qued&eacute; en libertad y part&iacute; para Pontarlier, que es mi destino; durante esos cuatro d&iacute;as he caminado desde Toulon. Hoy he caminado doce leguas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando llegu&eacute; a este lugar esta tarde fui a una posada, y me despidieron a causa de mi pasaporte amarillo, que hab&iacute;a mostrado en la oficina del alcalde, como era necesario. Fui a la c&aacute;rcel, y el carcelero no me dejaba entrar. Fui al campo a dormir bajo las estrellas: no hab&iacute;a estrellas; Pens&eacute; que llover&iacute;a, y no hab&iacute;a Dios bueno que detuviera las gotas, as&iacute; que volv&iacute; al pueblo a buscar cobijo en alguna buena puerta. All&iacute; en la plaza me acost&eacute; sobre una piedra; una buena mujer me mostr&oacute; su casa y me dijo: &ldquo;&iexcl;Toca ah&iacute;! &ldquo; He llamado. &iquest;Qu&eacute; es este lugar? &iquest;Es una posada? Tengo dinero; mis ahorros, ciento nueve francos con quince sueldos que he ganado en las galeras con mi trabajo durante diecinueve a&ntilde;os. Pagar&eacute;. &iquest;Y a mi que me importa? Tengo dinero. Estoy cansado, doce leguas a pie, y tengo mucha hambre. &iquest;Me puedo quedar? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Se&ntilde;ora Malgoire", dijo el obispo, "ponga otro plato".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre dio tres pasos y se acerc&oacute; a la l&aacute;mpara que estaba sobre la mesa. &ldquo;Pare&rdquo;, exclam&oacute;, como si no lo hubieran entendido, &ldquo;eso no, &iquest;me entendi&oacute;? Soy un galeote, un convicto, solo soy de las galeras. Ah&iacute; est&aacute; mi pasaporte, amarillo como ve.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eso es suficiente para que me echen donde quiera que vaya. &iexcl;Ah&iacute; tiene! Todo el mundo me ha echado fuera; me recibir&aacute;? &iquest;Es esto una posada? &iquest;Puede darme algo de comer y un lugar para dormir? &iquest;Tiene un establo?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">-Se&ntilde;ora Malgoire -dijo el obispo-, ponga unas s&aacute;banas sobre la cama de la alcoba. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Madame Malgoire sali&oacute; a cumplir sus &oacute;rdenes.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El obispo se volvi&oacute; hacia el hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or, si&eacute;ntese y cali&eacute;ntese; vamos a cenar en un momento, y su cama estar&aacute; lista mientras cena. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por fin el hombre comprendi&oacute; del todo; su rostro, cuya expresi&oacute;n hasta entonces hab&iacute;a sido sombr&iacute;a y dura, ahora expresaba estupefacci&oacute;n, duda y alegr&iacute;a, y se volvi&oacute; absolutamente maravilloso.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Empez&oacute; a tartamudear como un loco.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iquest;Verdadero? &iexcl;Qu&eacute;! &iquest;Me mantendr&aacute;? &iquest;No me alejar&aacute;? &iexcl;Un convicto! Me llama se&ntilde;or y no dice &ldquo;&iexcl;Fuera, perro! &ldquo;Como todo el mundo lo hace. &iquest;Est&aacute; realmente dispuesto a que me quede?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Es buena gente! Adem&aacute;s tengo dinero; pagar&eacute; bien. Disculpe, se&ntilde;or posadero, &iquest;c&oacute;mo se llama? Pagar&eacute; todo lo que diga. Es un buen hombre. Es un posadero, &iquest;no? &rdquo;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Soy un sacerdote que vive aqu&iacute;&rdquo;, dijo el obispo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Un sacerdote&rdquo;, dijo el hombre. &ldquo;&iexcl;Oh, noble sacerdote! &iquest;Entonces no pide nada de dinero? Es la cura, &iquest;no? &iquest;La cura&rsquo; de esta gran iglesia? Si eso es. Que est&uacute;pido soy; No me fij&eacute; en su gorra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras hablaba, hab&iacute;a depositado su mochila y su bast&oacute;n en un rinc&oacute;n, volvi&oacute; a guardarse el pasaporte en el bolsillo y se sent&oacute;. Mademoiselle Baptistine lo mir&oacute; complacida.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;l continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Usted es humano, Monsieur Cure&rdquo;; no me desprecia. Un buen sacerdote es algo bueno.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Entonces no quieres que le pague? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;No&rdquo;, dijo el obispo, &ldquo;qu&eacute;dese con su dinero&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El obispo cerr&oacute; la puerta.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Madame Malgoire trajo un plato y lo puso sobre la mesa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;Se&ntilde;ora Malgoire &mdash;dijo el obispo&mdash;, ponga este plato lo m&aacute;s cerca que pueda del fuego. Luego, volvi&eacute;ndose hacia su invitado, agreg&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;El viento nocturno es crudo en los Alpes; debe tener fr&iacute;o, se&ntilde;or.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cada vez que dec&iacute;a esta palabra, se&ntilde;or, con su voz dulcemente solemne y sinceramente hospitalaria, el semblante del hombre se iluminaba. &ldquo;Monsieur&rdquo; para un presidiario es un vaso de agua para un hombre que muere de sed en el mar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;La l&aacute;mpara&rdquo;, dijo el obispo, &ldquo;da una luz muy pobre&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La se&ntilde;ora Malgoire lo entendi&oacute; y, yendo a su dormitorio, tom&oacute; de la repisa de la chimenea los dos candelabros, encendi&oacute; las velas y las coloc&oacute; sobre la mesa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Monsieur Cure&rdquo;, dijo el hombre, &ldquo;usted es bueno; no me desprecia. Me recibe en su casa; enciende sus velas por m&iacute;, y no le he escondido de d&oacute;nde vengo, y cu&aacute;n miserable soy&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El obispo, que estaba sentado cerca de &eacute;l, le toc&oacute; la mano suavemente y dijo: &ldquo;No es necesario que me diga qui&eacute;n es usted. Esta no es mi casa; es la casa de Cristo. No pregunta a nadie si tiene un nombre, sino si tiene una aflicci&oacute;n. Est&aacute; sufriendo; tiene hambre y sed; sea bienvenido. Y no me agradezca, no me diga que le llevo a mi casa. Este no es el hogar de ning&uacute;n hombre, excepto el que necesita un asilo. Le digo, es un viajero, que est&aacute; m&aacute;s a gusto aqu&iacute; que yo; todo lo que hay aqu&iacute; es suyo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Qu&eacute; necesidad tengo de saber su nombre? Adem&aacute;s, antes de que me lo dijera, lo sab&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre abri&oacute; los ojos con asombro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;En realidad? &iquest;Sab&iacute;a mi nombre? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;&rdquo;, respondi&oacute; el obispo, &ldquo;Su nombre es Mi Hermano&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Pare, pare, Monsieur Cure&rdquo;, exclam&oacute; el hombre. &ldquo;Estaba hambriento cuando entr&eacute;, pero es tan amable que ahora no s&eacute; lo que soy; todo eso se ha ido.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El obispo lo mir&oacute; de nuevo y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Ha visto mucho sufrimiento? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ay, la blusa roja, la bola y la cadena, la tabla para dormir, el calor, el fr&iacute;o, la tripulaci&oacute;n de la galera, el l&aacute;tigo, la doble cadena por nada, el calabozo por una palabra, incluso cuando se est&aacute; enfermo en cama, la cadena. &iexcl;Los perros, los perros son m&aacute;s felices! &iexcl;Diecinueve a&ntilde;os! Y yo tengo cuarenta y seis, y ahora un pasaporte amarillo. Eso es todo."</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;&rdquo;, respondi&oacute; el obispo, &ldquo;ha dejado un lugar de sufrimiento. Pero escuche, habr&aacute; m&aacute;s alegr&iacute;a en el cielo por las l&aacute;grimas de un pecador arrepentido que por las vestiduras blancas de cien hombres buenos. Si se va de ese lugar doloroso con odio e ira contra los hombres, es digno de compasi&oacute;n; si lo deja con buena voluntad, mansedumbre y paz, es mejor que cualquiera de nosotros&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras tanto, Madame Magloire hab&iacute;a servido la cena; consist&iacute;a en una sopa hecha de agua, aceite, pan y sal, un poco de cerdo, un trozo de carnero, unos higos, un queso verde y una gran hogaza de pan de centeno. Ella, sin preguntar, hab&iacute;a a&ntilde;adido a la cena habitual del obispo una botella de buen vino Malva a&ntilde;ejo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El semblante del obispo se ilumin&oacute; con esta expresi&oacute;n de placer, propia de las naturalezas hospitalarias.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; &iexcl;A cenar! &mdash;dijo en&eacute;rgicamente, como era su costumbre cuando ten&iacute;a un invitado. Sent&oacute; al hombre a su derecha. Mademoiselle Baptistine, perfectamente tranquila y natural, ocup&oacute; su lugar a su izquierda.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El obispo dijo la bendici&oacute;n y luego sirvi&oacute; &eacute;l mismo la sopa, seg&uacute;n la costumbre habitual. El hombre cay&oacute;, comiendo con avidez.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente el obispo dijo: &ldquo;Me parece que falta algo en la mesa. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El caso es que madame Malgoire hab&iacute;a dispuesto s&oacute;lo los tres platos necesarios.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ahora bien, era costumbre de la casa, cuando el obispo invitaba a alguien a cenar, poner las seis planchas de plata sobre la mesa, una exhibici&oacute;n inocente. Esta graciosa apariencia de lujo era una especie de puerilidad llena de encanto en esta casa amable pero austera, que elevaba la pobreza a la dignidad.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Madame Malgoire entendi&oacute; la observaci&oacute;n; sin decir palabra sali&oacute;, y un momento despu&eacute;s brillaban sobre el mantel los tres platos que hab&iacute;a pedido el obispo, dispuestos sim&eacute;tricamente ante cada uno de los tres invitados.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">CONCLUSI&Oacute;N DE LAS UNIDADES I-III</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">IV</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Despu&eacute;s de haber dado las buenas noches a su hermana, monse&ntilde;or Bienvenu tom&oacute; uno de los candelabros de plata de la mesa, entreg&oacute; el otro a su invitado y le dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Se&ntilde;or, le mostrar&eacute; su habitaci&oacute;n".</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre lo sigui&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La casa estaba dispuesta de tal manera que solo se pod&iacute;a llegar a la alcoba del oratorio pasando por el dormitorio del obispo. En el momento en que pasaban por esta habitaci&oacute;n, Madame Magloire estaba colocando la plata en el armario de la cabecera de la cama.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era lo &uacute;ltimo que hac&iacute;a todas las noches antes de acostarse.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El obispo dej&oacute; a su invitado en la alcoba, ante una cama blanca y limpia. El hombre dej&oacute; el candelero sobre una peque&ntilde;a mesa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Venga&rdquo;, dijo el obispo, &ldquo;buenas noches de descanso para usted; ma&ntilde;ana por la ma&ntilde;ana, antes de que se vaya, tendr&aacute; una taza de leche tibia de nuestras vacas. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Gracias, Monsieur L'Abbe'", dijo el hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Apenas hab&iacute;a pronunciado estas palabras de paz, cuando de repente hizo un movimiento singular que habr&iacute;a helado de horror a las dos buenas mujeres de la casa, de haberlo presenciado. Se volvi&oacute; bruscamente hacia el anciano, se cruz&oacute; de brazos y, lanzando una mirada salvaje a su anfitri&oacute;n, exclam&oacute; con voz &aacute;spera;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah, ahora s&iacute;! &iexcl;Me aloja en su casa, tan cerca de usted as&iacute; como as&iacute;! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se contuvo y agreg&oacute;, con una risa, en lo que hab&iacute;a algo horrible:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Ha reflexionado sobre ello? &iquest;Qui&eacute;n le dice que no soy un asesino? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El obispo respondi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Dios se encargar&aacute; de eso&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego, con gravedad, moviendo los labios como quien ora o habla consigo mismo, levant&oacute; dos dedos de su mano derecha y bendijo al hombre, el cual, sin embargo, no se inclin&oacute;, y sin volver la cabeza ni mirar atr&aacute;s, entr&oacute; en su c&aacute;mara.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Momentos despu&eacute;s todos en la casita se durmieron.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hacia la mitad de la noche, Jean Valjean se despert&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean naci&oacute; en una familia campesina pobre de Brie. En su ni&ntilde;ez no le hab&iacute;an ense&ntilde;ado a leer; cuando fue mayor, eligi&oacute; la ocupaci&oacute;n de un podador en Faverolles.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean era de car&aacute;cter reflexivo. Hab&iacute;a perdido a sus padres cuando era muy joven.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su madre muri&oacute; por negligencia en una fiebre de leche; su padre, un podador antes que &eacute;l, muri&oacute; al caer de un &aacute;rbol. A Jean Valjean le quedaba ahora un pariente, su hermana, una viuda con siete hijos, ni&ntilde;as y ni&ntilde;os. Esta hermana hab&iacute;a criado a Jean Valjean y, mientras viv&iacute;a su marido, se hab&iacute;a ocupado de su hermano menor. Su esposo muri&oacute;, dejando al mayor de estos hijos ocho, el menor de un a&ntilde;o. Jean Valjean acababa de cumplir veinticinco a&ntilde;os; tom&oacute; el lugar del padre y, a su vez, apoy&oacute; a la hermana que lo cri&oacute;. Esto lo hizo naturalmente, como un deber. Pas&oacute; su juventud en trabajos duros y mal remunerados: nunca se supo que tuviera novia; no tuvo tiempo de estar enamorado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por la noche llegaba cansado y com&iacute;a su sopa sin decir una palabra. Mientras com&iacute;a, su hermana, Mere Jeanne, tomaba con frecuencia de su plato lo mejor de su comida: un poco de carne, un trozo de cerdo, el coraz&oacute;n de la col, para d&aacute;rselo a uno de sus hijos. Segu&iacute;a comiendo, con la cabeza hundida casi en la sopa, la larga cabellera cayendo sobre el plato, ocultando los ojos; no parec&iacute;a darse cuenta de nada de lo que se hizo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ganaba en la &eacute;poca de poda dieciocho centavos al d&iacute;a; despu&eacute;s de eso se contrat&oacute; como segador, obrero, carretero o pe&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hizo todo lo que pudo encontrar para hacer. Su hermana tambi&eacute;n trabajaba, pero &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a hacer ella con siete ni&ntilde;os peque&ntilde;os? Era un grupo triste, al que la miseria se iba apoderando y cerrando, poco a poco. Hubo un invierno muy severo; Jean no ten&iacute;a trabajo; la familia no ten&iacute;a pan; literalmente, sin pan, y siete hijos.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un domingo por la noche, Maubert Isabeau, el panadero de la Place de l&rsquo;Eglise, en Faverolles, se estaba acostando cuando escuch&oacute; un golpe violento contra la ventana enrejada de su tienda. Baj&oacute; a tiempo para ver un brazo asomando por la abertura hecha por el pu&ntilde;etazo en el cristal. El brazo agarr&oacute; una barra de pan y la sac&oacute;. Isabeau sali&oacute; corriendo; el ladr&oacute;n us&oacute; valientemente sus piernas; Isabeau lo persigui&oacute; y lo atrap&oacute;. El ladr&oacute;n hab&iacute;a tirado el pan, pero a&uacute;n le sangraba el brazo. Era Jean Valjean.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo eso sucedi&oacute; en 1795. Jean Valjean fue llevado ante los tribunales de la &eacute;poca por &ldquo;robo nocturno en una casa habitada&rdquo;. Fue declarado culpable. Valjean fue condenado a cinco a&ntilde;os en las galeras.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Lo llevaron a Toulon, a donde lleg&oacute; despu&eacute;s de un viaje de veintisiete d&iacute;as, en un carro, con la cadena todav&iacute;a alrededor de su cuello. En Toulon estaba vestido con una blusa roja, toda su vida pasada fue borrada, hasta su nombre. Ya no era Jean Valjean; &eacute;l era el N&uacute;mero 24,601. &iquest;Qu&eacute; fue de su hermana? &iquest;Qu&eacute; fue de los siete ni&ntilde;os?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Qui&eacute;n se preocup&oacute; por eso? &iquest;Qu&eacute; pasa con los pu&ntilde;ados de hojas del &aacute;rbol joven cuando se aserra el tronco?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cerca del final del cuarto a&ntilde;o, lleg&oacute; la oportunidad de libertad para Jean Valjean. Sus camaradas lo ayudaron como siempre lo hacen en ese l&uacute;gubre lugar, y escap&oacute;. Vag&oacute; dos d&iacute;as por los campos. Durante la tarde del segundo d&iacute;a, fue retomado; no hab&iacute;a comido ni dormido durante treinta y seis horas. El tribunal mar&iacute;timo ampli&oacute; tres a&ntilde;os su condena por este atentado, de los que hizo ocho. En el sexto a&ntilde;o le lleg&oacute; de nuevo el turno de escapar; lo intent&oacute;, pero volvi&oacute; a fallar. No respondi&oacute; al pase de lista y se dispar&oacute; el ca&ntilde;&oacute;n de alarma. Por la noche la gente de las inmediaciones lo descubri&oacute; escondido bajo la quilla de un nav&iacute;o en el cepo; resisti&oacute; a la guardia de galeras que lo agarr&oacute;. Fuga y resistencia. Esta las disposiciones del c&oacute;digo especial lo castigan con una adici&oacute;n de cinco a&ntilde;os, dos con la doble cadena. Trece a&ntilde;os. El d&eacute;cimo a&ntilde;o le lleg&oacute; de nuevo el turno; Hizo otro intento sin mejor &eacute;xito. Tres a&ntilde;os para este nuevo intento. Diecis&eacute;is a&ntilde;os. Y finalmente, creo que fue en el decimotercer a&ntilde;o, hizo otro m&aacute;s, y fue retomado despu&eacute;s de una ausencia de solo cuatro horas. Diecinueve a&ntilde;os. En octubre de 1815 fue puesto en libertad; hab&iacute;a entrado en 1796 por haber roto un cristal y cogido una hogaza de pan.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean entr&oacute; en las galeras sollozando y estremeci&eacute;ndose: sali&oacute; endurecido; entr&oacute; desesperado; sali&oacute; malhumorado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Cu&aacute;l hab&iacute;a sido la vida de esta alma?</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">VI.&nbsp;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tratemos de contar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era, como hemos dicho, un ignorante, pero no un imb&eacute;cil.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nunca, desde su infancia, desde su madre, desde su hermana, nunca lo hab&iacute;an saludado con una palabra amistosa o una mirada amable. De sufrimiento en sufrimiento lleg&oacute; poco a poco a la convicci&oacute;n de que la vida era una guerra, y que en esa guerra &eacute;l era el vencido. No ten&iacute;a m&aacute;s arma que su odio. Resolvi&oacute; afilarlo en las galeras y llev&aacute;rselo cuando saliera.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;a en Toulon una escuela para los presos dirigida por algunos frailes no muy h&aacute;biles, las ramas m&aacute;s esenciales se ense&ntilde;aban a aquellos de estos pobres que estaban dispuestos. &Eacute;l era uno de los dispuestos. Fue a la escuela a los cuarenta y aprendi&oacute; a leer, escribir y cifrar.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean no era, como hemos visto, de mala naturaleza. Su coraz&oacute;n todav&iacute;a estaba bien cuando lleg&oacute; a las galeras. Mientras estuvo all&iacute;, conden&oacute; a la sociedad y sinti&oacute; que se hab&iacute;a vuelto malvado; conden&oacute; a la Providencia y se sinti&oacute; imp&iacute;o.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No debemos omitir una circunstancia, y es que en fuerza f&iacute;sica sobrepas&oacute; con mucho a todos los dem&aacute;s reclusos de la prisi&oacute;n. En el trabajo duro, en torcer un cable o girar un molinete, Jean Valjean era igual a cuatro hombres. En un momento, mientras se reparaba el balc&oacute;n del Ayuntamiento de Toulon, una de las admirables cari&aacute;tides de Puget (figuras de mujeres con t&uacute;nicas largas, que sirven como columnas de apoyo) se desliz&oacute; de su lugar y estaba a punto de caer, cuando Jean Valjean, que casualmente estaba all&iacute;, lo sostuvo sobre sus hombros hasta que llegaron los trabajadores.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su flexibilidad superaba su fuerza y &#8203;&#8203;habilidad combinadas: la ciencia de los m&uacute;sculos. Un misterioso sistema de est&aacute;tica es practicado a diario por los presos, que envidian eternamente a los p&aacute;jaros y las moscas. Escalar una pared y encontrar un punto de apoyo donde apenas se pod&iacute;a ver una proyecci&oacute;n era un juego para Jean Valjean. Dado un &aacute;ngulo en una pared, con la tensi&oacute;n de la espalda y las rodillas, con el codo y las manos apoyados contra la cara &aacute;spera de la piedra, ascender&iacute;a, como por arte de magia, a un tercer piso. A veces trepaba de esta manera al techo de las galeras.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hablaba poco y nunca se re&iacute;a. Se requer&iacute;a alguna emoci&oacute;n extrema para sacar de &eacute;l, una o dos veces al a&ntilde;o, ese sonido l&uacute;gubre (l&uacute;gubre) del presidiario, que es como el eco de la risa de un demonio. Para aquellos que lo vieron, parec&iacute;a estar absorto en mirar continuamente algo terrible.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estaba absorto, de hecho.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A veces, en medio de su trabajo en las galeras, se deten&iacute;a y empezaba a pensar. Su raz&oacute;n, m&aacute;s naturaleza y, al mismo tiempo, m&aacute;s perturbada que antes, se rebelar&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo lo que le hab&iacute;a pasado parecer&iacute;a absurdo; todo lo que le rodeaba. Se dir&iacute;a a s&iacute; mismo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Es todo un sue&ntilde;o. Miraba al carcelero que estaba a unos pasos de &eacute;l; el carcelero parec&iacute;a un fantasma; De repente, este fantasma le dar&iacute;a un golpe con un palo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Para &eacute;l, el mundo eterno apenas ten&iacute;a existencia. Ser&iacute;a casi cierto decir que para Jean Valjean no hab&iacute;a sol, ni hermosos d&iacute;as de verano, ni cielo radiante, ni fresco amanecer de abril. La tenue luz de una ventana era todo lo que brillaba en su alma. El principio y el fin de todos sus pensamientos fue el odio a la ley humana, ese odio que, si no es frenado en su crecimiento por alg&uacute;n evento providencial, se convierte, en un cierto tiempo, en odio a la sociedad, luego en odio a lo humano, raza, y luego odio a la creaci&oacute;n, y se revela por un vago e incesante deseo de herir a alg&uacute;n ser vivo, no importa a qui&eacute;n. As&iacute; que el pasaporte ten&iacute;a raz&oacute;n y describ&iacute;a a Jean Valjean como &ldquo;un hombre muy peligroso&rdquo;. De a&ntilde;o en a&ntilde;o su alma se marchitaba m&aacute;s y m&aacute;s lentamente, pero fatalmente. Con su coraz&oacute;n marchito, ten&iacute;a un ojo seco. Cuando dej&oacute; las galeras, no hab&iacute;a derramado una l&aacute;grima desde hac&iacute;a diecinueve a&ntilde;os.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">VII.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando el reloj de la catedral dio las dos, Jean Valjean se despert&oacute;. Hab&iacute;a dormido algo m&aacute;s de cuatro horas. Su fatiga hab&iacute;a pasado. No estaba acostumbrado a dedicar muchas horas al reposo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Abri&oacute; los ojos y mir&oacute; por un momento la oscuridad que lo rodeaba; luego los cerr&oacute; para volver a dormirse.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando muchas sensaciones diversas han perturbado el d&iacute;a, cuando la mente est&aacute; preocupada, podemos dormirnos una vez, pero no una segunda vez. El sue&ntilde;o llega al principio mucho m&aacute;s f&aacute;cilmente de lo que vuelve. Tal fue el caso de Jean Valjean. No pod&iacute;a volver a dormirse, as&iacute; que empez&oacute; a pensar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estaba en uno de esos estados de &aacute;nimo en los que se perturban las ideas que tenemos en la mente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Le ven&iacute;an muchos pensamientos, pero hab&iacute;a uno que se presentaba continuamente y que alejaba a todos los dem&aacute;s. Cu&aacute;l fue ese pensamiento, lo diremos directamente. Se hab&iacute;a fijado en los seis platos de plata y el gran cuchar&oacute;n que madame Malgoire hab&iacute;a puesto sobre la mesa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esas seis planchas de plata se apoderaron de &eacute;l. All&iacute; estaban, a unos pocos pasos.<br /><u>&#8203;</u></font></span></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">En el mismo momento en que pasaba por la habitaci&oacute;n del medio para llegar a la que ahora ocupaba, la vieja sirviente las estaba colocando en un peque&ntilde;o armario a la cabecera de la cama. Hab&iacute;a marcado bien ese armario a la derecha, viniendo del comedor. Eran macizos y de plata vieja. Con el cuchar&oacute;n grande traer&iacute;an por lo menos doscientos francos.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Su mente vacil&oacute; durante una hora entera, y durante mucho tiempo, en fluctuaciones y luchas. El reloj dio las tres. Abri&oacute; los ojos, se levant&oacute; apresuradamente de la cama, alarg&oacute; el brazo y palp&oacute; la mochila que hab&iacute;a dejado en el rinc&oacute;n de la alcoba; luego estir&oacute; las piernas y puso los pies en el suelo, y se encontr&oacute;, no sab&iacute;a c&oacute;mo, sentado en su cama.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Continu&oacute; en esta situaci&oacute;n, y tal vez hubiera permanecido all&iacute; hasta el amanecer, si el reloj no hubiera dado el cuarto de la media hora. El reloj parec&iacute;a decirle: &ldquo;&iexcl;Ven!</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Se puso de pie, vacil&oacute; un momento m&aacute;s y escuch&oacute;; todo estaba quieto en la casa; camin&oacute; recto y con cautela hacia la ventana, que pudo distinguir.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">La noche no era muy oscura; hab&iacute;a luna llena, atravesada por grandes nubes impulsadas por el viento. Esto produjo alternancias de luces y sombras, eclipses e iluminaciones en el exterior, y una especie de resplandor en el interior. Al llegar a la ventana, Jean Valjean la examin&oacute;. No ten&iacute;a barrotes, daba al jard&iacute;n y estaba sujeto, seg&uacute;n la costumbre del pa&iacute;s, s&oacute;lo con una peque&ntilde;a cu&ntilde;a. Lo abri&oacute;, pero cuando el aire fr&iacute;o y penetrante entr&oacute; en la habitaci&oacute;n, lo volvi&oacute; a cerrar de inmediato. Mir&oacute; hacia el jard&iacute;n con esa mirada absorta que estudia m&aacute;s que ve. El jard&iacute;n estaba cerrado con un muro blanco, bastante bajo y f&aacute;cil de escalar. M&aacute;s all&aacute;, contra el cielo, distingui&oacute; las copas de los &aacute;rboles equidistantes entre s&iacute;, lo que mostraba que este muro separaba el jard&iacute;n de una avenida o callejuela arbolada.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Cuando hubo hecho esta observaci&oacute;n, se volvi&oacute; como un hombre decidido, fue a su alcoba, tom&oacute; su mochila, la abri&oacute;, rebusc&oacute; en ella, sac&oacute; algo que dej&oacute; sobre la cama, meti&oacute; los zapatos en uno de sus bolsillos, at&oacute; su fardo, se lo ech&oacute; sobre los hombros, se puso la gorra y se baj&oacute; la visera hasta los ojos, busc&oacute; a tientas el bast&oacute;n y fue a ponerlo en la esquina de la ventana, luego volvi&oacute; a la cama, y resueltamente tom&oacute; el objeto que hab&iacute;a puesto sobre &eacute;l. Parec&iacute;a una barra de hierro corta, con un extremo puntiagudo como una lanza.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Habr&iacute;a sido dif&iacute;cil distinguir en la oscuridad para qu&eacute; se hab&iacute;a hecho esta paz de hierro. &iquest;Puede ser una palanca? &iquest;Puede ser un club?</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Durante el d&iacute;a, se habr&iacute;a visto como nada m&aacute;s que el taladro de un minero. En ese momento, los convictos a veces se empleaban en la extracci&oacute;n de piedra en las altas colinas que rodean Toulon, y a menudo ten&iacute;an herramientas de minero en sus posesiones. Los taladros de los mineros son de hierro macizo, terminando en el extremo inferior en una punta, por medio de la cual se hunden en la roca.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Tom&oacute; el taladro en su mano derecha, y conteniendo la respiraci&oacute;n, con pasos sigilosos, se dirigi&oacute; hacia la puerta de la habitaci&oacute;n contigua, que era la del obispo como sabemos. Al llegar a la puerta, la encontr&oacute; abierta. El obispo no lo hab&iacute;a cerrado.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Jean Valjean escuchaba. Ni un sonido.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Empuj&oacute; la puerta.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">La empuj&oacute; suavemente con la punta del dedo, con la cautela sigilosa y t&iacute;mida de un gato. La puerta cedi&oacute; a la presi&oacute;n con un movimiento silencioso e imperceptible, que ampli&oacute; un poco la abertura.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Esper&oacute; un momento y luego volvi&oacute; a empujar la puerta con m&aacute;s audacia. Esta vez una bisagra oxidada lanz&oacute; de repente a la oscuridad un crujido &aacute;spero y prolongado.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Se qued&oacute; quieto, petrificado como una estatua de sal, sin atreverse a moverse. Pasaron algunos minutos. La puerta estaba abierta de par en par; se aventur&oacute; a echar un vistazo a la habitaci&oacute;n. Nada se hab&iacute;a movido. El escuch&oacute;.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Nada se mov&iacute;a en la casa. El ruido de la bisagra oxidada no hab&iacute;a despertado a nadie.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">El primer peligro hab&iacute;a pasado, pero todav&iacute;a sent&iacute;a en su interior un tumulto espantoso. Sin embargo, no se inmut&oacute;. Ni siquiera cuando pens&oacute; que estaba perdido se hab&iacute;a estremecido. Su &uacute;nico pensamiento era acabar con &eacute;l r&aacute;pidamente. Dio un paso y estaba en la habitaci&oacute;n.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Una profunda calma llen&oacute; la c&aacute;mara. Jean Valjean avanz&oacute; evitando cuidadosamente los muebles. En el otro extremo de la habitaci&oacute;n pod&iacute;a o&iacute;r la respiraci&oacute;n igual y tranquila del obispo dormido.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">De repente se detuvo; estaba cerca de la cama, la hab&iacute;a alcanzado antes de lo que pensaba. Durante casi media hora una gran nube hab&iacute;a oscurecido el cielo. En el momento en que Jean Valjean se detuvo ante la cama, la nube se abri&oacute; como a prop&oacute;sito, y un rayo de luna, atravesando la alta ventana, ilumin&oacute; de pronto el rostro del obispo. Durmi&oacute; tranquilo. Estaba casi completamente vestido, aunque en la cama, a causa de las fr&iacute;as noches de los Bajos Alpes, con una prenda de lana oscura que le cubr&iacute;a los brazos hasta las mu&ntilde;ecas. Su cabeza hab&iacute;a ca&iacute;do sobre la almohada en la actitud no estudiada del sue&ntilde;o; sobre el borde de la cama colgaba su mano, adornada con el anillo pastoril, y que hab&iacute;a hecho tantas buenas obras, tantos actos piadosos. Todo su semblante se ilumin&oacute; con una vaga expresi&oacute;n de contento, esperanza y felicidad. Era m&aacute;s que una sonrisa y casi un resplandor. En su frente descansaba el indescriptible reflejo de una luz invisible. Las almas de los rectos en el sue&ntilde;o tienen visi&oacute;n de un cielo misterioso.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Un reflejo de este cielo brill&oacute; sobre el obispo.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">La luna en el cielo, la naturaleza adormecida, el jard&iacute;n sin pulso, la casa quieta, la hora, el momento, el silencio, a&ntilde;ad&iacute;an algo extra&ntilde;amente solemne e indecible al venerable reposo de este hombre, y envolv&iacute;an sus blancos cabellos con su cabello cerrado. ojos con una gloria serena y majestuosa, su rostro donde todo era esperanza y confianza, cabeza de anciano y sue&ntilde;o de ni&ntilde;o.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Hab&iacute;a algo de divinidad casi en este hombre.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Jean Valjean estaba en la sombra con el taladro de hierro en la mano, erguido, inm&oacute;vil, aterrorizado, ante esta figura radiante. Nunca hab&iacute;a visto nada comparable a eso. Esta confianza lo llen&oacute; de miedo. El mundo moral no tiene mayor espect&aacute;culo que &eacute;ste: una conciencia turbada e inquieta a punto de cometer una mala acci&oacute;n, contemplando el sue&ntilde;o de un hombre bueno.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">A los pocos instantes se llev&oacute; lentamente la mano izquierda a la frente y se quit&oacute; el sombrero; luego, dejando caer la mano con la misma lentitud, Jean Valjean reanud&oacute; sus contemplaciones, con la gorra en la mano izquierda, el garrote en la derecha y los cabellos erizados sobre la cabeza de mirada feroz.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Bajo esta espantosa mirada, el obispo a&uacute;n dorm&iacute;a en la m&aacute;s profunda paz.</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">El crucifijo sobre la repisa de la chimenea era apenas visible a la luz de la luna, aparentemente extendiendo sus brazos hacia ambos, con una bendici&oacute;n para uno y un perd&oacute;n para el otro.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">De repente, Jean Valjean se puso la gorra, luego pas&oacute; r&aacute;pidamente, sin mirar al obispo, a lo largo de la cama, derecho al armario, que vio cerca de su cabecera; levant&oacute; el taladro para forzar la cerradura; la clave estaba en ello; lo abri&oacute;; lo primero que vio fue la canasta de plata; lo tom&oacute;, cruz&oacute; la habitaci&oacute;n con paso apresurado, sin preocuparse por el ruido, lleg&oacute; a la puerta, entr&oacute; en el oratorio, tom&oacute; su bast&oacute;n, sali&oacute;, puso la plata en su mochila, tir&oacute; la canasta, corri&oacute; por el jard&iacute;n, salt&oacute; sobre la pared como un tigre, y huy&oacute;.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">IX</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Al d&iacute;a siguiente, al amanecer, monse&ntilde;or Bienvenu paseaba por el jard&iacute;n. Madame Malgoire corri&oacute; hacia &eacute;l completamente fuera de s&iacute;.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;&iexcl;Monse&ntilde;or, el hombre se ha ido! &iexcl;La plata es robada! &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Mientras pronunciaba esta exclamaci&oacute;n sus ojos se posaron en un &aacute;ngulo del jard&iacute;n donde vio huellas de una escalada. Una piedra angular del muro hab&iacute;a sido derribada.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;Mira, ah&iacute; es donde se baj&oacute;; salt&oacute; a Cochefilet Lane. &iexcl;El tipo abominable! &iexcl;Ha robado nuestra plata! &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">El obispo guard&oacute; silencio por un momento; luego, alzando los ojos serios, dijo suavemente a la se&ntilde;ora Magloire:</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;Ahora primero, &iquest;nos pertenec&iacute;a esta plata? &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Madame Magloire no respondi&oacute;; despu&eacute;s de un momento el obispo continu&oacute;:</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;Se&ntilde;ora Magloire, durante mucho tiempo he retenido indebidamente esta plata; pertenec&iacute;a a los pobres. &iquest;Qui&eacute;n era este hombre? Evidentemente un pobre hombre. &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">" &iexcl;Pobre de m&iacute;! &iexcl;Pobre de m&iacute;! &mdash;replic&oacute; la se&ntilde;ora Magloire. No es por mi cuenta ni por la de mademoiselle; es todo lo mismo para nosotros. Pero est&aacute; en el suyo, monse&ntilde;or. &iquest;Qu&eacute; va a comer el se&ntilde;or a partir de ahora? &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">El obispo la mir&oacute; con asombro:</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">" &iexcl;C&oacute;mo es eso! &iquest;No tenemos platos de hojalata? &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Madame Magloire se encogi&oacute; de hombros.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo; Lata huele. &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">" Bien. luego, planchas de hierro. &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Madame Magloire hizo un gesto expresivo.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;Sabor a hierro&rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;Bueno&rdquo;, dijo el obispo, &ldquo;entonces placas de madera. &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">A los pocos minutos estaba desayunando en la misma mesa en la que se hab&iacute;a sentado Jean Valjean la noche anterior. Mientras desayunaba, monse&ntilde;or Bienvenu coment&oacute; amablemente a su hermana, que no dijo nada, y a la se&ntilde;ora Magloire, que se quejaba entre s&iacute;, que en realidad no hac&iacute;a falta ni siquiera una cuchara o un tenedor de madera para mojar un trozo de pan en una taza de leche.</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Justo cuando el hermano y la hermana se levantaban de la mesa, llamaron a la puerta.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;Adelante&rdquo;, dijo el obispo.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">La puerta se abri&oacute;. Un grupo extra&ntilde;o y feroz apareci&oacute; en el umbral. Tres hombres sujetaban a un cuarto por el cuello. Los tres hombres eran gendarmes; el cuarto Jean Valjean.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Un brigadier de gendarmes, que parec&iacute;a encabezar el grupo, estaba cerca de la puerta. Avanz&oacute; hacia el obispo, saludando militarmente.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">-Monse&ntilde;or... -dijo &eacute;l.</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Al o&iacute;r esta palabra, Jean Valjean, que estaba hosco y parec&iacute;a completamente abatido, levant&oacute; la cabeza con aire estupefacto.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;&iexcl;Monse&ntilde;or! ", murmur&oacute;. &ldquo;&iexcl;Entonces no es la cura!&rdquo; &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">" &iexcl;Silencio ! &rdquo;, dijo un gendarme. &ldquo;Es monse&ntilde;or, el obispo. &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Mientras tanto, monse&ntilde;or Bienvenu se hab&iacute;a acercado tan deprisa como se lo permit&iacute;a su avanzada edad.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">" Ah, all&iacute; est&aacute;s ! &mdash;dijo, mirando hacia Jean Valjean.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">" Estoy feliz de verte. Pero te di tambi&eacute;n los candelabros, que son de plata como los dem&aacute;s, y dar&iacute;an doscientos francos. &iquest;Por qu&eacute; no los llevaste junto con tus platos? &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Jean Valjean abri&oacute; los ojos y mir&oacute; al obispo con una expresi&oacute;n que ninguna lengua humana podr&iacute;a describir.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&mdash;Monse&ntilde;or &mdash;dijo el general de brigada&mdash;, &iquest;entonces era verdad lo que dec&iacute;a este hombre? Lo conocimos.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Iba como un hombre que se escapa, y lo arrestamos para ver. Ten&iacute;a esta plata. &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;Y te dijo&rdquo;, interrumpi&oacute; el obispo, con una sonrisa, &ldquo;que se lo hab&iacute;a dado un buen cura viejo con quien hab&iacute;a pasado la noche. Yo veo todo eso.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&iquest;Y lo trajiste aqu&iacute;? Es todo un error. &rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;Si es as&iacute;&rdquo;, dijo el brigadier, &ldquo;podemos dejarlo ir&rdquo;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&ldquo;Ciertamente&rdquo;, respondi&oacute; el obispo.</font></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los gendarmes soltaron a Jean Valjean, que retrocedi&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Es cierto que me dejaron ir? &mdash;dijo con una voz casi inarticulada, como si hablara en sue&ntilde;os.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;S&iacute;! Se puede ir. &iquest;Usted no entiende? &rdquo;, dijo un gendarme.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Amigo m&iacute;o&rdquo;, dijo el obispo, &ldquo;antes de que te vayas, aqu&iacute; tienes tus candelabros; ll&eacute;vatelos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fue hasta la repisa de la chimenea, tom&oacute; los dos candelabros y se los llev&oacute; a Jean Valjean. Las dos mujeres contemplaron la acci&oacute;n sin una palabra, ni un gesto, ni una mirada, que pudiera perturbar al obispo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean temblaba en cada miembro. Tom&oacute; los dos candelabros mec&aacute;nicamente y con una apariencia salvaje.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ahora&rdquo;, dijo el obispo, &ldquo;vete en paz&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego, dirigi&eacute;ndose a los gendarmes, dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;ores, pueden retirarse. Los gendarmes se retiraron.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean se sent&iacute;a como un hombre a punto de desmayarse.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El obispo se le acerc&oacute; y le dijo en voz baja:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;No olvides, que me has prometido usar esta plata para convertirte en un hombre honesto. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean, que no recordaba esta promesa, qued&oacute; desconcertado. El obispo hab&iacute;a puesto mucho &eacute;nfasis en estas palabras al pronunciarlas. Continu&oacute; solemnemente;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Jean Valjean, hermano m&iacute;o, ya no perteneces al mal, sino al bien. &iexcl;Es tu alma la que compro para ti, la retiro de los pensamientos oscuros y del esp&iacute;ritu de perdici&oacute;n, y se la doy a Dios! &rdquo;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">JEAN VALJEAN sali&oacute; de la ciudad como si estuviera escapando. Se apresur&oacute; a salir a campo abierto, tomando los primeros caminos y desv&iacute;os que se le presentaban, sin darse cuenta de que a cada momento volv&iacute;a sobre sus pasos. Vag&oacute; as&iacute; toda la ma&ntilde;ana. No hab&iacute;a comido nada, pero &eacute;l no sent&iacute;a hambre. Fue presa de multitud de nuevas sensaciones. Se sent&iacute;a algo enojado, no sab&iacute;a contra qui&eacute;n.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Aunque la estaci&oacute;n estaba muy avanzada, todav&iacute;a hab&iacute;a aqu&iacute; y all&aacute; algunas flores tard&iacute;as en los setos, cuyo olor, al encontrarlo en su paseo, le recordaba los recuerdos de su infancia. Estos recuerdos eran casi insoportables, hac&iacute;a tanto tiempo que no se le hab&iacute;an ocurrido. Pensamientos indecibles se acumularon as&iacute; en su mente durante todo el d&iacute;a.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras el sol se hund&iacute;a en el horizonte, alargando la sombra sobre el suelo del m&aacute;s peque&ntilde;o guijarro, Jean Valjean estaba sentado detr&aacute;s de un matorral en una gran llanura rojiza, un desierto absoluto. No hab&iacute;a m&aacute;s horizonte que los Alpes. Ni siquiera el campanario de una iglesia de pueblo. Jean Valjean pudo estar a tres leguas de D&mdash;--- Un camino de desv&iacute;o que cruzaba la llanura pasaba a pocos pasos de la espesura.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En medio de esta meditaci&oacute;n escuch&oacute; un sonido alegre. Volvi&oacute; la cabeza y vio venir por el camino a un peque&ntilde;o saboyano, de doce a&ntilde;os, cantando, con su organillo al costado y su caja de marmota a la espalda.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Uno de esos j&oacute;venes simp&aacute;ticos y alegres que van de un lado a otro con las rodillas asomando por los pantalones.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Siempre cantando, el ni&ntilde;o se deten&iacute;a de vez en cuando y jugaba a tirar al aire unas monedas que ten&iacute;a en la mano, probablemente toda su fortuna. Entre ellos hab&iacute;a una moneda de cuarenta centavos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El ni&ntilde;o se detuvo al lado de la espesura sin ver a Jean Valjean y arroj&oacute; su pu&ntilde;ado de centavos, hasta que esta vez las atrap&oacute; h&aacute;bilmente todas con el dorso de su mano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta vez la moneda de cuarenta centavos se le escap&oacute; y rod&oacute; hacia la espesura cerca de Jean Valjean.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean puso el pie encima.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El ni&ntilde;o, sin embargo, hab&iacute;a seguido la pieza con el ojo y hab&iacute;a visto por d&oacute;nde iba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No estaba asustado y camin&oacute; directamente hacia el hombre. Era un lugar totalmente solitario.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hasta donde alcanzaba la vista no hab&iacute;a nadie en la llanura ni en el camino. No se o&iacute;a nada m&aacute;s que los d&eacute;biles gritos de una bandada de p&aacute;jaros de paso que surcaban el cielo a una altura inmensa. El ni&ntilde;o dio la espalda al sol, que hizo que sus cabellos fueran como hilos de oro, y enrojeci&oacute; el rostro salvaje de Jean Valjean con un resplandor espeluznante.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;Se&ntilde;or &mdash;dijo el peque&ntilde;o saboyano con esa confianza infantil que se compone de ignorancia e inocencia&mdash;, &iquest;mi pieza?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Cu&aacute;l es tu nombre? dijo Jean Valjean.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Peque&ntilde;o Gervais, se&ntilde;or. &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Fuera&rdquo;, dijo Jean Valjean.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or&rdquo;, continu&oacute; el ni&ntilde;o, &ldquo;dame mi pieza&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean baj&oacute; la cabeza y no respondi&oacute;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El ni&ntilde;o comenz&oacute; de nuevo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Mi pieza, se&ntilde;or! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean no pareci&oacute; entender. El ni&ntilde;o lo tom&oacute; por el cuello de la blusa y lo sacudi&oacute; y al mismo tiempo hizo un esfuerzo por mover el gran zapato de suela de hierro que estaba colocado sobre su tesoro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Quiero mi pieza! &iexcl;Mi moneda de cuarenta y cinco! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El ni&ntilde;o comenz&oacute; a llorar. Jean Valjean levant&oacute; la cabeza. Todav&iacute;a mantuvo su asiento. Su mirada era preocupada. Mir&oacute; al ni&ntilde;o con aire de asombro y luego le tendi&oacute; la mano. Todav&iacute;a mantuvo su asiento. Su mirada era preocupada. Mir&oacute; al ni&ntilde;o con aire de asombro, luego alarg&oacute; la mano hacia su bast&oacute;n y exclam&oacute; con voz terrible: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n est&aacute; ah&iacute;? &iexcl;Ay! &iquest;Ya est&aacute;s aqu&iacute;? Y poni&eacute;ndose de pie apresuradamente, sin soltar la moneda, a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;&iexcl;M&aacute;s vale que te cuides! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El ni&ntilde;o lo mir&oacute; aterrorizado, luego comenz&oacute; a temblar de pies a cabeza, y despu&eacute;s de unos segundos de estupor, se dio a la fuga y corri&oacute; con todas sus fuerzas sin atreverse a girar la cabeza ni a lanzar un grito.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A poca distancia, sin embargo, se detuvo por falta de aliento, y Jean Valjean en su enso&ntilde;aci&oacute;n lo oy&oacute; sollozar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En unos minutos el ni&ntilde;o se hab&iacute;a ido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El sol se hab&iacute;a puesto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Las sombras se profundizaban alrededor de Jean Valjean. No hab&iacute;a comido durante el d&iacute;a; probablemente ten&iacute;a algo de fiebre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se hab&iacute;a quedado de pie, y no hab&iacute;a cambiado de actitud desde que el ni&ntilde;o huy&oacute;. Su respiraci&oacute;n era a intervalos largos y desiguales. Sus ojos estaban fijos en un lugar diez o doce pasos delante de &eacute;l, y parec&iacute;a estar estudiando con profunda atenci&oacute;n la forma de una vieja loza azul que estaba tirada en la hierba. De repente se estremeci&oacute;; empez&oacute; a sentir el aire fr&iacute;o de la noche.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se cal&oacute; la gorra sobre la frente, trat&oacute; mec&aacute;nicamente de doblar y abotonarse la blusa, dio un paso adelante y se agach&oacute; para recoger su bast&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En ese instante vio la moneda de cuarenta centavos que su pie ten&iacute;a medio enterrada en el suelo y que brillaba entre los guijarros. Fue como una descarga el&eacute;ctrica. " &iquest;Qu&eacute; es eso? &mdash;dijo &eacute;l, entre dientes. Retrocedi&oacute; un paso o dos, luego se detuvo sin poder apartar la mirada de ese punto que su pie hab&iacute;a cubierto un instante antes, como si lo que brillaba all&iacute; en la oscuridad hubiera sido un ojo fijo en &eacute;l. Al cabo de unos minutos, salt&oacute; convulsivamente hacia la moneda, la agarr&oacute; y, alz&aacute;ndose, mir&oacute; hacia la llanura, forzando la vista hacia todos los puntos del horizonte, de pie y temblando como un ciervo asustado que busca un lugar de descanso. refugio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No vio nada. Ca&iacute;a la noche, la llanura estaba fr&iacute;a y desnuda, espesas nieblas p&uacute;rpuras se elevaban en el crep&uacute;sculo resplandeciente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dijo: &ldquo;&iexcl;Ay! &rdquo; y comenz&oacute; a caminar r&aacute;pidamente en la direcci&oacute;n en la que se hab&iacute;a ido el ni&ntilde;o. Despu&eacute;s de unos treinta pasos, se detuvo, mir&oacute; a su alrededor y no vio nada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entonces llam&oacute; con su fuerza: &ldquo;&iexcl;Peque&ntilde;o Gervais! &iexcl;Peque&ntilde;o Gervais! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y luego escuch&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No hubo respuesta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El pa&iacute;s estaba desolado y sombr&iacute;o. Por todos lados hab&iacute;a espacio. No hab&iacute;a en &eacute;l m&aacute;s que una sombra en la que se perd&iacute;a la mirada y un silencio en el que se perd&iacute;a la voz.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Soplaba un norte cortante, que daba una especie de vida l&uacute;gubre a todo lo que le rodeaba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los arbustos sacudieron sus bracitos delgados con una furia incre&iacute;ble. Se hubiera dicho que estaban amenazando y persiguiendo a alguien.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Empez&oacute; a caminar de nuevo, luego apresur&oacute; el paso a la carrera y de vez en cuando se deten&iacute;a y gritaba en aquella soledad, con voz casi desolada y terrible:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Peque&ntilde;o Gervais! &iexcl;Peque&ntilde;o Gervais! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Seguramente, si el ni&ntilde;o lo hubiera o&iacute;do, se habr&iacute;a asustado y se habr&iacute;a escondido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero sin duda el chico ya estaba lejos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean ech&oacute; a correr de nuevo en la direcci&oacute;n que hab&iacute;a tomado al principio.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sigui&oacute; as&iacute; durante una distancia considerable, mirando a su alrededor, llamando y gritando, pero no encontr&oacute; a nadie m&aacute;s. Dos o tres veces se sali&oacute; del camino para mirar lo que parec&iacute;a ser alguien acostado o agachado; solo eran arbustos bajos o rocas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Finalmente, en un lugar donde se un&iacute;an tres caminos, se detuvo. La luna hab&iacute;a salido. Forz&oacute; la vista en la distancia y grit&oacute; una vez m&aacute;s: &ldquo;&iexcl;Petit Gervais! pero con una voz d&eacute;bil y casi inarticulada. Ese fue su &uacute;ltimo esfuerzo. Sus rodillas se doblaron repentinamente debajo de &eacute;l, como si un poder invisible lo abrumara de un golpe, con el peso de su mala conciencia; cay&oacute; extenuado sobre una gran piedra, con las manos apretadas en el pelo y el rostro de rodillas, y exclam&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Qu&eacute; desgraciado soy! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entonces su coraz&oacute;n se hinch&oacute; y se ech&oacute; a llorar. Era la primera vez que lloraba en diecinueve a&ntilde;os.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean llor&oacute; mucho. Derram&oacute; l&aacute;grimas ardientes, llor&oacute; amargamente, con m&aacute;s debilidad que una mujer, con m&aacute;s terror que un ni&ntilde;o.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras lloraba, la luz se hizo m&aacute;s y m&aacute;s brillante en su mente: una luz extraordinaria, una luz a la vez aterradora. Su vida pasada, su primera ofensa, su larga expiaci&oacute;n, su exterior brutal, su interior endurecido, su liberaci&oacute;n alegrada por tantos planes de venganza, lo que le hab&iacute;a sucedido en casa del obispo, su &uacute;ltima acci&oacute;n, este robo de cuarenta sueldos de un ni&ntilde;o, un crimen m&aacute;s vil y m&aacute;s monstruoso que vino despu&eacute;s del perd&oacute;n del obispo, todo esto volvi&oacute; y se le apareci&oacute;, claro, pero en una luz que nunca antes hab&iacute;a visto. Contempl&oacute; su vida y le pareci&oacute; que miraba a Satan&aacute;s a la luz del para&iacute;so.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Cu&aacute;nto tiempo llor&oacute; as&iacute;? &iquest;Qu&eacute; hizo despu&eacute;s de llorar? &iquest;A d&oacute;nde fue &eacute;l ? Nadie nunca lo supo. Se sabe simplemente que, esa misma noche, el conductor de tramos que a esa hora conduc&iacute;a por la ruta de Grenoble, y lleg&oacute; a D&mdash;--hacia las tres de la ma&ntilde;ana, vio, al pasar por la calle del obispo, un hombre en actitud de oraci&oacute;n, arrodillado sobre el pavimento en la sombra, ante la puerta de Monseigneur Bienvenu.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Confiar es A&nbsp;Veces Abandonar.<br />&#8203;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">HAB&Iacute;A, durante el primer cuarto del presente siglo, en Montfermeil, cerca de Par&iacute;s, una especie de tienda; no est&aacute; all&iacute; ahora. Lo mantuvieron un hombre y su esposa, llamado Th&eacute;nardier, y estaba situado en Lane Boulanger. Sobre la puerta, clavada contra la pared, hab&iacute;a una tabla, sobre la cual estaba pintado algo que parec&iacute;a un hombre cargando a la espalda a otro hombre vestido con las pesadas charreteras de general, obsequiadas y con grandes sobresaltos de plata; manchas rojas tipificadas como sangre; el resto de la imagen era humo y probablemente representaba una batalla. Debajo estaba esta inscripci&oacute;n: Al SARGENTO DE WATERLOO.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nada es m&aacute;s com&uacute;n que un carro de vag&oacute;n ante la puerta de una posada; sin embargo, el veh&iacute;culo, o m&aacute;s propiamente el fragmento de un veh&iacute;culo que obstru&iacute;a la calle frente al Sargento de Waterloo una tarde de primavera de 1818, seguramente habr&iacute;a atra&iacute;do por su volumen la atenci&oacute;n de cualquier pintor que pasara por all&iacute;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Por qu&eacute; estaba este veh&iacute;culo en este lugar en la calle, uno puede preguntarse? Primero para obstruir el carril, y luego para completar su trabajo de &oacute;xido.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La mitad de la cadena colgaba muy cerca del suelo, debajo del eje, y en la curva, como en una cuerda oscilante, dos ni&ntilde;as peque&ntilde;as estaban sentadas esa noche en un grupo exquisito, la m&aacute;s peque&ntilde;a, de dieciocho meses, en el regazo de la m&aacute;s grande, que ten&iacute;a dos a&ntilde;os y medio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un pa&ntilde;uelo cuidadosamente anudado imped&iacute;a que se cayeran.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Una madre. Mirando esta espantosa cadena, hab&iacute;a dicho; &ldquo;&iexcl;Ay! &iexcl;Esto es un juguete para mis hijos!&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La madre, una mujer cuyo aspecto era m&aacute;s bien imponente, pero conmovedor en este momento, estaba sentada en el alf&eacute;izar de la posada, balanceando a los dos ni&ntilde;os con una larga cuerda, mientras los miraba con la mirada por temor a un accidente con ese animal pero expresi&oacute;n celestial propio&nbsp;de la maternidad. A cada vibraci&oacute;n los horribles eslabones emit&iacute;an un crujido como un grito de ira, los peque&ntilde;os estaban en &eacute;xtasis, mientras el sol poniente se mezclaba con la alegr&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De pronto la madre escuch&oacute; una voz que dec&iacute;a muy cerca de su o&iacute;do: &ldquo;Ah&iacute; tiene dos lindos ni&ntilde;os, se&ntilde;ora&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Una mujer estaba delante de ella a poca distancia; tambi&eacute;n ten&iacute;a un hijo, que llevaba en sus brazos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Llevaba adem&aacute;s un bolso grande, que parec&iacute;a pesado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hijo de esta mujer era uno de los seres m&aacute;s divinos que se puedan imaginar: una ni&ntilde;a de dos o tres a&ntilde;os. Podr&iacute;a haber entrado en las listas con la coqueter&iacute;a de los otros peque&ntilde;os en el vestir; llevaba un tocado de lino fino; cintas en los hombros y puntilla de Valenciennes en el gorro. Los pliegues de su falda estaban lo suficientemente levantados para mostrar su pierna regordeta y blanca; ella era encantadoramente rosada y hermosa. La peque&ntilde;a y bonita criatura le daba a uno el deseo de morder sus mejillas color cereza. No podemos decir nada de sus ojos excepto de ser muy grandes y estaban orlados de magn&iacute;ficas pesta&ntilde;as. Ella estaba dormida.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dorm&iacute;a en el sue&ntilde;o absolutamente confiada propio de su edad. Los brazos de una madre est&aacute;n hechos de ternura, y el dulce sue&ntilde;o bendice al ni&ntilde;o que yace en ellos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En cuanto a la madre, parec&iacute;a pobre y triste; ten&iacute;a el aspecto de una obrera que busca volver a la vida campesina. &iquest;Era joven y bonita? Era posible, pero con ese atuendo no se pod&iacute;a mostrar la belleza. Su cabello, del que se hab&iacute;a ca&iacute;do una mecha rubia, parec&iacute;a muy espeso, pero estaba severamente recogido bajo un feo tocado de monja, apretado y angosto, atado debajo de la barbilla. Riendo muestra los dientes finos cuando uno los tiene, pero ella no se re&iacute;a. Sus ojos parec&iacute;an no haber estado sin l&aacute;grimas durante mucho tiempo. Estaba p&aacute;lida y parec&iacute;a muy cansada y algo enferma. Mir&oacute; a su hija, dormida en sus brazos, con esa mirada peculiar que s&oacute;lo posee una madre que amamanta a su propio hijo. Su forma estaba torpemente enmascarada por un gran pa&ntilde;uelo azul doblado sobre su pecho. Ten&iacute;a las manos bronceadas y salpicadas de pecas, el &iacute;ndice endurecido y pinchado con la aguja; vest&iacute;a un manto tosco de delaine marr&oacute;n, un vestido de calic&oacute; y zapatos grandes y pesados. Era uno de esos seres que nacen del coraz&oacute;n de la gente. Surgida de las profundidades m&aacute;s insondables de la oscuridad social, llevaba en la frente la marca de lo an&oacute;nimo y lo desconocido. Naci&oacute; en M&mdash;--sur m&mdash;--- &iquest;Qui&eacute;nes fueron sus padres? Ninguno pod&iacute;a decirlo; ella nunca hab&iacute;a conocido ni al padre ni a la madre. Se llamaba Fantine. &iquest;Por qu&eacute;? Porque nunca hab&iacute;a sido conocida por ning&uacute;n otro nombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No pod&iacute;a tener apellido, porque no ten&iacute;a familia; no pod&iacute;a tener nombre de bautismo, porque en ese entonces no hab&iacute;a iglesia.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fue nombrada as&iacute; por el placer del primer transe&uacute;nte que la encontr&oacute;, una simple infante, vagando descalza por las calles. Recibi&oacute; un nombre como recibi&oacute; el agua de las nubes sobre su cabeza cuando llov&iacute;a. La llamaban la peque&ntilde;a Fantine. Nadie supo nada m&aacute;s de ella. Tal era la manera en que este ser humano hab&iacute;a cobrado vida. A la edad de diez a&ntilde;os, Fantine abandon&oacute; la ciudad y se puso al servicio de los granjeros de los suburbios. A los quince a&ntilde;os vino a Par&iacute;s, a &ldquo; buscar fortuna &rdquo;. Fantine era hermosa y se mantuvo pura tanto como pudo. Era una hermosa rubia con dientes finos. Ten&iacute;a oro y perlas para su dote: pero el oro estaba sobre su cabeza y las perlas en su boca.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Trabaj&oacute; para vivir, luego, tambi&eacute;n para vivir, porque el coraz&oacute;n tambi&eacute;n tiene hambre, am&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Para &eacute;l era un amor; para ella una pasi&oacute;n. Las calles del Barrio Latino, que bullen de estudiantes y grisettes, vieron el comienzo de este sue&ntilde;o. En fin, se produjo la &eacute;gloga y la pobre ni&ntilde;a tuvo un hijo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Desaparecido el padre de su hijo &mdash;ay, tales separaciones son irrevocables&mdash;, se encontr&oacute; absolutamente aislada, con el h&aacute;bito del trabajo perdido y el gusto por el placer adquirido. Hab&iacute;a cometido una falta, pero, en el fondo de su naturaleza, sabemos que habitaba el pudor y la virtud.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ten&iacute;a la vaga sensaci&oacute;n de que estaba a punto de caer en la angustia, de caer en la calle.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella debe tener coraje; ella lo ten&iacute;a, y lo soport&oacute; valientemente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se le ocurri&oacute; la idea de volver a su pueblo natal M&mdash;--sur m&mdash;---; all&iacute; tal vez alguien la conocer&iacute;a y le dar&iacute;a trabajo. S&iacute;, pero debe ocultar su culpa. Y vislumbr&oacute; confusamente las posibles necesidades de una separaci&oacute;n a&uacute;n m&aacute;s dolorosa que la primera. Le dol&iacute;a el coraz&oacute;n, pero tom&oacute; su resoluci&oacute;n. Se ver&aacute; que Fantine pose&iacute;a el severo coraje de la vida. A los veintid&oacute;s a&ntilde;os, una hermosa ma&ntilde;ana de primavera, sali&oacute; de Par&iacute;s con su hijo a cuestas. El que hab&iacute;a visto pasar a los dos debi&oacute; de compadecerse de ellos. La mujer no ten&iacute;a nada en el mundo m&aacute;s que este ni&ntilde;o, y este ni&ntilde;o no ten&iacute;a nada en el mundo m&aacute;s que esta mujer. Fantine hab&iacute;a amamantado a su hijo &mdash;eso le hab&iacute;a debilitado un poco el pecho&mdash; y tos&iacute;a levemente.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hacia el mediod&iacute;a, despu&eacute;s de haber viajado de vez en cuando, para descansar, a un precio de tres o cuatro centavos la legua, en lo que entonces llamaban los coches peque&ntilde;os&nbsp;de los alrededores de Par&iacute;s, Fantine lleg&oacute; a Montfermeil y se detuvo en el Lane Boulanger.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al pasar junto a la taberna Th&eacute;nardier, los dos ni&ntilde;os peque&ntilde;os sentados en sus monstruosos columpios tuvieron una especie de efecto deslumbrante en ella, y se detuvo ante esta visi&oacute;n gozosa.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hay encantos. Estas dos ni&ntilde;as eran una sola para esta madre.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella los mir&oacute; con emoci&oacute;n. La presencia de los &aacute;ngeles es un heraldo del para&iacute;so. Le pareci&oacute; ver en esta posada el misterioso Aqu&iacute; de la Providencia. Estos ni&ntilde;os evidentemente estaban felices; los mir&oacute;, los admir&oacute;, tan conmovida que en el momento en que la madre tomaba aliento entre versos de su canci&oacute;n, no pudo evitar decir lo que hemos estado leyendo. &ldquo;Usted tiene dos hermosos ni&ntilde;os all&iacute;, se&ntilde;ora.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los animales m&aacute;s feroces se desarman con caricias a sus cr&iacute;as.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La madre levant&oacute; la cabeza y le dio las gracias, e hizo que la desconocida se sentara en el escal&oacute;n de piedra, estando ella misma en la puerta; las dos mujeres comenzaron a hablar juntas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Mi nombre es Madame Th&eacute;nardier&rdquo;, dijo la madre de las dos ni&ntilde;as. Mantenemos esta posada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta Madame Th&eacute;nardier era una mujer pelirroja, morena y angulosa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todav&iacute;a era joven, apenas ten&iacute;a treinta a&ntilde;os. Si esta mujer, que estaba sentada agachada, hubiera estado erguida, tal vez su figura alt&iacute;sima y sus anchos hombros, los de un coloso movible, propios de una mujer de mercado, hubieran desalentado al viajero, turbado su confianza e impedido lo que tenemos que hacer, relatar. Una persona sentada en lugar de estar de pie: el destino pende de un hilo como ese.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La viajera cont&oacute; su historia, un poco modificada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dijo que era una mujer trabajadora y que su marido hab&iacute;a muerto. Al no poder conseguir trabajo en Par&iacute;s, iba a buscarlo a otra parte, a su propia provincia; que hab&iacute;a salido de Par&iacute;s esa ma&ntilde;ana a pie; que cargando a su hijo se hab&iacute;a cansado, y se hab&iacute;a metido en el escenario de Villemomble; que de Villemomble hab&iacute;a llegado a pie a Montfermeil; que la ni&ntilde;a hab&iacute;a caminado un poco, pero no mucho, era tan peque&ntilde;a; que se vio obligada a llevarla, y la joya se hab&iacute;a quedado dormida.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y a estas palabras le dio a su hija un beso apasionado, que la despert&oacute;. El ni&ntilde;o abri&oacute; sus grandes ojos azules, como los de su madre, y vio - &iquest;qu&eacute;? Nada, todo, con ese aire serio y a veces severo de los ni&ntilde;os peque&ntilde;os, que es uno de los misterios de su brillante inocencia ante nuestras tenebrosas virtudes. Se dir&iacute;a que se sintieron &aacute;ngeles y nos conocieron como humanos. Entonces la ni&ntilde;a se ech&oacute; a re&iacute;r y, aunque la madre la contuvo, se desliz&oacute; hasta el suelo, con la energ&iacute;a indomable de un peque&ntilde;o que quiere correr. De repente, ella percibi&oacute; a los otros dos en su columpio, se detuvo en seco y sac&oacute; la lengua en se&ntilde;al de admiraci&oacute;n.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Madre Th&eacute;nardier desat&oacute; a los ni&ntilde;os y los sac&oacute; de su columpio diciendo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Jueguen juntos, los tres&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A esa edad es f&aacute;cil conocerse, y en un momento los peque&ntilde;os Th&eacute;nardiers estaban jugando con el reci&eacute;n llegado, haciendo agujeros en el suelo para su intenso deleite.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este reci&eacute;n llegado era muy vivaracho: la bondad de la madre est&aacute; escrita en la alegr&iacute;a del ni&ntilde;o; hab&iacute;a tomado una astilla de madera, que usaba como pala, y estaba cavando valientemente un hoyo digno de una mosca. El trabajo del sepulturero es encantador cuando lo hace un ni&ntilde;o.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Las dos mujeres continuaron charlando.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iquest;C&oacute;mo llamas a tu mocosa?"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Cosette&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iquest;Qu&eacute; edad tiene ella?"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ella va a cumplir tres a&ntilde;os&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;La edad de mi hijo mayor&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Las tres muchachas estaban agrupadas en una actitud de profunda angustia y dicha; hab&iacute;a ocurrido un gran acontecimiento: un gran gusano hab&iacute;a salido de la tierra; ten&iacute;an miedo de &eacute;l, y sin embargo sent&iacute;an &eacute;xtasis por ello.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sus frentes brillantes se tocaron: tres cabezas en un halo de gloria.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Ni&ntilde;os." exclam&oacute; la Madre Th&eacute;nardier. &ldquo;Qu&eacute; pronto se conocen. &iexcl;Verlas! Uno jurar&iacute;a que eran tres hermanas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estas palabras fueron las chispas que probablemente esperaba la otra madre. Tom&oacute; la mano de Madame Th&eacute;nardier y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iquest;Me guardar&aacute;s a mi hija?"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;Debo pensarlo &mdash;dijo Th&eacute;nardier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Te dar&eacute; seis francos al mes&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Aqu&iacute; se escuch&oacute; la voz de un hombre desde adentro:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No menos de siete francos y seis meses pagados por adelantado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Seis por siete son cuarenta y dos&rdquo;, dijo Th&eacute;nardier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Te lo dar&eacute;&rdquo;, dijo la madre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;Y quince francos de m&aacute;s para los primeros gastos &mdash;a&ntilde;adi&oacute; el hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">-Son cincuenta y siete francos -dijo madame Th&eacute;nardier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Te lo dar&eacute;&rdquo;, dijo la madre. Tengo ochenta francos. Eso me dejar&aacute; suficiente para ir al campo si camino. Ganar&eacute; algo de dinero all&iacute;, y tan pronto como lo tenga vendr&eacute; por mi peque&ntilde;o amor&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La voz del hombre volvi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Tiene la ni&ntilde;a un guardarropa?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ese es mi marido&rdquo;, dijo Th&eacute;rnadier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ciertamente lo tiene, pobrecita. Sab&iacute;a que era tu marido. Y un buen vestuario tambi&eacute;n lo es, un vestuario extravagante, todo por docenas, y vestidos de seda como una dama. Est&aacute;n ah&iacute; en mi cartera.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Debes dejar eso aqu&iacute;&rdquo;, intervino la voz del hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Por supuesto que te lo dar&eacute;". dijo la madre. &ldquo;Ser&iacute;a extra&ntilde;o si dejara a mi hija desnuda&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Apareci&oacute; el rostro del maestro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Est&aacute; bien", dijo &eacute;l.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El trato fue concluido. La madre pas&oacute; la noche en la posada, le dio dinero y dej&oacute; a su hija, volvi&oacute; a abrocharse su bolso, empeque&ntilde;ecido por el guardarropa de su hija, y muy ligero ahora, y parti&oacute; a la ma&ntilde;ana siguiente, esperando regresar pronto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estas despedidas se arreglan tranquilamente, pero est&aacute;n llenas de desesperaci&oacute;n.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un vecino de los Thenardier se encontr&oacute; con esta madre en su camino y entr&oacute; diciendo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Acabo de encontrarme con una mujer en la calle, que lloraba como si se le fuera a romper el coraz&oacute;n&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando la madre de Cosette se fue, el hombre le dijo a su mujer.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Eso me bastar&aacute; para mi pagar&eacute; de 110 francos que vence ma&ntilde;ana; Me faltaban 50 francos. &iquest;Sabes que deber&iacute;a haber tenido un sheriff y una protesta? Has demostrado ser una buena ratonera con tus peque&ntilde;os.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Sin saberlo&rdquo;, dijo la mujer.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El rat&oacute;n capturado era muy d&eacute;bil, pero el gato se regocijaba incluso con un rat&oacute;n flaco.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Qu&eacute; eran los Th&eacute;nardier?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pertenec&iacute;an a esa clase bastarda formada por gente baja que ha subido y gente inteligente que ha ca&iacute;do, que est&aacute; entre las clases llamadas media y baja, y que une algunas de las faltas de la segunda con casi todos los vicios de la primera, sin poseer los impulsos generosos del obrero, ni la respetabilidad del burgu&eacute;s.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eran de esas naturalezas enanas que, si acaso son calentadas por alg&uacute;n fuego sombr&iacute;o, f&aacute;cilmente se vuelven monstruosas. La mujer era un coraz&oacute;n en bruto; el hombre un canalla: ambos en el m&aacute;s alto grado capaces de esa horrible especie de progreso que se puede hacer hacia el mal. Hay almas que, como cangrejos, se arrastran continuamente hacia la oscuridad, retrocediendo en la vida en lugar de avanzar en ella, usando la experiencia que tienen para aumentar su deformidad, empeorando sin cesar y sumergi&eacute;ndose cada vez m&aacute;s en una maldad que se intensifica. Tales almas eran este hombre y esta mujer.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ser malvado no asegura la prosperidad, porque la posada no tuvo buen &eacute;xito.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Gracias a los cincuenta y siete francos de Fantine, Th&eacute;nardier pudo evitar una protesta y honrar su firma. Al mes siguiente todav&iacute;a necesitaban dinero, y la mujer llev&oacute; el guardarropa de Cosette a Par&iacute;s y lo empe&ntilde;&oacute; por sesenta francos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando se gast&oacute; esta suma, los Th&eacute;nardier comenzaron a considerar a la ni&ntilde;a como a una ni&ntilde;a a la que acog&iacute;an por caridad y la trataban como tal.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Desaparecida su ropa, la vistieron con las ropas desechadas de los peque&ntilde;os Thenardiers, es decir, con harapos.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La alimentaron con las puntas, un poco mejor que el perro y un poco peor que el gato. El perro y el gato eran sus compa&ntilde;eros de mesa. Cosette com&iacute;a con ellos debajo de la mesa en un plato de madera como el de ellos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su madre, como veremos m&aacute;s adelante, que hab&iacute;a encontrado un lugar en M__sur m____, le escrib&iacute;a o m&aacute;s bien hac&iacute;a que alguien escribiera por ella, todos los meses, preguntando por su hija. Los Th&eacute;nardier respondieron invariablemente:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;A Cossette le est&aacute; yendo maravillosamente bien&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hay ciertas naturalezas que no pueden tener amor por un lado sin odio por el otro. Esta madre Th&eacute;nardier amaba apasionadamente a sus propios peque&ntilde;os, esto la hizo detestar a la joven extra&ntilde;a. Cosette no pudo evitar que no atrajera sobre s&iacute; misma una lluvia de castigos severos e inmerecidos. Peque&ntilde;a d&eacute;bil, tierna, que no sab&iacute;a nada de este mundo, ni de Dios, continuamente maltratada, rega&ntilde;ada, castigada, golpeada, &iexcl;ve&iacute;a junto a ella a otras dos j&oacute;venes como ella, que viv&iacute;an en un halo de gloria!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La mujer no fue amable con Cosette; Eponine y Azelma tambi&eacute;n fueron crueles. Los ni&ntilde;os a esa edad son solo copias de la madre; el tama&ntilde;o se reduce, eso es todo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pas&oacute; un a&ntilde;o y luego otro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La gente sol&iacute;a decir en el pueblo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Qu&eacute; buena gente son estos Th&eacute;nardier! No son ricos y, sin embargo, cr&iacute;an a un ni&ntilde;o pobre que se ha quedado con ellos&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pensaron que Cosette fue olvidada por su madre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De a&ntilde;o en a&ntilde;o crec&iacute;a la ni&ntilde;a, y tambi&eacute;n su miseria.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras Cosette fue muy peque&ntilde;a, fue el chivo expiatorio de los otros dos ni&ntilde;os; tan pronto como comenz&oacute; a crecer un poco, es decir, antes de los cinco a&ntilde;os, se convirti&oacute; en la sirvienta de la casa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette estaba hecha para hacer mandados, barrer las habitaciones, el patio, la calle, lavar los platos y hasta llevar cargas. Los Th&eacute;nardier se sintieron doblemente autorizados para tratarla as&iacute;, ya que la madre, que a&uacute;n permanec&iacute;a en M&mdash;---sur m &mdash;----, comenz&oacute; a ser negligente en sus pagos. Quedaban algunos meses de vencimiento.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Si esta madre hubiera regresado a Montfermeil, al final de estos tres a&ntilde;os, no habr&iacute;a conocido a su ni&ntilde;a, Cosette, tan fresca y hermosa cuando lleg&oacute; a esa casa, ahora delgada y p&aacute;lida. Ten&iacute;a un peculiar aire inquieto. "&iexcl;T&iacute;mido!" dijeron los Th&eacute;nardier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La injusticia la hab&iacute;a vuelto hosca y la miseria la hab&iacute;a vuelto fea. S&oacute;lo quedaban para ella sus hermosos ojos, y eran dolorosos de mirar, pues, por grandes que fueran, parec&iacute;an aumentar la tristeza.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era un espect&aacute;culo desgarrador ver en invierno a la pobre ni&ntilde;a, que a&uacute;n no hab&iacute;a cumplido los seis a&ntilde;os, temblando bajo los andrajos de lo que alguna vez fue un vestido de percal, barriendo la calle antes del amanecer con una enorme escoba en sus peque&ntilde;as manos rojas y l&aacute;grimas en sus ojos. ojos grandes.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En el lugar la llamaban la alondra. A la gente le gustan los nombres figurativos y as&iacute; se complac&iacute;a en nombrar a este peque&ntilde;o ser, no mayor que un p&aacute;jaro, temblando, asustado y tiritando, despierta todas las ma&ntilde;anas primero en la casa y en el pueblo, siempre en la calle o en el campo antes del amanecer. .</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">S&oacute;lo la pobre alondra nunca cant&oacute;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El Descenso</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">I</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Qu&eacute; hab&iacute;a sido de esta madre, mientras tanto, que, seg&uacute;n la gente de Montfermeil, parec&iacute;a haber abandonado a su hijo? &iquest;D&oacute;nde estaba ella? &iquest;Que estaba haciendo ella?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Despu&eacute;s de dejar a su peque&ntilde;a Cosette con los Th&eacute;nardier, sigui&oacute; su camino y lleg&oacute; a M&mdash;------sur m&mdash;------.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esto, se recordar&aacute;, fue en 1818.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine hab&iacute;a salido de la provincia unos doce a&ntilde;os antes, y M---sur m-----hab&iacute;a cambiado mucho de aspecto. Mientras Fantine se hund&iacute;a lentamente m&aacute;s y m&aacute;s en la miseria, su pueblo natal hab&iacute;a sido pr&oacute;spero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En unos dos a&ntilde;os se hab&iacute;a realizado all&iacute; uno de esos cambios industriales que son los grandes acontecimientos de las peque&ntilde;as comunidades.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Desde tiempos inmemoriales, la ocupaci&oacute;n especial de los habitantes de M&mdash;---sur m&mdash;-------hab&iacute;a sido la imitaci&oacute;n de los jets ingleses y las baratijas alemanas de vidrio negro. El negocio siempre hab&iacute;a sido aburrido a consecuencia del alto precio de la materia prima, que repercut&iacute;a en la fabricaci&oacute;n. En el momento del regreso de Fantine a M-----sur m-----se hab&iacute;a producido una transformaci&oacute;n completa en la producci&oacute;n de estos "productos negros".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hacia fines del a&ntilde;o 1815, un hombre desconocido se hab&iacute;a establecido en la ciudad, y hab&iacute;a tenido la idea de sustituir la goma laca por la resina en la fabricaci&oacute;n, y para las pulseras, en particular, hizo los cierres simplemente doblando los extremos. del metal juntos en lugar de soldarlos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este ligero cambio hab&iacute;a producido una revoluci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En menos de tres a&ntilde;os el inventor de este proceso se hab&iacute;a enriquecido, lo que estaba bien, y hab&iacute;a enriquecido a todos los que le rodeaban, lo que estaba mejor. Era un extra&ntilde;o en el Departamento. Nada se sab&iacute;a de su nacimiento, y muy poco de su historia temprana.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se dec&iacute;a que lleg&oacute; a la ciudad con muy poco dinero, unos cientos de francos como m&aacute;ximo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De este escaso capital, bajo la inspiraci&oacute;n de una idea ingeniosa, fecundada por el orden y el cuidado, hab&iacute;a sacado una fortuna para s&iacute; mismo y una fortuna para toda la regi&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A su llegada a M-----sur m------ten&iacute;a el vestido, los modales y el lenguaje de un obrero solamente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Parece que el mismo d&iacute;a en que entr&oacute; oscuramente en la peque&ntilde;a ciudad de M----sur m----, justo al atardecer de una tarde de diciembre, con su fardo a la espalda y un palo de espinas en la mano, se hab&iacute;a producido un gran incendio en la casa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este hombre se precipit&oacute; al fuego, y salv&oacute;, con peligro de su vida, a dos ni&ntilde;os, que resultaron ser los del capit&aacute;n de la gendarmer&iacute;a, y en la prisa y gratitud del momento a nadie se le ocurri&oacute; pedirle el pasaporte. Fue conocido desde entonces con el nombre de Padre Madeleine.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era un hombre de unos cincuenta a&ntilde;os, que siempre parec&iacute;a estar preocupado y de buen car&aacute;cter; esto era todo lo que se pod&iacute;a decir de &eacute;l.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Gracias al r&aacute;pido progreso de esta manufactura, a la que &eacute;l hab&iacute;a dado tan maravillosa vida, M&mdash;sur m&mdash;--- se hab&iacute;a convertido en un importante centro de negocios. All&iacute; se hac&iacute;an inmensas compras todos los a&ntilde;os para los mercados espa&ntilde;oles, donde hay una gran demanda de trabajos a reacci&oacute;n, y M&mdash;---sur m&mdash;----, en esta rama del comercio, casi compet&iacute;a con Londres y Berl&iacute;n. Las ganancias del padre Madeleine fueron tan grandes que al final del segundo a&ntilde;o pudo construir una gran f&aacute;brica, en la que hab&iacute;a dos talleres inmensos, uno para hombres y otro para mujeres; quien quiera que estuviera necesitado pod&iacute;a ir all&iacute; y estar seguro de encontrar trabajo y salario. Antes de la llegada del Padre Madeleine, toda la regi&oacute;n languidec&iacute;a; ahora todo estaba vivo con la fuerza saludable del trabajo. Una circulaci&oacute;n activa encend&iacute;a todo y penetraba por todas partes. La ociosidad y la miseria eran desconocidas. No hab&iacute;a bolsillo tan oscuro que no contuviera alg&uacute;n dinero, ni vivienda tan pobre que no fuera morada de alguna alegr&iacute;a.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El padre Madeleine emple&oacute; a todos: solo ten&iacute;a una condici&oacute;n: "&iexcl;S&eacute; un hombre honesto!" &ldquo;&iexcl;S&eacute; una mujer honesta!&rdquo;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Como hemos dicho, en medio de esta actividad, de la que &eacute;l era la causa y el eje, el padre Madeleine hab&iacute;a hecho su fortuna, pero, muy extra&ntilde;amente para un simple hombre de negocios, esa no parec&iacute;a ser su preocupaci&oacute;n. Parec&iacute;a que pensaba mucho en los dem&aacute;s y poco en s&iacute; mismo. En 1820 se supo que ten&iacute;a seiscientos treinta mil francos para &eacute;l, hab&iacute;a gastado m&aacute;s de un mill&oacute;n para la ciudad y para los pobres.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hospital estaba mal dotado y &eacute;l hizo provisi&oacute;n para diez camas adicionales. M&mdash;---sur m&mdash;----se divide en la ciudad alta y la ciudad baja. La ciudad baja, donde viv&iacute;a, s&oacute;lo ten&iacute;a una escuela, una choza miserable que se estaba arruinando r&aacute;pidamente; construy&oacute; dos, uno para las ni&ntilde;as y otro para los ni&ntilde;os, y pag&oacute; a los dos maestros, de su propio bolsillo, el doble de su magro salario del gobierno, y un d&iacute;a, le dijo a un vecino que expres&oacute; sorpresa en esto:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Los dos funcionarios m&aacute;s altos del estado son la enfermera y el maestro de escuela&rdquo;. Construy&oacute; a sus expensas una casa de refugio, una instituci&oacute;n entonces casi desconocida en Francia, y proporcion&oacute; un fondo para los trabajadores ancianos y enfermos. Alrededor de su f&aacute;brica, como centro, hab&iacute;a crecido r&aacute;pidamente un nuevo barrio de la ciudad, que conten&iacute;a muchas familias indigentes, y &eacute;l estableci&oacute; una farmacia que era gratuita para todos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Finalmente, en 1819, se inform&oacute; en la ciudad una ma&ntilde;ana que, por recomendaci&oacute;n del prefecto, y en consideraci&oacute;n de los servicios que hab&iacute;a prestado al pa&iacute;s, el padre Madeleine hab&iacute;a sido nombrado por el rey alcalde de M&mdash;- ---sur m&mdash;---.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">M&mdash;---- sur m&mdash;---- se llen&oacute; del rumor, y el informe result&oacute; estar bien fundado, pues pocos d&iacute;as despu&eacute;s, el nombramiento apareci&oacute; en el Moniteur. Al d&iacute;a siguiente, el padre Madeleine se neg&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En 1820, cinco a&ntilde;os despu&eacute;s de su llegada a M&mdash;---sur m&mdash;----, los servicios que hab&iacute;a prestado a la regi&oacute;n eran tan brillantes, y el deseo de toda la poblaci&oacute;n tan un&aacute;nime, que el rey volvi&oacute; a nombrarlo alcalde de la ciudad. &Eacute;l se neg&oacute; de nuevo; pero el prefecto resisti&oacute; su determinaci&oacute;n, los principales ciudadanos vinieron y le instaron a aceptar, y la gente en las calles le rog&oacute; que as&iacute; lo hiciera; todos insistieron con tanta fuerza que al final cedi&oacute;. Se observ&oacute; que lo que m&aacute;s pareci&oacute; llevarlo a esta determinaci&oacute;n fue la exclamaci&oacute;n casi enojada de una anciana perteneciente a la clase m&aacute;s pobre, que le grit&oacute; desde la piedra de su puerta, con cierto temperamento:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Un buen alcalde es algo bueno. &iquest;Tienes miedo del bien que puedes hacer?</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Poco a poco, en el transcurso del tiempo, hab&iacute;a cesado toda oposici&oacute;n.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La gente ven&iacute;a de treinta millas a la redonda para consultar al se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;Resolvi&oacute; diferencias, evit&oacute; pleitos, reconcili&oacute; enemigos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cada uno, de su propia voluntad, lo eligi&oacute; por juez. Parec&iacute;a tener de memoria el libro de la ley natural. Un contagio de veneraci&oacute;n se hab&iacute;a extendido, en el transcurso de seis o siete a&ntilde;os, paso a paso, por todo el pa&iacute;s.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un solo hombre, en la ciudad y sus alrededores, se mantuvo completamente libre de este contagio y, hiciera lo que hiciera el padre Madeleine, permaneci&oacute; indiferente, como si una especie de instinto inmutable e imperturbable lo mantuviera despierto y alerta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A menudo, cuando el se&ntilde;or Madeleine pasaba por la calle, tranquilo, afectuoso, seguido de la bendici&oacute;n de todos, aconteci&oacute; que un hombre alto, tocado con un sombrero plano y una casaca gris hierro, y armado con un bast&oacute;n grueso, daba la vuelta bruscamente detr&aacute;s de &eacute;l. Y le segu&iacute;a con la mirada hasta que desaparec&iacute;a, cruzando los brazos, sacudiendo lentamente la cabeza, y empujando el superior con el labio inferior hasta la nariz, una especie de mueca significativa que podr&iacute;a traducirse por: &ldquo;Pero, &iquest;qu&eacute; es eso? &iquest;hombre? Estoy seguro de haberlo visto en alguna parte. En cualquier caso, al menos yo no soy su v&iacute;ctima.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este personaje, serio y de una gravedad casi amenazante, era uno de los que, a&uacute;n en una entrevista apresurada, acaparaban la atenci&oacute;n del observador.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su nombre era Javert, y era uno de los polic&iacute;as.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ejerc&iacute;a en M&mdash;sur m&mdash;la desagradable, pero &uacute;til, funci&oacute;n de inspector. No estaba all&iacute; en la fecha de la llegada de Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ciertos polic&iacute;as tienen una fisonom&iacute;a peculiar en la que se puede rastrear un aire de mezquindad mezclado con un aire de autoridad. Javert ten&iacute;a esta fisonom&iacute;a, sin mezquindad.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Naci&oacute; en prisi&oacute;n. Su madre era una adivina cuyo marido estaba en las galeras. Creci&oacute; para pensarse a s&iacute; mismo fuera de los l&iacute;mites de la sociedad, y desesperaba de entrar alguna vez en ella. Observ&oacute; que la sociedad cierra sus puertas, sin piedad, a dos clases de hombres: los que la atacan y los que la custodian; s&oacute;lo pod&iacute;a elegir entre estas dos clases; al mismo tiempo sent&iacute;a que ten&iacute;a una base indescriptible de rectitud, orden y honestidad, asociada a un odio incontenible por aquella raza gitana a la que pertenec&iacute;a. Entr&oacute; en la polic&iacute;a, lo consigui&oacute;. A los cuarenta era inspector.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En su juventud hab&iacute;a estado destinado en las galeras del Sur.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El rostro de Javert consist&iacute;a en una nariz respingona, con dos fosas nasales profundas, que estaban bordeadas por grandes y tupidos bigotes que cubr&iacute;an ambas mejillas. Uno se sent&iacute;a inc&oacute;modo la primera vez que ve&iacute;a esos dos bosques y esas dos cavernas. Cuando Javert se re&iacute;a, lo que rara vez y terriblemente, sus finos labios se entreabr&iacute;an, y mostraban, no s&oacute;lo los dientes, sino tambi&eacute;n las enc&iacute;as, y alrededor de la nariz hab&iacute;a una arruga tan ancha y salvaje como el hocico de un gamo. Javert, cuando era serio, era un bulldog; cuando re&iacute;a, era un tigre. Por lo dem&aacute;s, una cabeza peque&ntilde;a, grandes mand&iacute;bulas, cabellos que ocultan la frente y caen sobre las cejas, entre los ojos un ce&ntilde;o central permanente, una mirada sombr&iacute;a, una boca apretada y espantosa, y un aire de dominio feroz.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este hombre era un compuesto de dos sentimientos, muy simples y muy buenos en s&iacute; mismos, pero casi los hac&iacute;a malos por su exageraci&oacute;n: el respeto a la autoridad y el odio a la rebeli&oacute;n; a sus ojos, el robo, el asesinato, todos los cr&iacute;menes, eran s&oacute;lo formas de rebeli&oacute;n. En su fe fuerte e impl&iacute;cita, inclu&iacute;a a todos los que ten&iacute;an alguna funci&oacute;n en el estado, desde el primer ministro hasta el alguacil. No ten&iacute;a nada m&aacute;s que desd&eacute;n, aversi&oacute;n y repugnancia por todos los que alguna vez hab&iacute;an traspasado los l&iacute;mites de la ley. Era absoluto y no admit&iacute;a excepciones.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era estoico, serio, austero: so&ntilde;ador de sue&ntilde;os &ldquo;severos&rdquo;; humilde y altanero, como todos los fan&aacute;ticos. Su mirada era fr&iacute;a y tan penetrante como una barrena. Toda su vida estaba contenida en estas dos palabras; despertar y mirar. &iexcl;Ay de aquel que caiga en sus manos! Habr&iacute;a arrestado a su padre si se escapaba de las galeras, y denunciado a su madre por violar su boleto de licencia. Y lo habr&iacute;a hecho con esa especie de satisfacci&oacute;n interior que brota de la virtud. Su vida fue una vida de privaciones, aislamiento, abnegaci&oacute;n y castidad: nunca diversi&oacute;n alguna. Era un deber implacable absorto en la polic&iacute;a como los espartanos estaban absortos en Esparta, un detective despiadado, una honestidad feroz, un informante de coraz&oacute;n de m&aacute;rmol,</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; era este hombre formidable.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert era como un ojo siempre fijo en Monsieur Madeleine, un ojo lleno de sospechas y conjeturas. Monsieur Madeleine finalmente lo not&oacute;, pero pareci&oacute; considerarlo sin importancia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No pregunt&oacute; nada a Javert, ni lo busc&oacute; ni lo rehuy&oacute;, soport&oacute; esta mirada desagradable y molesta sin parecer prestarle atenci&oacute;n. Trat&oacute; a Javert como a todos los dem&aacute;s, a gusto y con amabilidad.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Evidentemente, Javert estaba algo desconcertado por el aire completamente natural y la tranquilidad de Monsieur Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un d&iacute;a, sin embargo, sus extra&ntilde;os modales parecieron impresionar a Monsieur Madeleine. La ocasi&oacute;n fue esta:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">IV</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">MONSIEUR MADELEINE caminaba una ma&ntilde;ana por uno de los callejones sin asfaltar de M&mdash;sur m&mdash;; oy&oacute; un grito y vio una multitud a poca distancia. Fue al lugar. Un anciano, llamado Padre Fauchelevent, hab&iacute;a ca&iacute;do debajo de su carro, su caballo hab&iacute;a sido derribado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El caballo ten&iacute;a los muslos rotos y no pod&iacute;a moverse. El anciano qued&oacute; atrapado entre las ruedas. Desgraciadamente, hab&iacute;a ca&iacute;do de modo que todo el peso descansaba sobre su pecho. El carro estaba muy cargado. El padre Fauchelevent lanzaba gemidos lastimeros. Hab&iacute;an intentado sacarlo, pero en vano. Un esfuerzo desafortunado, una ayuda inexperta, un empuj&oacute;n en falso, podr&iacute;an aplastarlo. Era imposible salir de otra manera que levantando el carro desde abajo. Javert, que subi&oacute; en el momento del accidente, hab&iacute;a mandado a buscar un gato.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Lleg&oacute; el se&ntilde;or Madeleine. La multitud retrocedi&oacute; con respeto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ayuda&rdquo;, grit&oacute; Fauchelevent. "&iquest;Qui&eacute;n es un buen tipo para salvar a un anciano?"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;&nbsp;Monsieur Madeleine se volvi&oacute; hacia los transe&uacute;ntes.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iquest;Alguien tiene un gato?"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se han ido por uno&rdquo;, respondi&oacute; un campesino.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iquest;Qu&eacute; tan pronto estar&aacute; aqu&iacute;?"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Enviamos al lugar m&aacute;s cercano, a Flachot Place, donde hay un herrero, pero tomar&aacute; al menos un buen cuarto de hora&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Un cuarto de hora! &rdquo; exclam&oacute; Madeleine a los campesinos que miraban.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Debemos! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Pero ser&aacute; muy tarde! &iquest;No ves que el carro se est&aacute; hundiendo todo el tiempo? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"No se puede evitar".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Escuche&rdquo;, prosigui&oacute; Madeleine, &ldquo;todav&iacute;a hay espacio suficiente debajo del carro para que un hombre se arrastre y lo levante con la espalda. En medio minuto sacaremos al pobre hombre. &iquest;No hay nadie aqu&iacute; que tenga fuerza y &#8203;&#8203;coraje? &iexcl;Cinco luises de oro para &eacute;l! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nadie se movi&oacute; en la multitud.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Diez luises dijo Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El transe&uacute;nte baj&oacute; los ojos. Uno de ellos murmur&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Tendr&iacute;a que ser endiabladamente corpulento. Y entonces correr&iacute;a el riesgo de ser aplastado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Vamos&rdquo;, dijo Madeleine, &ldquo;veinte luises&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El mismo silencio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;No es voluntad lo que les falta,&rdquo; dijo una voz.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Monsieur Madeleine se volvi&oacute; y vio a Javert. No se hab&iacute;a fijado en &eacute;l cuando lleg&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Es fuerza. Debe ser un hombre terrible que pueda levantar una carreta como esa sobre su espalda.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego, mirando fijamente a Monsieur Madeleine, prosigui&oacute;, enfatizando cada palabra que pronunciaba:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Se&ntilde;or Madeleine, solo he conocido a un hombre capaz de hacer lo que pides".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Madeleine se estremeci&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert a&ntilde;adi&oacute;, con aire de indiferencia, pero sin apartar los ojos de Madeleine:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Era un convicto&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ay! dijo Madeleine:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En las galeras de Toulon.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Madeleine se puso p&aacute;lido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iexcl;Oh! &iexcl;C&oacute;mo me aplasta! - exclam&oacute; el anciano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Madeleine levant&oacute; la cabeza, se encontr&oacute; con el ojo de halc&oacute;n de Javert todav&iacute;a fijo en &eacute;l, mir&oacute; a los campesinos inm&oacute;viles y sonri&oacute; con tristeza. Entonces, sin decir una palabra, cay&oacute; de rodillas, y antes de que la multitud tuviera tiempo de lanzar un grito, estaba debajo del carro.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hubo un terrible momento de suspenso y de silencio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Madeleine, que yac&iacute;a casi en el suelo bajo el terrible peso, fue visto dos veces tratando en vano de juntar los codos y las rodillas. Le gritaron: &ldquo;&iexcl;Padre Madeleine! &iexcl;Sal de ah&iacute;!&rdquo; El mismo viejo Fauchelevent dijo: &ldquo;&iexcl;Se&ntilde;or Madeleine! &iexcl;Dejame! Debo morir, ya ves eso; &iexcl;D&eacute;jame! Tambi&eacute;n ser&aacute;s aplastado.&rdquo; Madeleine no respondi&oacute;. Los transe&uacute;ntes contuvieron la respiraci&oacute;n. Las ruedas segu&iacute;an hundi&eacute;ndose y ahora a Madeleine le resultaba casi imposible salir.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente la enorme masa se puso en marcha, el carro se elev&oacute; lentamente, las ruedas se salieron a medias de los surcos. Se escuch&oacute; una voz ahogada que gritaba: "&iexcl;Ayuda r&aacute;pido!" Era Madeleine, que acababa de hacer un &uacute;ltimo esfuerzo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todos se apresuraron al trabajo. La devoci&oacute;n de un hombre hab&iacute;a dado fuerza y &#8203;&#8203;valor a todos. El carro fue levantado por veinte brazos. El viejo Fauchelevent estaba a salvo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Madeleine se levant&oacute;. Estaba muy p&aacute;lido, aunque ba&ntilde;ado en sudor. Su ropa estaba rota y cubierta de barro. Todos lloraron. El anciano bes&oacute; sus rodillas y lo llam&oacute; al buen Dios.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;l mismo ten&iacute;a en el rostro una expresi&oacute;n indescriptible de gozo y sufrimiento celestial, y miraba con ojos tranquilos a Javert, que segu&iacute;a mir&aacute;ndolo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fauchelevent mejor&oacute;, pero ten&iacute;a una rodilla r&iacute;gida. Monsieur Madeleine, por recomendaci&oacute;n de las hermanas y del cura, consigui&oacute; para el anciano un lugar como jardinero en un convento del Barrio Saint Antoine de Par&iacute;s.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">TAL era la situaci&oacute;n del pa&iacute;s cuando Fantine regres&oacute;. Nadie la recordaba. Por suerte, la puerta de la f&aacute;brica de Monsieur Madeleine era como la cara de un amigo. All&iacute; se present&oacute; y fue admitida en el taller para mujeres.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El negocio era completamente nuevo para Fantine; no pod&iacute;a ser muy experta en eso, y en consecuencia no recib&iacute;a mucho por el trabajo de su d&iacute;a, pero ese poco era suficiente; El problema fue resuelto; se estaba ganando la vida.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando Fantine se dio cuenta de c&oacute;mo estaba viviendo, tuvo un momento de alegr&iacute;a. Vivir honestamente de su propio trabajo, &iexcl;qu&eacute; bendici&oacute;n celestial! El gusto por el trabajo volvi&oacute; a ella, en verdad.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Compr&oacute; un espejo, se deleit&oacute; con la visi&oacute;n de su juventud, su cabello fino y sus dientes finos, olvid&oacute; muchas cosas, no pens&oacute; en nada m&aacute;s que en Cosette y en las posibilidades del futuro, y fue casi feliz. Alquil&oacute; una peque&ntilde;a habitaci&oacute;n y la amuebl&oacute; con el cr&eacute;dito de su futuro trabajo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No pudiendo decir que estaba casada, se cuid&oacute; mucho, como ya hemos insinuado, de no hablar de su hijita.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al principio, como hemos visto, pagaba puntualmente a los Th&eacute;nardier. Como s&oacute;lo sab&iacute;a firmar con su nombre, se vio obligada a escribir a trav&eacute;s de un escritor de cartas p&uacute;blicas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Escrib&iacute;a a menudo; eso se not&oacute;. Empezaron a cuchichear en el taller de mujeres que Fantine &ldquo; escrib&iacute;a cartas &rdquo;, y que &ldquo; ten&iacute;a aires &rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; que Fantine fue vigilada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">M&aacute;s all&aacute; de esto, m&aacute;s de uno estaba celoso de su cabello rubio y de sus dientes blancos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se comprob&oacute; que escrib&iacute;a, por lo menos dos veces al mes y siempre a la misma direcci&oacute;n, y que pagaba por adelantado el franqueo. Consiguieron saber la direcci&oacute;n: Monsieur Th&eacute;nardier, tabernero, Montfermeil. El escritor de cartas p&uacute;blicas, un anciano sencillo, que no pod&iacute;a llenar su est&oacute;mago con vino tinto sin vaciar sus bolsillos de sus secretos, fue obligado a revelar esto en una taberna. En resumen, se supo que Fantine ten&iacute;a una hija. " Ella debe ser ese tipo de mujer ". Y hab&iacute;a una vieja chismosa que fue a Montfermeil, habl&oacute; con los Th&eacute;nardier y dijo a su regreso: &ldquo;Por mis treinta y cinco francos, me he enterado de todo. &iexcl;He visto a la ni&ntilde;a!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo esto tom&oacute; tiempo; Fantine llevaba m&aacute;s de un a&ntilde;o en la f&aacute;brica, cuando una ma&ntilde;ana el capataz del taller le entreg&oacute;, en nombre del alcalde, cincuenta francos, dici&eacute;ndole que ya no la necesitaban en la tienda, y orden&aacute;ndole, en nombre del alcalde, a salir de la ciudad.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine estaba estupefacta. No pod&iacute;a salir de la ciudad; estaba endeudada por su alojamiento y sus muebles. Cincuenta francos no bastaban para saldar esa deuda. Ella balbuce&oacute; algunas palabras suplicantes. El capataz le dio a entender que deb&iacute;a abandonar la tienda al instante. Fantine era, adem&aacute;s, s&oacute;lo una trabajadora moderada. Abrumada por la verg&uuml;enza m&aacute;s que por la desesperaci&oacute;n, sali&oacute; de la tienda y volvi&oacute; a su habitaci&oacute;n. &iexcl;Su culpa entonces era conocida por todos!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No sinti&oacute; fuerzas para decir una palabra. Se le aconsej&oacute; que viera al alcalde; ella no se atrevi&oacute;. El alcalde le dio cincuenta francos, porque era amable, y la despidi&oacute;, porque era justo. Ella se inclin&oacute; ante ese decreto.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">VI</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine no sab&iacute;a nada de todo esto. Los mejores hombres a menudo se ven obligados a delegar su autoridad. Fue en el ejercicio de este pleno poder, y con la convicci&oacute;n de que estaba haciendo lo correcto, que el supervisor formul&oacute; la acusaci&oacute;n, juzg&oacute;, conden&oacute; y ejecut&oacute; a Fantine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine se ofreci&oacute; como sirvienta en el barrio; ella iba de una casa a otra. Nadie la quer&iacute;a. No pod&iacute;a salir de la ciudad. El comerciante de segunda mano al que le deb&iacute;a sus muebles... &iexcl;y qu&eacute; muebles! - le hab&iacute;a dicho: &ldquo;Si te vas, har&eacute; que te arresten por ladrona.&rdquo; El casero, a quien le deb&iacute;a el alquiler, le hab&iacute;a dicho: &ldquo;Eres joven y bonita, puedes pagar.&rdquo; Dividi&oacute; los cincuenta francos entre el propietario y el comerciante, devolvi&oacute; a este &uacute;ltimo las tres cuartas partes de sus bienes, se qued&oacute; s&oacute;lo con lo necesario y se encontr&oacute; sin trabajo, sin puesto, sin nada m&aacute;s que su cama y debiendo a&uacute;n alrededor de unos cien francos.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Comenz&oacute; a confeccionar&nbsp; camisas gruesas para los soldados de la guarnici&oacute;n y ganaba doce sous al d&iacute;a. Su hija le cost&oacute; diez. Fue en esta &eacute;poca cuando empez&oacute; a quedarse atr&aacute;s con los Th&eacute;nardier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, una anciana, que le encend&iacute;a una vela cuando llegaba a casa por la noche, le ense&ntilde;&oacute; el arte de vivir en la miseria.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Detr&aacute;s de vivir de poco se esconde el arte de vivir de nada. Son dos habitaciones: la primera es oscura; la segunda es completamente oscura.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine aprendi&oacute; a prescindir completamente del fuego en invierno, a renunciar a un p&aacute;jaro que come el valor de un cuarto de mijo cada dos d&iacute;as, a hacer una colcha con su enagua y una enagua con su colcha, como guardar su vela comiendo a la luz de una ventana de enfrente. Pocos saben cu&aacute;nto pueden sacar de un centavo ciertos seres d&eacute;biles, que han envejecido entre las privaciones y la honestidad. Esto finalmente se convierte en un talento. Fantine adquiri&oacute; este talento sublime y se anim&oacute; un poco.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La anciana, que le hab&iacute;a dado lo que podr&iacute;amos llamar lecciones de vida indigente, era una mujer piadosa, de nombre Marguerite, devota de genuina devoci&oacute;n, pobre y caritativa con los pobres, y tambi&eacute;n con los ricos, sabiendo escribir lo justo para firmar MARGERITTE, y creer en Dios, que es ciencia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hay muchas de estas virtudes en los lugares bajos; alg&uacute;n d&iacute;a estar&aacute;n en lo alto. Esta vida tiene un ma&ntilde;ana.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al principio, Fantine estaba tan avergonzada que no se atrevi&oacute; a salir.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando estaba en la calle imaginaba que la gente se volv&iacute;a detr&aacute;s de ella y la se&ntilde;alaba; todos la miraban y nadie la saludaba; el desd&eacute;n agudo y fr&iacute;o de los transe&uacute;ntes la penetraba en cuerpo y alma, como un viento del norte.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De hecho, debe acostumbrarse a la falta de respeto como lo hizo a la pobreza. Poco a poco fue aprendiendo su papel. Despu&eacute;s de dos o tres meses se sacudi&oacute; la verg&uuml;enza y sali&oacute; como si nada se interpusiera en el camino. &ldquo;Para m&iacute; todo es uno&rdquo;, dijo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella iba y ven&iacute;a, con la cabeza erguida y una sonrisa amarga, y sent&iacute;a que se estaba volviendo desvergonzada.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El exceso de trabajo fatigaba a Fantine y la leve tos seca que ten&iacute;a aumentaba. A veces le dec&iacute;a a su vecina Margarita: &ldquo;Siente lo calientes que tengo las manos.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por la ma&ntilde;ana, sin embargo, cuando con un viejo peine roto se peinaba sus finos cabellos que ca&iacute;an en sedosas ondas, disfrut&oacute; de un momento de felicidad.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">VII</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Le hab&iacute;an dado de alta a finales del invierno; Pas&oacute; el verano, pero regres&oacute; el invierno. D&iacute;as cortos, menos trabajo. En invierno no hay calor, no hay luz, no hay mediod&iacute;a, la tarde toca la ma&ntilde;ana, hay niebla y vaho, la ventana est&aacute; helada y no se puede ver con claridad. El cielo no es m&aacute;s que la boca de una cueva. Todo el d&iacute;a es la cueva. El sol tiene apariencia de pobre. &iexcl;Temporada espantosa! El invierno transforma en piedra el agua del cielo y el coraz&oacute;n del hombre. Sus acreedores la acosaron. Fantine ganaba muy poco. Sus deudas hab&iacute;an aumentado. Los Th&eacute;nardier, mal pagados, le escrib&iacute;an constantemente cartas cuyo contenido la descorazonaba, mientras que el correo la arruinaba. Un d&iacute;a le escribieron dici&eacute;ndole que su peque&ntilde;a Cosette estaba completamente desprovista de ropa para el fr&iacute;o, que necesitaba una falda de lana y que su madre deb&iacute;a enviarle al menos diez francos para ello. Recibi&oacute; la carta y la aplast&oacute; en su mano durante todo un d&iacute;a. Por la noche entr&oacute; en una barber&iacute;a que hab&iacute;a en la esquina y sac&oacute; su peine. Su hermoso cabello rubio ca&iacute;a hasta debajo de su cintura.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Qu&eacute; pelo tan bonito! &rdquo; exclam&oacute; el barbero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Cu&aacute;nto me dar&aacute;s por ello? " dijo ella.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Diez francos. "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; C&oacute;rtalo. "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Compr&oacute; una falda de punto y se la envi&oacute; a los Th&eacute;nardier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta falda enfureci&oacute; a los Th&eacute;nardier. Era el dinero que quer&iacute;an. Le dieron la falda a Eponine. La pobre alondra todav&iacute;a temblaba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine pens&oacute;: &ldquo;Mi ni&ntilde;a ya no tiene fr&iacute;o; La he vestido con mi cabello.&rdquo; Se puso un peque&ntilde;o gorro redondo que ocultaba su cabeza rapada y con eso segu&iacute;a siendo bonita.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En el coraz&oacute;n de Fantine se estaba produciendo un trabajo sombr&iacute;o.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando vio que ya no pod&iacute;a peinarse, empez&oacute; a mirar con odio a todos a su alrededor. Desde hac&iacute;a mucho tiempo participaba de la veneraci&oacute;n universal por el padre Madeleine; sin embargo, a fuerza de repetirse que hab&iacute;a sido &eacute;l quien la hab&iacute;a rechazado y que &eacute;l era la causa de sus desgracias, lleg&oacute; a odiarlo tambi&eacute;n, y sobre todo. Cuando pasaba por la f&aacute;brica a las horas en que los trabajadores estaban en la puerta, se obligaba a re&iacute;r y cantar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Una vieja obrera que una vez la vio cantando y riendo de esta manera dijo: &ldquo;Hay una muchacha que tendr&aacute; un mal fin. "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tom&oacute; un amante, al primer rinc&oacute;n, un hombre al que no amaba, con bravuconer&iacute;a y con rabia en el coraz&oacute;n. Era un desgraciado, una especie de m&uacute;sico mendigo, un vagabundo holgaz&aacute;n, que la golpeaba y que la dejaba, como ella lo hab&iacute;a tomado, con disgusto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella adoraba a su hija.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuanto m&aacute;s se hund&iacute;a, m&aacute;s sombr&iacute;o se volv&iacute;a todo a su alrededor, m&aacute;s brillaba el dulce angelito en el fondo de su coraz&oacute;n. Ella dec&iacute;a: &ldquo;Cuando sea rica, tendr&eacute; a mi Cosette conmigo. &rdquo; y ella se ri&oacute;. La tos no la abandonaba y ten&iacute;a sudores nocturnos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un d&iacute;a recibi&oacute; de los Th&eacute;nardier una carta que dec&iacute;a: &ldquo;Cosette est&aacute; enferma de una enfermedad epid&eacute;mica. Fiebre militar, la llaman. Los medicamentos necesarios son caros. Nos est&aacute; arruinando y ya no podemos pagarlos. Si no nos env&iacute;a cuarenta francos dentro de una semana, la peque&ntilde;a morir&aacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella se ech&oacute; a re&iacute;r y le dijo a su vieja vecina:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! &iexcl;Ellos son agradables! &iexcl;Cuarenta francos! &iexcl;Piensa en eso! &iexcl;Son dos Napoleones! &iquest;D&oacute;nde creen que puedo conseguirlos? &iquest;Son tontos estos pat&aacute;nes? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, se dirigi&oacute; a la escalera, cerca de una buhardilla, y volvi&oacute; a leer la carta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego baj&oacute; las escaleras y sali&oacute; al exterior, corriendo y saltando, todav&iacute;a riendo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al pasar por la plaza, vio a muchas personas reunidas alrededor de un carruaje de aspecto extra&ntilde;o encima del cual estaba un hombre vestido de rojo, declamando. Era malabarista y dentista ambulante, y ofrec&iacute;a al p&uacute;blico dentaduras completas, opi&aacute;ceos, polvos y elixires.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine se uni&oacute; a la multitud y comenz&oacute; a re&iacute;r con el resto de esta arenga. El sacador de dientes vio re&iacute;r a esta hermosa ni&ntilde;a y de repente grit&oacute;: &ldquo;Tienes unos dientes bonitos, ni&ntilde;a que te r&iacute;es all&iacute;. Si me vendes tus dos incisivos, te dar&eacute; un Napole&oacute;n de oro por cada uno de ellos. "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Qu&eacute; es eso ? &iquest;Cu&aacute;les son mis incisivos? &rdquo; pregunt&oacute; Fantina.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Los incisivos", prosigui&oacute; el profesor de odontolog&iacute;a, "son los dientes frontales, los dos superiores".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Qu&eacute; horrible! -exclam&oacute; Fantine-.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Dos Napoleones! &rdquo; refunfu&ntilde;&oacute; una vieja bruja desdentada que estaba al lado. &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; suerte tiene! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine huy&oacute; y se tap&oacute; los o&iacute;dos para no o&iacute;r la voz estridente del hombre que la llamaba: &ldquo;&iexcl;Considera, belleza m&iacute;a! &iexcl;Dos Napoleones! Cu&aacute;nto bien te har&aacute;n. Si tienes valor, ven esta tarde a la posada de Tillac d'Argent; all&iacute; me encontrar&aacute;s&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine regres&oacute; a casa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estaba delirando y le cont&oacute; la historia a su buena vecina Marguerite.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Y qu&eacute; fue lo que te ofreci&oacute;? &rdquo;Pregunt&oacute; Margarita.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Dos Napoleones".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Son cuarenta francos".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"S&iacute;", dijo Fantine, "son cuarenta francos".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella se qued&oacute; pensativa y continu&oacute; con su trabajo. Al cabo de un cuarto de hora dej&oacute; su costura y subi&oacute; las escaleras para leer de nuevo la carta de los Th&eacute;nardier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A su regreso, dijo a Margarita, que estaba trabajando cerca de ella:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; significa esto, fiebre militar? &iquest;Sabes? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;&rdquo;, respondi&oacute; la anciana, &ldquo;es una enfermedad&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Ataca a los ni&ntilde;os? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Los ni&ntilde;os especialmente."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;La gente muere por eso? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Muy a menudo&rdquo;, dijo Marguerite.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine se retir&oacute; y fue una vez m&aacute;s a leer la carta en las escaleras.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por la tarde sali&oacute; y tom&oacute; direcci&oacute;n a la calle de Par&iacute;s, donde est&aacute;n las posadas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A la ma&ntilde;ana siguiente, cuando Marguerite entr&oacute; en la habitaci&oacute;n de Fantine antes del amanecer, porque siempre trabajaban juntas, y por eso hac&iacute;an que una vela bastara para las dos, encontr&oacute; a Fantine sentada en su sof&aacute;, p&aacute;lida y helada. Ella no hab&iacute;a estado en la cama. Su gorra hab&iacute;a ca&iacute;do sobre sus rodillas. La vela hab&iacute;a estado encendida toda la noche y estaba casi consumida.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marguerite se detuvo en el umbral, petrificada por este desorden salvaje, y exclam&oacute;: &ldquo;&iexcl;Dios m&iacute;o! La vela est&aacute; toda quemada. Algo ha pasado."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego mir&oacute; a Fantine, quien tristemente volvi&oacute; la cabeza rapada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine hab&iacute;a envejecido diez a&ntilde;os desde la noche.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Bendecirnos! " dijo Margarita. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; te pasa, Fantine? "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Nada&rdquo;, dijo Fantine. &ldquo;Todo lo contrario. Mi hija no morir&aacute; con esa espantosa enfermedad por falta de ayuda. Estoy satisfecha."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dicho esto, mostr&oacute; a la anciana dos Napoleones que reluc&iacute;an sobre la mesa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! &iexcl;Dios bueno! " dijo Marguerite. &ldquo;&iexcl;Por &#8203;&#8203;qu&eacute; hay una fortuna! &iquest;De d&oacute;nde sacaste estos luises de oro? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Los tengo&rdquo;, respondi&oacute; Fantine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al mismo tiempo ella sonri&oacute;. La vela ilumin&oacute; su rostro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era una sonrisa repugnante, porque las comisuras de su boca estaban manchadas de sangre y all&iacute; se revelaba una cavidad oscura.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los dos dientes hab&iacute;an desaparecido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Envi&oacute; los cuarenta francos a Montfermeil.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y esto fue una artima&ntilde;a de los Th&eacute;nardier para conseguir dinero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette no estaba enferma.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine arroj&oacute; su espejo por la ventana. Mucho antes hab&iacute;a dejado su cuartito del segundo piso por una habitaci&oacute;n abuhardillada sin m&aacute;s cierre que un pestillo, una de esas buhardillas cuyo techo forma un &aacute;ngulo con el suelo y te golpea la cabeza a cada momento. Los pobres no pueden llegar hasta el final de su c&aacute;mara ni hasta el final de su destino, sino inclin&aacute;ndose cada vez m&aacute;s. Sus acreedores fueron m&aacute;s despiadados que nunca. El vendedor de segunda mano, que se hab&iacute;a llevado casi todos sus muebles, le dec&iacute;a constantemente: &ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo me pagar&aacute;s, muchacha? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Dios bueno! &iquest;Qu&eacute; quer&iacute;an que ella hiciera? Se sinti&oacute; perseguida y algo de bestia salvaje empez&oacute; a desarrollarse en su interior. Casi al mismo tiempo, Thenardier le escribi&oacute; que realmente hab&iacute;a esperado con demasiada generosidad y que necesitaba cien francos inmediatamente, o de lo contrario la peque&ntilde;a Cosette, convaleciente de su grave enfermedad, se ver&iacute;a expuesta al fr&iacute;o y a la intemperie de la carretera, y que ella se convertir&iacute;a en lo que pudiera, y perecer&iacute;a si fuera necesario. &laquo;Cien francos&raquo;, pens&oacute; Fantine. &ldquo;&iquest;Pero cu&aacute;ndo habr&aacute; un lugar donde se puedan ganar cien sueldos al d&iacute;a? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Venir! " dijo ella, "vender&eacute; lo que queda".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La infortunada criatura se convirti&oacute; en mujer del pueblo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">VIII</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;CU&Aacute;L es la historia de Fantine? Es la sociedad comprando un esclavo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;De qui&eacute;n? De la miseria.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Del hambre, del fr&iacute;o, de la soledad, del abandono, de las privaciones. Trueque melanc&oacute;lico. Un alma por un poco de pan. La miseria hace la oferta, la sociedad acepta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La santa ley de Jesucristo gobierna nuestra civilizaci&oacute;n, pero a&uacute;n no la impregna; se dice que la esclavitud ha desaparecido de la civilizaci&oacute;n europea. Esto es un error. Todav&iacute;a existe, pero ahora pesa s&oacute;lo sobre la mujer y se llama prostituci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pesa sobre la mujer, es decir, sobre la gracia, sobre la belleza, sobre la maternidad. &Eacute;sta no es una de las menores verg&uuml;enzas del hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En el escenario de este drama l&uacute;gubre al que ahora hemos llegado, de Fantine no queda nada de lo que hab&iacute;a sido antes. Ella se ha vuelto m&aacute;rmol al corromperse. Quien la toca siente un escalofr&iacute;o. Ella sigue sus caminos, os soport&oacute; y no os conoce; lleva un rostro deshonroso y severo. La vida y el orden social le han dicho su &uacute;ltima palabra. Todo lo que le puede pasar a ella ha sucedido. Ella lo ha soportado todo, lo ha experimentado todo, lo ha sufrido todo, lo ha perdido todo, ha llorado por </font><u><font size="4">todo.</font></u></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Est&aacute; resignada, con esa resignaci&oacute;n que se parece a la indiferencia como la muerte se parece al sue&ntilde;o. Ahora no evita nada. Ya no teme a nada. &iexcl;Cada nube cae sobre ella y todo el oc&eacute;ano la cubre! &iexcl;Qu&eacute; le importa a ella! La esponja ya est&aacute; empapada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella al menos as&iacute; lo cre&iacute;a, pero es un error imaginar que el hombre puede agotar su destino o llegar al fondo de cualquier cosa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Pobre de m&iacute;! &iquest;Qu&eacute; son todos estos destinos as&iacute; conducidos al azar?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Ad&oacute;nde van? &iquest;Por qu&eacute; son as&iacute;?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Quien sabe eso, ve toda la sombra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El est&aacute; solo. Su nombre es Dios.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">IX&nbsp;</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En todas las ciudades peque&ntilde;as, y en M &mdash;sur m &mdash; en particular, hay un grupo de j&oacute;venes que mordisquean sus mil quinientas libras de renta en el campo con el mismo aire con el que sus compa&ntilde;eros devoran doscientos mil francos al a&ntilde;o en Par&iacute;s. Son seres de la gran especie neutra: castrados, par&aacute;sitos, don nadies, que tienen un poco de tierra, un poco de locura y un poco de ingenio, que ser&iacute;an payasos en un sal&oacute;n y se creer&iacute;an caballeros en un bar, que hablan de &ldquo;mis campos, mis bosques, mis campesinos&rdquo;, sisean las actrices en el teatro para demostrar que son personas de buen gusto, se pelean con los oficiales de la guarnici&oacute;n para demostrar que son valientes, cazan, fuman, miran boquiabiertos, beben, toman rap&eacute; , juegan al billar, miran a los pasajeros que bajan del coche, viven en el caf&eacute;, cenan en la posada, tienen un perro que se come los huesos debajo de la mesa y una se&ntilde;ora que pone los platos encima, tienen un sueldo, exageran las modas, admiran la tragedia, desprecian a las mujeres, gastan sus botas viejas, copian Londres reflejado desde Par&iacute;s y Par&iacute;s reflejado desde Pont-&aacute;-Mousson, se vuelven est&uacute;pidos a medida que envejecen, no trabajan, no hacen ning&uacute;n bien y no hacen mucho da&ntilde;o.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ocho o diez meses despu&eacute;s de lo que se ha contado en las p&aacute;ginas anteriores, a principios de enero de 1823, una tarde en que nevaba, uno de aquellos dandis, uno de esos holgazanes, un hombre &ldquo;bien intencionado&rdquo;, muy abrigado en una de esas grandes capas que completaba el traje de moda cuando hac&iacute;a fr&iacute;o, se divert&iacute;a atormentando a una criatura que caminaba de un lado a otro ante la ventana del caf&eacute; de oficiales, con un vestido de fiesta, con el cuello y los hombros desnudos. , y flores sobre su cabeza. El dandy fumaba, porque estaba decididamente de moda.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cada vez que la mujer pasaba ante &eacute;l, le lanzaba, una bocanada de humo de su cigarro, alguna observaci&oacute;n que le parec&iacute;a ingeniosa y agradable como: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; fea eres! "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Est&aacute;s tratando de esconderte? &rdquo; &ldquo;&iexcl;Has perdido los dientes! etc., etc. El nombre de este se&ntilde;or era, se&ntilde;or Bamatabois. La mujer, un espectro arrepentido y adormecido, que caminaba de un lado a otro sobre la nieve, no le respondi&oacute;, ni siquiera lo mir&oacute;, sino que continu&oacute; su camino en silencio y con una regularidad l&uacute;gubre que la somet&iacute;a a su sarcasmo cada cinco minutos,&nbsp; como el soldado condenado que en per&iacute;odos determinados regresa bajo las varas. Esta falta de atenci&oacute;n sin duda molest&oacute; al holgaz&aacute;n, quien, aprovechando el momento en que se volv&iacute;a, se acerc&oacute; a ella con paso sigiloso y, ahogando la risa, se agach&oacute;, cogi&oacute; un pu&ntilde;ado de nieve de la acera y lo arroj&oacute; apresuradamente en su espalda entre sus hombros desnudos. La muchacha rugi&oacute; de rabia, se volvi&oacute;, salt&oacute; como una pantera y se abalanz&oacute; sobre el hombre, hundi&eacute;ndole las u&ntilde;as en la cara y pronunciando las palabras m&aacute;s espantosas que jam&aacute;s hayan salido del fregado de una caseta de vigilancia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estos insultos los lanzaba con una voz &aacute;spera por el brandy, desde una boca espantosa a la que le faltaban los dos dientes frontales. Era Fantina.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al ruido que se produjo, los agentes salieron del caf&eacute;, se reuni&oacute; una multitud y se form&oacute; un gran c&iacute;rculo, riendo, burl&aacute;ndose y aplaudiendo, alrededor de este centro de atracci&oacute;n compuesto por dos seres que dif&iacute;cilmente pod&iacute;an reconocerse como un hombre y una mujer, el hombre defendi&eacute;ndose, con el sombrero ca&iacute;do, la mujer pateando y golpeando, con la cabeza desnuda, gritando, desdentada y sin pelo, l&iacute;vida de ira y horrible.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente, un hombre alto avanz&oacute; r&aacute;pidamente entre la multitud, agarr&oacute; a la mujer por su cintura de raso embarrada y dijo: &ldquo;&iexcl;S&iacute;game! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La mujer levant&oacute; la cabeza; Su voz furiosa se apag&oacute; de inmediato. Ten&iacute;a los ojos vidriosos, de l&iacute;vida se hab&iacute;a puesto p&aacute;lida y se estremec&iacute;a con un escalofr&iacute;o de terror. Reconoci&oacute; a Javert.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El dandy aprovech&oacute; esto para escabullirse.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">X&nbsp;</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">JAVERT despidi&oacute; a los transe&uacute;ntes, rompi&oacute; el c&iacute;rculo y se alej&oacute; r&aacute;pidamente hacia la Oficina de Polic&iacute;a, que est&aacute; al final de la plaza, arrastrando tras de s&iacute; a la pobre criatura. Ella no opuso resistencia, sino que lo sigui&oacute; mec&aacute;nicamente. Ninguno pronunci&oacute; una palabra. La multitud de espectadores sigui&oacute; con sus bromas. La miseria m&aacute;s profunda, una oportunidad para la obscenidad.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando llegaron a la oficina de polic&iacute;a, que era un vest&iacute;bulo bajo calentado por una estufa y vigilado por un centinela, con una ventana enrejada que daba a la calle, Javert abri&oacute; la puerta, entr&oacute; con Fantine y la cerr&oacute; detr&aacute;s de &eacute;l.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al entrar, Fantine se agazap&oacute; en un rinc&oacute;n, inm&oacute;vil y silenciosa, como un perro asustado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;El sargento de guardia coloc&oacute; una vela encendida sobre la mesa. Javert se sent&oacute;, sac&oacute; del bolsillo una hoja de papel estampado y empez&oacute; a escribir.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert estaba impasible; su rostro grave no revelaba ninguna emoci&oacute;n. Sin embargo, estaba ocupado en una consideraci&oacute;n seria. En ese momento sinti&oacute; que su taburete de polic&iacute;a era un tribunal de justicia. Estaba realizando un juicio. &Eacute;l estaba probando y condenando. Llam&oacute; a todas las ideas de las que su mente era capaz en torno a la gran cosa que estaba haciendo. Cuanto m&aacute;s examinaba la conducta de aquella muchacha, m&aacute;s le repugnaba. Estaba claro que hab&iacute;a visto cometer un crimen. Hab&iacute;a visto all&iacute;, en la calle, la sociedad representada por un propietario y un elector, insultada y atacada por una criatura que era un proscrito y un paria. Una prostituta hab&iacute;a agredido a un ciudadano. &Eacute;l, Javert, lo hab&iacute;a visto &eacute;l mismo. Escribi&oacute; en silencio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando termin&oacute;, firm&oacute; con su nombre, dobl&oacute; el papel y se lo entreg&oacute; al sargento de la guardia, diciendo: "Tome&nbsp;tres hombres y lleve&nbsp;a esta muchacha a la c&aacute;rcel". Luego, volvi&eacute;ndose hacia Fantine: &ldquo;Se internar&aacute;&nbsp;por seis meses&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La desventurada mujer se estremeci&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Seis meses! &iexcl;Seis meses de prisi&oacute;n! &rdquo; grit&oacute; ella. &ldquo;&iexcl;Seis meses para ganar siete sueldos al d&iacute;a! &iexcl;Pero qu&eacute; ser&aacute; de Cosette! &iexcl;Mi hija! &iexcl;Mi hija! Vaya, todav&iacute;a debo m&aacute;s de cien francos a los Th&eacute;nardier. Se&ntilde;or inspector, &iquest;lo sabe? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se arrastraba por el suelo, sucia por las botas embarradas de todos aquellos hombres, sin levantarse, juntando las manos y movi&eacute;ndose r&aacute;pidamente de rodillas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or Javert&rdquo;, dijo, &ldquo;le pido compasi&oacute;n. Le aseguro que no me equivoqu&eacute;. Si hubiera&nbsp;visto el principio, lo habr&iacute;a&nbsp;visto. Le juro por Dios que no me equivoqu&eacute;. Ese se&ntilde;or, que no conozco, me tir&oacute; nieve en la espalda. &iquest;Tienen derecho a echarnos nieve a la espalda cuando vamos as&iacute; tranquilamente sin hacer da&ntilde;o a nadie? Eso me puso salvaje. &iexcl;No estoy muy bien, ya ve! Y entonces ya llevaba un tiempo dici&eacute;ndome cosas. &ldquo;&iexcl;Eres hogare&ntilde;a! &rdquo; &ldquo;&iexcl;No tienes dientes!&rdquo; &ldquo;S&eacute; muy bien que he perdido los dientes. Yo no hice nada; Pens&eacute;:&rdquo; &ldquo;Es un se&ntilde;or que se est&aacute; asumiendo&rdquo;. &ldquo;No fui inmodesta con &eacute;l, no le habl&eacute;.&rdquo;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fue entonces cuando me arroj&oacute; la nieve. &iexcl;Se&ntilde;or Javert, mi buen se&ntilde;or inspector! Piense que tengo que pagar cien francos o me rechazar&aacute;n. &iexcl;Oh! &iexcl;Dios m&iacute;o! No puedo tenerla conmigo. &iexcl;Lo que hago es tan vil! &iquest;Ve? Es una peque&ntilde;a que la sacar&aacute;n a la carretera, a hacer lo que pueda, en pleno invierno; Debe usted sentir l&aacute;stima por tal cosa, buen se&ntilde;or Javert.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Si fuera mayor, podr&iacute;a ganarse la vida, pero no puede a esa edad. Tenga piedad de m&iacute;, se&ntilde;or Javert.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hablaba as&iacute;, encorvada, sacudida por los sollozos, cegada por las l&aacute;grimas, con el cuello desnudo, apretando las manos, tosiendo con una tos seca y corta, tartamudeando muy d&eacute;bilmente con voz agonizante. El gran dolor es un resplandor divino y terrible que transfigura al desdichado. En ese momento Fantine hab&iacute;a vuelto a ser bella. En ciertos instantes se deten&iacute;a y besaba tiernamente la chaqueta del polic&iacute;a. Ella habr&iacute;a ablandado un coraz&oacute;n de granito, pero no se puede ablandar un coraz&oacute;n de madera.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ven&rdquo;, dijo Javert, &ldquo;te he o&iacute;do. &iquest;No has pasado? &iexcl;Marchen de una vez! &iexcl;Tiene seis meses! El Padre Eterno en persona nada puede hacer por vosotros&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ante aquellas solemnes palabras: &ldquo;El Padre Eterno en persona nada puede hacer por vosotros&rdquo;, comprendi&oacute; que su sentencia estaba fijada. Ella se dej&oacute; caer murmurando:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Merced! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert le dio la espalda.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los soldados la agarraron por los brazos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Unos minutos antes hab&iacute;a entrado un hombre sin ser notado. Hab&iacute;a cerrado la puerta, estaba de espaldas a ella y escuch&oacute; la desesperada s&uacute;plica de Fantine. Cuando los soldados pusieron sus manos sobre la desdichada, que no se levantaba, sali&oacute; de entre las sombras y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Un momento, por favor! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert levant&oacute; los ojos y reconoci&oacute; al se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se quit&oacute; el sombrero e hizo una reverencia con una especie de ira y torpeza:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Perd&oacute;n, se&ntilde;or alcalde&hellip;&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta palabra, se&ntilde;or alcalde, tuvo un extra&ntilde;o efecto en Fantine. Se puso inmediatamente en pie, como un espectro que surgiera del suelo, empuj&oacute; a los soldados con los brazos, se dirigi&oacute; directamente hacia el se&ntilde;or Madeleine antes de que pudieran detenerla y, mir&aacute;ndolo fijamente, con una mirada salvaje, exclam&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah! &iexcl;Es usted entonces el se&ntilde;or alcalde! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego se ech&oacute; a re&iacute;r y le escupi&oacute; en la cara.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine se sec&oacute; la cara y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Inspector Javert, deje en libertad a esta mujer".</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert se sinti&oacute; a punto de perder el sentido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Qued&oacute; estupefacto de asombro; tanto el pensamiento como el habla le fallaron; Se hab&iacute;a superado la suma de posibles asombros. &Eacute;l permaneci&oacute; sin palabras.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Las palabras del alcalde no fueron un golpe menos extra&ntilde;o para Fantine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Levant&oacute; el brazo desnudo y se aferr&oacute; a la puerta de la estufa como si se tambaleara. Mientras tanto mir&oacute; a su alrededor y empez&oacute; a hablar en voz baja, como si hablara consigo misma:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;" &iexcl;En libertad! &iexcl;Me dejaron ir! &iquest;No voy a ir a prisi&oacute;n durante seis meses? &iquest;Qui&eacute;n dijo eso? No es posible que nadie haya dicho eso. Entend&iacute; mal. &iexcl;Ese no puede ser este monstruo de alcalde! Oh, se&ntilde;or Javert, usted fue quien dijo que deb&iacute;an dejarme ir, &iquest;no es as&iacute;? Ve y pregunta, habla con mi casero; Pago el alquiler y seguramente te dir&aacute; que soy honesta. Dios m&iacute;o, le pido perd&oacute;n, he tocado, no lo sab&iacute;a, el regulador de tiro de la estufa y echa humo.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego, dirigi&eacute;ndose a los soldados:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Digan&nbsp;ahora, &iquest;vieron&nbsp;c&oacute;mo le escup&iacute; en la cara? &iexcl;Oh! Viejo alcalde sinverg&uuml;enza, viene&nbsp;aqu&iacute; para asustarme, pero yo no le tengo miedo. Tengo miedo del se&ntilde;or Javert. &iexcl;Tengo miedo de mi buen se&ntilde;or Javert! "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dicho esto, se volvi&oacute; de nuevo hacia el inspector:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Mire, se&ntilde;or inspector, debe ser justo. S&eacute; que es usted justo, se&ntilde;or inspector; en realidad es muy sencillo, un hombre que jocosamente le tira un poco de nieve en la espalda a una mujer, eso les hace re&iacute;r, los oficiales, deben entretenerse con algo, y nosotros, los pobres, s&oacute;lo estamos para su diversi&oacute;n. Y entonces viene usted, est&aacute; obligado a mantener el orden, arresta a la mujer que ha hecho mal, pero reflexionando como es bueno, les dice que me dejen en libertad, que es por mi peque&ntilde;a, porque seis meses de prisi&oacute;n, eso me impedir&iacute;a mantener a mi hija. &iexcl;Solo que no vuelva nunca m&aacute;s, desgraciada! &iexcl;Oh! &iexcl;No volver&eacute; nunca m&aacute;s, se&ntilde;or Javert! Ahora pueden hacer conmigo lo que quieran, no me mover&eacute;. S&oacute;lo que hoy, ya ve, llor&eacute; porque eso me dol&iacute;a. No esperaba en lo m&aacute;s m&iacute;nimo esa nieve de ese se&ntilde;or, y luego, ya le he dicho, no estoy muy bien, toso, tengo algo en el pecho como una pelota que me quema, y &#8203;&#8203;el m&eacute;dico me dice: &ldquo; Ten cuidado.&rdquo; &ldquo;Para, siente, dame tu mano, no tengas miedo, aqu&iacute; est&aacute;. "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente se apresur&oacute; a arreglar el desorden de sus vestidos, se alis&oacute; los pliegues de su vestido, que al arrastrarse se le hab&iacute;a levantado casi hasta las rodillas, y camin&oacute; hacia la puerta, diciendo en voz baja a los soldados, con un gesto amistoso de cabeza:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Muchachos, el se&ntilde;or inspector ha dicho que deb&eacute;is dejarme en libertad; Yo voy."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Puso la mano sobre el pestillo. Un paso m&aacute;s y estar&iacute;a en la calle.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert hasta ese momento hab&iacute;a permanecido de pie, inm&oacute;vil, con los ojos fijos en el suelo, pareciendo, en medio de la escena, una estatua que esperaba ser colocada en su lugar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El sonido del pestillo lo despert&oacute;. Levant&oacute; la cabeza con expresi&oacute;n de autoridad soberana, expresi&oacute;n siempre m&aacute;s espantosa cuanto el poder est&aacute; conferido a seres de menor grado, feroz en la bestia salvaje, atroz en el hombre subdesarrollado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Sargento&rdquo;, exclam&oacute;, &ldquo;&iquest;no ve que este vagabundo se va? &iquest;Qui&eacute;n le dijo que la dejara ir?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Yo&rdquo;, dijo Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ante las palabras de Javert, Fantine tembl&oacute; y dej&oacute; caer el pestillo, como un ladr&oacute;n que es sorprendido deja caer lo que ha robado. Cuando Madeleine hablaba, se volv&iacute;a, y desde ese momento, sin decir una palabra, sin siquiera atreverse a respirar libremente, miraba alternativamente de Madeleine a Javert y de Javert a Madeleine, mientras uno y otro hablaban.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando el se&ntilde;or Madeleine pronunci&oacute; ese &ldquo;yo&rdquo; que acabamos de o&iacute;r, el inspector de polic&iacute;a Javert se volvi&oacute; hacia el alcalde, p&aacute;lido, fr&iacute;o, con los labios azules, una mirada desesperada, todo el cuerpo agitado por un temblor imperceptible y, cosa inaudita, le dijo con mirada abatida, pero con voz firme:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or alcalde, eso no se puede hacer&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iquest;Por qu&eacute;?" -dijo el se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Esta desgraciada ha insultado a un ciudadano&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Comisario Javert&rdquo;, respondi&oacute; el se&ntilde;or Madeleine en tono conciliador y tranquilo, &ldquo;escuche. Usted es un hombre honesto y no tengo ning&uacute;n inconveniente en darte explicaciones. La verdad es esta. Estaba pasando por la plaza cuando detuvieron a esta mujer; todav&iacute;a hab&iacute;a una multitud all&iacute;; Conoc&iacute; las circunstancias; Lo s&eacute; todo acerca de eso; es el ciudadano el que se equivoc&oacute; y quien, por una polic&iacute;a fiel, habr&iacute;a sido arrestado&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert prosigui&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Esta desgraciada acaba de insultar al se&ntilde;or alcalde".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Eso me preocupa&rdquo;, dijo el se&ntilde;or Madeleine. &ldquo;Quiz&aacute;s el insulto hacia m&iacute; recaiga en m&iacute; mismo. Puedo hacer lo que quiera al respecto&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Pido perd&oacute;n al se&ntilde;or alcalde. El insulto no recae en &eacute;l, recae en la justicia&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Comisario Javert&rdquo;, respondi&oacute; el se&ntilde;or Madeleine, &ldquo;la justicia suprema es la conciencia. He o&iacute;do a esta mujer. S&eacute; lo que estoy haciendo."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Y por mi parte, se&ntilde;or alcalde, no s&eacute; lo que estoy viendo&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Entonces cont&eacute;ntese con obedecer&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Cumplo con mi deber. Mi deber exige que esta mujer pase seis meses en prisi&oacute;n&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine respondi&oacute; suavemente:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Escuche esto. No lo har&aacute; ni un d&iacute;a&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or alcalde, permita&hellip;&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Ni una palabra m&aacute;s".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Sin embargo- "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ret&iacute;rese&rdquo;, dijo el se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert recibi&oacute; el golpe, de pie al frente y con el pecho abierto como un soldado ruso. Se postr&oacute; en tierra ante el alcalde y sali&oacute;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine se par&oacute; junto a la puerta y lo mir&oacute; con estupor cuando pas&oacute; ante ella.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras tanto, ella tambi&eacute;n fue objeto de una extra&ntilde;a revoluci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Escuchaba consternada, miraba a su alrededor alarmada y, a cada palabra que pronunciaba el se&ntilde;or Madeleine, sent&iacute;a que la terrible oscuridad de su odio se derret&iacute;a en su interior y se disipaba, mientras nac&iacute;a en su coraz&oacute;n un calor indescriptible de alegr&iacute;a, de confianza. , y de amor.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando Javert se fue, el se&ntilde;or Madeleine se volvi&oacute; hacia ella y le dijo, hablando lentamente y con dificultad, como quien lucha por no llorar:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Le he o&iacute;do. No sab&iacute;a nada de lo que ha dicho. Creo que es verdad. Ni siquiera sab&iacute;a que hab&iacute;a salido de mi taller. &iquest;Por qu&eacute; no me postulo? Pero ahora pagar&eacute; sus deudas, har&eacute; que su hija venga a usted o usted ir&aacute; con ella. Vivir&aacute; aqu&iacute;, en Par&iacute;s o donde quiera. Me hago cargo de su hija y de usted. No har&aacute; m&aacute;s trabajo si no lo desea. Le dar&eacute; todo el dinero que necesite. Volver&eacute;is a ser honestos y volver&eacute;is a ser felices. M&aacute;s que eso, escuche. Os declaro desde este momento, si todo es como dice, y no lo dudo, que nunca hab&eacute;is dejado de ser virtuosos y santos delante de Dios. &iexcl;Ay, pobre mujer! "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esto era m&aacute;s de lo que la pobre Fantine pod&iacute;a soportar. &iexcl;Tener a Cosette! &iexcl;Dejar esta vida infame! &iexcl;Vivir libre, rica, feliz, honesta, con Cosette! &iexcl;Ver surgir de repente en medio de su miseria todas estas realidades del para&iacute;so! Parec&iacute;a estupefacta ante el hombre que le hablaba y s&oacute;lo pudo soltar dos o tres sollozos: &ldquo;&iexcl;Oh! &iexcl;Oh! &iexcl;Oh! Sus miembros flaquearon, se arrodill&oacute; ante el se&ntilde;or Madeleine y, antes de que &eacute;l pudiera evitarlo, &eacute;l sinti&oacute; que ella le cog&iacute;a la mano y se la llevaba a los labios.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego se desmay&oacute;.</font></span></span><br /><br /><br /><strong><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700"><font size="4">Javert&nbsp;</font></span></span></strong><br /><span><font size="4"><span style="color:rgb(0, 0, 0)">I</span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">&nbsp;&nbsp;</span></font></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine hizo llevar a Fantine a la enfermer&iacute;a que estaba en su propia casa. Se la confi&oacute; a las hermanas, quienes la acostaron. Le sobrevino una fiebre violenta y pas&oacute; parte de la noche en desvar&iacute;os. Finalmente, se qued&oacute; dormida.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hacia el mediod&iacute;a del d&iacute;a siguiente, Fantine se despert&oacute;. Oy&oacute; una respiraci&oacute;n cerca de su cama, descorri&oacute; la cortina y vio al se&ntilde;or Madeleine, de pie, mirando algo sobre su cabeza. Su mirada estaba llena de agon&iacute;a compasiva y suplicante. Sigui&oacute; su direcci&oacute;n y vio que estaba fijado sobre un crucifijo clavado contra la pared.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Desde aquel momento el se&ntilde;or Madeleine qued&oacute; transfigurado a los ojos de Fantine; le parec&iacute;a revestido de luz.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estaba absorto en una especie de oraci&oacute;n. Ella lo mir&oacute; largo rato sin atreverse a interrumpirlo; por fin dijo t&iacute;midamente:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Qu&eacute; est&aacute; haciendo? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine llevaba una hora en aquel lugar esperando que Fantine despertara. Le tom&oacute; la mano, le tom&oacute; el pulso y le dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;C&oacute;mo se siente? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Muy bien. He dormido." ella dijo. &ldquo;Creo que estoy mejorando; esto no ser&aacute; nada&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego dijo, respondiendo a la pregunta que ella le hab&iacute;a hecho primero, como si acabara de hacerla:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Estaba orando al m&aacute;rtir que est&aacute; en las alturas&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y en su pensamiento a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;Por el m&aacute;rtir que est&aacute; aqu&iacute; abajo&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine hab&iacute;a pasado la noche y la ma&ntilde;ana inform&aacute;ndose sobre Fantine. Ahora lo sab&iacute;a todo, hab&iacute;a aprendido, incluso en todos sus detalles conmovedores, la historia de Fantine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Has sufrido mucho, pobre madre. &iexcl;Oh! No os lament&eacute;is, ahora ten&eacute;is la porci&oacute;n de los elegidos. As&iacute; es como los mortales se convierten en &aacute;ngeles. No es su culpa; no saben c&oacute;mo hacerlo de otra manera. Este infierno del que hab&eacute;is salido es el primer paso hacia el cielo. Debemos empezar por eso&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Suspir&oacute; profundamente; pero ella sonri&oacute; con esa sonrisa sublime a la que le faltaban dos dientes.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine escribi&oacute; inmediatamente a los Th&eacute;nardier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine les deb&iacute;a ciento veinte francos. Les envi&oacute; trescientos francos, dici&eacute;ndoles que se pagaran con ellos y llevaran inmediatamente a la ni&ntilde;a a M&mdash;sur m&mdash;, donde la quer&iacute;a su madre, que estaba enferma.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esto asombr&oacute; a Th&eacute;nardier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;El Devill&rdquo;, le dijo a su esposa. &ldquo;No dejaremos ir a la ni&ntilde;a. Puede ser que esta alondra se convierta en vaca lechera. Supongo que alg&uacute;n tonto se ha enamorado de la madre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Respondi&oacute; con un billete de quinientos y pico francos cuidadosamente redactado. En esta factura figuraban dos partidas irrefutables por valor de m&aacute;s de trescientos francos, una de un m&eacute;dico y la otra de un boticario que hab&iacute;a atendido y abastecido a &Eacute;ponine y Azelma durante dos largas enfermedades. Cossette, como hemos dicho, no hab&iacute;a estado enferma. Esta fue s&oacute;lo una ligera sustituci&oacute;n de nombres. Th&eacute;nardier escribi&oacute; al pie del billete: &ldquo;Recibido a cuenta trescientos francos&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine envi&oacute; inmediatamente otros trescientos francos y escribi&oacute;: "Date prisa en traer a Cosette".</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Cristy! dijo Th&eacute;nardier. "No dejaremos ir a la ni&ntilde;a".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras tanto Fantine no se hab&iacute;a recuperado. Ella todav&iacute;a permanec&iacute;a en la enfermer&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine iba a verla dos veces al d&iacute;a y en cada visita ella le preguntaba:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Ver&eacute; pronto a mi Cosette?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;l respondi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Quiz&aacute;s ma&ntilde;ana, la espero en todo momento".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y el p&aacute;lido rostro de la madre se iluminaba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah! "&nbsp; Ella diri&aacute;. &ldquo;Qu&eacute; feliz ser&eacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Acabamos de decir que no se recuper&oacute;; por el contrario, su estado parec&iacute;a empeorar semana tras semana. El m&eacute;dico sonde&oacute; sus pulmones y sacudi&oacute; la cabeza.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine le dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Bien? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;No tiene una hija que desea ver? &rdquo; dijo el m&eacute;dico.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" S&iacute;."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Bueno, entonces date prisa en traerla".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine se estremeci&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine le pregunt&oacute;: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; dijo el m&eacute;dico? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine intent&oacute; sonre&iacute;r.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Nos dijo que traj&eacute;ramos a su hija de inmediato. Eso restaurar&aacute; tu salud&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Una ma&ntilde;ana, el se&ntilde;or Madeleine estaba en su despacho arreglando algunos asuntos urgentes de la alcald&iacute;a, cuando le informaron que Javert, el inspector de polic&iacute;a, quer&iacute;a hablar con &eacute;l.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"D&eacute;jalo entrar", dijo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entr&oacute; Javert.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Salud&oacute; respetuosamente al alcalde, que le daba la espalda. El alcalde no levant&oacute; la vista y sigui&oacute; tomando notas en los papeles.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert avanz&oacute; algunos pasos y se detuvo sin romper el silencio. Toda su persona expresaba abatimiento y firmeza y un decaimiento indescriptiblemente valiente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por fin, el alcalde dej&oacute; la pluma y se volvi&oacute; parcialmente:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Bien, qu&eacute; es esto? &iquest;Qu&eacute; te pasa, Javert? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert guard&oacute; silencio un momento, como si se recuperara, y luego alz&oacute; la voz con una triste solemnidad que no exclu&iacute;a la sencillez: "Se ha cometido un acto criminal, se&ntilde;or alcalde".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; acto? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Un agente inferior del gobierno ha faltado respecto de un magistrado, de la manera m&aacute;s grave, vengo, como es mi deber, a poner el hecho en su conocimiento&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n es este agente? -pregunt&oacute; el se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Yo", dijo Javert.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;T&uacute;? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" I. "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Y qui&eacute;n es el magistrado que tiene que quejarse de este agente? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Usted, se&ntilde;or alcalde".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine se enderez&oacute; en su silla. Javert prosigui&oacute;, con mirada seria y la mirada todav&iacute;a baja.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or alcalde, vengo a pedirle que tenga la amabilidad de presentar cargos y conseguir mi destituci&oacute;n&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine, asombrado, abri&oacute; la boca. Javert lo interrumpi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Usted dir&aacute; que puedo presentar mi dimisi&oacute;n, pero eso no es suficiente. Dimitir es honorable; He hecho mal. Deber&iacute;a ser castigado. Debo ser despedido&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah, en efecto! &iquest;Por qu&eacute;? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Lo comprender&aacute;, se&ntilde;or alcalde&rdquo;, suspir&oacute; profundamente Javert y continu&oacute; con tristeza y frialdad:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or alcalde, hace seis semanas, despu&eacute;s de esa escena de esa chica, me enfurec&iacute; y lo denunci&eacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Me denunci&oacute;? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"A la Prefectura de Polic&iacute;a de Par&iacute;s".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine, que no re&iacute;a mucho m&aacute;s que Javert, se ech&oacute; a re&iacute;r:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Como un alcalde que ha invadido a la polic&iacute;a? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Como un ex convicto".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El alcalde se puso furioso.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert, que no hab&iacute;a levantado la vista, prosigui&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Yo lo cre&iacute;. Durante mucho tiempo tuve sospechas. Un parecido, la informaci&oacute;n que obtuviste en Faverolles, tu inmensa fuerza, el asunto del viejo Fauchelevent... y no s&eacute; qu&eacute; otras estupideces; pero al final te tom&eacute; por un hombre llamado Jean Valjean.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Nombrado qu&eacute;? &iquest;C&oacute;mo llamaste ese nombre? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Jean Valjean. Era un preso que vi hace veinte a&ntilde;os, cuando yo era ayudante de la guardia de galera en Toulon. Al parecer, despu&eacute;s de salir de las galeras, este Valjean rob&oacute; un palacio episcopal y luego cometi&oacute; otro robo con armas en la mano, en una carretera, en una peque&ntilde;a Saboya. Desde hace ocho a&ntilde;os se desconoce su paradero y se ha iniciado una b&uacute;squeda para a &eacute;l. Me imagin&eacute; &ndash; en resumen, he hecho esto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La ira me determin&oacute; y te denunci&eacute; ante el prefecto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine, que unos momentos antes hab&iacute;a retomado la carpeta de los papeles, dijo con tono de total indiferencia: &ldquo;&iquest;Y qu&eacute; respuesta obtuviste? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Que estaba loco&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Bien! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Bueno, ten&iacute;an raz&oacute;n".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Es una suerte que pienses as&iacute;! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Tiene que ser as&iacute;, porque se ha encontrado al verdadero Jean Valjean".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El papel que sosten&iacute;a el se&ntilde;or Madeleine se le cay&oacute; de la mano; Levant&oacute; la cabeza, mir&oacute; fijamente a Javert y dijo en tono inexpresable:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Le dir&eacute; c&oacute;mo es, se&ntilde;or alcalde. Al parecer, hab&iacute;a en el campo, cerca de Ailly-le-Haut Clocher, un tipo sencillo que se llamaba Padre Champmathieu. Era muy pobre. Nadie le prest&oacute; atenci&oacute;n. Gente as&iacute; vive, casi no se sabe c&oacute;mo. Finalmente, el oto&ntilde;o pasado, el padre Champmathieu fue arrestado por robar manzanas de sidra de &mdash;, pero eso no tiene importancia. Hubo un robo, un muro escalado, ramas de &aacute;rboles rotas. Nuestro Champmathieu fue arrestado; ya entonces ten&iacute;a en la mano una rama de manzano. El p&iacute;caro estaba enjaulado. Hasta el momento no se trataba m&aacute;s que de un asunto penitenciario. Pero aqu&iacute; viene de la mano de la providencia. Como la c&aacute;rcel estaba en malas condiciones, la justicia policial consider&oacute; mejor llevarlo a Arras, donde se encuentra la prisi&oacute;n del departamento. En esta prisi&oacute;n de Arras hab&iacute;a un antiguo presidiario llamado Brevet, que se encuentra all&iacute; por alguna bagatela y que, por su buena conducta, ha sido hecho llave en mano. Apenas derribado Champmathieu, Brevet grit&oacute;: &ldquo;&iexcl;Ja, ja! Conozco a ese hombre. Es un maric&oacute;n. Mire hacia arriba, mi buen hombre. Eres Jean Valjean. &ldquo;Jean Valjean, &iquest;qui&eacute;n es Jean Valjean? Champmathieu se deja llevar por el asombro. &ldquo;No te hagas el ignorante&rdquo;, dijo Brevet. &ldquo;T&uacute; eres Jean Valjean; estuviste en las galeras de Toulon. Fue hace veinte a&ntilde;os. Est&aacute;bamos all&iacute; juntos&rdquo;. Champmathieu lo neg&oacute; todo. &iexcl;Fe! T&uacute; entiendes; lo sondearon. El caso fue elaborado y esto fue lo que encontraron. Este Champmathieu hace treinta a&ntilde;os fue podador en diversos lugares, particularmente en Faverolles. All&iacute; perdemos rastro de &eacute;l. Me sigues, &iquest;no? La b&uacute;squeda se ha realizado en Faverolles; La familia de Jean Valjean ya no est&aacute; all&iacute;. Nadie sabe d&oacute;nde est&aacute;n. Usted sabe que en estas clases ocurren a menudo estas desapariciones de familias. Buscas, pero no encuentras nada. Estas personas, cuando no son barro, son polvo. Y como el comienzo de esta historia se remonta a treinta a&ntilde;os atr&aacute;s, ya no hay nadie en Faverolles que haya conocido a Jean Valjean. Pero la b&uacute;squeda se ha realizado en Toulon. Adem&aacute;s de Brevet, s&oacute;lo dos presos han visto a Jean Valjean. Son condenados de por vida; sus nombres son Cochepaille y Chenildieu. Estos hombres fueron sacados de las galeras y confrontados con el pretendido Champmathieu. No dudaron. Tanto para ellos como para Brevet era Jean Valjean.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Misma edad, cincuenta y cuatro a&ntilde;os, misma altura, misma apariencia, de hecho el mismo hombre; es &eacute;l. En ese momento envi&eacute; mi denuncia a la Prefectura de Par&iacute;s. Me respondieron que estaba loco y que Jean Valjean estaba en Arras en manos de la justicia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pod&eacute;is imaginaros c&oacute;mo me asombr&oacute; esto, que cre&iacute;a tener aqu&iacute; al mismo Jean Valjean. Le escrib&iacute; a la justicia; Me mand&oacute; llamar y trajo a Champmathieu ante m&iacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Bueno&rdquo;, interrumpi&oacute; el se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert respondi&oacute;, con cara incorruptible y triste:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Se&ntilde;or alcalde, la verdad es la verdad. Lo siento, pero ese hombre es Jean Valjean. Yo tambi&eacute;n lo reconoc&iacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine dijo en voz muy baja:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Est&aacute; seguro "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert se ech&oacute; a re&iacute;r con esa risa contenida que indica una profunda convicci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Eh, claro! Pero este hombre finge no entender; dice: "Soy Champmathieu: no tengo nada m&aacute;s que decir". Pone cara de asombro; se hace el bruto. &iexcl;Oh, el brib&oacute;n es astuto! Pero da igual, ah&iacute; est&aacute;n las pruebas. Cuatro personas lo han reconocido y el viejo villano ser&aacute; condenado. Ha sido llevado al tribunal de Arras. Voy a testificar. Me han convocado&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine se hab&iacute;a vuelto de nuevo hacia su escritorio y examinaba tranquilamente sus papeles, leyendo y escribiendo alternativamente, como un hombre apurado por sus negocios. Se volvi&oacute; de nuevo hacia Javert:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Eso es suficiente, Javert, de hecho todos estos detalles me interesan muy poco. Estamos perdiendo el tiempo y tenemos asuntos urgentes. &iquest;Pero no me dijiste que ibas a Arras dentro de ocho o diez d&iacute;as por este asunto? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Antes que eso, se&ntilde;or alcalde".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; d&iacute;a entonces? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Creo que le dije al se&ntilde;or que el caso se juzgar&iacute;a ma&ntilde;ana y que deber&iacute;a irme a la diligencia esta noche".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine hizo un movimiento imperceptible.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Y hasta cu&aacute;ndo durar&aacute; el asunto? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Un d&iacute;a como m&aacute;ximo. La sentencia se pronunciar&aacute; a m&aacute;s tardar ma&ntilde;ana por la tarde. Pero no esperar&eacute; la sentencia, que es segura; Tan pronto como d&eacute; mi testimonio regresar&eacute; aqu&iacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Muy bien&rdquo;, dijo el se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y lo despidi&oacute; con un gesto de la mano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert no fue.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Perd&oacute;n, se&ntilde;or", dijo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s hay?" -pregunt&oacute; el se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Se&ntilde;or alcalde, hay una cosa m&aacute;s sobre la que deseo llamar su atenci&oacute;n".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Qu&eacute; es? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Es que deber&iacute;a ser despedido".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine se levant&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Javert, eres un hombre de honor y te estimo. Exageras tu culpa. Adem&aacute;s, este es un delito que me preocupa. Eres digno de un ascenso m&aacute;s que de una desgracia. Deseo que mantengas tu lugar&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert mir&oacute; al se&ntilde;or Madeleine con sus ojos tranquilos, en cuyo fondo parec&iacute;a vislumbrar su conciencia, no iluminada, pero severa y pura, y dijo con voz tranquila:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Se&ntilde;or alcalde, no puedo estar de acuerdo con eso. Deber&iacute;a tratarme a m&iacute; mismo como tratar&iacute;a a cualquier otra persona. Cuando rebajaba a los malhechores, cuando educaba rigurosamente a los delincuentes, muchas veces me dec&iacute;a a m&iacute; mismo; &ldquo;T&uacute;, si alguna vez tropiezas, si alguna vez te pillo haciendo mal, &iexcl;cuidado! He tropezado, me he sorprendido haciendo mal. &iexcl;Tanto peor! Debo ser despedido, quebrantado, despedido; eso es correcto. Tengo manos: puedo labrar la tierra. A m&iacute; me da todo lo mismo. Se&ntilde;or alcalde, el bien del servicio exige un ejemplo. Simplemente pido el despido del inspector Javert.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo esto fue dicho en un tono de orgullosa humildad, un tono desesperado y resuelto, que daba una grandeza indescriptiblemente caprichosa a este hombre extra&ntilde;amente honesto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ya veremos&rdquo;, dijo el se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y le tendi&oacute; la mano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert retrocedi&oacute; y dijo con fiereza:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Perd&oacute;n, se&ntilde;or alcalde, eso no deber&iacute;a ser as&iacute;. Un alcalde no le tiende la mano a un esp&iacute;a&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y a&ntilde;adi&oacute; entre dientes:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Esp&iacute;a, s&iacute;; &iexcl;Desde el momento en que abus&eacute; del poder de mi posici&oacute;n, no he sido nada mejor que un esp&iacute;a! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego hizo una profunda reverencia y se dirigi&oacute; hacia la puerta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">All&iacute; se dio la vuelta, con los ojos a&uacute;n bajos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or alcalde, continuar&eacute; en el servicio hasta que sea relevado&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El sali&oacute;. El se&ntilde;or Madeleine estaba sentado, reflexionando, escuchando sus pasos firmes y decididos que se alejaban por el pasillo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El Caso Champmathieu</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">I</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El lector habr&aacute; adivinado sin duda que el se&ntilde;or Madeleine no es otro que Jean Valjean.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ya hemos indagado en lo m&aacute;s profundo de esa conciencia; Ha llegado el momento de volver a examinarlos. Lo hacemos no sin emoci&oacute;n ni sin temblar. No existe nada m&aacute;s maravilloso que este tipo de contemplaci&oacute;n. El ojo de la mente no puede encontrar en ninguna parte nada m&aacute;s deslumbrante ni m&aacute;s oscuro que en el hombre; no puede fijarse en nada que sea m&aacute;s terrible, m&aacute;s complejo, m&aacute;s misterioso o m&aacute;s infinito. Hay un espect&aacute;culo m&aacute;s grandioso que el mar, ese es el cielo; hay un espect&aacute;culo m&aacute;s grande que el cielo, que es el interior del alma.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Desde las primeras palabras que Javert pronunci&oacute; al entrar en su despacho, en el momento en que se pronunci&oacute; tan extra&ntilde;amente aquel nombre que hab&iacute;a enterrado tan profundamente, se vio invadido por el estupor, y como embriagado por lo siniestro y grotesco de su destino, a trav&eacute;s de ese estupor sinti&oacute; el estremecimiento que precede a las grandes sacudidas; se inclin&oacute; como un roble ante la proximidad de una tormenta, como un soldado ante la proximidad de un asalto. Sinti&oacute; que nubes llenas de truenos y rel&aacute;mpagos se acumulaban sobre su cabeza. Incluso escuchando a Javert, su primer pensamiento fue ir, correr, denunciarse, sacar a este Champmathieu de la c&aacute;rcel y ponerse en su lugar; fue doloroso y agudo como una incisi&oacute;n en carne viva, pero pas&oacute;, y se dijo: &ldquo;&iexcl;Veamos! &iexcl;D&eacute;janos ver! Reprimi&oacute; este primer impulso generoso y retrocedi&oacute; ante tal hero&iacute;smo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin duda hubiera sido hermoso si, despu&eacute;s de las santas palabras del obispo, despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os de arrepentimiento y abnegaci&oacute;n, en medio de una penitencia admirablemente iniciada, incluso en presencia de una conjetura tan terrible, no hubiera vacilado. un instante, y hab&iacute;a seguido avanzando con paso constante hacia ese enorme pozo en cuyo fondo estaba el cielo; esto habr&iacute;a estado bien, pero no fue el caso. Debemos dar cuenta de lo que ocurri&oacute; en esa alma, y &#8203;&#8203;s&oacute;lo podemos relatar lo que all&iacute; hubo. Lo primero que tom&oacute; control fue el instinto de autoconservaci&oacute;n; recogi&oacute; sus ideas apresuradamente, reprimi&oacute; sus emociones, tom&oacute; en consideraci&oacute;n la presencia de Javert, el gran peligro, pospuso cualquier decisi&oacute;n con la firmeza del terror, desterr&oacute; de su mente toda consideraci&oacute;n sobre el camino que deb&iacute;a seguir y recuper&oacute; su calma de hombre. El gladiador retoma su escudo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Durante el resto del d&iacute;a estuvo en este estado, una tempestad por dentro, una calma perfecta por fuera. Fue, seg&uacute;n su costumbre, al lecho de Fantine, enferma, y &#8203;&#8203;prolong&oacute; su visita, por instinto de bondad, dici&eacute;ndose que deb&iacute;a hacerlo y recomendarla sinceramente a las hermanas, en caso de que sucediera que hubiera estar ausente. Sent&iacute;a vagamente que tal vez ser&iacute;a necesario ir a Arras, y sin haber decidido en absoluto ese viaje, se dec&iacute;a que, estando completamente libre de sospechas, no le resultar&iacute;a dif&iacute;cil ser testigo de lo que podr&iacute;a pasar, y contrat&oacute; un tilbury, para estar preparado para cualquier emergencia.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cen&oacute; con buen apetito.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al regresar a su habitaci&oacute;n, orden&oacute; sus pensamientos. Examin&oacute; la situaci&oacute;n y descubri&oacute; que era algo inaudito, tan inaudito, que en medio de su enso&ntilde;aci&oacute;n, por alg&uacute;n extra&ntilde;o impulso de ansiedad casi inexplicable, se levant&oacute; de su silla y cerr&oacute; la puerta. Tem&iacute;a que todav&iacute;a pudiera entrar algo. Se atrincher&oacute; ante todas las posibilidades.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un momento despu&eacute;s apag&oacute; la luz. Le molest&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Le pareci&oacute; que alguien pod&iacute;a verlo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Qui&eacute;n? &iquest;Alguien?</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Pobre de m&iacute;! Lo que quer&iacute;a mantener afuera hab&iacute;a entrado; lo que quer&iacute;a dejar ciego era mirado. Su conciencia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su conciencia, es decir, Dios.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, en el primer momento se enga&ntilde;&oacute;; ten&iacute;a una sensaci&oacute;n de seguridad y soledad; Con el cerrojo echado, se crey&oacute; invisible. Luego tom&oacute; posesi&oacute;n de s&iacute; mismo; apoy&oacute; los codos en la mesa, apoy&oacute; la cabeza en la mano y se puso a meditar en la oscuridad.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su cerebro hab&iacute;a perdido la capacidad de retener sus ideas; Luego desaparecieron como olas, y se agarr&oacute; la frente con ambas manos para detenerlas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De este tumulto que desbordaba su voluntad y su raz&oacute;n, y del que intentaba sacar una certeza y una resoluci&oacute;n, s&oacute;lo brotaba claramente la angustia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su cerebro estaba ardiendo. Fue hacia la ventana y la abri&oacute; de par en par. No hab&iacute;a ni una estrella en el cielo. Regres&oacute; y se sent&oacute; junto a la mesa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; transcurri&oacute; la primera hora.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, poco a poco, vagos contornos comenzaron a tomar forma y a fijarse en su meditaci&oacute;n; pod&iacute;a percibir, con la precisi&oacute;n de la realidad, no toda la situaci&oacute;n, sino algunos detalles.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Le parec&iacute;a que hab&iacute;a despertado de un sue&ntilde;o maravilloso y que se encontraba desliz&aacute;ndose por un precipicio en medio de la noche, de pie, temblando, retrocediendo en vano, al borde mismo de un abismo. Vio claramente en la oscuridad a un hombre desconocido, un extra&ntilde;o a quien el destino hab&iacute;a confundido con &eacute;l y que en su lugar empujaba al abismo. Era necesario, para que el golfo se cerrara, que alguien cayera en &eacute;l, &eacute;l o el otro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">S&oacute;lo ten&iacute;a que dejarlo en paz.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo esto era tan violento y tan extra&ntilde;o, que de repente sinti&oacute; esa especie de movimiento indescriptible que ning&uacute;n hombre experimenta m&aacute;s de dos o tres veces en su vida, una especie de convulsi&oacute;n de la conciencia que remueve todo lo dudoso en el coraz&oacute;n, que est&aacute; compuesto de iron&iacute;a, de alegr&iacute;a y de desesperaci&oacute;n, y que podr&iacute;a llamarse un estallido de risa interior.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">R&aacute;pidamente volvi&oacute; a encender su vela.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Bien que! -dijo-: &iquest;De qu&eacute; tengo miedo? &iquest;Por qu&eacute; reflexiono sobre estas cosas? Ahora estoy a salvo; todo est&aacute; terminado. Ah, s&iacute;, pero &iexcl;qu&eacute; desgracia hay en todo esto! &iexcl;La gente que me viera, por mi honor, pensar&iacute;a que me hab&iacute;a sucedido una cat&aacute;strofe! Despu&eacute;s de todo, si se hace alg&uacute;n da&ntilde;o a alguien, de ning&uacute;n modo es culpa m&iacute;a. La Providencia lo ha hecho todo. Esto es lo que aparentemente &Eacute;l desea. &iquest;Tengo derecho a desordenar lo que &Eacute;l arregla? &iquest;Qu&eacute; es lo que pido ahora? &iquest;Por qu&eacute; interfiero? No me concierne. &iexcl;C&oacute;mo! &iexcl;No estoy satisfecho! &iquest;Pero qu&eacute; tendr&iacute;a entonces? La meta a la que he aspirado durante tantos a&ntilde;os, mi sue&ntilde;o nocturno, el objeto de mis oraciones al cielo, la seguridad, lo he conseguido. Es la voluntad de Dios. No debo hacer nada contrario a la voluntad de Dios. &iquest;Y por qu&eacute; es la voluntad de Dios? Para que pueda continuar lo que he comenzado, para que pueda hacer el bien, para que alg&uacute;n d&iacute;a pueda ser un gran y alentador ejemplo, para que se pueda decir que finalmente hubo un poco de felicidad como resultado de este sufrimiento que he sufrido y de esta virtud a la que he vuelto! Est&aacute; decidido, &iexcl;dejad el asunto en paz! No interfiramos con Dios&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; hablaba en lo m&aacute;s profundo de su conciencia, suspendido sobre lo que podr&iacute;a llamarse su propio abismo. Se levant&oacute; de su silla y comenz&oacute; a caminar por la habitaci&oacute;n. &ldquo;Vamos&rdquo;, dijo, &ldquo;no pensemos m&aacute;s en eso. &iexcl;La resoluci&oacute;n est&aacute; formada! &rdquo; Pero no sinti&oacute; ninguna alegr&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo lo contrario,</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No se puede impedir que la mente regrese a una idea, como tampoco el mar regrese a la orilla. En el caso del marinero, a esto se le llama marea; en el caso del culpable, se llama remordimiento. Dios agita tanto el alma como el oc&eacute;ano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al cabo de unos momentos, no pudo hacer otra cosa; Reanud&oacute; este di&aacute;logo sombr&iacute;o, en el que era &eacute;l mismo quien hablaba y &eacute;l mismo escuchaba, diciendo lo que quer&iacute;a callar, escuchando lo que no quer&iacute;a o&iacute;r, cediendo a aquel poder misterioso que le dec&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Piensa! &rdquo; como le dijo hace dos mil a&ntilde;os a otro condenado: &ldquo;&iexcl;Marcha! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se pregunt&oacute; entonces d&oacute;nde estaba. Se cuestion&oacute; a s&iacute; mismo sobre esta "resoluci&oacute;n formada". Se confes&oacute; que todo lo que hab&iacute;a estado disponiendo en su mente era monstruoso, que &ldquo;dejar el asunto en paz, no interferir con Dios&rdquo;, era simplemente horrible, dejar que se cumpliera este error del destino y de los hombres, no dejar que se cumpliera. impedirlo, prestarse a ello con su silencio; &iexcl;no hacer nada, en definitiva, era hacerlo todo! &iexcl;Era el &uacute;ltimo grado de mezquindad hip&oacute;crita! &iexcl;Fue un crimen vil, cobarde, mentiroso, abyecto y espantoso!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por primera vez en ocho a&ntilde;os, el infeliz acababa de saborear el sabor amargo de un pensamiento y una acci&oacute;n malvada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Lo escupi&oacute; con disgusto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Continu&oacute; cuestion&aacute;ndose a s&iacute; mismo. Se pregunt&oacute; seriamente qu&eacute; hab&iacute;a entendido con esto:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Mi objetivo est&aacute; logrado. Declar&oacute; que su vida, en verdad, s&iacute; ten&iacute;a un objeto. &iquest;Pero qu&eacute; objeto? &iquest;Para ocultar su nombre? &iquest;Para enga&ntilde;ar a la polic&iacute;a? &iquest;Fue por algo tan insignificante que hab&iacute;a hecho todo lo que hab&iacute;a hecho?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;No ten&iacute;a otro objeto, cu&aacute;l era el grande, cu&aacute;l era el verdadero? Para salvar, no su cuerpo, sino su alma. Para volver a ser honesto y bueno. &iexcl;Ser un hombre recto! &iquest;No era eso, sobre todo, lo &uacute;nico que siempre hab&iacute;a deseado y que el obispo le hab&iacute;a ordenado? &iquest;Cerrar la puerta a su pasado? Pero no la cerraba, &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Lo estaba reabriendo cometiendo un acto infame! &iexcl;Porque volvi&oacute; a ser un ladr&oacute;n, y el m&aacute;s odioso de los ladrones! Le rob&oacute; a otro su existencia, su vida, su paz, su lugar en el mundo; &iexcl;Se convirti&oacute; en un asesino! Asesin&oacute;, asesin&oacute; moralmente a un desdichado, le infligi&oacute; esa espantosa vida en la muerte, ese entierro en vida, que se llama galeras; por el contrario, entregarse, salvar a este hombre golpeado por un error tan espantoso, retomar su nombre, volver a liberarse del deber para condenar a Jean Valjean, eso era realmente lograr su resurrecci&oacute;n y cerrar para siempre el infierno del que part&iacute;a. &iexcl;hab&iacute;a surgido! &iexcl;Volver a caer en ella en apariencia era emerger en realidad! &iexcl;&Eacute;l debe hacer eso! &iexcl;Todo lo que hab&iacute;a hecho era nada, si no hac&iacute;a eso! Toda su vida fue in&uacute;til, todo su sufrimiento se perdi&oacute;. S&oacute;lo tuvo que hacer la pregunta: &ldquo;&iquest;Para qu&eacute; sirve? " Sent&iacute;a que el obispo estaba all&iacute;, que el obispo estaba presente tanto m&aacute;s que estaba muerto, que el obispo lo miraba fijamente, que en adelante el alcalde Madeleine con todas sus virtudes ser&iacute;a abominable para &eacute;l, y el galeote, Jean Valjean, ser&iacute;a admirable y puro a sus ojos. Ese hombre vio su m&aacute;scara, pero el obispo vio su rostro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ese hombre vio su vida, pero el obispo vio su conciencia. Luego debe ir a Arras, entregar al Jean Valjean equivocado y denunciar al correcto. &iexcl;Pobre de m&iacute;! &Eacute;se fue el mayor de los sacrificios, la m&aacute;s conmovedora de las victorias, el &uacute;ltimo paso que hab&iacute;a que dar, pero deb&iacute;a hacerlo. &iexcl;Destino l&uacute;gubre! &iexcl;&Eacute;l s&oacute;lo podr&iacute;a entrar en la santidad a los ojos de Dios, volviendo a la infamia a los ojos de los hombres!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Bien&rdquo;, dijo, &ldquo;&iexcl;tomemos este camino! &iexcl;Cumplamos con nuestro deber! &iexcl;Salvemos a este hombre! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pronunci&oacute; estas palabras en voz alta, sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tom&oacute; sus libros, los verific&oacute; y los puso en orden.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Arroj&oacute; al fuego un paquete de billetes que guardaba para los peque&ntilde;os comerciantes necesitados. Escribi&oacute; una carta, que sell&oacute; y en cuyo sobre se podr&iacute;a haber le&iacute;do si hubiera habido alguien en la habitaci&oacute;n en ese momento:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Monsieur Laffitte, banquero, rue d'Artois, Par&iacute;s.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Terminada la carta al se&ntilde;or Lafitte, se la guard&oacute; en el bolsillo y en una cartera y empez&oacute; de nuevo a caminar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La corriente de su pensamiento no hab&iacute;a cambiado. Todav&iacute;a ve&iacute;a claramente su deber escrito en letras luminosas que brillaban ante sus ojos y se mov&iacute;a con la mirada: &ldquo;&iexcl;Vete! &iexcl;Confesa tu nombre! &iexcl;Denunciate! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sinti&oacute; que hab&iacute;a llegado al segundo movimiento decisivo de su conciencia y de su destino; que el obispo hab&iacute;a marcado la primera fase de su nueva vida, y que este Champmathieu marcaba la segunda. Despu&eacute;s de una gran crisis, una gran prueba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La sangre le subi&oacute; violentamente a las sienes. Caminaba de un lado a otro constantemente. La medianoche son&oacute; primero en la iglesia parroquial y luego en el ayuntamiento. Cont&oacute; las doce campanadas de los dos relojes y compar&oacute; el sonido de las dos campanas. Le record&oacute; que, unos d&iacute;as antes, hab&iacute;a visto en una chatarrer&iacute;a una vieja campana a la venta, en la que estaba este nombre:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">ANTOINE ALB&Iacute;N DE ROMAINVILLE.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;l estaba frio. Encendi&oacute; un fuego. No pens&oacute; en cerrar la ventana.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras tanto, hab&iacute;a vuelto a caer distra&iacute;do en su estupor. Le cost&oacute; no poco esfuerzo recordar lo que estaba pensando antes de que sonara el reloj. Por fin lo consigui&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah! S&iacute;&rdquo;, dijo, &ldquo;hab&iacute;a tomado la resoluci&oacute;n de denunciarme&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y entonces, de repente, pens&oacute; en Fantine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Detener! " dij&oacute; el. &ldquo;&iexcl;Esta pobre mujer!&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Aqu&iacute; hab&iacute;a una nueva crisis.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine, apareciendo abruptamente en su ensue&ntilde;o, fue como un rayo de luz inesperado. Le parec&iacute;a que todo a su alrededor cambiaba de aspecto; &eacute;l exclam&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah! &iexcl;S&iacute;, efectivamente! &iexcl;Hasta ahora s&oacute;lo he pensado en m&iacute;! &iexcl;Solo he mirado por mi propia conveniencia! Se trata de si guardar&eacute; silencio o me denunciar&eacute;, ocultar&eacute; mi cuerpo o salvar&eacute; mi alma, si ser&eacute; un magistrado despreciable y respetado o un galeote infame y venerable: soy yo, siempre yo, s&oacute;lo yo. Pero &iexcl;Dios m&iacute;o! Todo esto es ego&iacute;smo. Diferentes formas de ego&iacute;smo, &iexcl;pero todav&iacute;a ego&iacute;smo! &iquest;Y si deber&iacute;a pensar un poco en los dem&aacute;s? El deber m&aacute;s elevado es pensar en los dem&aacute;s. &iexcl;Veamos, examinemos!</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En diez a&ntilde;os habr&eacute; ganado diez millones; lo esparzo por el pa&iacute;s, no me quedo con nada; &iquest;Qu&eacute; es para m&iacute;? Lo que estoy haciendo no es por m&iacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La prosperidad de todos va aumentando, la industria se acelera y se activa, las f&aacute;bricas y los talleres se multiplican, las familias, cien familias, mil familias, son felices, el pa&iacute;s se vuelve poblado; Los pueblos surgen donde s&oacute;lo hab&iacute;a granjas, las granjas surgen donde no hab&iacute;a nada, la pobreza desaparece, y con la pobreza desaparece el libertinaje, la prostituci&oacute;n, el robo, el asesinato, &iexcl;todos los vicios, todos los cr&iacute;menes! &iexcl;Y esta pobre madre cr&iacute;a a su hijo! &iexcl;Y todo el pa&iacute;s es rico y honesto! &iexcl;Ah,s&iacute;! &iexcl;Qu&eacute; tonto, qu&eacute; absurdo fui! &iquest;De qu&eacute; hablaba al denunciarme? Esto exige reflexi&oacute;n, sin duda, y nada debe precipitarse. &iexcl;Qu&eacute;! &iexcl;Porque me hubiera gustado hacer lo grande y lo generoso! &iexcl;Eso es melodram&aacute;tico despu&eacute;s de todo! Porque s&oacute;lo pensaba en m&iacute;, s&oacute;lo en m&iacute;, &iexcl;qu&eacute;! Para salvarse de un castigo tal vez demasiado severo, pero en realidad justo, nadie sabe qui&eacute;n, un ladr&oacute;n, un sinverg&uuml;enza al menos. &iexcl;Hay que dejar que un pa&iacute;s entero vaya a la ruina! &iexcl;Una pobre mujer desventurada debe morir en el hospital! &iexcl;Una pobre ni&ntilde;a debe morir en la calle! &iexcl;Como perros! &iexcl;Ah! &iexcl;Eso ser&iacute;a abominable! &iexcl;Y la madre ni siquiera volvi&oacute; a ver a su hijo! &iexcl;Y la ni&ntilde;a apenas conoc&iacute;a a su madre! Y todo por este viejo cachorro de ladr&oacute;n de manzanas, que, sin lugar a dudas, merece las galeras por otra cosa, si no por esto. &iexcl;Bonitos escr&uacute;pulos estos que salvaron a un viejo vagabundo al que, al fin y al cabo, s&oacute;lo le quedan unos pocos a&ntilde;os de vida, que dif&iacute;cilmente ser&aacute; m&aacute;s desgraciado en las galeras que en su choza, y que sacrifican a toda una poblaci&oacute;n, madres, mujeres, hijos! T&oacute;malo en el peor de los casos.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Supongamos que yo cometiera alguna falta en esto y que alg&uacute;n d&iacute;a mi conciencia me reprochara; la aceptaci&oacute;n para el bien de los dem&aacute;s de estos reproches que s&oacute;lo pesan sobre m&iacute;, de esta mala acci&oacute;n que afecta s&oacute;lo a mi propia alma, bueno, eso es devoci&oacute;n, eso es virtud&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se levant&oacute; y reanud&oacute; su camino. Esta vez le pareci&oacute; satisfecho.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los diamantes s&oacute;lo se encuentran en los lugares oscuros de la tierra; Las verdades se encuentran s&oacute;lo en las profundidades del pensamiento. Le parec&iacute;a que despu&eacute;s de haber descendido a estas profundidades, despu&eacute;s de haber tanteado durante mucho tiempo en lo m&aacute;s negro de esta oscuridad, por fin hab&iacute;a encontrado uno de estos diamantes, una de estas verdades, y que la ten&iacute;a en la mano y le cegaba a &eacute;l para que lo mire.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;&rdquo;, pens&oacute;, &ldquo;&iexcl;eso es! Estoy en el verdadero camino. Tengo la soluci&oacute;n. Debo terminar aferr&aacute;ndome a algo. Mi elecci&oacute;n est&aacute; hecha. &iexcl;Deja el asunto en paz! No m&aacute;s vacilaciones, no m&aacute;s encogimientos. Esto es en inter&eacute;s de todos, no en el m&iacute;o. Soy Madeleine, sigo siendo Madeleine.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Ay de aquel que es Jean Valjean! &Eacute;l y yo ya no somos los mismos. No reconozco a ese hombre, ya no s&eacute; lo que es; Si a esta hora se descubre que alguien es Jean Valjean, que se cuide solo. Eso no me concierne. Ese es un nombre fatal que flota en las tinieblas; si se detiene y se posa sobre alg&uacute;n hombre, mucho peor para ese hombre&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se mir&oacute; en el espejito que colgaba sobre la repisa de la chimenea y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;S&iacute;! &iexcl;Llegar a una resoluci&oacute;n me ha consolado! &iexcl;Soy otro hombre ahora! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dio unos pasos m&aacute;s y luego se detuvo en seco.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iexcl;Venir! " dijo el. &ldquo; No debo dudar ante ninguna de las consecuencias de la resoluci&oacute;n que he tomado. A&uacute;n quedan algunos hilos que me unen a este Jean Valjean. &iexcl;Deben estar rotos! Hay en esta misma habitaci&oacute;n objetos que me acusar&iacute;an, cosas mudas que ser&iacute;an presenciadas; Ya est&aacute; hecho, todo esto debe desaparecer&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Busc&oacute; en su bolsillo, sac&oacute; su bolso, lo abri&oacute; y sac&oacute; una llavecita.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Meti&oacute; esta llave en una cerradura cuyo agujero apenas se ve&iacute;a, perdido en el tono m&aacute;s oscuro de las figuras del papel que cubr&iacute;a la pared. Se abri&oacute; una puerta secreta, una especie de falsa prensa construida entre la esquina de la pared y el marco de la chimenea. En aquel armario no hab&iacute;a nada m&aacute;s que unas cuantas bagatelas, una bata azul, un pantal&oacute;n viejo, una mochila vieja y un gran palo de espinas, reforzado con hierro en ambos extremos. Quienes hubieran visto a Jean Valjean en su paso por D..., en octubre de 1815, habr&iacute;an reconocido f&aacute;cilmente todos los fragmentos de este miserable traje.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Lanz&oacute; una mirada furtiva hacia la puerta, como si temiera que se abriera a pesar del cerrojo que la sujetaba; luego con un movimiento r&aacute;pido y apresurado, y de un solo brazado, sin siquiera mirar estas cosas que hab&iacute;a guardado con tanta religi&oacute;n y con tanto peligro durante tantos a&ntilde;os, tom&oacute; todo, trapos, palo, mochila, y los arroj&oacute; todos ellos al fuego. En unos segundos, la habitaci&oacute;n y la pared de enfrente se iluminaron con un gran resplandor rojo parpadeante. Todo estaba ardiendo; el palo de espinas se parti&oacute; y arroj&oacute; chispas en medio de la habitaci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La mochila, consumida por la horrible rabia que conten&iacute;a, dej&oacute; algo al descubierto que brillaba entre las cenizas. Inclin&aacute;ndose hacia &eacute;l, uno podr&iacute;a reconocer f&aacute;cilmente una pieza de plata. Se trataba sin duda de los cuarenta sueldos robados al peque&ntilde;o Saboya.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero &eacute;l no mir&oacute; el fuego; Continu&oacute; su caminata de un lado a otro, siempre al mismo ritmo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente sus ojos se posaron en los dos candelabros de plata sobre la repisa de la chimenea, que brillaban d&eacute;bilmente en el reflejo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Detener! " pens&oacute;. &ldquo;Todo Jean Valjean est&aacute; contenido tambi&eacute;n en ellos. Ellos tambi&eacute;n deben ser destruidos&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tom&oacute; los dos candelabros.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hubo fuego suficiente para derretirlos r&aacute;pidamente y convertirlos en un lingote irreconocible.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se inclin&oacute; sobre el fuego y se calent&oacute; un momento. Le result&oacute; muy c&oacute;modo. &ldquo; La agradable calidez! " dijo el.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Removi&oacute; las brasas con uno de los candelabros.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un minuto m&aacute;s y habr&iacute;an estado en el fuego.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En aquel momento le pareci&oacute; o&iacute;r una voz que gritaba en su interior: &ldquo;&iexcl;Jean Valjean! &iexcl;Jean Valjean! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se le erizaron los pelos; Era como un hombre que escucha algo terrible.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iexcl;S&iacute;! Eso es; &iexcl;finaliza! &rdquo; dijo la voz. &ldquo;&iexcl;Completa lo que est&aacute;s haciendo! &iexcl;Destruye estos candelabros! &iexcl;Aniquila este monumento! &iexcl;Olv&iacute;date del obispo! &iexcl;Olvidalo todo! Arruina este Champmathieu, &iexcl;s&iacute;! Muy bien. &iexcl;Aplaudete! As&iacute; se dispone, se determina y se hace. He aqu&iacute; un hombre, un hombre de barba gris que no sabe de qu&eacute; se le acusa, que tal vez no ha hecho nada, un hombre inocente, cuya desgracia es causada por tu nombre, sobre quien tu nombre pesa como un crimen, que ser&aacute; apresado en su lugar. de vosotros, ser&aacute; condenado, terminar&aacute; sus d&iacute;as en abyecci&oacute;n y horror! Muy bien. Sea usted mismo un hombre honrado. Permanezca, se&ntilde;or alcalde, siga siendo honorable y honrado, enriquezca la ciudad, alimente a los pobres, cr&iacute;e a los hu&eacute;rfanos, viva feliz, virtuoso y admirado, y durante todo este tiempo que est&eacute; aqu&iacute; en la alegr&iacute;a y en la luz, habr&aacute; un &iexcl;Hombre vestido con tu blusa roja, llevando tu nombre en ignominia y arrastrando tu cadena en las galeras! &iexcl;S&iacute;! &iexcl;Este es un buen arreglo! &iexcl;Ay, desgraciado! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El sudor le corr&iacute;a por la frente. Mir&oacute; el candelabro con ojos demacrados. Mientras tanto, la voz que hablaba dentro de &eacute;l no hab&iacute;a terminado. Continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Jean Valjean! Habr&aacute; a tu alrededor muchas voces que har&aacute;n gran ruido, que hablar&aacute;n muy fuerte y que te bendecir&aacute;n, y una sola que nadie oir&aacute; y que te maldecir&aacute; en la oscuridad. &iexcl;Pues escucha desgraciado! Todas estas bendiciones caer&aacute;n antes de llegar a los Cielos; &iexcl;S&oacute;lo la maldici&oacute;n subir&aacute; a la presencia de Dios! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta voz, al principio muy d&eacute;bil y que surg&iacute;a de las profundidades m&aacute;s oscuras de su conciencia, se hab&iacute;a vuelto poco a poco fuerte y formidable, y ahora la o&iacute;a en su o&iacute;do.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Le parec&iacute;a que hab&iacute;a surgido de s&iacute; mismo y que ahora hablaba desde fuera. Crey&oacute; o&iacute;r las &uacute;ltimas palabras con tanta claridad que mir&oacute; alrededor de la habitaci&oacute;n con una especie de terror.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Hay alguien ah&iacute;? &mdash;pregunt&oacute; en voz alta y con voz sorprendida.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego continu&oacute; con una risa que parec&iacute;a la de un idiota:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Que idiota soy! No puede haber nadie aqu&iacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;a uno; pero el que estaba all&iacute; no era de los que el ojo humano puede ver.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dej&oacute; el candelabro sobre la repisa de la chimenea.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ahora retroced&iacute;a con igual terror ante cada una de las resoluciones que hab&iacute;a tomado por turno. Cada una de las dos ideas que le aconsejaban le parec&iacute;an tan fatales como la otra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Qu&eacute; fatalidad! &iexcl;Qu&eacute; posibilidad de que este Champmathieu sea confundido con &eacute;l! Ser arrojado de cabeza por los mismos medios que la Providencia parec&iacute;a haber empleado al principio para darle plena seguridad.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hubo un momento en el que contempl&oacute; el futuro. &iexcl;Den&uacute;nciate, gran Dios! &iexcl;Entr&eacute;gate! Vio con infinita desesperaci&oacute;n todo lo que deb&iacute;a dejar, todo lo que deb&iacute;a retomar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Debe entonces despedirse de esta existencia tan buena, tan pura, tan radiante, de este respeto de todos, de este honor, de esta libertad! &iexcl;Gran Dios! En lugar de eso, la tripulaci&oacute;n de la cocina, el collar de hierro, la blusa roja, la cadena a su pie, el cansancio, el calabozo, la cama de tablas, &iexcl;todos esos horrores que &eacute;l conoc&iacute;a tan bien! &iexcl;A esta edad, despu&eacute;s de haber sido lo que era! &iexcl;Oh, qu&eacute; miseria! &iquest;Puede entonces el destino ser maligno como un ser inteligente y volverse monstruoso como el coraz&oacute;n humano?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y hac&iacute;a lo que pod&iacute;a, siempre volv&iacute;a a caer en el agudo dilema que estaba en el fondo de su pensamiento. &iexcl;Permanecer en el para&iacute;so y convertirse all&iacute; en demonio! &iexcl;Volver a entrar al infierno y convertirse all&iacute; en &aacute;ngel!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Qu&eacute; se har&aacute;, gran Dios! &iquest;Qu&eacute; se har&aacute;?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El tormento del que hab&iacute;a salido con tanta dificultad se desat&oacute; de nuevo en su interior. Sus ideas nuevamente comenzaron a confundirse.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se tambaleaba tanto por fuera como por dentro. Caminaba como un ni&ntilde;o peque&ntilde;o al que se le permite ir solo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No pod&iacute;a ver nada claramente. Las formas vagas de todos los razonamientos arrojados por su mente temblaron y se disiparon una tras otra en humo. Pero sent&iacute;a que, cualquiera que fuera la resoluci&oacute;n que cumpliera, necesariamente y sin posibilidad de escape, algo de s&iacute; mismo seguramente morir&iacute;a; que entraba en un sepulcro tanto a la derecha como a la izquierda; que estaba sufriendo una agon&iacute;a mortal de su virtud.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Pobre de m&iacute;! Todas sus irresoluciones volvieron a caer sobre &eacute;l. No estaba m&aacute;s avanzado que cuando comenz&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; luchaba bajo su angustia esta alma infeliz.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El reloj dio las tres. Llevaba cinco horas caminando as&iacute; casi sin interrupci&oacute;n, cuando se dej&oacute; caer en su silla.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se qued&oacute; dormido y so&ntilde;&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este sue&ntilde;o, como la mayor&iacute;a de los sue&ntilde;os, no ten&iacute;a m&aacute;s relaci&oacute;n con la situaci&oacute;n que su car&aacute;cter l&uacute;gubre y conmovedor, pero le caus&oacute; impresi&oacute;n. Esta pesadilla lo golpe&oacute; con tanta fuerza que luego la escribi&oacute;. Es uno de los papeles escritos de su pu&ntilde;o y letra que ha dejado detr&aacute;s de &eacute;l. Creemos que es nuestro deber copiar aqu&iacute; literalmente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cualquiera que sea este sue&ntilde;o, la historia de esa noche estar&iacute;a incompleta si la omiti&eacute;ramos. Es la l&uacute;gubre aventura de un alma enferma.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Es el siguiente: En el sobre encontramos escrita esta l&iacute;nea: &ldquo;El sue&ntilde;o que tuve esa noche&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estaba en un campo. Un gran campo triste donde no hab&iacute;a pasto. No parec&iacute;a que fuera de d&iacute;a, ni que fuera de noche.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Caminaba con mi hermano, el hermano de mi infancia; este hermano en quien debo decir que nunca pienso y que apenas recuerdo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Est&aacute;bamos hablando y nos encontramos con otros caminando. Habl&aacute;bamos de una vecina que ten&iacute;amos antiguamente, que como viv&iacute;a en la calle, siempre trabajaba con la ventana abierta. Incluso mientras habl&aacute;bamos, sent&iacute;amos fr&iacute;o a causa de esa ventana abierta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No hab&iacute;a &aacute;rboles en el campo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Vimos a un hombre pasar cerca de nosotros. Estaba completamente desnudo, de color ceniciento, montado sobre un caballo del color de la tierra. El hombre no ten&iacute;a pelo; Vimos su cr&aacute;neo y las venas de su cr&aacute;neo. En su mano sosten&iacute;a un palo que era flexible como una ramita de vid y pesado como el hierro. Este jinete pas&oacute; y no dijo nada.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mi hermano me dijo: &ldquo;Tomemos el camino desierto&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;a un camino desierto donde no vimos ni un arbusto, ni siquiera una ramita de musgo. Todo era del color de la tierra, incluso el cielo. Unos pasos m&aacute;s y nadie me respondi&oacute; cuando habl&eacute;. Percib&iacute; que mi hermano ya no estaba conmigo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entr&eacute; en un pueblo que vi. Pens&eacute; que deb&iacute;a ser Romainville (&iquest;por qu&eacute; Romainville?).</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La primera calle por la que entr&eacute; estaba desierta. Pas&eacute; a una segunda calle. En la esquina de las dos calles hab&iacute;a un hombre parado contra la pared; Le dije a este hombre: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; lugar es este? &iquest;D&oacute;nde estoy? El hombre no respondi&oacute;. Vi abierta la puerta de una casa; Entr&eacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La primera sala estaba desierta. Entr&eacute; al segundo. Detr&aacute;s de la puerta de esta habitaci&oacute;n hab&iacute;a un hombre parado contra la pared. Le pregunt&eacute; a este hombre: &iquest;De qui&eacute;n es esta casa? &iquest;D&oacute;nde estoy? El hombre no respondi&oacute;. La casa ten&iacute;a jard&iacute;n.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sal&iacute; de la casa y fui al jard&iacute;n. El jard&iacute;n estaba desierto. Detr&aacute;s del primer &aacute;rbol encontr&eacute; a un hombre de pie. Le dije a este hombre: &ldquo;&iquest;Qu&eacute; es este jard&iacute;n? &iquest;D&oacute;nde estoy?" El hombre no respondi&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Deambul&eacute; por el pueblo y percib&iacute; que era una ciudad. Todas las calles estaban desiertas, todas las puertas abiertas. Ning&uacute;n ser vivo pasaba por las calles, ni se mov&iacute;a en las habitaciones, ni paseaba por los jardines. Pero detr&aacute;s de cada &aacute;ngulo de una pared, detr&aacute;s de cada puerta, detr&aacute;s de todo, hab&iacute;a un hombre de pie que guardaba silencio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero alguna vez se podr&iacute;a ver uno a la vez. Estos hombres me miraron cuando pas&eacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sal&iacute; de la ciudad y comenc&eacute; a caminar por el campo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al poco tiempo me volv&iacute; y vi una gran multitud que ven&iacute;a detr&aacute;s de m&iacute;. Reconoc&iacute; a todos los hombres que hab&iacute;a visto en la ciudad. Sus cabezas eran extra&ntilde;as. No parec&iacute;an apresurarse y aun as&iacute; caminaban m&aacute;s r&aacute;pido que yo. No hac&iacute;an ruido al caminar. En un instante esta multitud se acerc&oacute; y me rode&oacute;. Los rostros de estos hombres eran del color de la tierra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entonces el primero que hab&iacute;a visto e interrogado al entrar en la ciudad, me dijo: &ldquo;&iquest;Ad&oacute;nde vas? &iquest;Sabes que llevas mucho tiempo muerto? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Abr&iacute; la boca para responder y percib&iacute; que no hab&iacute;a nadie cerca de m&iacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Despert&oacute;. Ten&iacute;a fr&iacute;o. Un viento tan fr&iacute;o como el de la ma&ntilde;ana hac&iacute;a oscilar sobre sus bisagras las hojas de la ventana a&uacute;n abierta. El fuego se hab&iacute;a extinguido. La vela estaba baja en el candelabro. La noche a&uacute;n estaba oscura.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se levant&oacute; y se acerc&oacute; a la ventana. Todav&iacute;a no hab&iacute;a estrellas en el cielo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Desde su ventana pod&iacute;a mirar al patio y a la calle. Un ruido &aacute;spero y traqueteante que de repente reson&oacute; desde el suelo le hizo mirar hacia abajo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Vio debajo de &eacute;l dos estrellas rojas, cuyos rayos danzaban grotescamente en la sombra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su mente todav&iacute;a estaba medio enterrada en la niebla de su ensue&ntilde;o:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;S&iacute;! " pens&oacute; el. &ldquo;No hay ninguna en el cielo. Est&aacute;n en la tierra ahora. "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta confusi&oacute;n, sin embargo, se desvaneci&oacute;; un segundo ruido como el primero lo despert&oacute; por completo; Mir&oacute; y vio que aquellas dos estrellas eran las l&aacute;mparas de un carruaje. Por la luz que emit&iacute;an, pudo distinguir la forma de un carruaje. Era un tilbury tirado por un peque&ntilde;o caballo blanco.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El ruido que hab&iacute;a o&iacute;do era el de los cascos del caballo sobre el pavimento.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; carruaje es ese? &rdquo; se dijo a s&iacute; mismo. &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n es el que llega tan temprano? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En ese momento se escuch&oacute; un golpe bajo en la puerta de su habitaci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se estremeci&oacute; de pies a cabeza y grit&oacute; con voz terrible:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; ah&iacute;? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Alguien respondi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Yo, se&ntilde;or alcalde&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Reconoci&oacute; la voz de la anciana, su portera.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Bueno", dijo, "&iquest;qu&eacute; es?"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Se&ntilde;or alcalde, es la silla".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; sill&oacute;n? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;El tilbury&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; tilbury? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;No orden&oacute; el se&ntilde;or alcalde un tilbury? "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh s&iacute;! " &eacute;l dijo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Si la anciana lo hubiera visto en ese momento, se habr&iacute;a asustado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hubo un largo silencio. Examin&oacute; la llama de la vela con aire est&uacute;pido, tom&oacute; un poco de cera derretida de alrededor de la mecha y la hizo rodar entre sus dedos. La anciana estaba esperando. Se atrevi&oacute;, sin embargo, a hablar de nuevo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or alcalde, &iquest;qu&eacute; le digo? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Di que est&aacute; bien y bajar&eacute;&rdquo;.&nbsp;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">III</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eran casi las ocho de la tarde cuando el carruaje entr&oacute; en el patio del H&ocirc;tel de la Poste de Arras. El hombre al que hemos seguido hasta ahora se ape&oacute;, sali&oacute; del hotel y empez&oacute; a caminar por la ciudad.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No conoc&iacute;a nada en Arras, las calles estaban oscuras y andaba al azar. Sin embargo, parec&iacute;a abstenerse obstinadamente de preguntar el camino. Cruz&oacute; el peque&ntilde;o r&iacute;o Crinchon y se encontr&oacute; en un laberinto de calles estrechas, donde pronto se perdi&oacute;. Lleg&oacute; un ciudadano con una linterna. Despu&eacute;s de algunas dudas, decidi&oacute; hablar con este hombre, pero no sin antes haber mirado hacia adelante y hacia atr&aacute;s, como si temiera que alguien pudiera escuchar la pregunta que estaba a punto de hacer.&nbsp;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or&rdquo;, dijo. &ldquo;&iquest;El juzgado, por favor?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Si el se&ntilde;or desea ver un juicio, llega bastante tarde. Normalmente las sesiones terminan a las seis.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, cuando llegaron a la gran plaza, el ciudadano le mostr&oacute; cuatro largas ventanas iluminadas en la fachada de un gran edificio oscuro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;A fe, se&ntilde;or, hab&eacute;is llegado a tiempo, sois afortunados. &iquest;Ves esas cuatro ventanas? Ese es el tribunal de lo penal. Hay una luz all&iacute;. Entonces no han terminado. El caso debe haberse prolongado y est&aacute;n teniendo una sesi&oacute;n vespertina&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sigui&oacute; las instrucciones del ciudadano y en pocos minutos se encontr&oacute; en un sal&oacute;n donde hab&iacute;a mucha gente y grupos dispersos de abogados en togas susurrando aqu&iacute; y all&aacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este sal&oacute;n, que aunque espacioso, estaba iluminado por una &uacute;nica l&aacute;mpara, era una antigua sala del palacio episcopal, y serv&iacute;a de sala de espera. Una doble puerta plegable, ahora cerrada, lo separaba de la gran sala en la que sesionaba el tribunal de lo penal.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se acerc&oacute; a varios grupos y escuch&oacute; su charla.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Como el calendario del mandato era muy pesado, el juez hab&iacute;a fijado para ese d&iacute;a dos casos breves y sencillos. Hab&iacute;an comenzado con un infanticidio y ahora se centraban en el convicto, el segundo delincuente, el &ldquo;viejo estratega&rdquo;. &ldquo;Este hombre hab&iacute;a robado algunas manzanas, pero eso no parec&iacute;a estar muy bien demostrado; lo que se demostr&oacute; fue que hab&iacute;a estado en las galeras de Toulon. Esto fue lo que arruin&oacute; su caso. Se hab&iacute;a terminado el interrogatorio del hombre y se hab&iacute;a tomado el testimonio de los testigos, pero a&uacute;n quedaba el argumento del abogado, y el resumen de su fiscal fue muy bueno, y nunca fall&oacute; con sus prisioneros; era un tipo de talento que escrib&iacute;a poes&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un agente se encontraba cerca de la puerta que daba a la sala del tribunal. Le pregunt&oacute; a este oficial:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or, &iquest;se abrir&aacute; pronto la puerta? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" No se abrir&aacute; ", dijo el oficial.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Por qu&eacute; no? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Porque la sala est&aacute; llena. "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Qu&eacute;! &iquest;No hay m&aacute;s asientos? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Ni uno solo. La puerta est&aacute; cerrada. Nadie puede entrar &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El oficial a&ntilde;adi&oacute;, despu&eacute;s de un silencio: &ldquo;Detr&aacute;s del se&ntilde;or juez todav&iacute;a quedan dos o tres puestos, pero el se&ntilde;or juez no admite en ellos m&aacute;s que funcionarios p&uacute;blicos &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dicho esto, el oficial le dio la espalda.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se retir&oacute; con la cabeza gacha, cruz&oacute; la antec&aacute;mara y baj&oacute; lentamente la escalera, pareciendo vacilar a cada paso. Es probable que estuviera consultando consigo mismo. El violento combate que se libraba en su interior desde la v&iacute;spera no hab&iacute;a terminado y, a cada momento, adquir&iacute;a alg&uacute;n nuevo rumbo. Cuando lleg&oacute; al final de la escalera, se apoy&oacute; en la barandilla y se cruz&oacute; de brazos. De repente abri&oacute; su abrigo, sac&oacute; su cartera; Sac&oacute; un l&aacute;piz, arranc&oacute; una hoja y escribi&oacute; r&aacute;pidamente en ella, a la luz brillante, esta l&iacute;nea: "Se&ntilde;or Madeleine, alcalde de M... sur m..."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego subi&oacute; r&aacute;pidamente las escaleras, atraves&oacute; la multitud, se dirigi&oacute; directamente hacia el oficial, le entreg&oacute; el papel y le dijo con autoridad: " Ll&eacute;velo al se&ntilde;or juez ".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El oficial tom&oacute; el papel, lo mir&oacute; y obedeci&oacute;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">IV</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">SIN que &eacute;l mismo lo sospechara, el alcalde de M&mdash;sur m&mdash; gozaba de cierta celebridad. Desde hac&iacute;a siete a&ntilde;os, la fama de su virtud se extend&iacute;a por todo el Bajo Boulonnais; finalmente hab&iacute;a traspasado las fronteras del peque&ntilde;o pa&iacute;s y se hab&iacute;a extendido a los dos o tres departamentos vecinos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El juez de la corte real de Douai, que presid&iacute;a este per&iacute;odo de sesiones en Arras, conoc&iacute;a, como todos los dem&aacute;s, este nombre tan profunda y universalmente honrado. Cuando el oficial, abriendo silenciosamente la puerta que conduc&iacute;a de la sala de abogados a la sala del tribunal, se inclin&oacute; detr&aacute;s de la silla del juez y le entreg&oacute; el papel, en el que estaba escrita la l&iacute;nea que acabamos de leer, a&ntilde;adiendo: &ldquo; Este caballero desea presenciar el juicio &rdquo;, el juez hizo un apresurado movimiento de deferencia, cogi&oacute; una pluma, escribi&oacute; algunas palabras al pie del papel y se lo devolvi&oacute; al oficial, dici&eacute;ndole: &ldquo; D&eacute;jelo entrar &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El infeliz, cuya historia relatamos, hab&iacute;a permanecido cerca de la puerta del vest&iacute;bulo, en el mismo lugar y en la misma actitud que cuando el oficial lo dej&oacute;. Oy&oacute;, a trav&eacute;s de sus pensamientos, que alguien le dec&iacute;a: &ldquo;&iquest;El se&ntilde;or me har&aacute; el honor de seguirme? &rdquo; Era el mismo oficial que le hab&iacute;a dado la espalda un minuto antes y que ahora se inclinaba hasta el suelo ante &eacute;l. Al mismo tiempo, el oficial le entreg&oacute; el papel. Lo desdobl&oacute; y, al estar cerca de la l&aacute;mpara, pudo leer:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" El juez del Tribunal de lo Penal presenta sus respetos al se&ntilde;or Madeleine ".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Aplast&oacute; el papel entre sus manos, como si esas pocas palabras le hubieran dejado un sabor extra&ntilde;o y amargo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sigui&oacute; al oficial.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al cabo de algunos minutos se encontr&oacute; solo en una especie de armario panelado, de aspecto severo, iluminado por dos velas de cera colocadas sobre una mesa cubierta con un mantel verde. Todav&iacute;a resonaban en sus o&iacute;dos las &uacute;ltimas palabras del oficial que lo hab&iacute;a abandonado: &ldquo; Se&ntilde;or, ahora est&aacute; usted en la sala del tribunal; s&oacute;lo tienes que girar el pomo de lat&oacute;n de esa puerta y se encontrar&aacute; en la sala del tribunal, detr&aacute;s de la silla del juez. &rdquo; Estas palabras estaban asociadas en su pensamiento con un vago recuerdo de los estrechos pasillos y las oscuras escaleras por las que acababa de pasar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En un momento hizo, con una especie de autoridad unida a la rebeli&oacute;n, ese gesto indescriptible que significa y que tan bien dice: &ldquo;&iexcl;Bien! &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; ah&iacute; para obligarme? &rdquo; Entonces se volvi&oacute; r&aacute;pidamente, vio ante s&iacute; la puerta por la que hab&iacute;a entrado, se acerc&oacute; a ella, la abri&oacute; y sali&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ya no estaba en esa habitaci&oacute;n; estaba afuera, en un pasillo, un pasillo largo y estrecho, cortado con escalones y puertas laterales, formando todo tipo de &aacute;ngulos, iluminado aqu&iacute; y all&aacute; por l&aacute;mparas colgadas en la pared similares a l&aacute;mparas de enfermera para los enfermos; era el corredor por el que hab&iacute;a venido. Respir&oacute; hondo y escuch&oacute;; ning&uacute;n sonido detr&aacute;s de &eacute;l, ning&uacute;n sonido delante de &eacute;l; corri&oacute; como si lo persiguieran.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando hubo doblado varias vueltas de este pasaje, escuch&oacute; de nuevo. Todav&iacute;a hab&iacute;a el mismo silencio y la misma sombra a su alrededor. Estaba sin aliento, se tambaleaba, se apoyaba contra la pared. La piedra estaba fr&iacute;a: el sudor helado le cubr&iacute;a la frente; se despert&oacute; con un estremecimiento.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En ese mismo momento, solo, de pie en esa oscuridad, temblando de fr&iacute;o y, tal vez, de algo m&aacute;s, reflexion&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;a reflexionado toda la noche, hab&iacute;a reflexionado todo el d&iacute;a; Ahora s&oacute;lo o&iacute;a una voz dentro de &eacute;l que dec&iacute;a: &ldquo;&iexcl;Ay! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; transcurri&oacute; un cuarto de hora. Finalmente inclin&oacute; la cabeza, suspir&oacute; angustiado, dej&oacute; caer los brazos y volvi&oacute; sobre sus pasos. Camin&oacute; lentamente y como abrumado. Parec&iacute;a como si lo hubieran atrapado en su huida y lo hubieran tra&iacute;do de regreso.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entr&oacute; de nuevo en la sala de abogados. Lo primero que vio fue el pomo de la puerta. Aquel mango, redondo y de lat&oacute;n pulido, brillaba ante &eacute;l como una estrella siniestra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Lo mir&oacute; como un cordero mirar&iacute;a el ojo de un tigre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sus ojos no pod&iacute;an apartarse de all&iacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De vez en cuando daba otro paso hacia la puerta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Si hubiera escuchado, habr&iacute;a o&iacute;do, como una especie de murmullo confuso, el ruido de la sala vecina; pero &eacute;l no escuch&oacute; y no oy&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente, sin saber c&oacute;mo, se encontr&oacute; cerca de la puerta; agarr&oacute; el pomo convulsivamente; la puerta se abri&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estaba en la sala del tribunal.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">V<br />&#8203;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dio un paso, cerr&oacute; la puerta detr&aacute;s de &eacute;l, mec&aacute;nicamente, y permaneci&oacute; de pie, observando lo que ve&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era una gran sala, d&eacute;bilmente iluminada y a veces ruidosa y silenciosa, donde se exhib&iacute;a ante la multitud toda la maquinaria de un proceso criminal, con su gravedad mezquina pero solemne.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En un extremo de la sala, en el que se encontraba, jueces descuidados, vestidos con t&uacute;nicas ra&iacute;das, se mord&iacute;an las u&ntilde;as o cerraban los p&aacute;rpados; en el otro extremo hab&iacute;a una chusma andrajosa; hab&iacute;a abogados en todo tipo de actitudes; soldados de rostro honesto y duro; revestimientos de madera viejos y manchados, un techo sucio, mesas cubiertas con sarga, que era m&aacute;s amarilla que verde; puertas ennegrecidas por las huellas de los dedos; l&aacute;mparas de taberna, que daban m&aacute;s humo que luz, clavadas en los paneles; velas, en candelabros de lat&oacute;n, sobre las mesas; por todas partes oscuridad, fealdad y tristeza, y de todo esto surg&iacute;a una impresi&oacute;n austera y augusta; porque los hombres sintieron en ella la presencia de esa gran cosa humana que se llama ley, y de esa gran cosa divina que se llama justicia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ning&uacute;n hombre entre esta multitud le prest&oacute; atenci&oacute;n. Todas las miradas se concentraron en un solo punto, un banco de madera colocado contra una puertecita, a lo largo de la pared a la izquierda del juez. Sobre este banco, iluminado por varias velas, se encontraba un hombre entre dos gendarmes.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este era el hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No lo busc&oacute;, lo vio. Sus ojos se dirigieron hacia &eacute;l con naturalidad, como si supieran de antemano d&oacute;nde estaba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Crey&oacute; verse, mayor, sin duda, no exactamente igual en rasgos, pero s&iacute; parecido en actitud y apariencia, con ese pelo erizado, con esos ojos salvajes e inquietos, con esa blusa... tal como estaba el d&iacute;a que entr&oacute; en D. Lleno de odio y ocultando en su alma aquel espantoso tesoro de pensamientos espantosos que hab&iacute;a pasado diecinueve a&ntilde;os acumulando en el suelo de las galeras.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se dijo estremeci&eacute;ndose: &ldquo; &iexcl;Gran Dios! &iquest;Vuelvo a abordar esto? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este ser parec&iacute;a tener al menos sesenta a&ntilde;os. Hab&iacute;a algo indescriptiblemente rudo, est&uacute;pido y aterrorizado en su apariencia.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al o&iacute;r el sonido de la puerta, la gente se hizo a un lado para hacer espacio. El juez hab&iacute;a vuelto la cabeza y, suponiendo que la persona que entraba era el alcalde de M&mdash;sur m&mdash;, lo salud&oacute; con una reverencia. El fiscal, que hab&iacute;a visto a Madeleine en M&mdash;sur m&mdash;, donde hab&iacute;a sido llamado m&aacute;s de una vez por los deberes de su cargo, lo reconoci&oacute; y se inclin&oacute; tambi&eacute;n. Apenas los percibi&oacute;. Mir&oacute; a su alrededor, presa de una especie de alucinaci&oacute;n.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jueces, secretarios, gendarmes, una multitud de cabezas, cruelmente curiosos... ya lo hab&iacute;a visto todo una vez antes, veintisiete a&ntilde;os atr&aacute;s. Hab&iacute;a vuelto a caer sobre estas cosas espantosas; estaban delante de &eacute;l, se mov&iacute;an, ten&iacute;an ser; ya no era un esfuerzo de su memoria, un espejismo de su fantas&iacute;a, sino verdaderos gendarmes y verdaderos jueces, una verdadera multitud y verdaderos hombres de carne y hueso. Est&aacute; hecho; vio reaparecer y revivir a su alrededor, con todo el horror de la realidad, las visiones monstruosas del pasado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo esto se abr&iacute;a ante &eacute;l.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Lleno de horror, cerr&oacute; los ojos y exclam&oacute; desde lo m&aacute;s profundo de su alma: &ldquo; &iexcl;Nunca! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y por un tr&aacute;gico juego del destino, que agitaba todas sus ideas y lo volv&iacute;a casi loco, ten&iacute;a otro yo ante &eacute;l. Este hombre juzgado fue llamado por todos a su alrededor, &iexcl;Jean Valjean!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ten&iacute;a ante sus ojos una visi&oacute;n inaudita, una especie de representaci&oacute;n del momento m&aacute;s horrible de su vida, interpretada por su sombra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo, todo estaba ah&iacute;: la misma parafernalia, la misma hora de la noche, casi los mismos rostros, juez y ayudantes de juez, soldados y espectadores. Pero encima de la cabeza del juez hab&iacute;a un crucifijo, algo que no aparec&iacute;a en las salas del tribunal en el momento de su sentencia. Cuando fue juzgado, Dios no estaba all&iacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Detr&aacute;s de &eacute;l hab&iacute;a una silla; Se hundi&oacute; en &eacute;l, aterrorizado ante la idea de que pudieran observarlo. Una vez sentado, aprovech&oacute; un mont&oacute;n de papeles sobre el escritorio de los jueces para ocultar su rostro de toda la sala. Ahora pod&iacute;a ver sin ser visto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entr&oacute; de lleno en el esp&iacute;ritu de la realidad; poco a poco recobr&oacute; la compostura y lleg&oacute; a ese grado de calma que es posible escuchar.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Bamatabois era uno de los miembros del jurado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Busc&oacute; a Javert, pero no lo vio. El asiento de los testigos estaba oculto tras la mesa del secretario. Y luego, como acabamos de decir, la sala estaba muy mal iluminada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En el momento de su entrada, el abogado del detenido estaba terminando su alegato. La atenci&oacute;n de todos fue excitada al m&aacute;s alto grado; el juicio llevaba tres horas desarroll&aacute;ndose.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Durante esas tres horas, los espectadores hab&iacute;an visto a un hombre, un ser desconocido, miserable, completamente est&uacute;pido o completamente astuto, dobleg&aacute;ndose poco a poco bajo el peso de una terrible probabilidad. Hac&iacute;a gestos y signos que significaban negaci&oacute;n o miraba al techo. Habl&oacute; con dificultad y respondi&oacute; con verg&uuml;enza, pero de pies a cabeza toda su persona neg&oacute; la acusaci&oacute;n. Parec&iacute;a un idiota en presencia de todos estos intelectos que luchaban a su alrededor, y como un extra&ntilde;o en medio de esta sociedad de la que se hab&iacute;a apoderado de &eacute;l. Sin embargo, le esperaba un futuro muy amenazador; las probabilidades aumentaban a cada momento, y cada espectador buscaba con m&aacute;s ansiedad que &eacute;l mismo la sentencia calamitosa que parec&iacute;a flotar sobre su cabeza con una seguridad cada vez mayor. Una contingencia incluso dej&oacute; entrever la posibilidad, m&aacute;s all&aacute; de las galeras, de una pena capital si se determinaba su identidad y el asunto Petit Gervais resultaba en su condena. &iquest;Qui&eacute;n era este hombre? &iquest;Cu&aacute;l fue la naturaleza de su apat&iacute;a? &iquest;Fue imbecilidad o artificio? &iquest;Sab&iacute;a demasiado o nada en absoluto? Eran cuestiones sobre las que los espectadores tomaban partido y que parec&iacute;an afectar al jurado. Hab&iacute;a algo espantoso y algo misterioso en el juicio; el drama no era s&oacute;lo sombr&iacute;o, sino tambi&eacute;n oscuro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El abogado de la defensa hab&iacute;a elaborado un muy buen plan.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El abogado estableci&oacute; que, en realidad, el robo de las manzanas no estaba probado. Su cliente, a quien en su calidad de abogado insist&iacute;a en llamar Champmathieu, no hab&iacute;a visto escalar el muro ni romper la rama. Hab&iacute;a sido detenido en posesi&oacute;n de esta rama (que el abogado prefer&iacute;a llamar &ldquo; rama principal &rdquo;); pero dijo que lo hab&iacute;a encontrado en el suelo. &iquest;D&oacute;nde estaba la prueba de lo contrario? Sin duda, hab&iacute;a habido un ladr&oacute;n. Pero &iquest;qu&eacute; pruebas hab&iacute;a de que este ladr&oacute;n fuera Champmathieu? Una sola cosa. Que anteriormente fue un preso. El abogado no niega que, lamentablemente, este hecho parec&iacute;a plenamente probado, pero, incluso suponiendo que fuera el preso Jean Valjean, &iquest;probaba esto que hab&iacute;a robado las manzanas?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eso fue a lo sumo una presunci&oacute;n, no una prueba. El acusado, era cierto, y el abogado " de buena fe " debe admitirlo, hab&iacute;a adoptado " un sistema de defensa equivocado ". Hab&iacute;a insistido en negarlo todo, tanto el robo como el hecho de haber sido preso. Una confesi&oacute;n sobre este &uacute;ltimo punto habr&iacute;a sido ciertamente mejor y le habr&iacute;a asegurado la indulgencia de los jueces; el abogado le hab&iacute;a aconsejado esta opci&oacute;n, pero el acusado se hab&iacute;a negado obstinadamente, esperando probablemente escapar por completo al castigo al no admitir nada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fue un error, pero &iquest;no hay que tener en cuenta la pobreza de su intelecto? El hombre era evidentemente imb&eacute;cil. Los largos sufrimientos en las galeras, los largos sufrimientos fuera de las galeras, lo hab&iacute;an brutalizado, etc., etc.;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">S&iacute; hizo una mala defensa, &iquest;fue esta raz&oacute;n para condenarlo? En cuanto al asunto Petit Gervais, el abogado no ten&iacute;a nada que decir; no fue el caso. Concluy&oacute; suplicando al jurado y al tribunal, si la identidad de Jean Valjean les parec&iacute;a evidente, que le aplicaran las penas policiales prescritas para la infracci&oacute;n de la prohibici&oacute;n, y no el terrible castigo decretado para el reo declarado culpable de una segunda infracci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El fiscal respondi&oacute; al abogado de la defensa. Era violento y florido, como la mayor&iacute;a de los fiscales.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Felicit&oacute; al abogado por su &ldquo;franqueza&rdquo;, que aprovech&oacute; astutamente. Atac&oacute; al acusado por todas las concesiones que hab&iacute;a hecho su abogado. El abogado pareci&oacute; admitir que el acusado era Jean Valjean. Acept&oacute; la admisi&oacute;n. Este hombre era entonces Jean Valjean. Este hecho fue concedido a la fiscal&iacute;a y ya no pod&iacute;a ser impugnado. &iquest;Qui&eacute;n fue Jean Valjean? Descripci&oacute;n de Jean Valjean: &ldquo;un monstruo vomitado&rdquo;, etc. El auditorio y el jurado &ldquo;se estremecieron&rdquo;. Terminada esta descripci&oacute;n, el fiscal prosigui&oacute; con un estallido oratorio destinado a excitar al m&aacute;ximo el entusiasmo del Journal de la Pr&eacute;fecture a la ma&ntilde;ana siguiente. &ldquo;Y es un hombre as&iacute;&rdquo;, etc, etc. Un vagabundo, un mendigo, sin medios de existencia, etc, etc. Acostumbrado por su existencia a actos criminales, y poco aprovechado de su vida pasada en las galeras, como est&aacute; demostrado por el crimen cometido contra Petit Gervais, etc., etc. Es un hombre as&iacute; quien, encontrado en la carretera en pleno acto de robo, a pocos pasos de un muro que hab&iacute;an escalado, todav&iacute;a ten&iacute;a en la mano el objeto de su crimen, niega el acto en el que es sorprendido, niega el robo, niega la escalada, niega todo, niega hasta su nombre, niega hasta su identidad! Adem&aacute;s de cien otras pruebas, a las que no volver&aacute;, sus testigos lo identifican.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert, el incorruptible inspector de polic&iacute;a, Javert, y tres de sus antiguos compa&ntilde;eros de desgracia, los presos Brevet, Chenildieu y Cochepaille. &iquest;Qu&eacute; tiene &eacute;l para oponerse a esta abrumadora unanimidad? Su negaci&oacute;n. &iexcl;Qu&eacute; depravaci&oacute;n! Har&aacute;n justicia, se&ntilde;ores jurados, etc., etc. Mientras el fiscal hablaba, el acusado escuchaba boquiabierto, con una especie de asombro, no exento de admiraci&oacute;n. Evidentemente estaba sorprendido de que un hombre pudiera hablar tan bien. De vez en cuando, en los momentos m&aacute;s &ldquo;contundentes&rdquo; del argumento, en esos momentos en que la elocuencia, incapaz de contenerse, se desborda en un torrente de ep&iacute;tetos fulminantes y envuelve al prisionero como una tempestad, mov&iacute;a lentamente la cabeza de derecha a izquierda y de izquierda a derecha: una especie de protesta triste y muda, con la que se content&oacute; desde el principio de la discusi&oacute;n. Dos o tres veces los espectadores que estaban m&aacute;s cerca de &eacute;l le oyeron decir en voz baja: &laquo;&iexcl;Todo esto se debe a que no ha preguntado por el se&ntilde;or Baloup!&raquo;. El fiscal se&ntilde;al&oacute; al jurado este aire de estupidez, que evidentemente se fing&iacute;a, y que denotaba, no imbecilidad, sino docilidad, artificio y costumbre de enga&ntilde;ar a la justicia; y que mostr&oacute; en toda su luz la &ldquo;perversidad profundamente arraigada&rdquo; del hombre. Concluy&oacute; reserv&aacute;ndose por completo el asunto Petit Gervais y exigiendo una sentencia con todo el peso de la ley.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esto fue, como se recordar&aacute;, por esta ofensa, trabajos forzados de por vida.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El abogado del detenido se levant&oacute;, primero felicit&oacute; al se&ntilde;or fiscal por su admirable argumento; luego respondi&oacute; lo mejor que pudo, pero en un tono m&aacute;s d&eacute;bil; Era evidente que el suelo estaba cediendo bajo sus pies.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">VI</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">HAB&Iacute;A llegado el momento de cerrar el caso. El juez orden&oacute; al acusado que se levantara y le hizo la pregunta habitual: &ldquo;&iquest;Tiene algo que a&ntilde;adir a su defensa? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre, de pie y haciendo girar en sus manos una espantosa gorra que llevaba, pareci&oacute; no o&iacute;r.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El juez repiti&oacute; la pregunta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta vez el hombre escuch&oacute; y pareci&oacute; comprender. Se sobresalt&oacute; como quien despierta de un sue&ntilde;o, mir&oacute; a su alrededor, mir&oacute; a los espectadores, a los gendarmes, a sus abogados, a los jurados y al tribunal, apoy&oacute; sus enormes pu&ntilde;os sobre la barra que ten&iacute;a delante, mir&oacute; a su alrededor y, de repente, fijando sus ojos ante el fiscal, comenz&oacute; a hablar. Fue como una erupci&oacute;n. Parec&iacute;a por la manera en que las palabras escapaban de sus labios, incoherentes, impetuosas, empuj&aacute;ndose unas con otras, como si todas estuvieran ansiosas por desahogarse al mismo tiempo. &Eacute;l dijo:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Tengo esto que decir: que he sido carretero en Par&iacute;s; que tambi&eacute;n estaba en casa del se&ntilde;or Baloup. Es una vida dura ser carretero, siempre se trabaja al aire libre, en los patios, debajo de los cobertizos cuando tienes buenos jefes, nunca en las tiendas, porque es necesario tener espacio, &iquest;sabes? En invierno hace tanto fr&iacute;o que hay que trillar los brazos para calentarlos. Pero los patrones no lo permitir&aacute;n; Dicen que es una p&eacute;rdida de tiempo. Es un trabajo duro manipular el hierro cuando hay hielo en las aceras. A un hombre se le agota r&aacute;pidamente. En este oficio envejeces cuando eres joven. Un hombre est&aacute; agotado a los cuarenta. Yo ten&iacute;a cincuenta y tres a&ntilde;os; Estuve bastante enfermo. &iexcl;Y adem&aacute;s los trabajadores son tan malos! &iexcl;Cuando un pobre muchacho no es joven, siempre te llaman p&aacute;jaro viejo y bestia vieja! S&oacute;lo ganaba treinta sous al d&iacute;a, me pagaban lo menos que pod&iacute;an, los patrones se aprovechaban de mi edad. Luego tuve a mi hija, que era lavandera en el r&iacute;o. Ella gan&oacute; un poco para s&iacute; misma; entre nosotros dos, nos llev&aacute;bamos bien; ella tambi&eacute;n tuvo que trabajar duro. Todo el d&iacute;a hasta la cintura en una tina, con lluvia, con nieve, con viento que corta la cara cuando hiela, da lo mismo, hay que lavar; hay gente que no tiene mucha ropa y la est&aacute; esperando; si no la lavas pierdes a tus clientes. Los tablones no est&aacute;n bien combinados y el agua te cae por todas partes. Te mojas la ropa por completo; eso se nota. Llegaba a casa a las siete de la noche y se acostaba de inmediato. Estaba tan cansada. Su marido sol&iacute;a golpearla. Est&aacute; muerta, no estaba muy feliz. Era una buena chica; nunca iba a bailes y era muy callada. Recuerdo que un martes de carnaval se acost&oacute; a las ocho. Mira, estoy diciendo la verdad. S&oacute;lo tienes que preguntar si no es as&iacute;. &iexcl;Preguntar! &iexcl;Que est&uacute;pido soy! Par&iacute;s es un golfo. &iquest;Qui&eacute;n conoce al Padre Champmathieu? Pero ah&iacute; est&aacute; el se&ntilde;or Baloup. Vayan a ver a Mounsieur Baloup. No s&eacute; qu&eacute; m&aacute;s quiere de m&iacute; &rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre dej&oacute; de hablar, pero no se sent&oacute;. Hab&iacute;a pronunciado estas frases en un tono alto, r&aacute;pido, ronco, &aacute;spero y gutural, con una especie de sencillez furiosa y salvaje. Una vez, se detuvo para hacer una reverencia a alguien entre la multitud. La clase de afirmaciones que parec&iacute;a lanzar al azar sal&iacute;an de &eacute;l como un hipo, y a&ntilde;ad&iacute;a a cada una el gesto de un hombre que corta le&ntilde;a. Cuando hubo terminado, el auditorio estall&oacute; en carcajadas. &Eacute;l los mir&oacute;, y al verlos re&iacute;r y sin saber por qu&eacute;, se ech&oacute; a re&iacute;r &eacute;l mismo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eso fue siniestro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El juez, un hombre considerado y bondadoso, alz&oacute; la voz. Record&oacute; a los &ldquo;se&ntilde;ores del jurado&rdquo; que el se&ntilde;or Baloup, el antiguo maestro carretero de quien el prisionero dec&iacute;a haber trabajado, hab&iacute;a sido citado, pero no hab&iacute;a comparecido. Estaba en quiebra y no lo pod&iacute;an encontrar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego, volvi&eacute;ndose hacia el acusado, le rog&oacute; que escuchara lo que iba a decir, y a&ntilde;adi&oacute;: &ldquo;Est&aacute; usted en una situaci&oacute;n que exige reflexi&oacute;n. Las presunciones m&aacute;s graves pesan en su contra y pueden conducir a resultados fatales. Prisionero, de parte suya, le pregunto por segunda vez, expl&iacute;quese claramente sobre estos dos puntos. En primer lugar, &iquest;Escalaste o no el muro del cercano Pierron, rompiste la rama y robaste las manzanas, es decir, cometiste el delito de hurto, con el a&ntilde;adido de irrumpir en un recinto? En segundo lugar, &iquest;Es usted o no el preso puesto en libertad, Jean Valjean? "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El prisionero mene&oacute; la cabeza con expresi&oacute;n c&oacute;mplice, como quien entiende perfectamente y sabe lo que va a decir. Abri&oacute; la boca, se volvi&oacute; hacia el presidente del tribunal y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" En primer lugar-"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego mir&oacute; su gorra, mir&oacute; al techo y guard&oacute; silencio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Preso&rdquo;, prosigui&oacute; el fiscal en tono austero, &ldquo;preste atenci&oacute;n. No has respondido a nada de lo que le han preguntado. Su agitaci&oacute;n le condena&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El acusado hab&iacute;a vuelto por fin a su asiento; Se levant&oacute; bruscamente cuando el fiscal hubo terminado y exclam&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Es usted un hombre muy malo, quiero decir. Esto es lo que quer&iacute;a decir. No pude pensar en eso en primer lugar. Nunca rob&eacute; nada. Soy un hombre que no come algo todos los d&iacute;as. Ven&iacute;a de Ailly, caminaba solo despu&eacute;s de una lluvia que hab&iacute;a dejado el suelo todo amarillo de barro, de modo que los estanques se desbordaban y s&oacute;lo se ve&iacute;an ramitas de hierba que sobresal&iacute;an de la arena a lo largo del camino, y encontr&eacute; una rama rota en el suelo con manzanas encima, la recog&iacute; sin saber qu&eacute; problemas me causar&iacute;a. Hace tres meses que estoy en prisi&oacute;n, siendo golpeado. M&aacute;s a&uacute;n, no puedo decirlo. Habla en mi contra y me dice &ldquo;&iexcl;responda!&rdquo; El gendarme, que es un buen tipo, me da un codazo y susurra: "responda ahora". No puedo explicarme; Nunca estudi&eacute;; Soy un hombre pobre. Est&aacute;is todos equivocados al no ver que no rob&eacute;. Recog&iacute; del suelo cosas que hab&iacute;a all&iacute;. Habla de Jean Valjean; no conozco a ninguna persona as&iacute;. He trabajado para Monsieur Baloup, Boulevard de l'H&ocirc;pital. Mi nombre es Champmathieu. Debe ser muy astuto para decirme d&oacute;nde nac&iacute;. Yo mismo no lo s&eacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No todo el mundo puede tener casas donde nacer; eso ser&iacute;a demasiado &uacute;til. Creo que mi padre y mi madre eran trabajadores n&oacute;madas, pero no lo s&eacute;. Cuando yo era ni&ntilde;o me llamaban Peque&ntilde;o; Ahora me llaman Viejo. Son mis nombres de pila. T&oacute;melo como quiera. Estuve en Auvernia, estuve en Faverolles. &iexcl;Bendito sea! &iquest;No se puede haber estado en Auvernia y en Faverolles sin haber estado en las galeras? Le digo que nunca rob&eacute; y que soy el padre Champmathieu. Estuve en casa del se&ntilde;or Baloup: viv&iacute; en su casa. Estoy cansado de sus eternas tonter&iacute;as.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Por qu&eacute; me persiguen todos como a un perro rabioso? "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El fiscal segu&iacute;a de pie; se dirigi&oacute; al juez:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or, ante las denegaciones confusas pero muy h&aacute;biles del acusado, que intenta pasar por idiota, pero no lo consigue &ndash; se lo impedimos &ndash; rogamos que a usted y al tribunal le sirva volver a llamar en el tribunal a los reos Brevet, Cochepaille y Chenildieu, y al inspector de polic&iacute;a Javert, y someterlos a un interrogatorio final sobre la identidad del acusado con el reo Jean Valjean&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Debo recordar al fiscal", dijo el presidente del tribunal, "que el inspector de polic&iacute;a Javert, llamado por sus deberes en la capital de un distrito vecino, abandon&oacute; la sala y tambi&eacute;n la ciudad, tan pronto como se le tom&oacute; declaraci&oacute;n. Le otorgamos este permiso, con el consentimiento del fiscal y del abogado del acusado&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Es cierto&rdquo;, respondi&oacute; el fiscal; &ldquo; En ausencia del se&ntilde;or Javert, creo que es un deber recordar a los se&ntilde;ores del jurado lo que dijo aqu&iacute; hace unas horas. Javert es un hombre estimable, que hace honor a funciones inferiores pero importantes, con su rigurosa y estricta probidad. Estos son los t&eacute;rminos en los que testific&oacute;: &ldquo;No necesito ni siquiera presunciones morales ni pruebas materiales para contradecir las negaciones del acusado. Lo reconozco perfectamente. El nombre de este hombre no es Champmathieu; &eacute;l es un preso. Jean Valjean, muy duro y muy temido. Lo vi a menudo cuando era ayudante de guardia de galera en Toulon. Lo repito; lo reconozco perfectamente&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta declaraci&oacute;n, en t&eacute;rminos tan precisos, pareci&oacute; producir una fuerte impresi&oacute;n en el p&uacute;blico y el jurado. El fiscal concluy&oacute; insistiendo en que, en ausencia de Javert, los tres testigos, Brevet, Chenildieu y Cochepaille, deb&iacute;an ser o&iacute;dos de nuevo e interrogados solemnemente.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El juez dio una orden a un oficial y un momento despu&eacute;s se abri&oacute; la puerta de la sala de los testigos y el oficial, acompa&ntilde;ado por un gendarme dispuesto a prestar ayuda, hizo entrar al preso Brevet. El p&uacute;blico estaba en suspenso sin aliento y todos los corazones palpitaban como si contuviera una sola alma.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El viejo preso Brevet vest&iacute;a la chaqueta negra y gris de las prisiones centrales. Brevet ten&iacute;a unos sesenta a&ntilde;os; Ten&iacute;a cara de hombre de negocios y aire de p&iacute;caro. A veces van juntos. Se hab&iacute;a convertido en algo as&iacute; como un carcelero en la prisi&oacute;n, lo que lo hab&iacute;a llevado a nuevas fechor&iacute;as. Era uno de esos hombres de quienes sus superiores suelen decir: "Intenta ser &uacute;til". El capell&aacute;n dio buen testimonio de sus h&aacute;bitos religiosos. No hay que olvidar que esto ocurri&oacute; bajo la Restauraci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Brevet ", dijo el juez, " has sufrido un castigo infame y no puedes prestar juramento ".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Brevet baj&oacute; los ojos.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Sin embargo &rdquo;, continu&oacute; el juez, &ldquo; incluso en el hombre a quien la ley ha degradado puede quedar, si la justicia divina lo permite, un sentimiento de honor y de equidad. El momento es solemne y todav&iacute;a hay tiempo para retractarse si cree que est&aacute; equivocado. Prisionero, lev&aacute;ntese. Brevet, mire bien al prisionero, re&uacute;na sus recuerdos y diga, en su alma y en su conciencia, si a&uacute;n reconoce en este hombre a su antiguo compa&ntilde;ero de galeras, Jean Valjean &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Brevet mir&oacute; al prisionero y luego se volvi&oacute; hacia el tribunal. &ldquo;S&iacute;, se&ntilde;or&iacute;a. Fui el primero en reconocerlo y todav&iacute;a lo hago. Este hombre es Jean Valjean, que lleg&oacute; a Toulon en 1976 y se fue en 1815. Yo me fui un a&ntilde;o despu&eacute;s. Ahora parece un bruto, pero debe haberse vuelto est&uacute;pido con la edad; en las galeras se mostraba hosco. Ahora lo reconozco positivamente&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Si&eacute;ntese&rdquo;, dijo el juez. "Prisionero, qu&eacute;dese de pie".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Chenildieu fue tra&iacute;do, condenado a cadena perpetua, como lo demostraba su capa roja y su gorra verde. Estaba sufriendo su castigo en las galeras de Tol&oacute;n, de donde lo hab&iacute;an tra&iacute;do para esta ocasi&oacute;n. Era un hombre peque&ntilde;o, de unos cincuenta a&ntilde;os, activo, arrugado, flaco, amarillo, descarado, inquieto, con una especie de debilidad enfermiza en los miembros y en todo el cuerpo, y una fuerza inmensa en los ojos. Sus compa&ntilde;eros de galeras lo hab&iacute;an apodado Je-nie-Dieu.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El juez le dirigi&oacute; casi las mismas palabras que a Brevet. Cuando le record&oacute; que su infamia le hab&iacute;a privado del derecho a prestar juramento, Chenieldieu levant&oacute; la cabeza y mir&oacute; a los espectadores a la cara. El juez le pidi&oacute; que ordenara sus pensamientos y le pregunt&oacute;, igual que hab&iacute;a hecho con Brevet, si todav&iacute;a reconoc&iacute;a al prisionero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Chenildieu se ech&oacute; a re&iacute;r.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Dios m&iacute;o! &iquest;Lo reconozco? Estuvimos cinco a&ntilde;os en la misma cadena. Est&aacute;s de mal humor conmigo, &iquest;verdad, viejo? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Si&eacute;ntese&rdquo;, dijo el juez.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El oficial trajo a Cochepaille; este otro condenado a cadena perpetua, tra&iacute;do de las galeras y vestido de rojo como Chenildieu, era un campesino de Lourdes y un semioso de los Pirineos. Hab&iacute;a cuidado reba&ntilde;os en las monta&ntilde;as y de pastor hab&iacute;a pasado al bandolerismo. Cochepaille no era menos grosero que el acusado y parec&iacute;a a&uacute;n m&aacute;s est&uacute;pido. Era uno de esos hombres desdichados a quienes la naturaleza convierte en fieras y la sociedad en esclavos de galeras.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El juez intent&oacute; conmoverlo con algunas palabras serias y pat&eacute;ticas, y le pregunt&oacute;, igual que hab&iacute;a hecho a los dem&aacute;s, si todav&iacute;a reconoc&iacute;a sin vacilaci&oacute;n ni dificultad al hombre que ten&iacute;a delante.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Es Jean Valjean", dijo Cochepaille. &ldquo;El mismo que llamaban Jean-the-Jack, era tan fuerte&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cada una de las afirmaciones de estos tres hombres, evidentemente sinceras y de buena fe, hab&iacute;a suscitado en el auditorio un murmullo de mal augurio para el acusado, murmullo que aumentaba en fuerza y &#8203;&#8203;continuidad cada vez que se a&ntilde;ad&iacute;a una nueva declaraci&oacute;n a la anterior. El propio preso los escuchaba con aquel rostro de asombro que, seg&uacute;n la acusaci&oacute;n, constitu&iacute;a su principal medio de defensa. Al primero, los gendarmes que estaban a su lado le oyeron murmurar entre dientes: &ldquo;&iexcl;Ah, bueno! &iexcl;Hay uno de ellos! Despu&eacute;s del segundo, dijo en voz m&aacute;s alta, con aire casi de satisfacci&oacute;n:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Bien! &rdquo; Al tercero, exclam&oacute;: &ldquo;&iexcl;Famoso! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El juez se dirigi&oacute; a &eacute;l:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Prisionero, ha escuchado. &iquest;Qu&eacute; tiene que decir? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Respondi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Yo digo &ndash; &iexcl;famoso! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un murmullo recorri&oacute; la multitud y casi invadi&oacute; al jurado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era evidente que el hombre estaba perdido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Los agentes&rdquo;, dijo el juez, &ldquo;hacen cumplir el orden. Estoy a punto de resumir el caso&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En ese momento hubo un movimiento cerca del juez. Se escuch&oacute; una voz que exclamaba:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Brevet, Chenildieu, Cochepaille, mirad hacia aqu&iacute;!</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tan lamentable y terrible era esta voz que quienes la escuchaban sintieron que se les helaba la sangre. Todos los ojos se volvieron hacia el lugar de donde proced&iacute;a. Un hombre que hab&iacute;a estado sentado entre los espectadores privilegiados detr&aacute;s del tribunal, se hab&iacute;a levantado, abri&oacute; la puerta baja que separaba el tribunal del bar y estaba de pie en el centro de la sala. El juez, el fiscal, el se&ntilde;or Bamatabois, veinte personas lo reconocieron y exclamaron al instante:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or Madeleine&rdquo;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">VII</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era &eacute;l, en efecto. La l&aacute;mpara del empleado ilumin&oacute; su rostro. Ten&iacute;a el sombrero en la mano; no hab&iacute;a desorden en su vestimenta; su abrigo estaba cuidadosamente abotonado. Estaba muy p&aacute;lido y temblaba ligeramente. Su cabello, que ya era gris cuando lleg&oacute; a Arras, ahora era perfectamente blanco. Se hab&iacute;a vuelto as&iacute; durante la hora que hab&iacute;a estado all&iacute;. Todos los ojos estaban fijos en &eacute;l.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La sensaci&oacute;n fue indescriptible. Hubo un momento de vacilaci&oacute;n en el auditorio. La voz era tan emocionante, el hombre que estaba all&iacute; parec&iacute;a tan tranquilo, que al principio nadie pudo comprenderlo. Preguntaron qui&eacute;n hab&iacute;a gritado. No pod&iacute;an creer que aquel hombre tranquilo hubiera lanzado aquel grito de miedo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta indecisi&oacute;n dur&oacute; s&oacute;lo unos segundos. Antes de que el juez y el fiscal pudieran decir una palabra, antes de que los gendarmes y los oficiales pudieran hacer una se&ntilde;al, el hombre, al que todos hab&iacute;an llamado hasta ese momento el se&ntilde;or Madeleine, se hab&iacute;a acercado a los testigos Cochepaille, Brevet y Chenildieu.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;No me reconoces? " dij&oacute; el.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los tres se quedaron confundidos y con un movimiento de cabeza indicaron que no lo conoc&iacute;an. Cochepaille, intimidado, hizo el saludo militar. El se&ntilde;or Madeleine se volvi&oacute; hacia los jurados y el tribunal y dijo con voz suave:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;ores del jurado, liberen al acusado. Se&ntilde;or&iacute;a, ordene mi arresto. &Eacute;l no es el hombre que buscan; Soy yo. Soy Jean Valjean&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No se movi&oacute; ni un suspiro. A la primera conmoci&oacute;n de asombro sucedi&oacute; un silencio sepulcral. En la sala se sent&iacute;a esa especie de temor religioso que estremece a la multitud ante la realizaci&oacute;n de una gran acci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, el rostro del juez estaba marcado por la simpat&iacute;a y la tristeza; intercambi&oacute; miradas con el fiscal y algunas palabras susurradas con los jueces asistentes.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se volvi&oacute; hacia los espectadores y pregunt&oacute; en un tono que todos entendieron:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Hay alg&uacute;n m&eacute;dico aqu&iacute;? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El fiscal continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Se&ntilde;ores jurados, el extra&ntilde;o e inesperado incidente que perturba al p&uacute;blico nos inspira, al igual que a ustedes mismos, un sentimiento que no necesitamos expresar. Todos conoc&eacute;is, al menos por su reputaci&oacute;n, al honorable se&ntilde;or Madeleine, alcalde de M&mdash; sur m&mdash;. Si hay un m&eacute;dico entre la audiencia, nos unimos a su honor, el juez, para rogarle que tenga la amabilidad de prestar su ayuda al se&ntilde;or Madeleine y conducirlo a su residencia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine no dej&oacute; terminar al fiscal, sino que lo interrumpi&oacute; con un tono lleno de dulzura y autoridad. Estas son las palabras que pronunci&oacute;: las damos literalmente, tal como fueron escritas inmediatamente despu&eacute;s del juicio, por uno de los testigos de la escena, tal como todav&iacute;a resuenan en los o&iacute;dos de quienes las escucharon, hace ahora casi cuarenta a&ntilde;os.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Le doy las gracias, se&ntilde;or fiscal, pero no estoy enojado. Ya ver&aacute;. Estuvo a punto de cometer un gran error; libere a ese hombre. Soy el &uacute;nico que aqu&iacute; ve claro y os digo la verdad. Lo que hago en este momento, Dios lo mira desde lo alto y eso es suficiente. Puede llevarme, ya que estoy aqu&iacute;. Sin embargo, he hecho lo mejor que he podido. Me he disfrazado con otro nombre, me he hecho rico. Me he convertido en alcalde. He deseado volver a entrar entre hombres honestos. Parece que esto no puede ser. En resumen, hay muchas cosas que no puedo decir. No le contar&eacute; la historia de mi vida: alg&uacute;n d&iacute;a la conocer&aacute;. Le rob&eacute; al se&ntilde;or obispo... Eso es cierto; Rob&eacute; al Petit Gervais, eso es cierto. Ten&iacute;an raz&oacute;n al decirle que Jean Valjean era un desgraciado. Pero tal vez no toda la culpa sea suya. Escuchen, se&ntilde;or&iacute;as; un hombre tan humillado como yo no tiene ninguna amonestaci&oacute;n que hacer a la providencia ni consejos que dar a la sociedad; pero, f&iacute;jense, la infamia de la que he tratado de levantarme es perniciosa para los hombres. Las galeras convierten al galeote en esclavo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Reciba esto con amabilidad, por as&iacute; decirlo. Antes de las galeras yo era un campesino pobre, poco inteligente, una especie de idiota; la galera me cambi&oacute;. Fui est&uacute;pido, me volv&iacute; malvado; Fui un tronco, me convert&iacute; en un tiz&oacute;n. M&aacute;s tarde me salv&oacute; la indulgencia y la bondad, como me hab&iacute;a perdido la severidad. Pero, perd&oacute;n, no puede comprender lo que digo. Encontrar&aacute; en mi casa, entre las cenizas de la chimenea, la moneda de cuarenta sueldos que, hace siete a&ntilde;os, rob&eacute; al Peque&ntilde;o Gervais. No tengo nada m&aacute;s que a&ntilde;adir. Capture me. &iexcl;Gran Dios! El fiscal niega con la cabeza. Dice usted: "El se&ntilde;or Madeleine se ha vuelto loco"; no me cree. Esto es dif&iacute;cil de soportar. Al menos no condene a ese hombre. &iexcl;Qu&eacute;! &iexcl;Estos hombres no me conocen! Ojal&aacute; Javert estuviera aqu&iacute;. &iexcl;&Eacute;l me reconocer&iacute;a! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nada podr&iacute;a expresar la amable pero terrible melancol&iacute;a del tono que acompa&ntilde;&oacute; estas palabras.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se volvi&oacute; hacia los tres presos:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Bien! Te reconozco, Brevet, &iquest;recuerdas...?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hizo una pausa, vacil&oacute; un momento y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Recuerdas esos tirantes de punto a cuadros que ten&iacute;as en las galeras? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Brevet se sobresalt&oacute; y lo mir&oacute; fijamente de pies a cabeza. &Eacute;l continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Chenildieu, apellidado por ti Je-nie-Dieu, tienes todo el hombro izquierdo profundamente quemado, desde que lo pusiste un d&iacute;a sobre un brasero lleno de brasas hasta que se borraron las tres letras T.F.P., que todav&iacute;a se ven. all&aacute;. Cont&eacute;stame, &iquest;es esto cierto? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Es verdad! dijo Chenildieu.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se volvi&oacute; hacia Cochepaille:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Cochepaille, tienes en el brazo izquierdo, cerca de donde te han sangrado, una fecha escrita en letras azules con p&oacute;lvora quemada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Es la fecha del desembarco del emperador en Cannes, el 1 de marzo de 1815. Lev&aacute;ntate la manga.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cochepaille se levant&oacute; la manga; Todos los ojos a su alrededor se dirigieron a su brazo desnudo. Un gendarme trajo una l&aacute;mpara; la fecha estaba all&iacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El infeliz se volvi&oacute; hacia el p&uacute;blico y el tribunal con una sonrisa, cuyo pensamiento todav&iacute;a desgarra el coraz&oacute;n de quienes lo presenciaron. Era la sonrisa del triunfo; tambi&eacute;n era la sonrisa de la desesperaci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Ve claramente." -digo- que soy Jean Valjean.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En la sala ya no hab&iacute;a jueces, ni acusadores, ni gendarmes; s&oacute;lo hab&iacute;a ojos fijos y corazones palpitantes. Ya nadie recordaba el papel que le tocaba desempe&ntilde;ar; el fiscal olvid&oacute; que estaba all&iacute; para acusar, el juez que estaba all&iacute; para presidir, el abogado defensor que estaba all&iacute; para defender. Es extra&ntilde;o decir que no se hizo ninguna pregunta ni intervino ninguna autoridad.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era evidente que Jean Valjean estaba ante sus ojos. Ese hecho brill&oacute;. La aparici&oacute;n de este hombre hab&iacute;a sido suficiente para aclarar el caso, tan oscuro un momento antes. Sin necesidad de m&aacute;s explicaciones, la multitud, como por una especie de revelaci&oacute;n el&eacute;ctrica, comprendi&oacute; instant&aacute;neamente, de un solo vistazo, esta sencilla y magn&iacute;fica historia de un hombre que se entrega para que otro no sea condenado en su lugar. Los detalles, las vacilaciones, las ligeras desganas posibles se perd&iacute;an en este hecho inmenso y luminoso.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fue una impresi&oacute;n que r&aacute;pidamente pas&oacute;, pero por el momento result&oacute; irresistible.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"No perturbar&eacute; m&aacute;s el procedimiento". -continu&oacute; Jean Valjean-. &ldquo;Me voy, ya que no estoy arrestado. Tengo muchas cosas que hacer. El se&ntilde;or fiscal sabe ad&oacute;nde voy y har&aacute; que me arresten cuando quiera.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Camin&oacute; hacia la puerta exterior. No se alz&oacute; una voz, ni se estir&oacute; un brazo para imped&iacute;rselo. Todos se hicieron a un lado. Hab&iacute;a en ese momento una divinidad indescriptible dentro de &eacute;l que hace que las multitudes retrocedan y abran paso ante un hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pas&oacute; entre la multitud con pasos lentos. Nunca se supo qui&eacute;n abri&oacute; la puerta, pero lo cierto es que la puerta estaba abierta cuando lleg&oacute;. Al llegar all&iacute; se volvi&oacute; y dijo: &ldquo;Se&ntilde;or fiscal, quedo a su disposici&oacute;n&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego se dirigi&oacute; al auditorio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Todos vosotros, todos los que est&aacute;is aqu&iacute;, me ten&eacute;is por digno de l&aacute;stima, &iquest;no es as&iacute;? &iexcl;Gran Dios! Cuando pienso en lo que estuve a punto de hacer, me considero digno de envidia. A&uacute;n as&iacute;, &iexcl;ojal&aacute; todo esto no hubiera sucedido! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sali&oacute; y la puerta se cerr&oacute; como se hab&iacute;a abierto, porque quien realiza obras soberanamente grandes siempre est&aacute; seguro de ser servido por alguien entre la multitud.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Menos de una hora despu&eacute;s, el veredicto del jurado absolvi&oacute; de todas las acusaciones a dicho Champmathieu, y Champmathieu, puesto inmediatamente en libertad, se fue estupefacto, pensando que todos los hombres estaban locos y sin entender nada de esta visi&oacute;n.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Contragolpe</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">I</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El d&iacute;a empez&oacute; a amanecer. Fantine hab&iacute;a pasado una noche febril y sin dormir, pero llena de visiones felices; se qued&oacute; dormida al amanecer. La hermana que hab&iacute;a velado con ella aprovech&oacute; este sue&ntilde;o para ir a preparar una nueva p&oacute;cima de quinina. La buena hermana estaba unos momentos en el laboratorio de la enfermer&iacute;a, inclinada sobre los frascos y los medicamentos, mir&aacute;ndolos muy de cerca a causa de la niebla que el amanecer arrojaba sobre todos los objetos, cuando de repente volvi&oacute; la cabeza y pronunci&oacute; un d&eacute;bil grito. El se&ntilde;or Madeleine estaba ante ella. Acababa de entrar silenciosamente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Usted, se&ntilde;or alcalde! " Ella exclam&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;C&oacute;mo est&aacute; la pobre mujer? &rdquo; respondi&oacute; en voz baja.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Mejor ahora mismo. Pero realmente hemos estado muy ansiosos &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Explic&oacute; que Fantine hab&iacute;a estado muy enferma la noche anterior, pero que ahora estaba mejor porque cre&iacute;a que el alcalde hab&iacute;a ido a Montfermeil a buscar a su hija. La hermana no se atrevi&oacute; a interrogar al alcalde, pero vio claramente por su actitud que no ven&iacute;a de ese lugar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Eso est&aacute; bien ", dijo. &ldquo; Hiciste bien en no enga&ntilde;arla. "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; S&iacute; &rdquo;, respondi&oacute; la hermana, &ldquo; pero ahora, se&ntilde;or alcalde, cuando os vea sin su hija, &iquest;qu&eacute; le diremos? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Reflexion&oacute; un momento y luego dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Dios nos inspirar&aacute; &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Pero no podemos mentirle &rdquo;, murmur&oacute; la hermana en tono sofocado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La plena luz del d&iacute;a entr&oacute; a raudales en la habitaci&oacute;n e ilumin&oacute; el rostro del se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La hermana levant&oacute; la vista.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! &iexcl;Dios! Se&ntilde;or! " Ella exclam&oacute;. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; te ha sucedido? &iexcl;Su cabello es todo blanco! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Blanco! " dij&oacute; el.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No ten&iacute;a espejo; Hurg&oacute; en una caja de instrumentos y encontr&oacute; un vasito que el m&eacute;dico de la enfermer&iacute;a utilizaba para descubrir si el aliento hab&iacute;a abandonado el cuerpo de un paciente. El se&ntilde;or Madeleine cogi&oacute; el vaso, se mir&oacute; el pelo y dijo: &laquo;&iexcl;As&iacute; es!&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pronunci&oacute; la palabra con indiferencia, como si pensara en otra cosa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La hermana sinti&oacute; un escalofr&iacute;o por algo desconocido, que vislumbr&oacute; en todo esto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hizo algunas observaciones sobre una puerta que se cerraba con dificultad y cuyo ruido pod&iacute;a despertar a la enferma; Luego entr&oacute; en la habitaci&oacute;n de Fantine, se acerc&oacute; a su cama y abri&oacute; las cortinas. Ella estaba durmiendo. Su aliento sal&iacute;a de su pecho con ese sonido tr&aacute;gico propio de estas enfermedades y que desgarra el coraz&oacute;n de las madres infelices que contemplan el sue&ntilde;o de sus hijos predestinados. Pero esta respiraci&oacute;n agitada apenas perturbaba una serenidad inefable que ensombrec&iacute;a su rostro y la transfiguraba en el sue&ntilde;o.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su palidez se hab&iacute;a convertido en blancura y sus mejillas brillaban.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sus largas y claras pesta&ntilde;as, la &uacute;nica belleza que le quedaba de su doncellez y juventud, temblaban mientras permanec&iacute;an cerradas sobre su mejilla. Toda su persona temblaba como por el aleteo de unas alas que se sent&iacute;an pero no se ve&iacute;an y que parec&iacute;an a punto de desplegarse y alejarse. Al verla as&iacute;, nadie podr&iacute;a haber cre&iacute;do que su vida estaba desesperada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Parec&iacute;a m&aacute;s a punto de volar lejos que de morir.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine permaneci&oacute; inm&oacute;vil durante alg&uacute;n tiempo cerca de la cama, mirando alternativamente a la paciente y al crucifijo, como lo hab&iacute;a hecho dos meses antes, el d&iacute;a en que fue a verla por primera vez a este asilo. Segu&iacute;an all&iacute;, ambos en la misma actitud, ella durmiendo, &eacute;l orando; s&oacute;lo que ahora, despu&eacute;s de transcurridos estos dos meses, su cabello era gris y el de &eacute;l, blanco.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La hermana no hab&iacute;a entrado con &eacute;l. Se par&oacute; junto a la cama, con los dedos en los labios, como si hubiera alguien en la habitaci&oacute;n a quien silenciar. Ella abri&oacute; los ojos, lo vio y dijo tranquilamente, con una sonrisa:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Y Cosette? "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">II</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">ELLA no empez&oacute; con sorpresa o alegr&iacute;a; ella era la alegr&iacute;a misma.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La simple pregunta: &ldquo;&iquest;Y Cosette? &rdquo; fue preguntado con una fe tan profunda, con tanta certeza, con una ausencia tan completa de inquietud o duda, que no pudo encontrar palabra en respuesta. Ella continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Sab&iacute;a que estaba usted all&iacute;; Estaba dormida, pero le vi. Le he visto desde hace mucho tiempo; Le he seguido con mis ojos toda la noche. &iexcl;Estaba usted en un halo de gloria y todo tipo de formas celestiales flotaban a su alrededor! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Levant&oacute; los ojos hacia el crucifijo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Pero d&iacute;game, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; Cosette? &rdquo; ella continu&oacute;. &ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no ponerla en mi cama para poder verla en cuanto despierte? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Respondi&oacute; algo mec&aacute;nicamente, algo que nunca m&aacute;s pudo recordar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Afortunadamente, el m&eacute;dico hab&iacute;a venido y se lo hab&iacute;a informado. Acudi&oacute; en ayuda del se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Hija m&iacute;a&rdquo;, dijo, &ldquo;tranquila, tu hija est&aacute; aqu&iacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los ojos de Fantine brillaron de alegr&iacute;a e iluminaron todo su rostro. Junt&oacute; las manos con una expresi&oacute;n llena de la m&aacute;s violenta y dulce s&uacute;plica:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! " Ella exclam&oacute;. &ldquo;&iexcl;Tr&aacute;edla! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Conmovedoras ilusiones de la madre; Cosette era todav&iacute;a para ella una ni&ntilde;a peque&ntilde;a que deb&iacute;a llevar en brazos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Todav&iacute;a no&rdquo;, continu&oacute; el m&eacute;dico, &ldquo;no en este momento.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A&uacute;n tienes algo de fiebre. Ver a tu hija te agitar&aacute; y te empeorar&aacute;. Primero debemos curarte&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine estaba sentado en una silla al lado de la cama. Ella se volvi&oacute; hacia &eacute;l y se esforz&oacute; visiblemente en parecer tranquila y &laquo;muy buena&raquo;, como dec&iacute;a, en esa debilidad de la enfermedad que se parece a la infancia, de modo que, vi&eacute;ndola tan tranquila, no hubiera inconveniente en llevarla a Cosette. Sin embargo, aunque se contuvo, no pudo evitar dirigir mil preguntas al se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Ha tenido un viaje agradable, se&ntilde;or alcalde? &iexcl;Oh! &iexcl;Qu&eacute; bueno ha sido al ir por ella! D&iacute;game s&oacute;lo c&oacute;mo est&aacute; ella. &iquest;Soport&oacute; bien el viaje? &iexcl;Ah! Ella no me conocer&aacute;. &iexcl;En todo este tiempo me ha olvidado, pobre gatita! Los ni&ntilde;os no tienen memoria. Son como p&aacute;jaros. Hoy ven una cosa y ma&ntilde;ana otra y no recuerdan nada. D&iacute;game s&oacute;lo, &iquest;estaba limpia su ropa? &iquest;La manten&iacute;an limpia esos Th&eacute;nardier? &iquest;C&oacute;mo la alimentaron? &iexcl;Oh! &iexcl;C&oacute;mo quiero verla! Se&ntilde;or alcalde, &iquest;la encontraba bonita? &iquest;No es hermosa mi hija? &iquest;Debiste haber sido muy fr&iacute;o en la diligencia? &iquest;No podr&iacute;an traerla aqu&iacute; ni por un momento?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Podr&iacute;an llev&aacute;rsela inmediatamente. &iexcl;Decir! Eres el amo aqu&iacute;, &iquest;est&aacute;s dispuesto? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;l tom&oacute; su mano. &ldquo;Cosette es hermosa&rdquo;, dijo. &ldquo;Cosette est&aacute; bien; La ver&aacute;s pronto, pero c&aacute;llate. Hablas demasiado r&aacute;pido; y luego sacas los brazos de la cama, lo que te hace toser&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De hecho, los ataques de tos interrump&iacute;an a Fantine en casi cada palabra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Madeleine segu&iacute;a cogi&eacute;ndole la mano y mir&aacute;ndola con ansiedad. Era evidente que hab&iacute;a venido a contarle cosas ante las cuales su mente ahora dudaba. El m&eacute;dico hizo su visita y se retir&oacute;. S&oacute;lo la hermana se qued&oacute; con ellos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero en medio del silencio Fantine grit&oacute;:</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;La escucho! &iexcl;Oh cari&ntilde;o! &iexcl;La escucho! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En el patio jugaba una ni&ntilde;a, la hija de la portera o de alguna trabajadora.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se trataba de una de esas casualidades que siempre se presentan y que parecen formar parte de la misteriosa representaci&oacute;n de los acontecimientos tr&aacute;gicos. La ni&ntilde;a, que era una ni&ntilde;a peque&ntilde;a, corr&iacute;a de un lado a otro para calentarse, cantaba y re&iacute;a a grandes voces. &iexcl;Pobre de m&iacute;! &iexcl;Con qu&eacute; no se mezclan los juegos de los ni&ntilde;os! Fantine hab&iacute;a o&iacute;do cantar a esta ni&ntilde;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! " dijo ella. &ldquo;&iexcl;Es mi Cosette! &iexcl;Conozco su voz! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La ni&ntilde;a se fue como hab&iacute;a llegado y la voz se apag&oacute;. Fantine escuch&oacute; durante un rato. Una sombra cubri&oacute; su rostro y el se&ntilde;or Madeleine la oy&oacute; susurrar: &laquo;&iexcl;Qu&eacute; malo es ese m&eacute;dico al no dejarme ver a mi hija! &iexcl;Ese hombre tiene mala cara! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero aun as&iacute; su feliz l&iacute;nea de pensamiento regres&oacute;. Con la cabeza apoyada en la almohada, sigui&oacute; hablando sola. &ldquo; &iexcl;Qu&eacute; felices seremos! En primer lugar tendremos un peque&ntilde;o jard&iacute;n; El se&ntilde;or Madeleine me lo ha prometido. Mi hija jugar&aacute; en el jard&iacute;n. Ahora debe conocer sus letras. Le ense&ntilde;ar&eacute; a deletrear.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella perseguir&aacute; las mariposas en la hierba y yo la observar&eacute;. Luego ser&aacute; su primera comuni&oacute;n. &iexcl;Ah! &iquest;Cu&aacute;ndo ser&aacute; su primera comuni&oacute;n? "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Empez&oacute; a contar con los dedos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Uno dos tres CUATRO. Ella tiene siete a&ntilde;os. En cinco a&ntilde;os.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Llevar&aacute; un velo blanco y medias caladas, y parecer&aacute; una se&ntilde;orita. Ay, mi buena hermana, no sabes lo tonta que soy; &iexcl;aqu&iacute; estoy pensando en la primera comuni&oacute;n de mi hijo! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y ella empez&oacute; a re&iacute;r.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;a soltado la mano de Fantine. Escuch&oacute; las palabras como se escucha el viento que sopla, la mirada fija en el suelo y la mente sumergida en reflexiones insondables. De repente dej&oacute; de hablar y levant&oacute; mec&aacute;nicamente la cabeza. Fantine se hab&iacute;a vuelto espantosa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella no habl&oacute;; ella no respiraba; se incorpor&oacute; a medias en la cama, la manta cay&oacute; de sus hombros demacrados; su rostro, radiante un momento antes, se volvi&oacute; l&iacute;vido, y sus ojos, dilatados por el terror, parecieron fijarse en algo que ten&iacute;a delante, al otro extremo de la habitaci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Dios bueno! &rdquo; exclam&oacute; &eacute;l. &ldquo;&iquest;Qu&eacute; te pasa, Fantina? " Ella no respondi&oacute;; ella no apart&oacute; los ojos del objeto que le parec&iacute;a ver, sino que le toc&oacute; el brazo con una mano y con la otra le hizo se&ntilde;as de que mirara hacia atr&aacute;s.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se volvi&oacute; y vio a Javert.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">III</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Veamos qu&eacute; hab&iacute;a pasado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era notable la media hora despu&eacute;s de medianoche cuando el se&ntilde;or Madeleine abandon&oacute; la sala del tribunal de Arras. Hab&iacute;a regresado a su posada justo a tiempo para tomar el coche del correo, en el que hab&iacute;a conservado su asiento. Un poco antes de las seis de la ma&ntilde;ana lleg&oacute; a M&mdash;sur m&mdash;, donde su primera preocupaci&oacute;n fue enviar una carta al se&ntilde;or Laffitte y luego ir a la enfermer&iacute;a a visitar a Fantine.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Inmediatamente despu&eacute;s de la liberaci&oacute;n de Champmathieu, el fiscal se encerr&oacute; con el juez. El tema de su conferencia fue: "De la necesidad de arrestar a la persona del se&ntilde;or alcalde de M&mdash;sur m&mdash;".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por tanto, se dict&oacute; la orden de detenci&oacute;n. El fiscal se lo envi&oacute; a M&mdash;sur m&mdash; por correo, a toda velocidad, al inspector de polic&iacute;a Javert.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se recordar&aacute; que Javert hab&iacute;a regresado a M&mdash;sur m&mdash; inmediatamente despu&eacute;s de dar su testimonio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert se estaba levantando cuando el correo le entreg&oacute; la orden de detenci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El correo era un polic&iacute;a y un hombre inteligente que, en tres palabras, inform&oacute; a Javert de lo sucedido en Arras.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La orden de detenci&oacute;n, firmada por el fiscal, estaba redactada en estos t&eacute;rminos:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"El inspector Javert se apoderar&aacute; del cad&aacute;ver de Sieur Madeleine, alcalde de M... sur m..., que hoy ha sido identificado ante el tribunal como el convicto liberado Jean Valjean".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert lleg&oacute; sin ostentaci&oacute;n, se llev&oacute; a un cabo y a cuatro soldados de la comisar&iacute;a cercana, dej&oacute; a los soldados en el patio, la portera lo condujo a la habitaci&oacute;n de Fantine, sin sospechas, acostumbrada como estaba a ver hombres armados preguntando por el alcalde.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al llegar a la habitaci&oacute;n de Fantine, Javert hizo girar la llave, abri&oacute; la puerta con la delicadeza de una enfermera enferma o de un esp&iacute;a de la polic&iacute;a y entr&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Propiamente hablando, no entr&oacute;. Permaneci&oacute; de pie junto a la puerta entreabierta, con el sombrero en la cabeza y la mano izquierda en el abrigo abotonado hasta la barbilla. En la curva de su codo se ve&iacute;a la punta plomiza de su enorme bast&oacute;n, que desaparec&iacute;a detr&aacute;s de &eacute;l.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Permaneci&oacute; as&iacute; durante casi un minuto, sin ser advertido. De repente, Fantine levant&oacute; los ojos, lo vio e hizo que el se&ntilde;or Madeleine se volviera.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En el momento en que la mirada de Madeleine se encontr&oacute; con la de Javert, Javert, sin moverse, sin acercarse, se volvi&oacute; terrible. Ning&uacute;n sentimiento humano puede ser jam&aacute;s tan espantoso como la alegr&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era el rostro de un demonio que hab&iacute;a vuelto a encontrar a su v&iacute;ctima.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La certeza de haber atrapado por fin a Jean Valjean hizo aparecer en su rostro todo lo que hab&iacute;a en su alma.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La deformidad del triunfo se extendi&oacute; por su estrecha frente. Fue el mayor desarrollo de horror que un rostro satisfecho puede mostrar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert estaba en ese momento en el cielo. Sin definir claramente sus propios sentimientos, pero a pesar de una intuici&oacute;n confusa de su necesidad y de su &eacute;xito, &eacute;l, Javert, personific&oacute; la justicia, la luz y la verdad, en su funci&oacute;n celestial de destructores del mal. Estaba rodeado y sostenido por infinitas profundidades de autoridad, raz&oacute;n, precedente, conciencia legal, la venganza de la ley, todas las estrellas del firmamento; protegi&oacute; el orden, lanz&oacute; el trueno de la ley, veng&oacute; a la sociedad, se mantuvo erguido en un halo de gloria; hubo en su victoria un recordatorio de desaf&iacute;o y de combate; De pie altivo, resplandeciente, mostr&oacute; en toda su gloria las l&iacute;neas bestiales sobrehumanas de un arc&aacute;ngel feroz; la sombra espantosa del hecho que estaba realizando hac&iacute;a visibles en su pu&ntilde;o cerrado los destellos inciertos de la espada social; feliz e indignado, hab&iacute;a puesto sus talones en el crimen, el vicio, la rebeli&oacute;n, la perdici&oacute;n y el infierno; estaba radiante, exterminador, sonriente; Hab&iacute;a una grandeza indiscutible en este monstruoso San Miguel.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert, aunque espantoso, no era innoble.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La probidad, la sinceridad, la franqueza, la convicci&oacute;n, la idea del deber, son cosas que, equivocadas, pueden volverse espantosas, pero que, aunque espantosas, siguen siendo grandes; su majestad, propia de la conciencia humana, contin&uacute;a en todo su horror; son virtudes con un solo vicio: el error. La alegr&iacute;a despiadada y sincera de un fan&aacute;tico ante un acto de atrocidad conserva un resplandor indescriptiblemente l&uacute;gubre que inspira veneraci&oacute;n. Sin sospecharlo, Javert, en su felicidad que infund&iacute;a miedo, era digno de l&aacute;stima, como todo hombre ignorante que consigue un triunfo. Nada podr&iacute;a ser m&aacute;s doloroso y terrible que este rostro, que revelaba lo que podr&iacute;amos llamar el mal del bien.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">IV&nbsp;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">FANTINE no hab&iacute;a visto a Javert desde el d&iacute;a en que el alcalde se la arrebat&oacute;. Su cerebro enfermo no explicaba nada, s&oacute;lo que estaba segura de que &eacute;l hab&iacute;a venido por ella. No pudo soportar aquel rostro espantoso, se sinti&oacute; como si estuviera muriendo, se escondi&oacute; el rostro con ambas manos y grit&oacute; angustiada:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Se&ntilde;or Madeleine, &iexcl;s&aacute;lveme! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Juan Valjean se hab&iacute;a levantado. Le dijo a Fantine con su tono m&aacute;s gentil y tranquilo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Estad tranquilos; No es por ti que viene&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego se volvi&oacute; hacia Javert y le dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" S&eacute; lo que quieres."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert respondi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Date prisa".</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras hablaba as&iacute;, no dio un paso, sino que dirigi&oacute; a Juan Valjean una mirada como de un lazo con el que sol&iacute;a atraer a los desdichados por la fuerza.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era la misma mirada que Fantine hab&iacute;a sentido penetrar hasta la m&eacute;dula de sus huesos, dos meses antes.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ante la exclamaci&oacute;n de Javert, Fantine volvi&oacute; a abrir los ojos. Pero el alcalde estaba ah&iacute;, &iquest;qu&eacute; pod&iacute;a temer?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert avanz&oacute; hasta el centro de la c&aacute;mara y exclam&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Oye, &iquest;vienes? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La infeliz mujer mir&oacute; a su alrededor. No hab&iacute;a nadie m&aacute;s que la monja y el alcalde. &iquest;A qui&eacute;n se dirige esta despectiva familiaridad? S&oacute;lo para ella misma. Ella se estremeci&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entonces vio una cosa misteriosa, tan misteriosa que jam&aacute;s se le hab&iacute;a aparecido nada similar ni en el m&aacute;s oscuro delirio de la fiebre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Vio al esp&iacute;a Javert agarrar al se&ntilde;or alcalde por el cuello; vio al se&ntilde;or alcalde inclinar la cabeza. El mundo pareci&oacute; desvanecerse ante su vista.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert, en efecto, hab&iacute;a cogido a Jean Valjean por el cuello.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert estall&oacute; en una risa horrible, mostrando todos sus dientes.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Aqu&iacute; ya no est&aacute; el se&ntilde;or alcalde! " dij&oacute; el.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean no intent&oacute; apartar la mano que le agarraba el cuello de la chaqueta. &Eacute;l dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Javert-"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert lo interrumpi&oacute;: &ldquo;&iexcl;Llame al se&ntilde;or inspector! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or&rdquo;, continu&oacute; Jean Valjean, &ldquo;me gustar&iacute;a hablar con usted en privado&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;En voz alta, habla en voz alta&rdquo;, dijo Javert, &ldquo;la gente me habla en voz alta&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean prosigui&oacute; bajando la voz.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Es una petici&oacute;n que tengo que hacerte&hellip;&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Te digo que hables en voz alta&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Pero esto no deber&iacute;a ser escuchado por nadie m&aacute;s que por ti mismo".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; me importa eso a m&iacute;? No escuchar&eacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean se volvi&oacute; hacia &eacute;l y le dijo r&aacute;pidamente y en voz muy baja:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Dame tres d&iacute;as! &iexcl;Faltan tres d&iacute;as para la hija de esta infeliz mujer! Pagar&eacute; lo que sea necesario. Me acompa&ntilde;ar&aacute;s si quieres&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Te est&aacute;s riendo de m&iacute;! -exclam&oacute; Javert-. " &iexcl;Ey! &iexcl;No te cre&iacute;a tan est&uacute;pido! &iexcl;Pides tres d&iacute;as para escaparte y me dices que vas por la hija de esta ni&ntilde;a! &iexcl;Ja, ja, eso es bueno! &iexcl;Est&aacute; bien! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine se estremeci&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Mi ni&ntilde;a! " Ella exclam&oacute;. &ldquo;&iexcl;ir por mi hija! &iexcl;Entonces ella no est&aacute; aqu&iacute;! Hermana, dime, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; Cosette? &iexcl;Quiero a mi hija! &iexcl;Se&ntilde;or Madeleine, se&ntilde;or alcalde! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Javert golpe&oacute; con el pie.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah&iacute; est&aacute; la otra ahora! &iexcl;C&aacute;llate la lengua, desvergonzada! &iexcl;Pa&iacute;s miserable, donde los galeotes son magistrados y las mujeres de la ciudad son cuidadas como condesas! Ja, pero todo esto cambiar&aacute;; &iexcl;Ya era hora! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mir&oacute; fijamente a Fantine y a&ntilde;adi&oacute;, agarrando de nuevo la corbata, la camisa y el cuello del abrigo de Jean Valjean:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Les digo que no existe el se&ntilde;or Madeleine y que no existe el se&ntilde;or alcalde. &iexcl;Hay un ladr&oacute;n, hay un bandido, hay un preso llamado Jean Valjean, y lo tengo! &iexcl;Eso es lo que hay! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine se incorpor&oacute;, sosteni&eacute;ndose de los brazos y de las manos r&iacute;gidos; mir&oacute; a Jean Valjean, luego a Javert y luego a la monja; abri&oacute; la boca como para hablar; Un estertor sali&oacute; de su garganta, sus dientes chocaron, estir&oacute; los brazos con angustia, abri&oacute; convulsivamente las manos y, tanteando como quien se ahoga, se hundi&oacute; de repente sobre la almohada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su cabeza golpe&oacute; la cabecera de la cama y cay&oacute; sobre su pecho, con la boca abierta, los ojos abiertos y vidriosos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella estaba muerta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Juan Valjean puso su mano sobre la de Javert, que lo sosten&iacute;a, y la abri&oacute; como hubiera abierto la mano de un ni&ntilde;o; Entonces &eacute;l dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Has matado a esta mujer".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ya termin&eacute; con esto! -exclam&oacute; Javert, furioso. &ldquo;No estoy aqu&iacute; para escuchar sermones; guarda todo eso; el guardia est&aacute; abajo; &iexcl;Vamos, o las esposas! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En un rinc&oacute;n de la habitaci&oacute;n hab&iacute;a una vieja cama de hierro en mal estado, que las hermanas utilizaban como catre de campa&ntilde;a cuando cuidaban. Jean Valjean se acerc&oacute; a la cama, arranc&oacute; en un abrir y cerrar de ojos la desvencijada barra para la cabeza (algo f&aacute;cil para m&uacute;sculos como el suyo) y, con la barra en el pu&ntilde;o cerrado, mir&oacute; a Javert. Javert retrocedi&oacute; hacia la puerta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean, con la barra de hierro en la mano, camin&oacute; lentamente hacia el lecho de Fantine. Al llegar all&iacute;, se volvi&oacute; y dijo a Javert con voz apenas o&iacute;ble:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Te aconsejo que no me molestes ahora".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nada es m&aacute;s seguro que Javert tembl&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ten&iacute;a la idea de llamar a la guardia, pero Jean Valjean podr&iacute;a aprovechar su ausencia para escapar. Se qued&oacute;, pues, agarrado a la punta de su bast&oacute;n y apoyado en el marco de la puerta, sin apartar la vista de Jean Valjean.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean apoy&oacute; el codo en el poste y la cabeza en la mano, y mir&oacute; a Fantine, inm&oacute;vil ante &eacute;l. Permaneci&oacute; as&iacute;, mudo y absorto, evidentemente perdido en todo lo de esta vida. Su semblante y su actitud no revelaban m&aacute;s que una l&aacute;stima inexpresable.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Despu&eacute;s de unos momentos de enso&ntilde;aci&oacute;n, se inclin&oacute; hacia Fantine y se dirigi&oacute; a ella en un susurro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Qu&eacute; dijo &eacute;l? &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a decirle est&eacute; condenado a esta mujer muerta? &iquest;Cu&aacute;les fueron estas palabras? Nadie en la tierra los escuch&oacute;. &iquest;Los escuch&oacute; la muerta? Hay ilusiones conmovedoras que quiz&aacute; sean realidades sublimes. Una cosa est&aacute; fuera de toda duda: la hermana, &uacute;nica testigo de lo sucedido, ha contado muchas veces que, en el momento en que Jean Valjean susurraba algo al o&iacute;do de Fantine, vio claramente una sonrisa inefable brillar en aquellos labios p&aacute;lidos y en aquellos ojos apagados, llenos de la maravilla de la tumba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean tom&oacute; la cabeza de Fantine entre sus manos y la coloc&oacute; sobre la almohada, como habr&iacute;a hecho una madre con su hijo, luego at&oacute; el cord&oacute;n de su camis&oacute;n y volvi&oacute; a colocarle el cabello debajo de la gorra. Hecho esto, le cerr&oacute; los ojos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El rostro de Fantine, en ese instante, parec&iacute;a extra&ntilde;amente iluminado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La muerte es la entrada a la gran luz.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La mano de Fantine colgaba del borde de la cama. Juan Valjean se arrodill&oacute; ante esa mano, la levant&oacute; suavemente y la bes&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego se levant&oacute; y, volvi&eacute;ndose hacia Javert, dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ahora estoy a tu disposici&oacute;n&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fantine fue enterrada en la fosa com&uacute;n del cementerio, que es de todos y para todos, y en la que se pierden los pobres. Felizmente Dios sabe d&oacute;nde encontrar el alma. Fantine fue abandonada en la oscuridad con cuerpos que no ten&iacute;an nombre; sufri&oacute; la promiscuidad del polvo. La arrojaron a la fosa p&uacute;blica. Su tumba era como su cama.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash; Cosette --</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Waterloo</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">DURANTE la noche del 18 de junio, en el campo de batalla de Waterloo, los muertos fueron despojados. Wellington se mostr&oacute; r&iacute;gido; mand&oacute; matar a quien fuese sorprendido en el acto; pero la rapi&ntilde;a es perseverante. Los merodeadores robaban en un rinc&oacute;n del campo de batalla mientras les disparaban en otro.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La luna era un genio maligno en esta llanura.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hacia medianoche, un hombre merodeaba, o m&aacute;s bien se arrastraba, por la carretera hundida de Ohain. Iba vestido con una blusa que era en parte capote, era inquieto y atrevido, mirando hacia atr&aacute;s y hacia delante al caminar. &iquest;Qui&eacute;n era este hombre? &iexcl;La noche probablemente sab&iacute;a m&aacute;s de sus acciones que el d&iacute;a! No llevaba mochila, pero evidentemente grandes bolsillos debajo de su capote. De vez en cuando se deten&iacute;a, examinaba la llanura que lo rodeaba como para ver si lo observaban, se agachaba de repente, remov&iacute;a en el suelo algo silencioso e inm&oacute;vil, luego se levantaba y se alejaba.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La noche estaba serena. No hab&iacute;a ni una nube en el cenit. Qu&eacute; importaba que la tierra fuera roja, la luna conservaba su blancura. As&iacute; es la indiferencia del cielo. En los prados, las ramas de los &aacute;rboles rotas por las uvas, pero no ca&iacute;das, y sujetas por la corteza, se balanceaban suavemente con el viento nocturno. Un soplo, casi una respiraci&oacute;n, movi&oacute; la maleza. Hubo un temblor en la hierba que parec&iacute;a la partida de las almas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El merodeador nocturno que acabamos de presentar al lector husme&oacute; en esta inmensa tumba. Mir&oacute; a su alrededor. Pas&oacute; una revisi&oacute;n indescriptiblemente espantosa de los muertos. Camin&oacute; con los pies ensangrentados.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente se detuvo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Algunos pasos delante de &eacute;l, en el camino hundido, en el punto donde terminaba el mont&oacute;n de cad&aacute;veres, debajo de esta masa de hombres y caballos apareci&oacute; una mano abierta, iluminada por la luna.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta mano ten&iacute;a algo en un dedo que brillaba; era un anillo de oro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre se agach&oacute;, permaneci&oacute; all&iacute; un momento y cuando se levant&oacute; de nuevo no hab&iacute;a ning&uacute;n anillo en esa mano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No se levant&oacute; precisamente; permaneci&oacute; en actitud siniestra y sobresaltada, d&aacute;ndole la espalda al mont&oacute;n de muertos, escudri&ntilde;ando el horizonte, de rodillas, toda la parte delantera de su cuerpo apoyada en sus dos dedos &iacute;ndices, su cabeza levantada lo suficiente para asomarse por encima del borde de el camino hueco. Las cuatro patas del chacal est&aacute;n adaptadas a determinadas acciones.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego, decidiendo su proceder, se levant&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En ese momento experiment&oacute; un shock. Sinti&oacute; que lo sujetaban por detr&aacute;s.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se volvi&oacute;; era la mano abierta, que se hab&iacute;a cerrado, agarrando la orejera de su capote.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un hombre honesto se habr&iacute;a asustado. Este hombre se ech&oacute; a re&iacute;r.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Oh&rdquo;, dijo, &ldquo;es s&oacute;lo el hombre muerto. Me gusta m&aacute;s un fantasma que un gendarme&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, la mano se relaj&oacute; y solt&oacute;. Las fuerzas pronto se agotan en la tumba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah, ja! -replic&oacute; el merodeador. &ldquo;&iquest;Est&aacute; vivo este muerto? Dejanos ver."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se inclin&oacute; de nuevo, rebusc&oacute; entre el mont&oacute;n, quit&oacute; lo que le imped&iacute;a, cogi&oacute; la mano, sujet&oacute; el brazo, solt&oacute; la cabeza, sac&oacute; el cuerpo y, unos instantes despu&eacute;s, arrastr&oacute; a la sombra del camino hueco a un hombre inanimado, al menos uno que no ten&iacute;a sentido. Era un coracero, un oficial; un oficial tambi&eacute;n de cierto rango; una gran charretera de oro sobresal&iacute;a de debajo de su coraza, pero no ten&iacute;a yelmo. Un furioso corte de sable hab&iacute;a desfigurado su rostro, donde no se ve&iacute;a m&aacute;s que sangre. Sin embargo, no parec&iacute;a que tuviera ning&uacute;n miembro roto; y por alguna feliz casualidad, si la palabra es posible aqu&iacute;, los cuerpos estaban arqueados sobre &eacute;l de tal manera que evitaban que fuera aplastado. Ten&iacute;a los ojos cerrados.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Llevaba en su coraza la cruz de plata de la Legi&oacute;n de Honor.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El merodeador arranc&oacute; esta cruz, que desapareci&oacute; en uno de los golfos que ten&iacute;a bajo su capote.</font></span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Despu&eacute;s de lo cual palp&oacute; el bolsillo del oficial, encontr&oacute; all&iacute; un reloj y lo cogi&oacute;. Luego rebusc&oacute; en su chaleco y encontr&oacute; un bolso que se guard&oacute; en el bolsillo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando lleg&oacute; a esta fase del socorro que prestaba al moribundo, el oficial abri&oacute; los ojos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Gracias", dijo d&eacute;bilmente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los movimientos bruscos del hombre que lo manipulaba, el frescor de la noche y respirar libremente el aire fresco lo hab&iacute;an sacado de su letargo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El merodeador no respondi&oacute;. Levant&oacute; la cabeza. Se oy&oacute; el ruido de unos pasos en la llanura; probablemente era alguna patrulla que se acercaba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El oficial murmur&oacute;, porque todav&iacute;a hab&iacute;a se&ntilde;ales de sufrimiento en su voz:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n ha ganado la batalla? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Los ingleses&rdquo;, respondi&oacute; el merodeador.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El oficial respondi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Busca en mis bolsillos. All&iacute; encontrar&aacute;s un bolso y un reloj.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">T&oacute;malos&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esto ya se hab&iacute;a hecho.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El merodeador fingi&oacute; ejecutar la orden y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" No hay nada all&iacute;."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Me han robado&rdquo;, respondi&oacute; el oficial; " Lo siento. Habr&iacute;an sido tuyos&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El paso de la patrulla se hac&iacute;a cada vez m&aacute;s claro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Alguien viene", dijo el merodeador, haciendo un movimiento como si fuera a irse.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El oficial, levant&aacute;ndose dolorosamente sobre un brazo, lo detuvo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Me has salvado la vida. &iquest;Qui&eacute;n eres? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El merodeador respondi&oacute; r&aacute;pido y en voz baja:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Pertenezco, como usted, al ej&eacute;rcito franc&eacute;s. Tengo que irme. Si me capturan, me fusilar&aacute;n. Te he salvado la vida. S&iacute;rvete t&uacute; mismo ahora&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Cu&aacute;l es tu grado? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Sargento".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;C&oacute;mo te llamas? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Th&eacute;nardier".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"No olvidar&eacute; ese nombre", dijo el oficial. &ldquo;Y t&uacute;, recuerda el m&iacute;o. Mi nombre es Pontmercy.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El barco &ldquo;Ori&oacute;n&rdquo;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">I</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se nos perdonar&aacute; que pasemos r&aacute;pidamente por alto los dolorosos detalles. Nos limitaremos a reproducir un art&iacute;culo publicado en el Journal de Par&iacute;s, algunos meses despu&eacute;s de los notables acontecimientos ocurridos en M &mdash;sur m&mdash;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un viejo preso, llamado Jean Valjean, ha comparecido recientemente ante el tribunal de Var, en circunstancias calculadas para llamar la atenci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este villano hab&iacute;a logrado eludir la vigilancia de la polic&iacute;a; hab&iacute;a cambiado de nombre e incluso hab&iacute;a tenido la habilidad de conseguir el nombramiento de alcalde de una de nuestras peque&ntilde;as ciudades del Norte. Hab&iacute;a establecido en esta ciudad un negocio muy importante, pero finalmente fue desenmascarado y arrestado gracias al celo infatigable de las autoridades p&uacute;blicas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tuvo como amante a una prostituta, que muri&oacute; a causa del shock en el momento de su arresto. Este desgraciado, dotado de una fuerza herc&uacute;lea, logr&oacute; escapar, pero, tres o cuatro d&iacute;as despu&eacute;s, la polic&iacute;a lo detuvo en Par&iacute;s, justo cuando sub&iacute;a a uno de los peque&ntilde;os veh&iacute;culos que circulan entre la capital y el pueblo de Montfermeil (Sena y Oise). Se dice que hab&iacute;a aprovechado el intervalo de estos tres o cuatro d&iacute;as de libertad para retirar una suma considerable depositada por &eacute;l en uno de nuestros principales banqueros. La cantidad se estima en seiscientos o setecientos mil francos. Seg&uacute;n el acta del caso, lo ha escondido en alg&uacute;n lugar que s&oacute;lo &eacute;l conoce y ha sido imposible apoderarse de &eacute;l; Sea como fuere, el citado Jean Valjean ha sido llevado ante el tribunal del Departamento de Var acusado de asalto y robo en la carretera principal, compromiso vi et armis, hace unos ocho a&ntilde;os, en la persona de uno de esos muchachos honestos que, como ha escrito el patriarca de Ferney en versos inmortales,</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&hellip; De Saboya llegan todos los sus,</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y cuya mano se limpia ligeramente</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estos largos canales estaban obstruidos con holl&iacute;n.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este bandido no intent&oacute; defenderse. El h&aacute;bil y elocuente representante de la Corona demostr&oacute; que el robo fue compartido por otros y que Jean Valjean formaba parte de una banda de ladrones del Sur. En consecuencia, Jean Valjean, declarado culpable, fue condenado a muerte. El criminal se neg&oacute; a apelar ante los tribunales superiores y el rey, en su inagotable clemencia, se dign&oacute; conmutar su pena por la de trabajos forzados de prisi&oacute;n perpetua. Jean Valjean fue inmediatamente enviado a las galeras de Toulon.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean cambi&oacute; su n&uacute;mero en las galeras. Se convirti&oacute; en 9430</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">II</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">MUY poco despu&eacute;s de que a las autoridades se les meti&oacute; en la cabeza que el preso liberado Jean Valjean hab&iacute;a estado merodeando por Montfermeil durante su fuga de algunos d&iacute;as, se observ&oacute; en ese pueblo que un cierto viejo trabajador de la carretera llamado Boulatruelle ten&iacute;a &ldquo;un gusto&rdquo; por el bosque.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La gente del barrio afirmaba saber que Boulatruelle hab&iacute;a estado en las galeras; estaba bajo vigilancia policial y, como no encontraba trabajo en ninguna parte, el gobierno lo contrat&oacute; a mitad de salario como reparador en el cruce de Gagny a Lagny.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Lo que se hab&iacute;a observado era esto:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Desde hac&iacute;a alg&uacute;n tiempo, Boulatruelle hab&iacute;a dejado muy temprano su trabajo de romper piedras y mantener el orden del camino, y se hab&iacute;a internado en el bosque con su pico. Al anochecer lo encontraban en los claros m&aacute;s remotos y en los matorrales m&aacute;s salvajes, con el aspecto de una persona que busca algo y, a veces, cava un hoyo. Los m&aacute;s desconcertados de todos fueron el maestro de escuela y el tabernero Th&eacute;nardier, que era</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&hellip; que vienen cada a&ntilde;o desde Saboya,</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y cuya mano limpia h&aacute;bilmente</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esos largos canales estaban obstruidos por el holl&iacute;n.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">amigo de todos y que no hab&iacute;a desde&ntilde;ado entablar intimidad ni siquiera con Boulatruelle.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ha estado en las galeras&rdquo;, dijo Th&eacute;nardier. " &iexcl;Buen se&ntilde;or!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Nadie sabe qui&eacute;n est&aacute; ah&iacute; y qui&eacute;n puede estar ah&iacute;! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; que formaron un grupo y atiborraron de bebida al viejo camionero. Boulatruelle beb&iacute;a mucho, pero hablaba poco. Combinaba con arte admirable y en proporciones magistrales la sed de un bebedor con la discreci&oacute;n de un juez. Sin embargo, a fuerza de volver a la carga y de juntar y tergiversar las oscuras expresiones que dej&oacute; caer, Th&eacute;nardier y el maestro descubrieron, seg&uacute;n cre&iacute;an, lo siguiente:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Una ma&ntilde;ana, al amanecer, cuando se dirig&iacute;a a su trabajo, Boulatruelle se sorprendi&oacute; al ver, bajo un arbusto, en un rinc&oacute;n del bosque, un pico y una pala, como se dir&iacute;a, escondidos all&iacute;. Sin embargo, supuso que eran el pico y la pala del viejo Seis-Cuatro, el aguador, y no pens&oacute; m&aacute;s en ello. Pero, la tarde del mismo d&iacute;a, hab&iacute;a visto, sin ser visto, pues estaba escondido detr&aacute;s de un gran &aacute;rbol, "a una persona que no pertenec&iacute;a en absoluto a esa regi&oacute;n", y a quien &eacute;l, Boulatruelle, "conoc&iacute;a". muy bien&rdquo; &ndash;o, como lo tradujo Th&eacute;nardier, &ldquo; un viejo compa&ntilde;ero de galeras &rdquo;-, desv&iacute;arse de la carretera principal hacia la parte m&aacute;s espesa del bosque.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Boulatruelle se neg&oacute; obstinadamente a decir el nombre del desconocido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta persona llevaba un paquete, algo cuadrado, como una caja grande o un ba&uacute;l peque&ntilde;o. Dos o tres horas m&aacute;s tarde, Boulatruelle vio a esta persona salir del bosque, esta vez llevando no el ba&uacute;l, sino un pico y una pala. El pico y la pala fueron un rayo de luz para Boulatruelle; Se apresur&oacute; a ir a los arbustos por la ma&ntilde;ana y no encontr&oacute; ni lo uno ni lo otro. De ah&iacute; concluy&oacute; que esta persona, al entrar en el bosque, hab&iacute;a cavado un hoyo con su pico, hab&iacute;a enterrado el cofre y luego hab&iacute;a llenado el hoyo con su pala.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ahora bien, como el cofre era demasiado peque&ntilde;o para contener un cad&aacute;ver, deb&iacute;a contener dinero; de ah&iacute; sus continuas b&uacute;squedas. Boulatruelle hab&iacute;a explorado, sondeado y saqueado todo el bosque, y hab&iacute;a hurgado en todos los lugares donde la tierra parec&iacute;a reci&eacute;n removida. Pero todo fue en vano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No hab&iacute;a encontrado nada. Nadie volvi&oacute; a pensar en ello en Montfermeil.</font></span><br /><br /><font color="#2a2a2a" size="4">&#8203;III</font></span><br /><br /><font color="#2a2a2a" size="4"><span>A finales de octubre de aquel mismo a&ntilde;o 1823, los habitantes de Tol&oacute;n vieron regresar a su puerto, a consecuencia de un mal tiempo, y para reparar algunos desperfectos, el barco "Ori&oacute;n", que en &eacute;poca posterior se encontraba Empleado en Brest como buque de instrucci&oacute;n, y que luego form&oacute; parte de la escuadra del Mediterr&aacute;neo.</span><br /><br /><span>As&iacute; pues, todos los d&iacute;as, desde la ma&ntilde;ana hasta la noche, los muelles, los embarcaderos y los muelles del puerto de Tol&oacute;n estaban cubiertos de una multitud de paseantes y vagabundos, cuya ocupaci&oacute;n consist&iacute;a en contemplar el &ldquo; Ori&oacute;n."</span><br /><span>Estaba amarrado cerca del Arsenal. Estaba en comisi&oacute;n y le estaban reparando. El casco no hab&iacute;a sufrido da&ntilde;os por el lado de estribor, pero se hab&iacute;an quitado algunas tablas aqu&iacute; y all&aacute;, seg&uacute;n la costumbre, para dejar pasar el aire a la estructura.</span><br /><br /><span>Una ma&ntilde;ana, la multitud que la contemplaba presenciaba un accidente.</span><br /><span>La tripulaci&oacute;n estaba enrollando velas. El gaviero, cuya tarea era sujetar la esquina superior de estribor de la gavia mayor, perdi&oacute; el equilibrio. Se le vio tambale&aacute;ndose; la densa multitud reunida en el muelle del Arsenal lanz&oacute; un grito, la cabeza del hombre desequilibr&oacute; su cuerpo y gir&oacute; sobre el patio con los brazos extendidos hacia las profundidades; Al acercarse, agarr&oacute; las cuerdas, primero con una mano y luego con la otra, y qued&oacute; suspendido de esa manera. El mar yac&iacute;a muy por debajo de &eacute;l a una profundidad vertiginosa. El impacto de su ca&iacute;da hab&iacute;a dado a las cuerdas un violento movimiento oscilante, y el pobre hombre colgaba de un lado a otro del extremo de esta cuerda, como una piedra en una honda.</span><br /><br /><span>Ir en su ayuda era correr un riesgo espantoso. Ninguno de los tripulantes, todos ellos pescadores de la costa reci&eacute;n incorporados al servicio, se atrevi&oacute; a intentarlo. Mientras tanto, el pobre topman empezaba a agotarse; su agon&iacute;a no pod&iacute;a verse en su semblante, pero su creciente debilidad pod&iacute;a detectarse en los movimientos de todos sus miembros. Sus brazos se retorcieron en horribles contorsiones. Cada intento que hac&iacute;a por volver a ascender s&oacute;lo aumentaba las oscilaciones de las cuerdas. No grit&oacute; por miedo a perder las fuerzas. Todos esperaban ahora con ansias el momento en que soltara la cuerda y, por momentos, todos volv&iacute;an la cabeza para no verlo caer. Hay momentos en que el extremo de una cuerda, un palo, la rama de un &aacute;rbol, es la vida misma, y &#8203;&#8203;es espantoso ver a un ser vivo perder su agarre y caer como un fruto maduro.</span><br /><span>De repente, se descubri&oacute; a un hombre trepando por el aparejo con la agilidad de un gato mont&eacute;s.</span><br /><span>Este hombre estaba vestido de rojo: era un preso; Llevaba una gorra verde: era un preso de por vida. Al llegar a la cima circular, una r&aacute;faga de viento le quit&oacute; la gorra y revel&oacute; una cabeza completamente blanca: no era un hombre joven.</span><br /><span>De hecho, uno de los presos empleados a bordo en alguna tarea carcelaria, a la primera alarma, corri&oacute; hacia el oficial de guardia y, en medio de la confusi&oacute;n y la vacilaci&oacute;n de la tripulaci&oacute;n, mientras todos los marineros temblaban y retroced&iacute;an, hab&iacute;a pedido permiso para salvar la vida del maestro de vela poniendo en riesgo la suya propia. Dada una se&ntilde;al de asentimiento, de un martillazo rompi&oacute; la cadena remachada a la argolla de hierro que llevaba en el tobillo, luego tom&oacute; una cuerda en la mano y se arroj&oacute; entre los obenques. Nadie, en ese momento, se dio cuenta con qu&eacute; facilidad se rompi&oacute; la cadena. S&oacute;lo alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s alguien lo record&oacute;.</span><br /><span>En un abrir y cerrar de ojos lleg&oacute; al patio. Hizo una pausa de unos segundos y pareci&oacute; medirlo con la mirada. Esos segundos, durante los cuales el viento balanceaba al marinero al final de la cuerda, parecieron siglos para los espectadores. Por fin, el preso levant&oacute; los ojos al cielo y dio un paso adelante. La multitud respir&oacute; hondo. Se le vio correr por el patio. Al llegar a su extremo, at&oacute; un extremo de la cuerda que llevaba consigo y dej&oacute; colgar el otro en toda su longitud. Entonces comenz&oacute; a dejarse caer con las manos a lo largo de esta cuerda, y luego tuvo una sensaci&oacute;n de terror inexpresable; en lugar de un hombre, se vio a dos colgando a esa vertiginosa altura.</span><br /><span>Se habr&iacute;a dicho que era una ara&ntilde;a cazando una mosca, pero en este caso la ara&ntilde;a tra&iacute;a vida y no muerte. Diez mil ojos estaban fijos en el grupo. No se pronunci&oacute; ni un grito, ni una palabra; la misma emoci&oacute;n contrajo todas las cejas.</span><br /><span>Todos contuvieron la respiraci&oacute;n, como si temieran a&ntilde;adir el m&aacute;s m&iacute;nimo susurro al viento que agitaba a los dos infortunados.</span><br /><span>Sin embargo, el preso finalmente logr&oacute; llegar hasta donde estaba el marinero. Era hora; un minuto m&aacute;s y el hombre, exhausto y desesperado, se habr&iacute;a hundido en las profundidades. El preso lo sujet&oacute; firmemente a la cuerda a la que se aferraba con una mano mientras trabajaba con la otra.</span><br /><span>Finalmente se le vio subir al patio y arrastrar al marinero tras &eacute;l; lo sostuvo all&iacute; por un instante para que recobrara sus fuerzas, y luego, tom&aacute;ndolo en brazos, lo llev&oacute;, mientras caminaba por el patio, hasta la cruceta, y de all&iacute; hasta la cima circular, donde lo dej&oacute; en manos de sus compa&ntilde;eros de comedor.</span><br /><span>Entonces la multitud aplaudi&oacute;; los viejos sargentos de la galera lloraban, las mujeres se abrazaban en los muelles y, por todas partes, se o&iacute;an voces que exclamaban con una especie de entusiasmo tierno y contenido: &laquo;&iexcl;Este hombre debe ser perdonado!&raquo;</span><br /><span>&Eacute;l, sin embargo, se hab&iacute;a propuesto descender inmediatamente y volver a su trabajo. Para llegar m&aacute;s r&aacute;pido, se desliz&oacute; por el aparejo y empez&oacute; a correr por una verga m&aacute;s baja. Todos los ojos lo segu&iacute;an. Hubo un momento en que todos se sintieron alarmados; ya sea porque se sent&iacute;a fatigado o porque su cabeza daba vueltas, la gente cre&iacute;a verlo vacilar y tambalearse. De repente, la multitud lanz&oacute; un grito estremecedor: el preso hab&iacute;a ca&iacute;do al mar.</span><br /><span>La ca&iacute;da fue peligrosa. La fragata &ldquo; Algesiras&rdquo;&nbsp; estaba amarrada cerca del Ori&oacute;n y el pobre presidiario se hab&iacute;a precipitado entre los dos barcos. Se tem&iacute;a que se ver&iacute;a arrastrado por uno u otro. Cuatro hombres saltaron a la vez a un bote.</span><br /><span>El pueblo los vitore&oacute; y la ansiedad volvi&oacute; a apoderarse de todos los &aacute;nimos. El hombre no hab&iacute;a vuelto a salir a la superficie.</span><br /><span>Hab&iacute;a desaparecido en el mar, sin formar ni una sola onda, como si hubiera ca&iacute;do en un barril de petr&oacute;leo. Sondaron y rastrearon el lugar. Fue en vano. La b&uacute;squeda continu&oacute; hasta la noche, pero ni siquiera se encontr&oacute; el cuerpo.</span></font><br /><span><font color="#2a2a2a"><font size="4">A la ma&ntilde;ana siguiente, el Diario de Toulon public&oacute; las siguientes l&iacute;neas: &ldquo;17 de noviembre de 1823. Ayer, un preso que trabajaba a bordo del &ldquo; Orion,&rdquo; al regresar de rescatar a un marinero, cay&oacute; al mar y se ahog&oacute;. Su cuerpo no fue recuperado. Se presume que ha quedado atrapado bajo los pilotes del muelle del Arsenal. Este hombre estaba registrado con el n&uacute;mero 9430 y se llamaba Jean Valjean&rdquo;.</font></font></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cumplimiento de la Promesa a los Difuntos.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">I</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">MONTFERMEIL est&aacute; situado entre Livry y Chelles, en la vertiente sur del altiplano que separa Ouruq del Marne. Actualmente es una ciudad considerable adornada durante todo el a&ntilde;o con villas estucadas y, los domingos, con ciudadanos en pleno florecimiento. En 1823, era un lugar tranquilo y encantador, y no estaba en el camino a ning&uacute;n lugar; los habitantes disfrutaban a bajo costo de esa vida rural que es tan exuberante y tan f&aacute;cil de disfrutar. Pero all&iacute; el agua escaseaba debido a la altura de la meseta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Para ello tuvieron que recorrer una distancia considerable. El extremo del pueblo, hacia Gagny, extra&iacute;a su agua de los magn&iacute;ficos estanques del bosque de ese lado; el otro extremo, que rodea la iglesia y que va hacia Chelles, s&oacute;lo encontraba agua potable en un peque&ntilde;o manantial en la ladera de la colina, cerca de la carretera de Chelles, a unos quince minutos de camino desde Montfermeil.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por lo tanto, era un asunto serio para cada hogar obtener su suministro de agua. Las grandes casas, la aristocracia, incluida la taberna Th&eacute;nardier, pagaban un penique el cubo a un anciano que hac&iacute;a su negocio y cuyos ingresos procedentes de la depuradora de Montfermeil ascend&iacute;an a unos ocho sueldos diarios; pero este hombre s&oacute;lo trabajaba hasta las siete en verano y las cinco en invierno, y cuando llegaba la noche y se cerraban las contraventanas del primer piso, el que no ten&iacute;a agua potable iba a buscarla o se quedaba sin ella.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;ste era el terror de la pobre criatura que quiz&aacute;s el lector no haya olvidado: la peque&ntilde;a Cosette. Se recordar&aacute; que Cosette era &uacute;til a los Th&eacute;nardier de dos maneras: la madre les pagaba y el ni&ntilde;o les pagaba con trabajo. As&iacute;, cuando la madre dej&oacute; de pagar por completo, hemos visto por qu&eacute;, en los cap&iacute;tulos anteriores, los Th&eacute;nardier se quedaron con Cosette. Ella les ahorraba un sirviente. En esa capacidad, corr&iacute;a en busca de agua cuando la necesitaba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; que la ni&ntilde;a, siempre horrorizada ante la idea de ir de noche al manantial, tuvo mucho cuidado de que nunca faltara agua en la casa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Navidad del a&ntilde;o 1823 fue particularmente brillante en Montfermeil. La primera parte del invierno hab&iacute;a sido suave; hasta el momento no hab&iacute;a nevado ni heladas. Algunos malabaristas de Par&iacute;s hab&iacute;an obtenido permiso del alcalde para instalar sus puestos en la calle principal del pueblo, y una compa&ntilde;&iacute;a de vendedores ambulantes, con la misma licencia, hab&iacute;a instalado sus puestos en la plaza delante de la iglesia e incluso en la calle. Boulanger, donde, como quiz&aacute;s recuerde el lector, se encontraba el asador Th&eacute;nardier. Esto llen&oacute; las tabernas y bares, y dio a este peque&ntilde;o y tranquilo lugar una apariencia ruidosa y alegre.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Aquella noche de Navidad, varios hombres, carreteros y vendedores ambulantes, estaban sentados a la mesa bebiendo alrededor de cuatro o cinco velas en el vest&iacute;bulo bajo de la taberna Th&eacute;nardier. Esta habitaci&oacute;n se parec&iacute;a a todos los bares; mesas, tazas de peltre, botellas, bebederos, fumadores; poca luz y mucho ruido. Th&eacute;nardier, la esposa, miraba la cena, que se cocinaba ante un fuego brillante; el marido, Th&eacute;nardier, beb&iacute;a con sus invitados y hablaba de pol&iacute;tica.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette estaba en su lugar de siempre, sentada en el travesa&ntilde;o de la mesa de la cocina, cerca de la chimenea; estaba vestida con harapos; calzaba descalza zuecos de madera y, a la luz del fuego, tej&iacute;a medias de lana para los peque&ntilde;os Th&eacute;nardiers. Un gatito joven jugaba debajo de las sillas. En una habitaci&oacute;n vecina se oyeron las voces frescas de dos ni&ntilde;os que re&iacute;an y charlaban; eran Eponine y Azelma.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En el rinc&oacute;n de la chimenea colgaba de un clavo una piel de vaca.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De vez en cuando se escuchaba el llanto de un ni&ntilde;o muy peque&ntilde;o, que se encontraba en alg&uacute;n lugar de la casa, sobre el ruido del bar. Este era un ni&ntilde;o peque&ntilde;o que la mujer hab&iacute;a tenido algunos inviernos antes &ndash; &ldquo;No s&eacute; por qu&eacute;&rdquo;, dijo, &ldquo;era el clima fr&iacute;o&rdquo; &ndash; y ten&iacute;a poco m&aacute;s de tres a&ntilde;os. La madre lo hab&iacute;a amamantado, pero no lo amaba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando el clamor hambriento del mocoso se hizo inaudible: &ldquo;Tu ni&ntilde;o est&aacute; llorando&rdquo;, dijo Th&eacute;nardier, &ldquo;&iquest;por qu&eacute; no vas a ver qu&eacute; quiere? &ldquo; &iexcl;Bah! &rdquo; respondi&oacute; la madre; "Estoy harta de &eacute;l". Y el pobrecito sigui&oacute; llorando en la oscuridad.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">II</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">CUATRO nuevos invitados acaban de llegar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette reflexionaba tristemente; porque, aunque s&oacute;lo ten&iacute;a ocho a&ntilde;os, ya hab&iacute;a sufrido tanto que reflexionaba con el aire triste de una anciana.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ten&iacute;a un ojo morado a causa de un pu&ntilde;etazo de los Th&eacute;nardierss, lo que le hac&iacute;a a los Th&eacute;nardiers decir de vez en cuando: &ldquo;Qu&eacute; fea est&aacute; con el parche en el ojo&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette pensaba entonces que ya era tarde en la tarde, que hab&iacute;a que llenar inmediatamente los cuencos y c&aacute;ntaros de las habitaciones de los viajeros que hab&iacute;an llegado y que ya no hab&iacute;a agua en la cisterna.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente entr&oacute; uno de los vendedores ambulantes que se alojaban en la taberna y dijo con voz &aacute;spera:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"No le has dado de beber a mi caballo".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; S&iacute;, claro que s&iacute;&rdquo;, dijo la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Le digo que no, se&ntilde;ora&rdquo;, respondi&oacute; el vendedor ambulante.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette sali&oacute; de debajo de la mesa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Oh, s&iacute;, se&ntilde;or! " dijo ella. &ldquo;El caballo bebi&oacute;; bebi&oacute; el balde, el balde lleno, y fui yo quien se lo llev&oacute; y habl&eacute; con &eacute;l&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esto no era cierto. Cosette minti&oacute;.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Aqu&iacute; hay una chica del tama&ntilde;o de mi pu&ntilde;o, que puede decir una mentira del tama&ntilde;o de una casa", exclam&oacute; el vendedor ambulante. &ldquo;&iexcl;Te digo que no ha tomado agua, mocita! Tiene una manera de soplar cuando no ha bebido agua, que yo conozco muy bien.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette insisti&oacute; y a&ntilde;adi&oacute; con voz ahogada por la angustia y que apenas se pod&iacute;a o&iacute;r:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Pero bebi&oacute; mucho ".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Vamos &rdquo;, continu&oacute; el vendedor ambulante, apasionado, &ldquo; ya &#8203;&#8203;es suficiente; Dale un poco de agua a mi caballo y no digas m&aacute;s al respecto.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette volvi&oacute; a meterse debajo de la mesa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Pues claro que es as&iacute; &rdquo;, dijo la Th&eacute;nardiess; &ldquo;Si la bestia no ha tomado agua, debe tenerla&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego mirando a su alrededor:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Bueno, &iquest;qu&eacute; ha sido de esa chica? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se agach&oacute; y descubri&oacute; a Cosette agachada al otro extremo de la mesa, casi bajo los pies de los bebedores.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;No viene? &rdquo; &mdash;exclam&oacute; la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette sali&oacute; de la especie de agujero donde se hab&iacute;a escondido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Se&ntilde;orita Perro sin nombre, vaya y ll&eacute;vele algo de bebida a este caballo".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Pero, se&ntilde;ora", dijo Cosette d&eacute;bilmente, " no hay agua ".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess abri&oacute; de par en par la puerta de la calle.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Bueno, &iexcl; vaya por un poco ! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette agach&oacute; la cabeza y fue a buscar un cubo vac&iacute;o que estaba junto a la esquina de la chimenea.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El cubo era m&aacute;s grande que ella y la ni&ntilde;a podr&iacute;a sentarse c&oacute;modamente en &eacute;l.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess volvi&oacute; a su cocina y prob&oacute; lo que hab&iacute;a en la tetera con una cuchara de madera, mientras refunfu&ntilde;aba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Hay algunos en la primavera. Ella es la peor chica que jam&aacute;s haya existido. Creo que hubiera sido mejor si hubiera dejado de lado las cebollas ".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette permaneci&oacute; inm&oacute;vil, el cubo en la mano y la puerta abierta ante ella. Parec&iacute;a estar esperando que alguien viniera en su ayuda.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Muevase! &mdash;exclam&oacute; la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette sali&oacute;. La puerta se cerr&oacute;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">III</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">LA fila de puestos se extend&iacute;a a lo largo de la calle desde la iglesia, como recordar&aacute; el lector, hasta la taberna Th&eacute;nardier.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estas casetas, debido al paso inminente de los ciudadanos que se dirig&iacute;an a la misa de medianoche, estaban todas iluminadas con velas encendidas en linternas de papel, que, como dijo el maestro de Montfermeil, que en ese momento estaba sentado en una de las mesas de Th&eacute;nardier , dijo, produc&iacute;a un efecto m&aacute;gico. En represalia, no se ve&iacute;a ni una estrella en el cielo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El &uacute;ltimo de estos puestos, instalado exactamente frente a la puerta de Th&eacute;nardier, estaba una jugueter&iacute;a, reluciente de baratijas, cuentas de vidrio y magn&iacute;ficos objetos de hojalata. En la primera fila, y delante, el mercader hab&iacute;a colocado, sobre una cama de servilletas blancas, una gran mu&ntilde;eca de casi sesenta cent&iacute;metros de altura, vestido con una t&uacute;nica de crep&eacute; rosa, con espigas doradas en la cabeza, y que ten&iacute;a cabello aut&eacute;ntico y ojos de esmalte. Durante todo el d&iacute;a esta maravilla hab&iacute;a sido exhibida ante el desconcierto de los transe&uacute;ntes menores de diez a&ntilde;os, pero no se hab&iacute;a encontrado en Montfermeil una madre lo suficientemente rica o lo suficientemente pr&oacute;diga para regal&aacute;rsela a su hijo. &Eacute;ponine y Alzema hab&iacute;an pasado horas contempl&aacute;ndolo, y la propia Cosette, es cierto, furtivamente, se hab&iacute;a atrevido a mirarlo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En el momento en que Cosette sali&oacute;, cubo en mano, toda l&uacute;gubre y abrumada como estaba, no pudo evitar levantar los ojos hacia esa maravillosa mu&ntilde;eca, hacia &ldquo;la dama&rdquo;, como ella la llamaba. La pobre ni&ntilde;a se qued&oacute; petrificada. Nunca antes hab&iacute;a visto esta mu&ntilde;eca tan cerca.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo aquel estante le parec&iacute;a un palacio; Esta mu&ntilde;eca no era una mu&ntilde;eca, era una visi&oacute;n. Era alegr&iacute;a, esplendor, riquezas, felicidad, y aparec&iacute;a como una especie de resplandor quim&eacute;rico ante este peque&ntilde;o y desafortunado ser, tan profundamente enterrado en una fr&iacute;a y l&uacute;gubre miseria. Cuanto m&aacute;s miraba, m&aacute;s deslumbrada estaba.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Crey&oacute; haber visto el para&iacute;so. Hab&iacute;a otras mu&ntilde;ecas detr&aacute;s de la grande que a ella le parecieron hadas y genios.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El comerciante que caminaba de un lado a otro en la parte trasera de su puesto sugiri&oacute; al Padre Eterno.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En esta adoraci&oacute;n se olvid&oacute; de todo, incluso del encargo al que hab&iacute;a sido enviada. De repente, la voz &aacute;spera de Th&eacute;nardiess la llam&oacute; de nuevo a la realidad: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo, mujerzuela, todav&iacute;a no te has ido? Esperar; &iexcl;Vengo por ti! &iquest;Me gustar&iacute;a saber qu&eacute; hace all&iacute;? &iexcl;Peque&ntilde;o monstruo, vete! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess mir&oacute; hacia la calle y vio a Cosette en &eacute;xtasis.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette huy&oacute; con su cubo, corriendo lo m&aacute;s r&aacute;pido que pudo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">IV</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Como la taberna Th&eacute;nardier estaba en la parte del pueblo cercana a la iglesia, Cosette tuvo que ir a la fuente del bosque en direcci&oacute;n a Chelles para sacar agua.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ya no mir&oacute; m&aacute;s los puestos de venta mientras estuvo en Lane Boulanger, y en las proximidades de la iglesia, los puestos iluminados iluminaban el camino, pero pronto el &uacute;ltimo resplandor del &uacute;ltimo puesto desapareci&oacute;. La pobre ni&ntilde;a se encontr&oacute; en la oscuridad. Ella qued&oacute; enterrada en &eacute;l. S&oacute;lo que, al convertirse en presa de cierta sensaci&oacute;n, agit&oacute; el asa del cubo tanto como pudo en su camino. Eso hizo un ruido que le hizo compa&ntilde;&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette atraves&oacute; as&iacute; los laberintos de calles torcidas y desiertas que terminan el pueblo de Montfermeil en direcci&oacute;n a Chelles. Mientras tuvo casas, o incluso paseos, a los lados del camino, sigui&oacute; adelante con bastante audacia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De vez en cuando ve&iacute;a la luz de una vela a trav&eacute;s de las rendijas de una contraventana; era luz y vida para ella; hab&iacute;a gente all&iacute;; Eso mantuvo su coraje. Sin embargo, a medida que avanzaba, su velocidad disminuy&oacute; como mec&aacute;nicamente. Cuando pas&oacute; la esquina de la &uacute;ltima casa, Cosette se detuvo. Hab&iacute;a sido dif&iacute;cil pasar del &uacute;ltimo puesto; ir m&aacute;s all&aacute; de la &uacute;ltima casa se volvi&oacute; imposible. Dej&oacute; el cubo en el suelo, se hundi&oacute; las manos en el pelo y empez&oacute; a rascarse la cabeza lentamente, un movimiento propio de ni&ntilde;os aterrorizados y vacilantes. Ya no era Montfermeil, era el campo abierto; Un espacio oscuro y desierto estaba ante ella. Mir&oacute; con desesperaci&oacute;n esa oscuridad donde no hab&iacute;a nadie, donde hab&iacute;a bestias, donde tal vez hab&iacute;a fantasmas. Mir&oacute; intensamente y escuch&oacute; a los animales caminando sobre la hierba, y vio claramente a los fantasmas movi&eacute;ndose entre los &aacute;rboles. Luego volvi&oacute; a coger el cubo; el miedo le dio audacia. &ldquo;Pshaw&rdquo;, dijo ella, &ldquo;&iexcl;le dir&eacute; que ya no hay agua! Y volvi&oacute; resueltamente a Montfermeil.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Apenas hab&iacute;a dado cien pasos cuando se detuvo de nuevo y empez&oacute; a rascarse la cabeza. Ahora, fueron los Th&eacute;nardiers los que se le aparecieron, la espantosa Th&eacute;rnardiess, con su boca de hiena y la ira brillando en sus ojos. La ni&ntilde;a lanz&oacute; una mirada lastimera delante y detr&aacute;s de ella. &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a hacer ella? &iquest;Qu&eacute; ser&iacute;a de ella? &iquest;A d&oacute;nde deber&iacute;a ir? Ante ella, el espectro de la Th&eacute;nardiess; detr&aacute;s de ella, todos los fantasmas de la noche y del bosque. Fue en Th&eacute;nardiess donde retrocedi&oacute;. Tom&oacute; de nuevo el camino hacia el manantial y empez&oacute; a correr. Ella sali&oacute; corriendo del pueblo; corri&oacute; hacia el bosque, sin ver ni o&iacute;r nada. No dej&oacute; de correr hasta quedarse sin aliento, y aun as&iacute; sigui&oacute; tambale&aacute;ndose.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella sigui&oacute; adelante, desesperada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El temblor nocturno del bosque la envolvi&oacute; por completo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella no pens&oacute; m&aacute;s; ella no vio nada m&aacute;s. La inmensidad de la noche se enfrent&oacute; a esta peque&ntilde;a criatura. De un lado, la sombra infinita; por el otro, un &aacute;tomo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El manantial era una peque&ntilde;a cuenca natural formada por el agua del suelo arcilloso, de unos dos pies de profundidad, rodeada de musgo y de esa hierba larga y figurada llamada collares de Enrique Cuarto, y pavimentada con unas pocas piedras grandes. De all&iacute; brotaba un arroyo con un murmullo suave y tranquilo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette no se tom&oacute; tiempo para respirar. Estaba muy oscuro, pero ella estaba acostumbrada a acercarse a esta fuente. Con la mano izquierda busc&oacute; en la oscuridad un roble joven que se inclinaba sobre el manantial y que normalmente le serv&iacute;a de apoyo, encontr&oacute; una rama, se balance&oacute;, se inclin&oacute; y hundi&oacute; el cubo en el agua. Por un momento estuvo tan emocionada que sus fuerzas se triplicaron. Sac&oacute; el cubo casi lleno y lo dej&oacute; sobre la hierba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hecho esto, percibi&oacute; que sus fuerzas estaban agotadas. Estaba ansiosa por empezar de inmediato; pero el esfuerzo de llenar el cubo hab&iacute;a sido tan grande que le era imposible dar un paso. La obligaron a sentarse. Cay&oacute; sobre la hierba y permaneci&oacute; agachada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cerr&oacute; los ojos, luego los abri&oacute;, sin saber por qu&eacute;, sin poder hacer otra cosa. A su lado, el agua agitada en el cubo formaba c&iacute;rculos que parec&iacute;an serpientes de fuego blanco.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sobre su cabeza, el cielo estaba cubierto de enormes nubes negras que parec&iacute;an cortinas de humo. La tr&aacute;gica m&aacute;scara de la noche parec&iacute;a inclinarse vagamente sobre aquella ni&ntilde;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">J&uacute;piter se estaba poniendo en las profundidades del horizonte.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La ni&ntilde;a mir&oacute; con ojos sobresaltados aquella gran estrella que no conoc&iacute;a y que le daba miedo. El planeta, de hecho, se encontraba en ese momento muy cerca del horizonte y atravesaba un denso lecho de niebla que le daba un horrible color rojo. La niebla, sombr&iacute;amente viol&aacute;cea, magnificaba la estrella.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se la habr&iacute;a llamado una herida luminosa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un viento fr&iacute;o soplaba desde la llanura. Los bosques estaban oscuros, sin ning&uacute;n crujido de hojas, sin ninguno de esos vagos y frescos crujidos del verano. Grandes ramas se alzaron temerosamente. Arbustos feos y informes silbaban en los claros. La hierba alta se retorc&iacute;a como anguilas bajo el viento del norte. Las zarzas se retorc&iacute;an como largos brazos tratando de apoderarse de su presa con sus garras. Unas yerbas secas, llevadas por el viento, pasaron velozmente y parecieron huir desmayadas ante algo que les segu&iacute;a. La perspectiva era sombr&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nadie camina solo de noche por el bosque sin temblar.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette se estremeci&oacute;. Las palabras no logran expresar la peculiar extra&ntilde;eza de ese escalofr&iacute;o que la hel&oacute; por completo. Su mirada se hab&iacute;a vuelto salvaje. Pens&oacute; que tal vez se ver&iacute;a obligada a regresar all&iacute; a la misma hora la noche siguiente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego, por una especie de instinto, para salir de este estado singular, que no entend&iacute;a pero que la aterrorizaba, empez&oacute; a contar en voz alta, uno, dos, tres, cuatro, hasta diez, y cuando termin&oacute; , comenz&oacute; de nuevo. Esto le devolvi&oacute; una percepci&oacute;n real de las cosas que la rodeaban. Sent&iacute;a fr&iacute;as las manos que se hab&iacute;a mojado al sacar el agua. Ella se levant&oacute;. Su miedo hab&iacute;a regresado, un miedo natural e insuperable. S&oacute;lo ten&iacute;a un pensamiento: volar, volar con todas sus fuerzas, a trav&eacute;s de los bosques, a trav&eacute;s de los campos, hacia las casas, hacia las ventanas, hacia las velas encendidas. Sus ojos se posaron en el cubo que estaba delante de ella. Era tal el temor que le inspiraba la Th&eacute;nardiess, que no se atrev&iacute;a a ir sin el cubo de agua. Agarr&oacute; el mango con ambas manos. Apenas pod&iacute;a levantar el cubo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dio as&iacute; una docena de pasos, pero el cubo estaba lleno, pesaba y se vio obligada a apoyarlo en el suelo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Respir&oacute; un instante, luego volvi&oacute; a agarrar el asa y sigui&oacute; caminando, esta vez un poco m&aacute;s. Pero tuvo que parar de nuevo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Despu&eacute;s de descansar unos segundos, comenz&oacute; a caminar. Caminaba inclinada hacia delante, con la cabeza gacha, como una anciana: el peso del cubo tensaba y endurec&iacute;a sus delgados brazos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El mango de hierro entumec&iacute;a y congelaba sus manitas mojadas; de vez en cuando ten&iacute;a que parar, y cada vez que se deten&iacute;a, el agua fr&iacute;a que salpicaba del balde ca&iacute;a sobre sus rodillas desnudas.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esto ocurri&oacute; en lo profundo de un bosque, de noche, en invierno, lejos de toda vista humana; era una ni&ntilde;a de ocho a&ntilde;os; No hubo nadie m&aacute;s que Dios en ese momento que vio esta cosa triste.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y sin duda su madre, &iexcl;ay!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Porque hay cosas que abren los ojos de los muertos en su tumba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Respiraba con una especie de estertor l&uacute;gubre; los sollozos la ahogaban, pero no se atrev&iacute;a a llorar, tanto ten&iacute;a miedo de la Th&eacute;nardiess, incluso a distancia. Siempre imagin&oacute; que la Th&eacute;nardiess estaba cerca.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, no pod&iacute;a avanzar mucho de esta manera y avanzaba muy lentamente. Intent&oacute; con todas sus fuerzas acortar sus per&iacute;odos de descanso y caminar lo m&aacute;s lejos posible entre ellos. Record&oacute; con angustia que tardar&iacute;a m&aacute;s de una hora en regresar as&iacute; a Montfeirmeil y que la Th&eacute;nardiess la golpear&iacute;a. Esta angustia se sum&oacute; a su consternaci&oacute;n por estar sola en el bosque por la noche. Estaba agotada por el cansancio y a&uacute;n no hab&iacute;a salido del bosque.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al llegar cerca de un viejo casta&ntilde;o que conoc&iacute;a, hizo una &uacute;ltima parada, m&aacute;s larga que las dem&aacute;s, para descansar bien; luego reuni&oacute; todas sus fuerzas, tom&oacute; de nuevo el cubo y comenz&oacute; a caminar con valent&iacute;a. Mientras tanto la pobrecita desesperada no pod&iacute;a dejar de gritar: &ldquo;&iexcl;Oh! &iexcl;Dios m&iacute;o! &iexcl;Dios m&iacute;o! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En ese momento sinti&oacute; de repente que el peso del cubo hab&iacute;a desaparecido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Una mano, que le parec&iacute;a enorme, acababa de coger el asa y la llevaba con facilidad. Ella levant&oacute; la cabeza. Una gran forma oscura, erguida y directa, caminaba junto a ella en la penumbra. Era un hombre que se hab&iacute;a acercado detr&aacute;s de ella y a quien ella no hab&iacute;a o&iacute;do. Este hombre, sin decir palabra, hab&iacute;a agarrado el asa del cubo que ella llevaba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hay instintos para todas las crisis de la vida.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La ni&ntilde;a no tuvo miedo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">V</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">EL hombre le habl&oacute;. Su voz era seria, casi un susurro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Hija m&iacute;a, es muy pesado para ti lo que llevas all&iacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette levant&oacute; la cabeza y respondi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;, se&ntilde;or&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;D&aacute;melo&rdquo;, continu&oacute; el hombre. " Te lo llevar&eacute;."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette solt&oacute; el cubo. El hombre camin&oacute; junto a ella.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Es muy pesado, en verdad", se dijo. Luego a&ntilde;adi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ni&ntilde;a, &iquest;cu&aacute;ntos a&ntilde;os tienes? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Ocho a&ntilde;os, se&ntilde;or".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Y hab&eacute;is llegado tan lejos por este camino? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"De la fuente en el bosque".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Y vas lejos? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"A un buen cuarto de hora de aqu&iacute;".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre permaneci&oacute; un momento en silencio, luego dijo bruscamente:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;No tienes madre entonces? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;&ldquo;No lo s&eacute;&rdquo;, respondi&oacute; la ni&ntilde;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Antes de que el hombre tuviera tiempo de decir una palabra, a&ntilde;adi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;No creo haberlo hecho. Todos los dem&aacute;s tienen una. Por mi parte, no tengo ninguna&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y tras un silencio a&ntilde;adi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Creo que nunca tuve ninguna".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre se detuvo, dej&oacute; el cubo en el suelo, se agach&oacute; y puso sus manos sobre los hombros de la ni&ntilde;a, haciendo un esfuerzo por mirarla y ver su rostro en la oscuridad.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El rostro delgado y enclenque de Cosette se perfilaba vagamente a la luz l&iacute;vida del cielo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;C&oacute;mo te llamas? " dijo el hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Cosette&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Parec&iacute;a como si el hombre hubiera recibido una descarga el&eacute;ctrica. &Eacute;l la mir&oacute; de nuevo, luego la solt&oacute; de los hombros, cogi&oacute; el cubo y sigui&oacute; caminando.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un momento despu&eacute;s pregunt&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ni&ntilde;a, &iquest;d&oacute;nde vives? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"En Montfermeil, si lo conoce".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Es all&iacute; donde vamos? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;, se&ntilde;or&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hizo otra pausa. Luego comenz&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n os ha enviado al bosque en busca de agua a esta hora de la noche? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;La se&ntilde;ora Th&eacute;nardier&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre prosigui&oacute; con un tono de voz que intentaba hacer indiferente, pero en el que sin embargo hab&iacute;a un temblor singular:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; hace su se&ntilde;ora Thenardier? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Ella es mi ama de casa", dijo la ni&ntilde;a. "Ella cuida la taberna."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;La taberna&rdquo;, dijo el hombre. &ldquo;Bueno, voy a alojarme all&iacute; esta noche. Mu&eacute;strame el camino."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Vamos all&aacute;&rdquo;, dijo la ni&ntilde;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre camin&oacute; muy r&aacute;pido. Cosette lo sigui&oacute; sin dificultad. Ya no sent&iacute;a fatiga. De vez en cuando levantaba los ojos hacia aquel hombre con una especie de tranquilidad y de confianza inexpresable. Nunca le hab&iacute;an ense&ntilde;ado a volverse hacia la Providencia y a orar. Sin embargo, sinti&oacute; en su seno algo que se parec&iacute;a a la esperanza y a la alegr&iacute;a, y que se elevaba hacia el cielo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pasaron unos minutos. El hombre habl&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;No hay criada en casa de la se&ntilde;ora Th&eacute;nardier? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"No, se&ntilde;or".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Est&aacute;s sola? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;, se&ntilde;or&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hubo otro intervalo de silencio. Cosette alz&oacute; la voz:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Es decir, hay dos ni&ntilde;as".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; ni&ntilde;as? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Ponine y Zelma".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La ni&ntilde;a simplific&oacute; de esta manera los nombres rom&aacute;nticos queridos por la madre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; son Ponine y Zelma? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Son las se&ntilde;oritas de Madame Th&eacute;nardier, se podr&iacute;a decir sus hijas".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Y qu&eacute; hacen ellas? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! &rdquo; dijo la ni&ntilde;a. &ldquo;Tienen mu&ntilde;ecas hermosas, cosas que tienen oro; est&aacute;n llenas de actividades. Juegan, se divierten&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Todo el d&iacute;a? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;, se&ntilde;or&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Y t&uacute;? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;A m&iacute;! Trabajo."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Todo el d&iacute;a? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La ni&ntilde;a levant&oacute; sus grandes ojos en los que hab&iacute;a una l&aacute;grima, que no se pod&iacute;a ver en la oscuridad, y respondi&oacute; suavemente:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;, se&ntilde;or&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Despu&eacute;s de un intervalo de silencio, continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;A veces, cuando he terminado mi trabajo y ellos est&aacute;n dispuestos, yo tambi&eacute;n me divierto&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;C&oacute;mo te diviertes? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Lo mejor que puedo. Me dejan en paz. Pero no tengo muchos juguetes. Ponine y Zelma no quieren que juegue con sus mu&ntilde;ecas. S&oacute;lo tengo una peque&ntilde;a espada de plomo, no m&aacute;s larga que eso&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La ni&ntilde;a mostr&oacute; su dedo me&ntilde;ique.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Y cu&aacute;l no corta? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"S&iacute;, se&ntilde;or", dijo la ni&ntilde;a, "corta lechugas y cabezas de moscas".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Llegaron al pueblo; Cosette gui&oacute; al desconocido por las calles. El hombre no volvi&oacute; a interrogarla y ahora guard&oacute; un silencio lastimero. Cuando pasaron la iglesia, el hombre, al ver todas aquellas tiendas en las calles, pregunt&oacute;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette: &ldquo;&iquest;Es tiempo de feria aqu&iacute;? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;No, se&ntilde;or, es Navidad&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al acercarse a la taberna, Cosette le toc&oacute; t&iacute;midamente el brazo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Se&ntilde;or? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute;, hija m&iacute;a? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Aqu&iacute; estamos cerca de la casa".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Bien? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Me dejar&aacute;s tomar el balde ahora? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Para qu&eacute;? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Porque si la se&ntilde;ora ve que alguien me lo ha tra&iacute;do, me pegar&aacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre le dio el balde. Un momento despu&eacute;s estaban ante la puerta grande del asador.&nbsp;</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">VI</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">COSETTE no pudo evitar echar una mirada hacia la gran mu&ntilde;eca que a&uacute;n se exhib&iacute;a en la jugueter&iacute;a; luego ella rape&oacute;. La puerta se abri&oacute;. La Th&eacute;nardiess apareci&oacute; con una vela en la mano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! &iexcl;Eres t&uacute;, peque&ntilde;o mendigo! &iexcl;Lud-a-massy! &iexcl;Te has tomado tu tiempo! &iexcl;Ha estado jugando, la moza! "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;ora&rdquo;, dijo Cosette temblando, &ldquo;hay un se&ntilde;or que viene a alojarse&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess sustituy&oacute; r&aacute;pidamente su aire feroz por una mueca amable, cambio de mirada propio de los posaderos, y busc&oacute; al reci&eacute;n llegado con ojos ansiosos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Es se&ntilde;or? " dijo ella.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;, se&ntilde;ora&rdquo;, respondi&oacute; el hombre, toc&aacute;ndose el sombrero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los viajeros ricos no son tan educados. Este gesto y la visi&oacute;n del traje y del equipaje del desconocido que la Th&eacute;nardiess pas&oacute; revista de un vistazo hicieron desaparecer la mueca amable y reaparecer el aire feroz. Y a&ntilde;adi&oacute; secamente:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Entra, buen hombre&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entr&oacute; el &ldquo;buen hombre&rdquo;. La Th&eacute;nardiess le dirigi&oacute; una segunda mirada, examin&oacute; en particular su abrigo largo, completamente ra&iacute;do, y su sombrero, algo roto, y, con un movimiento de cabeza, un gui&ntilde;o y un movimiento de nariz, consult&oacute; a su marido, que segu&iacute;a bebiendo. con los carreteros.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El marido respondi&oacute; con ese imperceptible movimiento del dedo &iacute;ndice que, sostenido por una protuberancia de los labios, significa en tal caso: "Indigencia total". Ante esto la Th&eacute;nardiess exclam&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah! Mi valiente, lo siento mucho, pero no tengo lugar&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ponme donde quieras&rdquo;, dijo el hombre. &ldquo; En la buhardilla, en el establo. Pagar&eacute; como si tuviera una habitaci&oacute;n&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Cuarenta sueldos".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Cuarenta sueldos. Bien."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Por adelantado."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Cuarenta sueldos", susurr&oacute; un carretero al Th&eacute;nardier, "pero son s&oacute;lo veinte sueldos".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Son cuarenta sueldos para &eacute;l&rdquo;, respondi&oacute; la Th&eacute;nardiess en el mismo tono. &ldquo;No alojo a los pobres por menos&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Es cierto&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; suavemente su marido, &ldquo;tener gente as&iacute; arruina una casa&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras tanto, el hombre, despu&eacute;s de dejar su bast&oacute;n y su hatillo en un banco, se hab&iacute;a sentado ante una mesa sobre la que Cosette se hab&iacute;a apresurado a colocar una botella de vino y una copa. El vendedor ambulante, que hab&iacute;a pedido el cubo de agua, hab&iacute;a ido &eacute;l mismo a llev&aacute;rselo a su caballo. Cosette hab&iacute;a vuelto a ocupar su lugar debajo de la mesa de la cocina y de tejer.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre, que apenas rozaba con sus labios el vino que hab&iacute;a preparado, contemplaba a la ni&ntilde;a con extra&ntilde;a atenci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette era fea. Feliz, quiz&aacute; hubiera sido bonita. Cosette estaba delgada y p&aacute;lida; Ten&iacute;a casi ocho a&ntilde;os, pero dif&iacute;cilmente se hubieran imaginado seis. Sus grandes ojos, hundidos en una especie de sombra, casi estaban apagados por el continuo llanto. Las comisuras de su boca ten&iacute;an esa curva de angustia habitual que se ve en los condenados y en los enfermos desesperados. Ten&iacute;a las manos cubiertas de saba&ntilde;ones.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La luz del fuego que brillaba sobre ella resaltaba sus huesos y hac&iacute;a terriblemente visible su delgadez.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Como siempre estaba temblando, hab&iacute;a adquirido la costumbre de juntar las rodillas. Todo su vestido no era m&aacute;s que un harapo, que habr&iacute;a provocado l&aacute;stima en verano y horror en invierno. No llevaba m&aacute;s que algod&oacute;n y lleno de agujeros, ni un trapo de lana. Su piel se asomaba aqu&iacute; y all&aacute;, y se pod&iacute;an distinguir manchas negras y azules, lo que indicaba los lugares donde la Th&eacute;nardiess la hab&iacute;a tocado. Sus piernas desnudas estaban rojas y &aacute;speras.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los huecos debajo de sus clav&iacute;culas har&iacute;an llorar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Toda la persona de esta ni&ntilde;a, su andar, su actitud, el sonido de su voz, los intervalos entre una palabra y otra, sus miradas, su silencio, su menor movimiento, expresaban y pronunciaban una sola idea: el miedo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El miedo se extendi&oacute; por toda ella; ella estaba, por as&iacute; decirlo, cubierta con &eacute;l; el miedo le hizo retroceder los codos contra los costados, le meti&oacute; los talones bajo la falda, le oblig&oacute; a ocupar el menor espacio posible, le impidi&oacute; respirar m&aacute;s de lo absolutamente necesario y se hab&iacute;a convertido en lo que podr&iacute;a llamarse su h&aacute;bito corporal, sin variaci&oacute;n posible, excepto de aumento. En el fondo de sus ojos hab&iacute;a una expresi&oacute;n de asombro mezclada con terror. Este miedo era tal que, al entrar, toda mojada, Cosette no se atrevi&oacute; a secarse junto al fuego, sino que se puso a trabajar en silencio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La expresi&oacute;n del semblante de esta ni&ntilde;a de ocho a&ntilde;os era habitualmente tan triste y a veces tan tr&aacute;gica que parec&iacute;a, en ciertos momentos, como si estuviera a punto de convertirse en idiota o en demonio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nunca, como hemos dicho, hab&iacute;a sabido lo que es orar, nunca hab&iacute;a puesto un pie dentro de una iglesia. &ldquo;&iquest;C&oacute;mo puedo ahorrar tiempo? dijo la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre del abrigo amarillo no apartaba los ojos de Cosette.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! &iquest;Quieres cenar? &rdquo; pregunt&oacute; la Th&eacute;nardiess al viajero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;l no respondi&oacute;. Parec&iacute;a estar pensando profundamente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; es ese hombre? &rdquo; dijo ella entre dientes. &ldquo;Es un pobre espantoso. No tiene ni un centavo para la cena. &iquest;Me va a pagar s&oacute;lo por su alojamiento? De todos modos, es una gran suerte que no haya pensado en robar el dinero que estaba en el suelo&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se abri&oacute; una puerta y entraron Eponine y Azelma.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En realidad eran dos ni&ntilde;as lindas, m&aacute;s bien de ciudad que de campesinas, muy encantadoras, una con sus trenzas casta&ntilde;as bien lustradas, la otra con sus largas trenzas negras que ca&iacute;an sobre su espalda, y ambas tan vivaces, limpias, regordetas, frescas y sanas, que fue un placer verlas. Estaban abrigadas, pero con un arte tan maternal, que el grosor de la tela no restaba nada a la coqueter&iacute;a del ajuste. Se prepar&oacute; el invierno sin borrar la primavera. Estas dos ni&ntilde;as arrojaban luz a su alrededor. Adem&aacute;s, reinaban. En su aseo, en su alegr&iacute;a, en el ruido que hac&iacute;an, hab&iacute;a soberan&iacute;a. Cuando entraron, la Th&eacute;nardiess les dijo en tono de reprimenda, lleno de adoraci&oacute;n:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah! &iexcl;Est&aacute;is aqu&iacute; entonces, hijas! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fueron y se sentaron junto al fuego. Ten&iacute;an una mu&ntilde;eca a la que hac&iacute;an girar hacia adelante y hacia atr&aacute;s mientras estaban de rodillas con muchos lindos parloteos. De vez en cuando Cosette levantaba los ojos de su tejido y las miraba tristemente mientras jugaban.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;ponine y Azelma no se fijaron en Cosette. Para ellos ella era como el perro. Estas tres ni&ntilde;as no pod&iacute;an contar entre todas veinticuatro a&ntilde;os, y ya representaban a toda la sociedad humana; por un lado la envidia, por el otro el desd&eacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La mu&ntilde;eca de las hermanas Th&eacute;nardier estaba muy descolorida, muy vieja y rota, pero a Cosette le pareci&oacute; maravillosa, que nunca en su vida hab&iacute;a tenido una mu&ntilde;eca, &ldquo;una mu&ntilde;eca de verdad&rdquo;, para usar una expresi&oacute;n que todos los ni&ntilde;os entender&aacute;n. .</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente, la Th&eacute;nardiess, que continuamente iba y ven&iacute;a por la habitaci&oacute;n, advirti&oacute; que la atenci&oacute;n de Cosette estaba distra&iacute;da y que en lugar de trabajar estaba ocupada con las ni&ntilde;as que jugaban.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah! &iexcl;Te he atrapado! &rdquo; grit&oacute; ella. &ldquo;&iexcl;As&iacute; es como trabajas! Te har&eacute; trabajar con piel de vaca, lo har&eacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El desconocido, sin levantarse de su silla, se volvi&oacute; hacia la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;ora&rdquo;, dijo, sonriendo t&iacute;midamente. &iexcl;Pchal! &iexcl;D&eacute;jala jugar! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por parte de cualquier viajero que hubiera comido un trozo de cordero y bebido dos botellas de vino en la cena, y que no hubiera tenido la apariencia de un pobre horrible, tal deseo habr&iacute;a sido una orden. Pero que un hombre que llevaba ese sombrero se permitiera tener un deseo, y que un hombre que llevaba ese abrigo se permitiera tener un deseo, era lo que la Th&eacute;nardiess pensaba que no deb&iacute;a ser tolerado. Ella respondi&oacute; bruscamente:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Ella debe trabajar, para comer. No la apoyo para que no haga nada&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; es lo que est&aacute; haciendo? -dijo el desconocido con esa voz suave que tan extra&ntilde;amente contrastaba con sus ropas de mendigo y sus hombros de portero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess se dign&oacute; responder.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Medias, si usted quiere. Medias para mis hijas que no tienen ninguna, digna de menci&oacute;n, y que pronto andar&aacute;n descalzas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre mir&oacute; los pobres pies rojos de Cosette y continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Cu&aacute;ndo terminar&aacute; ese par de medias? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;La perezosa tardar&aacute; al menos tres o cuatro buenos d&iacute;as&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Y cu&aacute;nto podr&iacute;a valer este par de medias una vez terminado? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess le lanz&oacute; una mirada desde&ntilde;osa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Al menos treinta sueldos."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Aceptar&iacute;as cinco francos por ellos? " dijo el hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Bondad! &mdash;exclam&oacute; un carretero que escuchaba con risa de caballo. &ldquo;&iquest;Cinco francos? &iexcl;Es una patra&ntilde;a! &iexcl;Cinco balas! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Th&eacute;nardier pens&oacute; que hab&iacute;a llegado el momento de hablar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;, se&ntilde;or, si le apetece, puede adquirir ese par de medias por cinco francos. No podemos negar nada a los viajeros&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Debes pagarlos ahora&rdquo;, dijo la Th&eacute;nardiess, en su tono breve y perentorio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Comprar&eacute; ese par de medias", respondi&oacute; el hombre, "y", a&ntilde;adi&oacute;, sacando una moneda de cinco francos del bolsillo y dej&aacute;ndola sobre la mesa, "las pagar&eacute;".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego se volvi&oacute; hacia Cosette.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ahora tu trabajo me pertenece. Juega, hija m&iacute;a&rdquo;.&nbsp;<br /><u><strong>&#8203;</strong></u></font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El carretero qued&oacute; tan impresionado por la moneda de cinco francos que dej&oacute; su vaso y fue a mirarlo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Es as&iacute;, es un hecho! -exclam&oacute; mir&aacute;ndolo. &ldquo;&iexcl;Una rueda trasera normal y corriente! &iexcl;Y nada de falsificaciones! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Th&eacute;nardier se acerc&oacute; y guard&oacute; silenciosamente la moneda en su bolsillo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess no tuvo nada que responder. Se mordi&oacute; los labios y su rostro adquiri&oacute; una expresi&oacute;n de odio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras tanto Cosette temblaba. Se atrevi&oacute; a preguntar:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;ora, &iquest;Es verdad? &iquest;Puedo jugar? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Jugar!" -dijo la Th&eacute;nardiess con voz terrible.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Gracias, se&ntilde;ora&rdquo;, dijo Cosette. Y, mientras su boca agradec&iacute;a a la Th&eacute;nardiess, toda su peque&ntilde;a alma agradec&iacute;a al viajero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Thenardier volvi&oacute; a su bebida. Su esposa le susurr&oacute; al o&iacute;do:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;&ldquo;&iquest;Qu&eacute; puede ser ese hombre de amarillo? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"He visto", respondi&oacute; Th&eacute;nardier, en tono autoritario, "millonarios con abrigos como &eacute;ste".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette hab&iacute;a dejado el tejido, pero no se hab&iacute;a movido de su lugar. Cosette siempre se mov&iacute;a lo menos posible. Hab&iacute;a sacado de una cajita que hab&iacute;a detr&aacute;s de ella algunos trapos viejos y su peque&ntilde;a espada de plomo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eponine y Azelma no prestaron atenci&oacute;n a lo que estaba pasando. Acababan de realizar una operaci&oacute;n muy importante; hab&iacute;an atrapado al gatito. Hab&iacute;an tirado la mu&ntilde;eca al suelo y Eponine, la mayor, vest&iacute;a a la gatita, a pesar de sus maullidos y contorsiones, con mucha ropa y trapos rojos y azules.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras tanto, los bebedores cantaban una canci&oacute;n obscena, de la que se re&iacute;an lo suficiente como para estremecer la habitaci&oacute;n. Thenardier los anim&oacute; y acompa&ntilde;&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; como los p&aacute;jaros hacen un nido con cualquier cosa, los ni&ntilde;os hacen un mu&ntilde;eco con cualquier cosa. Mientras &Eacute;ponine y Azelma vest&iacute;an al gato, Cosette, por su parte, hab&iacute;a disfrazado la espada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hecho esto, la hab&iacute;a puesto sobre su brazo y le cantaba suavemente para dormir.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess, por su parte, se acerc&oacute; al hombre de amarillo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Mi marido tiene raz&oacute;n", pens&oacute;; &ldquo;Quiz&aacute;s sea el se&ntilde;or Laffitte. Algunos hombres ricos son muy extra&ntilde;os&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella se acerc&oacute; y apoy&oacute; el codo en la mesa en la que &eacute;l estaba sentado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or&hellip;&rdquo; dijo ella.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al o&iacute;r esta palabra, se&ntilde;or, el hombre se volvi&oacute;. La Th&eacute;nardiess lo hab&iacute;a llamado antes s&oacute;lo "hombre valiente" o "buen hombre".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">- Ver&aacute;, se&ntilde;or - prosigui&oacute; poniendo su mirada m&aacute;s dulce, a&uacute;n m&aacute;s insoportable que su actitud feroz -, estoy muy dispuesta a que la ni&ntilde;a juegue; No me opongo, por una vez est&aacute; bien, porque es usted generoso.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero ya ve, ella es pobre; ella debe trabajar&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Entonces la ni&ntilde;a no es suya? &rdquo; pregunt&oacute; el hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh querido! &iexcl;No, se&ntilde;or! Es una peque&ntilde;a pobre que hemos acogido mediante la caridad. Una especie de ni&ntilde;a imb&eacute;cil. Debe tener agua en el cerebro. Su cabeza es grande, como ve. Hacemos todo lo que podemos por ella, pero no somos ricos. En vano escribimos a su pa&iacute;s; Durante seis meses no tuvimos respuesta. Creemos que su madre debe estar muerta&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah! &rdquo; dijo el hombre, y volvi&oacute; a caer en su ensue&ntilde;o.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Esta madre no era gran cosa&rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ella abandon&oacute; a su hija&rdquo;.&nbsp;&nbsp;&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Durante toda esta conversaci&oacute;n, Cosette, como si el instinto le hubiera advertido que estaban hablando de ella, no hab&iacute;a quitado los ojos de Th&eacute;nardiess. Ella escuch&oacute;. Escuch&oacute; algunas palabras aqu&iacute; y all&aacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras tanto, los bebedores, todos borrachos hasta las tres cuartas partes, repet&iacute;an su repugnante coro con redoblada alegr&iacute;a. Se trataba de bromas muy condimentadas, en las que a menudo se escuchaban los nombres de la Virgen y del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s. La Th&eacute;nardiess hab&iacute;a ido a participar en la hilaridad. Cosette, debajo de la mesa, miraba el fuego, que se reflejaba en sus ojos fijos; mec&iacute;a de nuevo la especie de beb&eacute; de trapo que hab&iacute;a hecho y, mientras lo mec&iacute;a, cantaba en voz baja: &ldquo;&iexcl;Mi madre ha muerto! &iexcl;Mi madre est&aacute; muerta! &iexcl;Mi madre est&aacute; muerta! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ante las repetidas s&uacute;plicas de la anfitriona, el hombre amarillo, "el millonario", finalmente accedi&oacute; a cenar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; comer&aacute; el se&ntilde;or? "&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;&nbsp;&ldquo;Un poco de pan y queso&rdquo;, dijo el hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Decididamente, es un mendigo&rdquo;, pens&oacute; la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los juerguistas continuaron cantando sus canciones, y la ni&ntilde;a, debajo de la mesa, tambi&eacute;n cant&oacute; las suyas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De repente, Cosette se detuvo. Acababa de girarse y vio la mu&ntilde;eca de la peque&ntilde;a Th&eacute;nardiess, que hab&iacute;an abandonado por el gato y la hab&iacute;an dejado en el suelo, a unos pasos de la mesa de la cocina.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego dej&oacute; que la espada envuelta, que s&oacute;lo la satisfac&iacute;a a medias, se alzara y recorri&oacute; lentamente la habitaci&oacute;n con los ojos.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess hablaba en voz baja con su marido y contaba algo de dinero, Eponine y Azelma jugaban con el gato, los viajeros com&iacute;an, beb&iacute;an o cantaban, nadie la miraba. No ten&iacute;a un momento que perder. Sali&oacute; sigilosamente de debajo de la mesa sobre manos y rodillas, se asegur&oacute; una vez m&aacute;s de que nadie la estuviera mirando, luego se lanz&oacute; r&aacute;pidamente hacia la mu&ntilde;eca y la agarr&oacute;. Un instante despu&eacute;s estaba en su lugar, sentada, inm&oacute;vil, s&oacute;lo girada de manera que mantuviera en la sombra la mu&ntilde;eca que sosten&iacute;a en sus brazos. La felicidad de jugar con una mu&ntilde;eca le era tan rara que ten&iacute;a toda la violencia del arrobamiento.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nadie la hab&iacute;a visto, excepto el viajero, que com&iacute;a lentamente su escasa cena.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta alegr&iacute;a dur&oacute; casi un cuarto de hora.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero a pesar de las precauciones de Cosette, no advirti&oacute; que uno de los pies de la mu&ntilde;eca sobresal&iacute;a y que el fuego de la chimenea lo iluminaba muy vivamente. Ese pie rosado y luminoso que sobresal&iacute;a de la sombra llam&oacute; de repente la atenci&oacute;n de Azelma, que dijo a &Eacute;ponine: &ldquo;&iexcl;Oh! &iexcl;Hermana!"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Las dos ni&ntilde;as se detuvieron estupefactas; Cosette se hab&iacute;a atrevido a llevarse la mu&ntilde;eca.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eponine se levant&oacute; y, sin soltar al gato, se acerc&oacute; a su madre y empez&oacute; a tirarle de la falda.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;D&eacute;jame en paz&rdquo;, dijo la madre; "&iquest;qu&eacute; deseas?"</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Madre&rdquo;, dijo la ni&ntilde;a, &ldquo;mira ah&iacute;&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y se&ntilde;al&oacute; a Cosette.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette, completamente absorta en el &eacute;xtasis de su posesi&oacute;n, no vio ni oy&oacute; nada m&aacute;s.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El rostro de Th&eacute;nardiess asumi&oacute; esa expresi&oacute;n peculiar que se compone de lo terrible mezclado con lo com&uacute;n y que ha dado a esta clase de mujeres el nombre de furias.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta vez el orgullo herido exasper&oacute; a&uacute;n m&aacute;s su ira.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette hab&iacute;a superado todas las barreras. Cosette hab&iacute;a puesto sus manos sobre la mu&ntilde;eca de "aquellas se&ntilde;oritas". Una zarina que hubiera visto a un mouj&iacute;k prob&aacute;ndose el gran cord&oacute;n de su hijo imperial habr&iacute;a tenido la misma expresi&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Grit&oacute; con voz &aacute;spera de indignaci&oacute;n:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Cosette!</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette se estremeci&oacute; como si la tierra hubiera temblado debajo de ella.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella se dio la vuelta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Cosette! &rdquo; repiti&oacute; la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette tom&oacute; la mu&ntilde;eca y la coloc&oacute; suavemente en el suelo con una especie de veneraci&oacute;n mezclada con desesperaci&oacute;n. Luego, sin quitarle los ojos, junt&oacute; las manos, y, cosa que es espantoso de contar en un ni&ntilde;o de esa edad, las retorci&oacute;; Luego, lo que ninguna de las emociones del d&iacute;a le hab&iacute;a arrancado, ni la carrera por el bosque, ni el peso del cubo de agua, ni siquiera las duras palabras que hab&iacute;a o&iacute;do de la Th&eacute;nardiess, rompi&oacute; a llorar. Ella solloz&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras tanto el viajero se levant&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Cu&aacute;l es el problema? &mdash;le dijo a la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;No lo ves? &mdash;dijo la Th&eacute;nardiess, se&ntilde;alando con el dedo el cuerpo del delito que yac&iacute;a a los pies de Cosette.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Bueno, &iquest;qu&eacute; es eso? " dijo el hombre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Esa mendiga", respondi&oacute; la Th&eacute;nardiess, "se ha atrevido a tocar la mu&ntilde;eca de las ni&ntilde;as".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Todo este ruido sobre eso? " dijo el hombre. &ldquo;Bueno, &iquest;y si ella jugara con esa mu&ntilde;eca? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Lo ha tocado con sus manos sucias! &rdquo; prosigui&oacute; la Th&eacute;nardiess, &ldquo;&iexcl;Con sus manos horribles! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Aqu&iacute; Cosette redobl&oacute; sus sollozos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Estate quieta! &mdash;grit&oacute; la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre camin&oacute; directamente hacia la puerta de la calle, la abri&oacute; y sali&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En cuanto se fue, Th&eacute;nardiess aprovech&oacute; su ausencia para darle a Cosette una fuerte patada debajo de la mesa, que hizo gritar a la ni&ntilde;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La puerta se abri&oacute; de nuevo, y reapareci&oacute; el hombre, sosteniendo en sus manos el fabuloso mu&ntilde;eco del que hemos hablado, y que desde la ma&ntilde;ana era la admiraci&oacute;n de todos los j&oacute;venes del pueblo; Lo levant&oacute; ante Cosette y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Toma, esto es para ti".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Es probable que durante el tiempo que llevaba all&iacute; m&aacute;s de una hora &ndash;en medio de su enso&ntilde;aci&oacute;n, hubiera vislumbrado confusamente esta jugueter&iacute;a, iluminada con l&aacute;mparas y velas tan espl&eacute;ndidamente que brillaba a trav&eacute;s de la ventana del bar como una iluminaci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette alz&oacute; los ojos; vio al hombre acercarse a ella con aquel mu&ntilde;eco como hubiera visto acercarse el sol; escuch&oacute; esas asombrosas palabras: &ldquo;Esto es para ti&rdquo;. Ella lo mir&oacute;, mir&oacute; a la mu&ntilde;eca, luego retrocedi&oacute; lentamente y se escondi&oacute; lo m&aacute;s que pudo debajo de la mesa en un rinc&oacute;n de la <u><strong>habitaci&oacute;n.</strong></u></font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ya no lamentaba, ya no lloraba, parec&iacute;a que ya no se atrev&iacute;a a respirar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Las Th&eacute;nardiess, Eponine y Azelma eran otras tantas estatuas. Incluso los bebedores dejaron de beber. Se hizo un silencio solemne en todo el bar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess, petrificada y muda, reanud&oacute; sus conjeturas: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n es este viejo? &iquest;Es un pobre? &iquest;Es millonario? Quiz&aacute;s sea ambas cosas, es decir, un ladr&oacute;n&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El rostro del marido Th&eacute;nardier presentaba esa arruga expresiva que marca el rostro humano cuando el instinto dominante aparece en &eacute;l con toda su fuerza brutal.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El ventero contemplaba alternativamente al mu&ntilde;eco y al viajero; parec&iacute;a estar oliendo a este hombre como habr&iacute;a olido una bolsa de dinero. Esto s&oacute;lo dur&oacute; un momento. Se acerc&oacute; a su esposa y le susurr&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Esa m&aacute;quina cost&oacute; al menos treinta francos. Sin tonter&iacute;as.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;De rodillas ante el hombre! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Las naturalezas toscas tienen en com&uacute;n con las naturalezas simples el hecho de que no tienen transiciones.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;Bueno, Cosette &mdash;dijo la Th&eacute;nardiess con una voz que pretend&iacute;a ser dulce y que estaba enteramente compuesta de la miel agria de las mujeres viciosas&mdash;, &iquest;no vas a llevarte tu mu&ntilde;eca? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette se atrevi&oacute; a salir de su agujero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Mi peque&ntilde;a Cosette&rdquo;, dijo Th&eacute;nardier con aire acariciante, &ldquo;el se&ntilde;or le regala una mu&ntilde;eca. T&oacute;malo. Es tuya."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette mir&oacute; la maravillosa mu&ntilde;eca con una especie de terror. Su rostro todav&iacute;a estaba inundado de l&aacute;grimas, pero sus ojos comenzaron a llenarse, como el cielo al amanecer, de extra&ntilde;as radiaciones de alegr&iacute;a. Lo que experiment&oacute; en ese momento fue casi lo que habr&iacute;a sentido si alguien le hubiera dicho de repente: &ldquo;Ni&ntilde;a, eres Reina de Francia&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Le parec&iacute;a que si tocaba esa mu&ntilde;eca, de ella brotar&iacute;a un trueno.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Lo cual era cierto hasta cierto punto, porque pensaba que Th&eacute;nardiess la rega&ntilde;ar&iacute;a y la golpear&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, la atracci&oacute;n la venci&oacute;. Finalmente se acerc&oacute; y murmur&oacute; t&iacute;midamente, volvi&eacute;ndose hacia la Th&eacute;nardiess: &ldquo;&iquest;Puedo, se&ntilde;ora? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ninguna expresi&oacute;n puede describir su mirada, llena a la vez de desesperaci&oacute;n, consternaci&oacute;n y transporte.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Buen Dios! dijo la Th&eacute;nardiess. " Es tuyo. Ya que el se&ntilde;or te lo da&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Es verdad, es verdad, se&ntilde;or? - dijo Cosette. &ldquo;&iquest;La dama es para m&iacute;? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El extra&ntilde;o parec&iacute;a tener los ojos llenos de l&aacute;grimas. Parec&iacute;a estar en ese estado de emoci&oacute;n en el que uno no habla por miedo a llorar. Hizo un gesto de asentimiento a Cosette y puso la mano de &ldquo;la dama&rdquo; en su manita.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette retir&oacute; apresuradamente la mano, como si la de &ldquo;la dama&rdquo; la quemara, y mir&oacute; al suelo. Hay que a&ntilde;adir que en ese instante sac&oacute; enormemente la lengua. De repente se volvi&oacute; y cogi&oacute; la mu&ntilde;eca con impaciencia. &ldquo;La llamar&eacute; Catharine&rdquo;, dijo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fue un momento extra&ntilde;o cuando los harapos de Cosette se encontraron y presionaron contra las cintas y las frescas muselinas rosadas de la mu&ntilde;eca.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;ora&rdquo;, dijo, &ldquo;&iquest;puedo sentarla en una silla? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;, hija m&iacute;a&rdquo;, respondi&oacute; la Th&eacute;nardiess.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eran Eponine y Azelma quienes ahora miraban a Cosette con envidia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette coloc&oacute; a Catharine en una silla, luego se sent&oacute; en el suelo ante ella y permaneci&oacute; inm&oacute;vil, sin decir una palabra, en actitud de contemplaci&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Por qu&eacute; no juegas, Cosette? &rdquo; dijo el extra&ntilde;o.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! Estoy jugando&rdquo;, respondi&oacute; la ni&ntilde;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este extra&ntilde;o, este hombre desconocido, que parec&iacute;a una visita de la Providencia a Cosette, era en ese momento el ser que la Th&eacute;nardiess odiaba m&aacute;s que a todo en el mundo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, se vio obligada a contenerse. Sus emociones eran m&aacute;s de lo que pod&iacute;a soportar, acostumbrada como estaba al disimulo, esforz&aacute;ndose en copiar a su marido en todos sus actos. Mand&oacute; a sus hijas a la cama inmediatamente, luego pidi&oacute; "permiso" al hombre amarillo para acostar a Cosette, "que est&aacute; muy cansada hoy", a&ntilde;adi&oacute; con aire maternal.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette se acost&oacute; con Catharine en brazos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pasaron varias horas. Se dijo la misa de medianoche, termin&oacute; la fiesta, los bebedores se hab&iacute;an ido, la casa estaba cerrada, la habitaci&oacute;n estaba desierta, el fuego se hab&iacute;a apagado, el extra&ntilde;o segu&iacute;a en el mismo lugar y en la misma postura. De vez en cuando cambiaba el codo sobre el que se apoyaba.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eso era todo. Pero no hab&iacute;a dicho una palabra desde que Cosette se fue.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Th&eacute;nardier se mov&iacute;a, tos&iacute;a, escup&iacute;a, se sonaba la nariz y hac&iacute;a crujir su silla. El hombre no se movi&oacute;. &ldquo;&iquest;Est&aacute; dormido? &rdquo;, pens&oacute; Th&eacute;nardier. El hombre no estaba dormido, pero nada pod&iacute;a despertarlo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Finalmente, Th&eacute;nardier se quit&oacute; la gorra, se acerc&oacute; sigilosamente y se atrevi&oacute; a decir:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;El se&ntilde;or no va a descansar? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;&rdquo;, dijo el extra&ntilde;o, &ldquo;tienes raz&oacute;n. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; tu establo? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or&rdquo;, dijo Th&eacute;nardier sonriendo, &ldquo;yo conducir&eacute; al se&ntilde;or&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tom&oacute; la vela, el hombre tom&oacute; su bulto y su bast&oacute;n, y Thenardier lo condujo a una habitaci&oacute;n del primer piso, muy vistosa, amueblada toda de caoba, con una cama de postes altos y cortinas de percal rojo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Qu&eacute; es esto? &rdquo;, dijo el viajero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Es propiamente nuestra c&aacute;mara nupcial", dijo el posadero.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ocupamos otro as&iacute;, mi c&oacute;nyuge y yo; esto no se abre m&aacute;s de tres o cuatro veces al a&ntilde;o&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Tambi&eacute;n me hubiera gustado el establo&rdquo;, dijo el hombre sin rodeos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Th&eacute;nardier no pareci&oacute; o&iacute;r esta respuesta poco cort&eacute;s.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Encendi&oacute; dos velas de cera completamente nuevas, que estaban colocadas sobre la repisa de la chimenea; En la chimenea ard&iacute;a un buen fuego.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando el viajero se volvi&oacute;, el anfitri&oacute;n hab&iacute;a desaparecido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Th&eacute;naridier se hab&iacute;a apartado discretamente sin atreverse a dar las buenas noches, no deseando tratar con una cordialidad irrespetuosa a un hombre al que se propon&iacute;a desollar regiamente por la ma&ntilde;ana.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">VII&nbsp;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A la ma&ntilde;ana siguiente, al menos dos horas antes del amanecer, Th&eacute;nardier, sentado a una mesa del bar, con una vela a su lado, pluma en mano, descifraba la cuenta del viajero del abrigo amarillo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su mujer estaba de pie, medio inclinada sobre &eacute;l, sigui&eacute;ndole con la mirada. No intercambiaron una palabra entre ellos. Fue, por un lado, una profunda meditaci&oacute;n, por el otro, esa admiraci&oacute;n religiosa con la que observamos surgir y expandirse una maravilla de la mente humana. Se escuch&oacute; un ruido en la casa; era la alondra, barriendo las escaleras.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Despu&eacute;s de un buen cuarto de hora y algunos borrones, Th&eacute;nardier realiz&oacute; su obra maestra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luego sali&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Apenas hab&iacute;a salido de la habitaci&oacute;n cuando entr&oacute; el viajero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Th&eacute;nardier reapareci&oacute; inmediatamente detr&aacute;s de &eacute;l y permaneci&oacute; inm&oacute;vil en la puerta entreabierta, visible s&oacute;lo para su esposa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre amarillo llevaba su bast&oacute;n y su bulto en la mano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Tan temprano! dijo la Th&eacute;nardiess. &ldquo;&iquest;El se&ntilde;or ya nos va a dejar? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El viajero parec&iacute;a preocupado y distra&iacute;do.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;l respondi&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;S&iacute;, se&ntilde;ora, me voy. "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;Entonces, &iquest;el se&ntilde;or no ten&iacute;a nada que hacer en Montfermeil? &rdquo; respondi&oacute; ella.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; No, estoy de paso, eso es todo. Se&ntilde;ora -a&ntilde;adi&oacute;-, &iquest;qu&eacute; debo? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess, sin responder, le entreg&oacute; el billete doblado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre desdobl&oacute; el papel y lo mir&oacute;, pero era evidente que sus pensamientos estaban en otra parte.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;ora&rdquo;, respondi&oacute;, &ldquo;&iquest;hace usted buenos negocios en Montfermeil? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;M&aacute;s o menos, se&ntilde;or&rdquo;, respondi&oacute; la Th&eacute;nardiess, estupefacta al no ver otra explosi&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Continu&oacute; con tono l&uacute;gubre y lamentante:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iexcl;Oh! &iexcl;Se&ntilde;or, los tiempos son muy dif&iacute;ciles y adem&aacute;s tenemos tan pocos ricos por aqu&iacute;! Es un lugar muy peque&ntilde;o, ya ve. &iexcl;Si tuvi&eacute;ramos viajeros ricos de vez en cuando, como monsieur!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Tenemos tantos gastos! Vaya, esa ni&ntilde;a nos come fuera de casa y de casa&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre respondi&oacute; con una voz que trat&oacute; de hacer indiferente y en la que hab&iacute;a un ligero temblor.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Y si se despidieran de ella? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Quien? &iquest;Cosette? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" S&iacute;."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El rostro rojo y violento de la mujer se ilumin&oacute; con una expresi&oacute;n espantosa.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ah, se&ntilde;or! &iexcl;Mi buen se&ntilde;or! &iexcl;T&oacute;mala, gu&aacute;rdala, ll&eacute;vala, azucarala, rell&eacute;nala, b&eacute;bela, c&oacute;mela y sea bendita de la Sant&iacute;sima Virgen y de todos los santos en el para&iacute;so! "&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Acordado."</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;En realidad! &iquest;Te la llevar&aacute;s? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Lo har&eacute;."&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Inmediatamente? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" Inmediatamente. Llama a la ni&ntilde;a&rdquo;.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Cosette! &mdash;grit&oacute; la Th&eacute;nardiess.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Mientras tanto&rdquo;, continu&oacute; el hombre, &ldquo;pagar&eacute; mi cuenta.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Cu&aacute;nto cuesta? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ech&oacute; una mirada al billete y no pudo reprimir un movimiento de sorpresa.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Veintitr&eacute;s francos? "&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En ese momento Th&eacute;nardier avanz&oacute; hacia el centro de la habitaci&oacute;n y dijo:&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"El se&ntilde;or debe veintis&eacute;is sueldos".&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Veintis&eacute;is sueldos! &rdquo; exclam&oacute; la mujer.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">- Veinte sueldos por la habitaci&oacute;n -continu&oacute; fr&iacute;amente Th&eacute;nardier- y seis por la cena. En cuanto a la ni&ntilde;a, debo hablar con el se&ntilde;or sobre eso. D&eacute;janos, esposa&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Th&eacute;nardiess qued&oacute; deslumbrada por uno de esos destellos inesperados que emanan del talento.&nbsp; Sinti&oacute; que el gran actor hab&iacute;a entrado en escena, no respondi&oacute; una palabra y sali&oacute;.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En cuanto estuvieron solos, Th&eacute;nardier ofreci&oacute; una silla al viajero.&nbsp; El viajero se sent&oacute;, pero Th&eacute;nardier permaneci&oacute; de pie y su rostro adquiri&oacute; una expresi&oacute;n singular de bondad y sencillez.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Se&ntilde;or", dijo, "escuche, debo decirle que adoro a esta ni&ntilde;a".&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El extra&ntilde;o lo mir&oacute; fijamente.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Qu&eacute; ni&ntilde;a? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Thenardier continu&oacute;:&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Qu&eacute; extra&ntilde;o es que nos apeguemos! Esta ni&ntilde;a la adoro&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iquest;Qui&eacute;n es esta? &rdquo; pregunt&oacute; el extra&ntilde;o.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ay, nuestra peque&ntilde;a Cosette! &iquest;Y deseas quit&aacute;rnosla? De hecho, hablo con franqueza, aunque usted sea un hombre honorable, no puedo consentirlo. La extra&ntilde;ar&iacute;a. La tengo desde que era muy peque&ntilde;a. Es verdad, nos cuesta dinero, es verdad que tiene sus defectos, es verdad que no somos ricos, es verdad que pagu&eacute; cuatrocientos francos por medicinas una vez que ella estaba enferma. Pero debemos hacer algo por Dios. No tiene padre ni madre; Yo la he criado. Tengo suficiente pan para ella y para m&iacute;. De hecho, debo quedarme con esta ni&ntilde;a.&nbsp; Siento la necesidad de su parloteo en la casa&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El extra&ntilde;o lo mir&oacute; fijamente todo el tiempo. &Eacute;l continu&oacute;:&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Perd&oacute;neme, se&ntilde;or, pero no se entrega as&iacute; a su hija a un viajero. &iquest;No es cierto que tengo raz&oacute;n? Despu&eacute;s de eso, no digo: eres rico y tienes la apariencia de un hombre muy bueno, si es para su beneficio, pero debo saberlo. &iquest;T&uacute; entiendes? En el supuesto de que deber&iacute;a dejarla ir y sacrificar mis propios sentimientos, deber&iacute;a querer saber ad&oacute;nde va.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No querr&iacute;a perderla de vista, querr&iacute;a saber con qui&eacute;n est&aacute;, poder ir a verla de vez en cuando y que ella supiera que su buen padre adoptivo todav&iacute;a la est&aacute; cuidando.&nbsp;&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Finalmente, hay cosas que no son posibles. No s&eacute; ni siquiera su nombre.&nbsp; Si se la llevaran, dir&iacute;a: &iexcl;Ay de la peque&ntilde;a Alondra! &iquest;Ad&oacute;nde se ha ido? Al menos debo ver alg&uacute;n pobre trozo de papel, un trozo de pasaporte, algo as&iacute;.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El desconocido, sin apartar de &eacute;l esa mirada que llegaba, por as&iacute; decirlo, al fondo de su conciencia, respondi&oacute; en tono severo y firme.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or Th&eacute;nardier, la gente no necesita pasaporte para venir a cinco leguas de Par&iacute;s.&nbsp; Si me llevo a Cosette, me la llevo a ella, eso es todo. No sabr&aacute;s mi nombre, no sabr&aacute;s mi morada, no sabr&aacute;s ad&oacute;nde va, y mi intenci&oacute;n es que nunca m&aacute;s te vea en su vida. &iquest;Est&aacute;s de acuerdo con eso? &iquest;S&iacute; o no? "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">As&iacute; como los demonios y los genios reconocen mediante ciertos signos la presencia de un Dios superior, Th&eacute;nardier comprendi&oacute; que deb&iacute;a tratar con alguien que era muy poderoso. Lleg&oacute; como una intuici&oacute;n; lo entendi&oacute; con su clara y r&aacute;pida sagacidad; Aunque durante la noche hab&iacute;a estado bebiendo con los carreteros, fumando y cantando canciones obscenas, segu&iacute;a observando al extra&ntilde;o todo el tiempo. Le hab&iacute;a sorprendido las miradas inquisitivas del anciano que regresaba constantemente a la ni&ntilde;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Por qu&eacute; este inter&eacute;s? &iquest;Qu&eacute; era este hombre? &iquest;Por qu&eacute;, con tanto dinero en el bolso, este miserable vestido? Eran preguntas que se hac&iacute;a a s&iacute; mismo sin poder responderlas y que le irritaban. Hab&iacute;a estado pensando en ello toda la noche.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&Eacute;ste no pod&iacute;a ser el padre de Cosette. &iquest;Fue un abuelo? Entonces, &iquest;por qu&eacute; no se dio a conocer inmediatamente? Cuando un hombre tiene un derecho, lo demuestra. Evidentemente, este hombre no ten&iacute;a ning&uacute;n derecho sobre Cosette. Entonces &iquest;qui&eacute;n era &eacute;l? Th&eacute;nardier estaba perdido en conjeturas.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Vislumbr&oacute; todo, pero no vio nada. Sea como fuere, cuando inici&oacute; la conversaci&oacute;n con este hombre, seguro de que hab&iacute;a un secreto en todo esto, seguro de que el hombre ten&iacute;a inter&eacute;s en permanecer desconocido, se sinti&oacute; fuerte; Ante la respuesta clara y firme del desconocido, al ver que aquel misterioso personaje era misterioso y nada m&aacute;s, se sinti&oacute; d&eacute;bil. No esperaba nada parecido. Sus conjeturas fueron desechadas. Reuni&oacute; sus ideas. Pes&oacute; todo en un segundo.&nbsp; Th&eacute;nardier era uno de esos hombres que comprenden una situaci&oacute;n de un vistazo. Decidi&oacute; que era el momento de avanzar con franqueza y rapidez. Hizo lo que hacen los grandes capitanes en ese instante decisivo que s&oacute;lo ellos pueden reconocer; Desenmascar&oacute; su bater&iacute;a de inmediato.&nbsp;&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or&rdquo;, dijo, &ldquo;necesito mil quinientos francos&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El desconocido sac&oacute; del bolsillo lateral una vieja cartera de cuero negro, la abri&oacute; y sac&oacute; tres billetes de banco que coloc&oacute; sobre la mesa. Luego apoy&oacute; su gran pulgar sobre estos billetes y le dijo al tabernero.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Trae a Cosette".&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un instante despu&eacute;s, Cosette entr&oacute; en el bar.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El desconocido tom&oacute; el bulto que hab&iacute;a tra&iacute;do y lo desat&oacute;.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este fardo conten&iacute;a un peque&ntilde;o vestido de lana, un delantal, una prenda interior de algod&oacute;n basto, una enagua, una bufanda, medias de lana y zapatos: un vestido completo para una ni&ntilde;a de siete a&ntilde;os. Estaba todo en negro.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Hija m&iacute;a", dijo el hombre, "toma esto y ve y v&iacute;stete r&aacute;pido".&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Amanec&iacute;a cuando los habitantes de Montfermeil que empezaban a abrir sus puertas vieron pasar por el camino de Par&iacute;s a un buen hombre pobremente vestido que llevaba a una ni&ntilde;a vestida de luto que llevaba en brazos una mu&ntilde;eca rosa. Iban hacia Livry.&nbsp;&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Eran el extra&ntilde;o y Cosette.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nadie reconoci&oacute; al hombre; Como Cosette ya no estaba hecha jirones, pocos la reconocieron.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette se iba.&nbsp; &iquest;Con qui&eacute;n? Ella era ignorante.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;D&oacute;nde? Ella no lo sab&iacute;a. Lo &uacute;nico que entendi&oacute; fue que abandonaba el asador Th&eacute;nardier. A nadie se le hab&iacute;a ocurrido despedirse de ella, ni ella de despedirse de nadie.&nbsp; Ella sali&oacute; de aquella casa, odiada y odiando.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pobre ser amable, cuyo coraz&oacute;n hasta ahora s&oacute;lo hab&iacute;a sido aplastado.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette caminaba seria, abriendo sus grandes ojos y mirando al cielo. De vez en cuando miraba al buen hombre. Se sent&iacute;a como si estuviera cerca de Dios.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La tarde del mismo d&iacute;a, Jean Valjean entr&oacute; de nuevo en Par&iacute;s, al caer la noche, con la ni&ntilde;a, por la barrera de Monceaux. All&iacute; tom&oacute; un descapotable que lo llev&oacute; hasta la explanada del Observatorio. All&iacute; se ape&oacute;, pag&oacute; al conductor, tom&oacute; a Cosette de la mano y ambos, en la oscuridad de la noche, por las calles desiertas de los alrededores de l'Ourcine y La Glaci&egrave;re, caminaron hacia el Boulevard de l'H&ocirc;pital.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El d&iacute;a hab&iacute;a sido extra&ntilde;o y lleno de emociones para Cosette; hab&iacute;an comido detr&aacute;s de los setos pan y queso comprados en tabernas aisladas; A menudo hab&iacute;an cambiado de carruaje y hab&iacute;an recorrido cortas distancias a pie. Ella no se quejaba, pero estaba cansada, y Jean Valjean lo percibi&oacute; cuando ella le tiraba con m&aacute;s fuerza de la mano mientras caminaba. La tom&oacute; en sus brazos; Cosette, sin soltar a Chatharine, apoy&oacute; la cabeza en el hombro de Jean Valjean y se <strong>durmi&oacute;.</strong></font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La Antigua Casa Gorbeau</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">I</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hace cuarenta a&ntilde;os, el peat&oacute;n solitario que se aventur&oacute; en las regiones desconocidas de La Salp&ecirc;tri&egrave;re y subi&oacute; por el bulevar hasta la Barri&egrave;re d&rsquo;Italie, lleg&oacute; a ciertos puntos donde se podr&iacute;a decir que Par&iacute;s desapareci&oacute;. Ya no era una soledad, porque pasaba gente; no era el campo, porque hab&iacute;a casas y calles; no era una ciudad, las calles ten&iacute;an surcos, como los caminos, y la hierba crec&iacute;a a lo largo de sus l&iacute;mites; no era un pueblo, las casas eran demasiado altas. &iquest;Qu&eacute; fue entonces? Era un lugar habitado donde no hab&iacute;a nadie, era un lugar desierto donde hab&iacute;a alguien; era un bulevar de la gran ciudad, una calle de Par&iacute;s, m&aacute;s salvaje de noche que un bosque y m&aacute;s l&uacute;gubre de d&iacute;a que un cementerio.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era el antiguo barrio del Mercado del Caballo.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nuestro peat&oacute;n, si se confiaba m&aacute;s all&aacute; de los cuatro muros de este mercado de caballos, si estaba dispuesto a ir incluso m&aacute;s all&aacute; de la rue du Petit Banquier, dejando a su derecha un patio cerrado por altos muros, luego un prado salpicado de montones de corteza de curtici&oacute;n. que se parec&iacute;an a los gigantescos diques de los castores, luego un recinto medio lleno de madera y montones de troncos, aserr&iacute;n y virutas, desde lo alto del cual aullaba un perro enorme, luego un largo y bajo muro en ruinas con una peque&ntilde;a pared decr&eacute;pita y de color oscuro. En &eacute;l hab&iacute;a una puerta cubierta de musgo, que en primavera estaba llena de flores, y luego, en el lugar m&aacute;s solitario, una estructura espantosa y derruida sobre la que se pod&iacute;a leer en letras grandes:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">NO PONER ANUNCIOS; Este audaz paseo, decimos, llegar&iacute;a a la esquina de la rue des Vignes-Saint-Marcel, una latitud poco explorada. All&iacute;, cerca de una f&aacute;brica y entre dos paseos ajardinados, se pod&iacute;a ver en la &eacute;poca de que hablamos una antigua vivienda en ruinas que, a primera vista, parec&iacute;a tan peque&ntilde;a como una caba&ntilde;a, pero que en realidad era tan grande como una catedral. Se alzaba con el hastial hacia la carretera, de ah&iacute; su aparente diminuci&oacute;n. Casi toda la casa qued&oacute; oculta. S&oacute;lo se pod&iacute;a ver la puerta y una ventana.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta antigua vivienda ten&iacute;a un solo piso.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La puerta no era m&aacute;s que un conjunto de tablas carcomidas y toscamente unidas con travesa&ntilde;os que parec&iacute;an trozos de le&ntilde;a torpemente cortados. Daba directamente a una empinada escalera de altos pelda&ntilde;os cubiertos de barro, yeso y polvo, del mismo ancho que la puerta, y que desde la calle parec&iacute;a subir perpendicularmente como una escalera y desaparecer en la sombra entre dos paredes.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La ventana era amplia y de considerable altura, con grandes cristales en las hojas y provista de contraventanas venecianas; s&oacute;lo los cristales hab&iacute;an sufrido diversas heridas que se disimulaban y se pon&iacute;an de manifiesto mediante ingeniosas tiras y vendas de papel, y las contraventanas estaban tan rotas y desarticuladas que amenazaban a los transe&uacute;ntes m&aacute;s que proteg&iacute;an a los ocupantes de la vivienda. Esta puerta de aspecto sucio y esta ventana de aspecto decente aunque ruinoso, vistas as&iacute; en un mismo edificio, produc&iacute;an el efecto de dos mendigos harapientos atados en la misma direcci&oacute;n y caminando uno al lado del otro, con diferente semblante bajo los mismos harapos; uno siempre hab&iacute;a sido un pobre mientras que el otro hab&iacute;a sido un caballero.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La escalera conduc&iacute;a a un interior muy espacioso, que parec&iacute;a un granero convertido en casa. Esta estructura ten&iacute;a como v&iacute;a principal de comunicaci&oacute;n un largo vest&iacute;bulo, al que se abr&iacute;an, a ambos lados, apartamentos de diferentes dimensiones apenas habitables, m&aacute;s parecidos a casetas que a habitaciones.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estas habitaciones daban a los terrenos informes del vecindario. En conjunto, era oscuro, aburrido y l&uacute;gubre, incluso melanc&oacute;lico y sepulcral, y en &eacute;l penetraban los d&eacute;biles y fr&iacute;os rayos del sol, o corrientes de aire heladas, seg&uacute;n la situaci&oacute;n de las grietas, en el tejado, el suelo o la puerta. Una peculiaridad interesante y pintoresca de este tipo de viviendas es el monstruoso tama&ntilde;o de las ara&ntilde;as.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los carteros llamaron a la casa n&uacute;mero 50-52; pero en el barrio se la conoc&iacute;a como Casa Gorbeau.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">II</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">ANTE esta casa de Gorbeau, Jean Valjean se detuvo. Como el ave de rapi&ntilde;a, que hab&iacute;a elegido este lugar solitario para hacer su nido.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Busc&oacute; en su chaleco y sac&oacute; una especie de llave de noche, abri&oacute; la puerta, entr&oacute;, luego la volvi&oacute; a cerrar con cuidado y subi&oacute; por las escaleras, llevando todav&iacute;a a Cosette.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En lo alto de la escalera sac&oacute; del bolsillo otra llave con la que abri&oacute; otra puerta. La habitaci&oacute;n en la que entr&oacute; y en la que volvi&oacute; a cerrar era una especie de buhardilla, bastante espaciosa, amueblada s&oacute;lo con un colch&oacute;n extendido en el suelo, una mesa y algunas sillas. En un rinc&oacute;n hab&iacute;a una estufa que conten&iacute;a un fuego cuyas brasas eran visibles. Las farolas de los bulevares arrojaban una luz tenue a este interior pobre. En el otro extremo hab&iacute;a una peque&ntilde;a habitaci&oacute;n que conten&iacute;a una cuna. Sobre ella, Jean Valjean deposit&oacute; a la ni&ntilde;a sin despertarla.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Encendi&oacute; una luz con un pedernal y un acero, encendi&oacute; una vela que, con su yesquero, estaba preparada de antemano sobre la mesa y, como hab&iacute;a hecho la noche anterior, comenz&oacute; a mirar a Cosette con una mirada de asombro, en el que la expresi&oacute;n de bondad y ternura llegaba casi al borde de la locura. La ni&ntilde;a, con esa tranquila confianza que s&oacute;lo pertenece a la extrema fuerza o a la extrema debilidad, se hab&iacute;a quedado dormida sin saber con qui&eacute;n estaba, y segu&iacute;a durmiendo sin saber d&oacute;nde estaba.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean se inclin&oacute; y bes&oacute; la mano de la ni&ntilde;a.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Nueve meses antes hab&iacute;a besado la mano de la madre, que tambi&eacute;n acababa de quedarse dormida.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El mismo sentimiento l&uacute;gubre, piadoso y agonizante invadi&oacute; ahora su coraz&oacute;n.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se arrodill&oacute; junto a la cama de Cosette.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era pleno d&iacute;a y, sin embargo, la ni&ntilde;a segu&iacute;a durmiendo. Un p&aacute;lido rayo de sol de diciembre se colaba por la ventana de la buhardilla y dibujaba en el techo largos rayos de luz y sombra. De repente, un carro de transporte, pesadamente cargado, rod&oacute; sobre los adoquines del bulevar y sacudi&oacute; el viejo edificio como el estruendo de una tempestad, sacudi&eacute;ndolo desde el s&oacute;tano hasta el tejado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;S&iacute;, se&ntilde;ora! -exclam&oacute; Cosette despert&aacute;ndose sobresaltada.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Aqu&iacute; estoy! &iexcl;Aqu&iacute; estoy! "&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y se arroj&oacute; de la cama, con los p&aacute;rpados a&uacute;n medio cerrados por el peso del sue&ntilde;o, extendiendo la mano hacia la esquina de la pared.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! &iquest;Qu&eacute; debo hacer? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi escoba? &rdquo; dijo ella.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En ese momento ten&iacute;a los ojos completamente abiertos y vio el rostro sonriente de Jean Valjean.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Oh! S&iacute;, &iexcl;as&iacute; es! &rdquo; dijo la ni&ntilde;a. "Buenos d&iacute;as, se&ntilde;or".&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los ni&ntilde;os aceptan inmediatamente la alegr&iacute;a y la felicidad con r&aacute;pida familiaridad, siendo ellos mismos naturalmente toda felicidad y alegr&iacute;a.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette vio a Catharine a los pies de la cama, la agarr&oacute; en seguida y, mientras jugaba, le hizo mil preguntas a Jean Valjean: &iquest;D&oacute;nde estaba? &iquest;Era Par&iacute;s un lugar grande? &iquest;Estaba realmente muy lejos la se&ntilde;ora Th&eacute;nardier? &iquest;No volver&iacute;a otra vez?, etc., etc. De pronto exclam&oacute;: &ldquo;&iexcl;Qu&eacute; bonito es aqu&iacute;! "</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era una choza espantosa, pero se sent&iacute;a libre.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Tengo que barrer? &rdquo; ella continu&oacute; extensamente.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">" &iexcl;Jugar! &rdquo; respondi&oacute; Jean Valjean. Y as&iacute; pas&oacute; el d&iacute;a. Cosette, sin molestarse en entender nada de aquello, estaba indeciblemente feliz con su mu&ntilde;eca y su buen amigo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">III</font></span></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">La aurora del d&iacute;a siguiente encontr&oacute; de nuevo a Jean Valjean junto al lecho de Cosette. Esper&oacute; all&iacute;, inm&oacute;vil, hasta verla despertar.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Algo nuevo estaba entrando en su alma.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Jean Valjean nunca hab&iacute;a amado nada. Durante veinticinco a&ntilde;os estuvo solo en el mundo. Nunca hab&iacute;a sido padre, amante, marido o amigo. En las galeras se mostraba enfadado, hosco, abstinente, ignorante e intratable. El coraz&oacute;n del viejo preso estaba lleno de frescura. Su hermana y sus hijos s&oacute;lo hab&iacute;an dejado en su memoria una impresi&oacute;n vaga y lejana, que finalmente se hab&iacute;a desvanecido casi por completo. Hab&iacute;a hecho todos los esfuerzos posibles para volver a encontrarlos y, al no conseguirlo, los hab&iacute;a olvidado. As&iacute; queda constituida la naturaleza humana. Las otras tiernas emociones de su juventud, si es que las tuvo, se perdieron en un abismo.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Cuando vio a Cosette, cuando la tom&oacute;, la llev&oacute; y la rescat&oacute;, sinti&oacute; que se le conmov&iacute;a el coraz&oacute;n. Todo lo que ten&iacute;a de sentimiento y afecto fue despertado y atra&iacute;do con vehemencia hacia esta ni&ntilde;a. Se acercaba a la cama donde ella dorm&iacute;a y all&iacute; temblaba de alegr&iacute;a; sent&iacute;a en su interior anhelos, como una madre, y no sab&iacute;a cu&aacute;les eran, porque es algo muy incomprensible y muy dulce, esta gran y extra&ntilde;a emoci&oacute;n de un coraz&oacute;n en su primer amor.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">&iexcl;Pobre coraz&oacute;n viejo, tan joven!</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Pero como &eacute;l ten&iacute;a cincuenta y cinco a&ntilde;os y Cosette s&oacute;lo ocho, todo lo que pudo haber sentido de amor en toda su vida se fundi&oacute; en una especie de resplandor miserable.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Esta fue la segunda visi&oacute;n blanca que hab&iacute;a visto. El obispo hab&iacute;a hecho surgir en su horizonte el amanecer de la virtud; Cosette evoc&oacute; el amanecer del amor.</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Los primeros d&iacute;as transcurrieron en medio de este desconcierto.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Por su parte, tambi&eacute;n Cosette, inconscientemente, sufri&oacute; un cambio, &iexcl;pobre criatura! Era tan peque&ntilde;a cuando su madre la dej&oacute; que ahora no pod&iacute;a recordarla. Como todos los ni&ntilde;os, como los sarmientos tiernos de la vid que se adhieren a todo, ella hab&iacute;a tratado de amar. Ella no hab&iacute;a podido tener &eacute;xito. Todo el mundo la hab&iacute;a rechazado: los Th&eacute;nardier, sus hijos, los dem&aacute;s ni&ntilde;os. Ella amaba al perro; muri&oacute;, y despu&eacute;s de eso ninguna persona ni nada tendr&iacute;a nada que ver con ella.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Algo triste que decir, a la edad de ocho a&ntilde;os su coraz&oacute;n estaba fr&iacute;o.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Esto no fue su culpa; no era la facultad de amar lo que le faltaba; por desgracia, era la posibilidad. Y as&iacute;, desde el primer d&iacute;a, todo lo que pensaba y sent&iacute;a en ella comenz&oacute; a amar a este amable y viejo amigo. Ahora sent&iacute;a sensaciones completamente desconocidas por ella antes: una sensaci&oacute;n de brotaci&oacute;n y crecimiento.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Su amable amigo ya no le parec&iacute;a viejo y pobre. A sus ojos, Jean Valjean era hermoso, del mismo modo que la buhardilla le hab&iacute;a parecido bonita.</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">La naturaleza hab&iacute;a abierto un gran abismo (un intervalo de cincuenta a&ntilde;os de edad) entre Jean Valjean y Cosette. Este abismo se llen&oacute; con el destino. El destino uni&oacute; abruptamente y uni&oacute; con su poder irresistible estas dos vidas destrozadas, diferentes en a&ntilde;os, pero similares en dolor. El uno, en efecto, era el complemento del otro. El instinto de Cosette buscaba un padre, como el instinto de Jean Valjean buscaba un hijo. Encontrarse era encontrarse el uno al otro. En ese misterioso momento, cuando sus manos se tocaron, quedaron soldados. Cuando sus dos almas se vieron, reconocieron que se necesitaban mutuamente y se abrazaron estrechamente.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Tomando las palabras en su sentido m&aacute;s amplio y absoluto, se podr&iacute;a decir que, separado de todo por los muros de la tumba, Juan Valjean era el marido desconsolado, como Cosette era la hu&eacute;rfana. Esta posici&oacute;n hizo que Jean Valjean se convirtiera, en un sentido celestial, en el padre de Cosette.</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Y, en verdad, la impresi&oacute;n misteriosa que produjo en Cosette, en lo profundo del bosque de Chelles, la mano de Jean Valjean que apretaba la suya en la oscuridad, no era una ilusi&oacute;n sino una realidad. La venida de este hombre y su participaci&oacute;n en el destino de esta ni&ntilde;a hab&iacute;a sido el advenimiento de Dios.&nbsp;&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Mientras tanto, Jean Valjean hab&iacute;a elegido bien su escondite. Estaba all&iacute; en un estado de seguridad que parec&iacute;a total.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">La habitaci&oacute;n de la sala lateral que ocupaba con Cosette era aquella cuya ventana daba al bulevar. Como esta ventana era la &uacute;nica de la casa, no hab&iacute;a que temer ninguna mirada indiscreta de ning&uacute;n vecino ni de ese lado ni de enfrente.</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">El piso inferior de los n&uacute;meros 50-52 era una especie de cobertizo en ruinas; serv&iacute;a como una especie de establo para los horticultores y no ten&iacute;a comunicaci&oacute;n con el piso superior. El piso superior conten&iacute;a, como hemos dicho, varias habitaciones y algunos lofts, de los cuales s&oacute;lo uno estaba ocupado por una anciana que era criada de todos los trabajos de Jean Valjean. Todo el resto estaba deshabitado.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Fue esta anciana, honrada con el t&iacute;tulo de casera, pero, en realidad, encargada de las funciones de portera, quien le hab&iacute;a alquilado este alojamiento el d&iacute;a de Navidad. Se hab&iacute;a hecho pasar ante ella por un caballero acomodado, arruinado por los bonos espa&ntilde;oles, que iba a vivir all&iacute; con su nieta. Le hab&iacute;a pagado seis meses por adelantado y hab&iacute;a contratado a la anciana para que amueblara la habitaci&oacute;n y el peque&ntilde;o dormitorio, tal como los hemos descrito. Esta anciana fue quien encendi&oacute; el fuego de la estufa y prepar&oacute; todo para ellos la tarde de su llegada.</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Las semanas pasaron. Estos dos seres llevaron en aquel miserable refugio una vida feliz.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Desde el amanecer, Cosette re&iacute;a, parloteaba y cantaba. Los ni&ntilde;os tienen su canto matutino, como los p&aacute;jaros.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">A veces ocurr&iacute;a que Jean Valjean tomaba su manita roja, toda agrietada y congelada, y se la besaba. La pobre ni&ntilde;a, acostumbrada s&oacute;lo a los golpes, no ten&iacute;a idea de lo que eso significaba y retroced&iacute;a avergonzada.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">A veces se pon&iacute;a seria y miraba pensativa su vestidito negro. Cosette ya no estaba hecha harapos; ella estaba de luto. Ella sal&iacute;a de la m&aacute;s absoluta pobreza y entraba en la vida.</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Jean Valjean hab&iacute;a empezado a ense&ntilde;arle a leer. A veces, mientras ense&ntilde;aba a la ni&ntilde;a a deletrear, recordaba que hab&iacute;a aprendido a leer, en las galeras, con la intenci&oacute;n de hacer el mal. Esta intenci&oacute;n ahora se hab&iacute;a transformado en ense&ntilde;ar a leer a un ni&ntilde;o. Entonces el viejo presidiario sonre&iacute;a con la sonrisa pensativa de los &aacute;ngeles.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Sent&iacute;a en esto una preordenaci&oacute;n de lo alto, una voluntad de alguien m&aacute;s que un hombre, y se perd&iacute;a en sus ensue&ntilde;os.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Los buenos pensamientos as&iacute; como los malos tienen sus abismos.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Ense&ntilde;ar a Cosette a leer y verla jugar fue casi toda la vida de Jean Valjean. Y luego le hablaba de su madre y le ense&ntilde;aba a orar.&nbsp;</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Ella lo llam&oacute; "Padre" y no lo conoc&iacute;a por ning&uacute;n otro nombre.</font></span><br /><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Esto no es m&aacute;s que una opini&oacute;n personal; pero para expresar plenamente nuestra idea, en el punto en que hab&iacute;a llegado Jean Valjean, cuando comenz&oacute; a amar a Cosette, no nos queda claro si no necesitaba esta nueva dosis de bondad para poder perseverar en el camino correcto. Hab&iacute;a visto la maldad de los hombres y la miseria de la sociedad bajo nuevos aspectos, aspectos incompletos y que, por desgracia, s&oacute;lo mostraban un lado de la verdad: la suerte de la mujer resumida en Fantine, la autoridad p&uacute;blica personificada en Javert; esta vez lo hab&iacute;an enviado de regreso a las galeras por hacer el bien; nuevas oleadas de amargura lo hab&iacute;an invadido; el disgusto y el cansancio hab&iacute;an vuelto a dominar; el recuerdo del obispo, incluso, tal vez qued&oacute; eclipsado, y seguramente reaparecer&iacute;a despu&eacute;s, luminoso y triunfante; sin embargo, de hecho, este bendito recuerdo se estaba debilitando. &iquest;Qui&eacute;n sabe si Jean Valjean no estuvo a punto de desanimarse y volver a caer en el mal? Lleg&oacute; el amor y &eacute;l volvi&oacute; a fortalecerse. Por desgracia, no era menos d&eacute;bil que Cosette. &Eacute;l la protegi&oacute; y ella le dio fuerzas.</font></span><br /><span><font color="#2a2a2a" size="4">Gracias a &eacute;l pudo caminar erguida en la vida; gracias a ella, pudo persistir en las obras virtuosas. &Eacute;l era el apoyo de esta ni&ntilde;a, y esta ni&ntilde;a era su apoyo y su personal. &iexcl;Oh, misterio divino e insondable de las compensaciones del Destino!</font></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">IV</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;a en el barrio de Saint M&eacute;dard un mendigo que estaba sentado en cuclillas junto al borde de un pozo p&uacute;blico cercano, condenado, y al que Jean Valjean sol&iacute;a dar limosna. Nunca pasaba junto a este hombre sin darle unos centavos.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A veces le hablaba. Los que ten&iacute;an envidia de este pobre animal dec&iacute;an que estaba a sueldo de la polic&iacute;a. Era un viejo celador de iglesia de setenta y cinco a&ntilde;os que siempre estaba murmurando oraciones.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Una tarde, al pasar Jean Valjean sin compa&ntilde;&iacute;a de Cosette, vio al mendigo sentado en su lugar habitual, bajo la farola que acababan de encender.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El hombre, seg&uacute;n la costumbre, parec&iacute;a estar orando y estaba inclinado. Jean Valjean se acerc&oacute; a &eacute;l y, como de costumbre, le puso una moneda en la mano. El mendigo levant&oacute; de repente los ojos, mir&oacute; fijamente a Jean Valjean y luego r&aacute;pidamente baj&oacute; la cabeza. Este movimiento fue como un destello; Juan Valjean se estremeci&oacute;; Le pareci&oacute; que acababa de ver, a la luz de la farola, no el rostro sereno y santurr&oacute;n del anciano celador, sino un rostro terrible y bien conocido.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Experiment&oacute; la sensaci&oacute;n que se tendr&iacute;a al encontrarse de repente frente a frente, en la oscuridad, con un tigre. Retrocedi&oacute;, horrorizado y petrificado, sin atreverse a respirar ni a hablar, a quedarse ni a huir, pero mirando al mendigo que una vez m&aacute;s hab&iacute;a inclinado la cabeza, con su andrajosa manta, y parec&iacute;a no tener ya conciencia de su presencia. En aquel momento singular, un instinto, tal vez el misterioso instinto de conservaci&oacute;n, imped&iacute;a a Jean Valjean pronunciar una palabra. El mendigo ten&iacute;a la misma forma, los mismos harapos, el mismo aspecto general que cualquier otro d&iacute;a.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; &iexcl;Pshaw! &rdquo; se dijo Jean Valjean. &ldquo;&iexcl;Estoy loco! &iexcl;Estoy so&ntilde;ando! &iexcl;No puede ser! Y se fue a casa, ansioso e inc&oacute;modo.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Apenas se atrevi&oacute; a admitir, ni siquiera ante s&iacute; mismo, que el rostro que cre&iacute;a haber visto era el de Javert.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esa noche, tras reflexionar, lament&oacute; no haber interrogado al hombre para obligarlo a levantar la cabeza por segunda vez. Al d&iacute;a siguiente, al anochecer, volvi&oacute; all&iacute;. El mendigo estaba en su lugar. " &iexcl;Buen d&iacute;a! - dijo Juan Valjean con firmeza, mientras le daba la limosna de costumbre. El mendigo levant&oacute; la cabeza y respondi&oacute; con voz quejumbrosa: &ldquo;&iexcl;Gracias, amable se&ntilde;or, gracias! En realidad, no era m&aacute;s que el viejo celador.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean se sinti&oacute; ahora plenamente tranquilo. Incluso se ech&oacute; a re&iacute;r. &laquo;&iquest;Qu&eacute; diablos iba a imaginar si vi a Javert?&raquo;, pens&oacute;. &ldquo;&iquest;Mi vista ya se est&aacute; empobreciendo? &rdquo; Y no pens&oacute; m&aacute;s en eso.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Unos d&iacute;as despu&eacute;s, ser&iacute;an las ocho de la noche, estaba en su habitaci&oacute;n, d&aacute;ndole a Cosette sus lecciones de ortograf&iacute;a, que la ni&ntilde;a repet&iacute;a en voz alta, cuando oy&oacute; abrirse y cerrarse la puerta del edificio. Eso le pareci&oacute; extra&ntilde;o. La anciana, &uacute;nica ocupante de la casa adem&aacute;s de &eacute;l y Cosette, siempre se acostaba de noche para ahorrar velas. Jean Valjean hizo una se&ntilde;al a Cosette para que guardara silencio. Oy&oacute; que alguien sub&iacute;a las escaleras. Posiblemente se tratara de la anciana, que se hab&iacute;a sentido mal y hab&iacute;a ido a la farmacia. Juan Valjean escuch&oacute;. Los pasos eran pesados &#8203;&#8203;y sonaban como los de un hombre; pero la anciana llevaba zapatos pesados, y no hay nada m&aacute;s parecido al paso de un hombre que el de una anciana. Sin embargo, Jean Valjean apag&oacute; la vela.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Envi&oacute; a Cosette a la cama, dici&eacute;ndole en voz baja que se tumbara muy tranquilamente... y, mientras la besaba en la frente, los pasos se detuvieron. Jean Valjean permaneci&oacute; silencioso e inm&oacute;vil, de espaldas a la puerta, todav&iacute;a sentado en su silla, de la que no se hab&iacute;a movido, y conteniendo la respiraci&oacute;n en la oscuridad. Despu&eacute;s de un largo intervalo, sin o&iacute;r nada m&aacute;s, se volvi&oacute; sin hacer ruido, y al levantar los ojos hacia la puerta de su habitaci&oacute;n, vio una luz a trav&eacute;s del ojo de la cerradura. Este rayo de luz era una estrella maligna en el fondo negro de la puerta y la pared. Evidentemente hab&iacute;a alguien afuera con una vela escuchando.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pasaron unos minutos y la luz desapareci&oacute;. Pero no escuch&oacute; ning&uacute;n sonido de pasos, lo que parece indicar que quien estaba escuchando en la puerta se hab&iacute;a quitado los zapatos.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean se arroj&oacute; en la cama sin desvestirse, pero esa noche no pudo cerrar los ojos.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al amanecer, mientras se dorm&iacute;a a causa del cansancio, lo despert&oacute; de nuevo el crujido de la puerta de una habitaci&oacute;n al final del pasillo, y luego oy&oacute; los mismos pasos que hab&iacute;an subido las escaleras, en el piso la noche anterior.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los pasos se acercaron. Se levant&oacute; de la cama y puso el ojo en el ojo de la cerradura, que era bastante grande, con la esperanza de vislumbrar a la persona, quienquiera que fuera, que hab&iacute;a entrado en el edificio durante la noche y hab&iacute;a escuchado cerca a la puerta. Era, en efecto, un hombre que pas&oacute; junto a la habitaci&oacute;n de Jean Valjean, esta vez sin detenerse. El pasillo todav&iacute;a estaba demasiado oscuro para que pudiera distinguir sus rasgos, pero, cuando el hombre lleg&oacute; a las escaleras, un rayo de luz procedente del exterior hizo que su figura se destacara como un perfil, y Jean Valjean tuvo una vista completa de su espalda. El hombre era alto, vest&iacute;a una levita larga y ten&iacute;a un garrote bajo el brazo. Era la temible forma de Javert.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean podr&iacute;a haber intentado mirarlo de nuevo a trav&eacute;s de su ventana que daba al bulevar, pero habr&iacute;a tenido que levantar la hoja, y no se atrevi&oacute; a hacerlo.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era evidente que el hombre hab&iacute;a entrado mediante llave, como en casa. Entonces &iquest;qui&eacute;n le hab&iacute;a dado la llave? &iquest;Y cu&aacute;l era el significado de esto?</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A las siete de la ma&ntilde;ana hizo un fajo de cien francos que ten&iacute;a en un caj&oacute;n y se lo meti&oacute; en el bolsillo. Haciendo todo lo posible para que no se oyera el tintineo de la plata, una moneda de cinco francos se le escap&oacute; de las manos y rod&oacute; tintineante por el suelo.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al anochecer, se dirigi&oacute; a la puerta de la calle y mir&oacute; atentamente a ambos lados del bulevar. No se ve&iacute;a a nadie. El bulevar parec&iacute;a completamente desierto. Es cierto que podr&iacute;a haber alguien escondido detr&aacute;s de un &aacute;rbol.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Subi&oacute; de nuevo las escaleras.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Ven", le dijo a Cosette.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La tom&oacute; de la mano y ambos salieron.</font></span></span><br /><br /><strong><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Una Persecuci&oacute;n Oscura&nbsp;</font></span></span></strong><br /><strong><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Necesita</font></span></span></strong><br /><strong><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">un Perro Silencioso.&nbsp;</font></span></span></strong><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">I</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean abandon&oacute; inmediatamente el bulevar y empez&oacute; a recorrer las calles, dando tantas vueltas como pudo, volviendo a veces sobre su camino para asegurarse de que no lo segu&iacute;an.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La luna estaba llena. Jean Valjean no se arrepinti&oacute; de ello. La luna, todav&iacute;a cerca del horizonte, cortaba grandes prismas de luz y sombra en las calles. Jean Valjean pod&iacute;a deslizarse por las casas y los muros del lado oscuro y observar el lado luminoso. Quiz&aacute;s no se dio cuenta suficientemente de que se le escapaba el lado oscuro. Sin embargo, en todas las callejuelas desiertas del barrio de la rue de Poliveau, estaba seguro de que no hab&iacute;a nadie detr&aacute;s de &eacute;l.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando dieron las once en la torre de Saint Etienne du Mont, cruz&oacute; la calle de Pontoise, delante de la comisar&iacute;a de polic&iacute;a, situada en el n&uacute;mero 14. Algunos momentos despu&eacute;s, cuyo instinto ya hemos conocido, le hizo girar la cabeza. En ese momento vio claramente gracias a la l&aacute;mpara del comisario que los revel&oacute;: tres hombres que lo segu&iacute;an muy de cerca, pasaron uno tras otro bajo esta l&aacute;mpara en el lado oscuro de la calle. Uno de estos hombres entr&oacute; por el pasillo que conduc&iacute;a a la casa del comisario. El que iba delante le pareci&oacute; decididamente sospechoso.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Ven, ni&ntilde;a! &mdash; le dijo a Cosette, y se apresur&oacute; a salir de la calle de Pontoise.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dio un giro, rode&oacute; la galer&iacute;a de los Patriarcas, que estaba cerrada por lo avanzado de la hora, camin&oacute; r&aacute;pidamente por la calle de L'Ep&eacute;e-de-Bois y la calle de L'Arbal&egrave;te, y se meti&oacute; en la calle des Postes.&nbsp;&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">All&iacute; hab&iacute;a una plaza, donde ahora se encuentra el Coll&egrave;ge Rollin, y de la que sale la calle Neuve-Sainte-Genevi&egrave;ve.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La luna ilumin&oacute; intensamente esta plaza. Jean Valjean se ocult&oacute; en un portal, calculando que si aquellos hombres todav&iacute;a lo segu&iacute;an, no podr&iacute;a dejar de verlos bien cuando cruzaran ese espacio iluminado.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De hecho, no hab&iacute;an transcurrido tres minutos cuando aparecieron los hombres. Ahora eran cuatro; Todos eran altos, vestidos con largos abrigos marrones, con sombreros redondos y grandes garrotes en las manos. No eran menos aterradores por su tama&ntilde;o y sus grandes pu&ntilde;os que por su paso sigiloso en la oscuridad. Se los habr&iacute;a tomado por cuatro espectros vestidos de ciudadanos.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se detuvieron en el centro de la plaza y formaron un grupo como personas consultando. Parec&iacute;an indecisos. El hombre que parec&iacute;a ser el l&iacute;der se gir&oacute; y se&ntilde;al&oacute; en&eacute;rgicamente en la direcci&oacute;n en la que se encontraba Jean Valjean; uno de los otros parec&iacute;a insistir con cierta obstinaci&oacute;n en la direcci&oacute;n contraria. En el instante en que el l&iacute;der se gir&oacute;, la luna brill&oacute; llena en su rostro.&nbsp; Jean Valjean reconoci&oacute; perfectamente a Javert.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">II</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La incertidumbre hab&iacute;a llegado a su fin para Jean Valjean; Felizmente, todav&iacute;a continu&oacute; con estos hombres. Aprovech&oacute; su vacilaci&oacute;n; era tiempo perdido para ellos, pero ganado para &eacute;l. Sali&oacute; por la puerta en la que estaba escondido y se dirigi&oacute; a la calle de los Correos, hacia la zona del Jard&iacute;n de las Plantas. Cosette empez&oacute; a sentirse cansada; la tom&oacute; en sus brazos y la llev&oacute;. No hab&iacute;a nadie en las calles y las l&aacute;mparas no estaban encendidas a causa de la luna.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Aceler&oacute; el paso.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pas&oacute; por la calle de la Clef, luego por la fuente de Saint Victor, por el jard&iacute;n de las Plantas, por las calles inferiores, y lleg&oacute; al muelle. All&iacute; mir&oacute; a su alrededor. El muelle estaba desierto. Las calles estaban desiertas. Nadie detr&aacute;s de &eacute;l. Respir&oacute; hondo.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Lleg&oacute; al Puente de Austerlitz.&nbsp;&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Un carro grande pasaba al mismo tiempo por el Sena y, como &eacute;l, se dirig&iacute;a hacia la orilla derecha. Esto podr&iacute;a ser &uacute;til. Podr&iacute;a recorrer todo el puente a la sombra de este carro.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Desde donde se encontraba pod&iacute;a ver el Puente de Austerlitz en toda su longitud.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuatro sombras, en ese momento, entraron en el puente.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estas sombras ven&iacute;an del Jardin des Plantes hacia la margen derecha.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estas cuatro sombras eran los cuatro hombres.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean sinti&oacute; un escalofr&iacute;o como el del ciervo cuando vio que los perros segu&iacute;an su rastro.&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Le quedaba una esperanza: si se lanzaba a la callecita que ten&iacute;a delante, si consegu&iacute;a llegar a los bosques, a los pantanos, a los campos abiertos, podr&iacute;a escapar.&nbsp;</font></span></span><br /><span><font size="4" style="color:rgb(0, 0, 0)">Le pareci&oacute; que pod&iacute;a confiar en aquella callecita silenciosa. Entr&oacute;.</font></span><br /><br /><font color="#2a2a2a" size="4"><u><strong>&#8203;</strong></u>III<br /><br />Unos trescientos pasos m&aacute;s adelante lleg&oacute; a un punto donde la calle se bifurcaba. Se divid&iacute;a en dos calles, una giraba oblicuamente a la izquierda y la otra a la derecha. Jean Valjean ten&iacute;a ante s&iacute; las dos ramas de un &aacute;rbol. &iquest;Cu&aacute;l deber&iacute;a elegir?&nbsp;<br />No dud&oacute; y tom&oacute; la derecha.&nbsp;<br />&iquest;Por qu&eacute;?<br />Porque la rama izquierda conduc&iacute;a hacia el arrabal, es decir, hacia el campo, es decir, hacia la regi&oacute;n deshabitada.&nbsp;<br />De vez en cuando se volv&iacute;a y miraba hacia atr&aacute;s. Se cuidaba de mantenerse siempre en el lado oscuro de la calle. La calle estaba justo detr&aacute;s de &eacute;l.&nbsp; Las dos o tres primeras veces que se volvi&oacute; no vio nada; El silencio fue completo y &eacute;l sigui&oacute; su camino algo tranquilo. De repente, al volverse de nuevo, le pareci&oacute; ver en la parte de la calle por la que acababa de pasar, lejos en la oscuridad, algo que se mov&iacute;a.&nbsp;<br />Se lanz&oacute; hacia adelante en lugar de caminar, con la esperanza de encontrar alguna calle lateral por la cual escapar y eludir una vez m&aacute;s a sus perseguidores.&nbsp;<br />Lleg&oacute; a una pared.&nbsp;<br />Este muro, sin embargo, no le impidi&oacute; ir m&aacute;s lejos; era un muro que formaba el costado de un callej&oacute;n transversal, en el que terminaba la calle por la que entonces se encontraba Jean Valjean.&nbsp;<br />Aqu&iacute; tambi&eacute;n debe decidir; &iquest;Deber&iacute;a tomar la derecha o la izquierda?<br /><br />Mir&oacute; hacia la derecha. El callej&oacute;n desembocaba en un espacio entre algunos edificios que no eran m&aacute;s que cobertizos o graneros, y luego terminaba abruptamente. El final de este callej&oacute;n sin salida estaba a la vista: un gran muro blanco.<br />Mir&oacute; hacia la izquierda. El callej&oacute;n de este lado estaba abierto y, unos doscientos pasos m&aacute;s adelante, desembocaba en una calle de la que era afluente. En esta direcci&oacute;n estaba la seguridad.&nbsp;<br />En el momento en que Jean Valjean decidi&oacute; girar a la izquierda para intentar llegar a la calle que ve&iacute;a al final del callej&oacute;n, percibi&oacute;, en la esquina del callej&oacute;n y de la calle hacia la que se dirig&iacute;a, una especie de estatua negra e inm&oacute;vil.&nbsp;<br />Era un hombre que acababa de ser apostado all&iacute;, evidentemente, y que le esperaba vigilando el paso.&nbsp;<br />Juan Valjean se sobresalt&oacute;.<br /><br />No hab&iacute;a ninguna duda. Esta sombra lo observaba.&nbsp;<br />&iquest;Qu&eacute; deber&iacute;a hacer?&nbsp;<br />Ya no hab&iacute;a tiempo para dar marcha atr&aacute;s. Lo que hab&iacute;a visto moverse en la oscuridad a cierta distancia detr&aacute;s de &eacute;l, un momento antes, era sin duda Javert y su escuadr&oacute;n. Probablemente Javert ya hab&iacute;a llegado al comienzo de la calle donde estaba el final de Jean Valjean. Javert, al parecer, conoc&iacute;a esta peque&ntilde;a trampa y hab&iacute;a tomado sus precauciones enviando a uno de sus hombres a vigilar la salida. Estas conjeturas, tan parecidas a certezas, giraban salvajemente en el cerebro perturbado de Jean Valjean, como un pu&ntilde;ado de polvo que vuela ante una explosi&oacute;n repentina. Examin&oacute; la peque&ntilde;a calle Picpus; hab&iacute;a un centinela. Vio la forma oscura repetida en negro sobre el pavimento blanco inundado por la luz de la luna. Avanzar era caer sobre ese hombre. Volver atr&aacute;s era arrojarse en manos de Javert. Jean Valjean se sinti&oacute; atrapado por una cadena que se iba enrollando lentamente. Mir&oacute; al cielo con desesperaci&oacute;n.<br /><br />IV<br /><br /><br />En ese momento comenz&oacute; a o&iacute;rse a cierta distancia un sonido apagado y regular. Jean Valjean se atrevi&oacute; a asomar un poco la cabeza por la esquina de la calle. Siete u ocho soldados, formados en pelot&oacute;n, acababan de entrar en la calle Polonceau. Vio el brillo de sus bayonetas. Ven&iacute;an hacia &eacute;l.<br />&nbsp;Los soldados, a cuya cabeza distingui&oacute; la alta silueta de Javert, avanzaban lentamente y con precauciones. Se detuvieron con frecuencia. Era evidente que estaban explorando todos los recovecos de las paredes y todas las entradas de puertas y callejones.&nbsp;<br />Se trataba (y aqu&iacute; las conjeturas no pod&iacute;an enga&ntilde;arse) de una patrulla que Javert hab&iacute;a encontrado y que hab&iacute;a puesto en requisa.&nbsp;&nbsp;<br />Los dos ayudantes de Javert marchaban entre las filas.&nbsp;<br />Al ritmo con que marchaban y con las paradas que hac&iacute;an, tardar&iacute;an alrededor de un cuarto de hora en llegar al lugar donde se encontraba Jean Valjean. Fue un momento espantoso. Algunos minutos separaron a Jean Valjean de aquel terrible precipicio que se abr&iacute;a ante &eacute;l por tercera vez. Y las galeras ya no eran simplemente galeras, eran Cosette perdida para siempre; es decir, una vida en la muerte.&nbsp;<br />&nbsp;Ahora s&oacute;lo hab&iacute;a una cosa posible.<br /><br /><br />Jean Valjean ten&iacute;a la particularidad de que se pod&iacute;a decir que llevaba dos mochilas; en una ten&iacute;a los pensamientos de un santo, en el orden los formidables talentos de un presidiario. Se serv&iacute;a de uno u otro seg&uacute;n lo requer&iacute;a la ocasi&oacute;n.&nbsp;<br />Entre otros recursos, gracias a sus numerosas fugas de las galeras de Tol&oacute;n, se recordar&aacute; que hab&iacute;a llegado a dominar ese incre&iacute;ble arte de elevarse, en el &aacute;ngulo recto de una pared, si es necesario a la altura de un seis pisos; un arte sin escaleras ni puntales, a base de mera fuerza muscular, apoy&aacute;ndose en la nuca, los hombros, las caderas y las rodillas, aprovechando apenas los pocos salientes de la piedra, que hac&iacute;an tan terrible y tan celebrado la esquina del patio de la Conciergerie de Par&iacute;s por donde, hace unos veinte a&ntilde;os, se escap&oacute; el preso Battemolle.&nbsp;<br />Jean Valjean midi&oacute; con la vista la pared sobre la cual vio un tilo. Ten&iacute;a unos cinco metros de altura.<br /><br />El muro estaba rematado por una piedra plana sin ning&uacute;n saliente.&nbsp;<br />La dificultad era Cosette. Cosette no sab&iacute;a escalar una pared. &iquest;Abandonarla? Jean Valjean no pens&oacute; en ello. Llevarla era imposible. Se necesita toda la fuerza de un hombre para realizar estas extra&ntilde;as ascensiones. La menor carga le har&iacute;a perder su centro de gravedad y caer&iacute;a.&nbsp;<br />Necesitaba un cord&oacute;n. Jean Valjean no ten&iacute;a ninguno. &iquest;D&oacute;nde podr&iacute;a encontrar una cuerda, a medianoche, en la calle Polonceau? En verdad, en aquel instante, si Jean Valjean hubiera tenido un reino, lo habr&iacute;a dado por una cuerda.<br /><br />Todas las situaciones extremas tienen sus destellos que a veces nos ciegan, a veces nos iluminan.&nbsp;<br />La mirada desesperada de Jean Valjean se top&oacute; con la farola del callej&oacute;n sin salida de Genrot.&nbsp;<br />En aquella &eacute;poca no hab&iacute;a luces de gas en las calles de Par&iacute;s.&nbsp;<br />Al caer la noche encend&iacute;an las farolas, que se colocaban a intervalos, y se sub&iacute;an y bajaban mediante una cuerda que recorr&iacute;a la calle de punta a punta, pasando por las ranuras de los postes. El carrete en el que se enrollaba esta cuerda estaba encerrado debajo de la linterna en una peque&ntilde;a caja de hierro, cuya llave guardaba el farolero, y la cuerda misma estaba protegida por una carcasa de metal.<br /><br />Jean Valjean, con la energ&iacute;a de una lucha final, cruz&oacute; la calle de un salto, entr&oacute; en el callej&oacute;n sin salida, hizo saltar el cerrojo de la cajita con la punta de su cuchillo y un instante despu&eacute;s se encontraba de nuevo al lado de Cosette. Ten&iacute;a una cuerda.&nbsp;<br />Hemos explicado que las farolas no estaban encendidas esa noche. La l&aacute;mpara del callej&oacute;n sin salida Genrot se apagaba entonces, como todas las dem&aacute;s, y uno pod&iacute;a pasar sin siquiera darse cuenta de que no estaba en su lugar.&nbsp;<br />Mientras tanto, la hora, el lugar, la oscuridad, la preocupaci&oacute;n de Jean Valjean, sus acciones singulares, sus idas y venidas, todo esto empezaba a inquietar a Cosette. Cualquier otro ni&ntilde;o habr&iacute;a lanzado fuertes gritos mucho antes. Se content&oacute; con tirar de Jean Valjean por el fald&oacute;n de su abrigo. El sonido de la patrulla que se acercaba se hac&iacute;a cada vez m&aacute;s claro.&nbsp;&nbsp;<br />&ldquo; Padre &rdquo;, dijo ella en un susurro, &ldquo; tengo miedo. &iquest;Qui&eacute;n es el que viene? "<br />&ldquo; &iexcl;Silencio! &rdquo; respondi&oacute; el infeliz. " Es la Th&eacute;nardiess."&nbsp;<br />Cosette se estremeci&oacute;. A&ntilde;adi&oacute;:&nbsp;<br />&ldquo;No digas una palabra; Yo me ocupar&eacute; de ella. Si lloras, si haces alg&uacute;n ruido, la Th&eacute;nardiess te oir&aacute;. Ella viene a atraparte&rdquo;.<br /><br />Luego, sin prisa, pero sin hacer nada por segunda vez, con una decisi&oacute;n firme y r&aacute;pida, tanto m&aacute;s notable en un momento en el que la patrulla y Javert pod&iacute;an sorprenderlo en cualquier instante, se quit&oacute; la corbata, la pas&oacute; y rode&oacute; el cuerpo de Cosette por debajo de los brazos, cuidando de que no lastimara a la ni&ntilde;a, at&oacute; esta corbata a un extremo de la cuerda mediante el nudo que los marineros llaman nudo de golondrina, tom&oacute; el otro extremo de la cuerda entre sus dientes, se quit&oacute; los zapatos y las medias y las arroj&oacute; por encima del muro, y empez&oacute; a elevarse en el &aacute;ngulo del muro y del hastial con tanta solidez y seguridad como si tuviera los eslabones de una escalera bajo los talones y los codos. No hab&iacute;a pasado medio minuto cuando ya estaba de rodillas contra la pared.&nbsp;<br />Cosette lo miraba estupefacta, sin decir palabra.&nbsp;<br />La carga de Jean Valjean y el nombre de Th&eacute;nardiess la hab&iacute;an dejado muda.&nbsp;<br />De pronto oy&oacute; la voz de Jean Valjean que la llamaba en voz baja:&nbsp;<br />" Pon tu espalda contra la pared ".<br /><br />Ella obedeci&oacute;.&nbsp;<br />&ldquo; No hables y no tengas miedo &rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; Jean Valjean.&nbsp;<br />Y se sinti&oacute; levantada del suelo.&nbsp;<br />Antes de que tuviera tiempo de pensar d&oacute;nde estaba, estaba en lo alto de la pared.&nbsp;<br />Jean Valjean la agarr&oacute;, la puso boca arriba, tom&oacute; sus dos manitas con la mano izquierda, se tumb&oacute; y se arrastr&oacute; por lo alto de la pared. Como hab&iacute;a supuesto, all&iacute; hab&iacute;a un edificio cuyo techo llegaba casi hasta el suelo, con una suave inclinaci&oacute;n.<br />Una circunstancia afortunada, porque el muro era mucho m&aacute;s alto en este lado que en la calle. Jean Valjean vio el suelo debajo de &eacute;l a gran profundidad.&nbsp;<br />Acababa de llegar al plano inclinado del tejado y a&uacute;n no hab&iacute;a abandonado la cima del muro, cuando un violento alboroto anunci&oacute; la llegada de la patrulla. Oy&oacute; la voz atronadora de Javert:&nbsp;<br />&ldquo; &iexcl;Busca en el callej&oacute;n sin salida! La calle Droit Mur est&aacute; vigilada y la Petite rue Picpus tambi&eacute;n. Responder&eacute; por ello si est&aacute; en el callej&oacute;n sin salida&rdquo;.&nbsp;&nbsp;<br />Los soldados se precipitaron hacia el callej&oacute;n sin salida de Genrot.&nbsp;&nbsp;<br />Jean Valjean se desliz&oacute; por el tejado, sujetando a Cosette, lleg&oacute; hasta los tilos y salt&oacute; al suelo. Ya fuera por terror o por coraje, Cosette no hab&iacute;a dicho ni un susurro. Ten&iacute;a las manos un poco&nbsp;raspadas.</font><br /><br /><font color="#2a2a2a" size="4">V<br /><br />JEAN VALJEAN se encontr&oacute; en una especie de jard&iacute;n, muy grande y de aspecto singular, uno de esos jardines l&uacute;gubres que parecen hechos para ser vistos en invierno y de noche. Este jard&iacute;n era alargado, con una hilera de grandes &aacute;lamos al fondo, algunos &aacute;rboles altos forestales en las esquinas y un espacio libre en el centro, donde se alzaba un &aacute;rbol muy grande y aislado, luego algunos &aacute;rboles frutales, retorcidos y peludos, como grandes arbustos, algunos parterres de hortalizas, un huerto de melones cuyas tapas de cristal brillaban a la luz de la luna y un viejo pozo. Aqu&iacute; y all&aacute; hab&iacute;a bancos de piedra que parec&iacute;an negros de musgo. Los senderos estaban bordeados de lamentables arbustos peque&ntilde;os perfectamente rectos. La hierba cubr&iacute;a la mitad de ellos y un musgo verde cubr&iacute;a el resto.<br /><br />No se puede imaginar nada m&aacute;s salvaje y solitario que este jard&iacute;n. No hab&iacute;a nadie all&iacute;, lo cual era muy natural dada la hora, pero no parec&iacute;a que el lugar estuviera hecho para que cualquiera pudiera entrar, ni siquiera en pleno mediod&iacute;a.&nbsp;<br />La primera preocupaci&oacute;n de Jean Valjean fue encontrar sus zapatos y pon&eacute;rselos; Luego entr&oacute; al cobertizo con Cosette. Un hombre que intenta escapar nunca se cree lo suficientemente oculto. La ni&ntilde;a, pensando constantemente en la Th&eacute;nardiess, comparti&oacute; su instinto y se acurruc&oacute; lo m&aacute;s cerca que pudo.<br /><br />Cosette tembl&oacute; y se apret&oacute; contra su costado. Oyeron el ruido tumultuoso de la patrulla que saqueaba el callej&oacute;n sin salida y la calle, el ruido de sus mosquetes contra las piedras, las llamadas de Javert a los centinelas que hab&iacute;a apostado y sus imprecaciones mezcladas con palabras que no pod&iacute;an distinguir.&nbsp;<br />Al cabo de un cuarto de hora pareci&oacute; como si aquel ruido tormentoso comenzara a amainar. Juan Valjean no respiraba.&nbsp;<br />Hab&iacute;a puesto su mano suavemente sobre la boca de Cosette.&nbsp;<br />Pero la soledad que lo rodeaba era tan extra&ntilde;amente tranquila que aquel ruido espantoso, tan furioso y tan cercano, no arrojaba sobre ella ni siquiera una sombra de perturbaci&oacute;n. Parec&iacute;a como si estos muros estuvieran construidos con las piedras sordas de las que se habla en las Escrituras.&nbsp;<br />De repente, en medio de esta profunda calma, surgi&oacute; un nuevo sonido, un sonido celestial, divino, inefable, tan deslumbrante como horrible el otro. Era un himno que surg&iacute;a de la oscuridad, de voces de mujeres, del edificio l&uacute;gubre que dominaba el jard&iacute;n.<br />Cosette y Jean Valjean cayeron de rodillas.&nbsp;<br />No sab&iacute;an lo que era; No sab&iacute;an d&oacute;nde estaban, pero ambos sent&iacute;an, el hombre y el ni&ntilde;o,&nbsp;<br />Que deber&iacute;an estar de rodillas.<br /><br />Mientras cantaban estas voces, Jean Valjean estaba enteramente absorto en ellas.&nbsp; &nbsp;Ya no vio la noche, vio un cielo azul. Parec&iacute;a sentir c&oacute;mo se extend&iacute;an esas alas que todos tenemos dentro de nosotros.&nbsp;<br />El canto ces&oacute;.&nbsp;<br />Todos hab&iacute;an vuelto a caer en el silencio. Ya no hab&iacute;a nada m&aacute;s en la calle, nada m&aacute;s en el jard&iacute;n. Lo que amenazaba, lo que tranquilizaba, todo hab&iacute;a desaparecido. El viento sacud&iacute;a la hierba seca en lo alto del muro, lo que produc&iacute;a un ruido bajo, suave y l&uacute;gubre.<br /><br />VI<br /><br />La ni&ntilde;a apoy&oacute; la cabeza sobre una piedra y se durmi&oacute;.&nbsp;<br />Se sent&oacute; cerca de ella y la mir&oacute;. Poco a poco, mientras la contemplaba, se tranquiliz&oacute; y recobr&oacute; la lucidez mental.&nbsp;<br />&Eacute;l percibi&oacute; claramente esta verdad, la base de su vida en adelante, que mientras ella estuviera viva, mientras la tuviera con &eacute;l, no necesitar&iacute;a nada m&aacute;s que ella, y nada temer&iacute;a excepto por ella. Ni siquiera se dio cuenta de que ten&iacute;a mucho fr&iacute;o, ya que se hab&iacute;a quitado el abrigo para cubrirla.<br /><br />Mientras tanto, en medio del ensue&ntilde;o en el que hab&iacute;a ca&iacute;do, hab&iacute;a o&iacute;do durante alg&uacute;n tiempo un ruido singular. Sonaba como una campanita que alguien estuviera agitando. Este ruido estaba en el jard&iacute;n.&nbsp;<br />Se escuch&oacute; claramente, aunque d&eacute;bilmente. Se parec&iacute;a al d&eacute;bil tintineo de los cencerros en los pastos por la noche.<br />Este ruido hizo que Jean Valjean se volviera.&nbsp;<br />Mir&oacute; y vio que hab&iacute;a alguien en el jard&iacute;n.&nbsp;<br />Algo que parec&iacute;a un hombre caminaba entre las vitrinas del melonar, levant&aacute;ndose, agach&aacute;ndose, deteni&eacute;ndose, con un movimiento regular, como si dibujara o estirara algo en el suelo. Este ser parec&iacute;a cojear.&nbsp;<br />Juan Valjean se estremeci&oacute;. Se dijo que tal vez Javert y sus esp&iacute;as no se hab&iacute;an ido, que sin duda hab&iacute;an dejado a alguien vigilando en la calle; que, s&iacute; este hombre lo descubriera en el huerto, le declarar&iacute;a ladr&oacute;n y lo entregar&iacute;a. Tom&oacute; suavemente a Cosette dormida en sus brazos y la llev&oacute; al rinc&oacute;n m&aacute;s alejado del cobertizo, detr&aacute;s de un mont&oacute;n de muebles viejos que estaban fuera de uso. Cosette no se movi&oacute;.&nbsp;<br />Desde all&iacute; observ&oacute; los extra&ntilde;os movimientos del hombre en el huerto de melones. Parec&iacute;a muy singular, pero el sonido de la campana segu&iacute;a cada movimiento del hombre. Cuando el hombre se acerc&oacute;, el sonido se acerc&oacute;; cuando &eacute;l se alejaba, el sonido se alejaba; si hac&iacute;a alg&uacute;n movimiento repentino, un trino acompa&ntilde;aba el movimiento; cuando se detuvo, el ruido ces&oacute;. Parec&iacute;a evidente que la campana estaba sujeta a este hombre, pero &iquest;qu&eacute; podr&iacute;a significar eso? &iquest;Qu&eacute; era este hombre a quien le colgaban una campana como si fuera un carnero o una vaca?<br /><br />Mientras daba vueltas a estas preguntas, toc&oacute; las manos de Cosette. Estaban heladas.&nbsp;<br />" &iexcl;Oh! &iexcl;Dios! &rdquo; dijo &eacute;l.&nbsp;<br />La llam&oacute; en voz baja:&nbsp;<br />&iexcl;Cosette! "<br />Ella no abri&oacute; los ojos.&nbsp;<br />La sacudi&oacute; inteligentemente.&nbsp;<br />Ella no despert&oacute;.&nbsp;<br />&ldquo;&iquest;Podr&iacute;a estar muerta? -dijo, y se levant&oacute; de un salto, estremeci&eacute;ndose de pies a cabeza.&nbsp;<br />Cosette estaba p&aacute;lida; ella hab&iacute;a ca&iacute;do postrada en el suelo a sus pies, sin dar se&ntilde;al alguna.&nbsp;<br />Escuch&oacute; su respiraci&oacute;n; respiraba, pero con una respiraci&oacute;n que parec&iacute;a d&eacute;bil y a punto de detenerse.&nbsp;<br />&iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a calentarla otra vez? &iquest;C&oacute;mo despertarla? Todo lo dem&aacute;s fue desterrado de sus pensamientos. Sali&oacute; corriendo desesperadamente de las ruinas.&nbsp;<br />Era absolutamente necesario que en menos de un cuarto de hora Cosette estuviera en la cama y ante el fuego.<br /><br />VII<br /><br />Camin&oacute; directamente hacia el hombre que vio en el jard&iacute;n.&nbsp;<br />Hab&iacute;a cogido en la mano el fajo de billetes que llevaba en el bolsillo del chaleco.&nbsp;<br />Este hombre ten&iacute;a la cabeza gacha y no lo vio venir.&nbsp;<br />A pocos pasos, Jean Valjean estaba a su lado.<br /><br />Jean Valjean se acerc&oacute; a &eacute;l y exclam&oacute;:<br />&ldquo;&iexcl;Cien francos! "<br />El hombre se sobresalt&oacute; y levant&oacute; los ojos.&nbsp;<br />"Cien francos para usted", continu&oacute; Jean Valjean, "si me da refugio esta noche".&nbsp;<br />La luna brillaba de lleno sobre el rostro desconcertado de Jean Valjean.<br />&ldquo;&iexcl;Qu&eacute;, eres t&uacute;, Padre Madeleine! &rdquo; dijo el hombre.&nbsp;<br />Este nombre, as&iacute; pronunciado, en esta hora oscura, en este lugar desconocido, por este hombre desconocido, hizo retroceder a Jean Valjean.&nbsp;<br />Estaba preparado para cualquier cosa menos eso. El que hablaba era un anciano, encorvado y cojo, vestido como un campesino, que ten&iacute;a en su rodilla izquierda una r&oacute;tula de cuero de la que colgaba una campana. Su rostro estaba en la sombra y no se pod&iacute;a distinguir.&nbsp;<br />Mientras tanto, el buen hombre se hab&iacute;a quitado la gorra y exclamaba tr&eacute;mulo:&nbsp;<br />&ldquo;&iexcl;Ah! &iexcl;Dios m&iacute;o! &iquest;C&oacute;mo lleg&oacute; aqu&iacute;, padre Madeleine?&nbsp;<br />&iquest;C&oacute;mo entraste, oh Se&ntilde;or? &iquest;Ca&iacute;ste del cielo?&nbsp;<br />" &iquest;Qui&eacute;n eres? &iquest;Y qu&eacute; es esta casa? -pregunt&oacute; Juan Valjean.&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;<br />" &iexcl;Oh! De hecho, eso est&aacute; bien ahora&rdquo;, exclam&oacute; el anciano. &ldquo;Yo soy para quien conseguiste el lugar aqu&iacute;, y esta casa es en la que me conseguiste el lugar. &iexcl;Qu&eacute;! &iquest;No me recuerdas? "<br />&ldquo;No&rdquo;, dijo Jean Valjean. &ldquo;&iquest;Y c&oacute;mo es que me conoces? "<br />&ldquo;Me salvaste la vida&rdquo;, dijo el hombre.&nbsp;<br />Se volvi&oacute;, un rayo de luna ilumin&oacute; su rostro y Jean Valjean reconoci&oacute; al viejo&nbsp;<br />&nbsp;Fauchelevent.&nbsp;<br />&ldquo;&iexcl;Ah! dijo Jean Valjean. &ldquo;&iquest;Eres t&uacute;? S&iacute;, te recuerdo&rdquo;.<br /><br />&ldquo;&iexcl;Eso es muy afortunado! &rdquo; dijo el anciano en tono de reproche.&nbsp;<br />&ldquo;&iquest;Y qu&eacute; haces aqu&iacute;? &rdquo;, a&ntilde;adi&oacute; Jean Valjean.&nbsp;<br />" &iexcl;Oh! Estoy cubriendo mis melones&rdquo;.&nbsp;<br />Efectivamente, el viejo Fauchelevent ten&iacute;a en la mano, en el momento en que Jean Valjean se le acerc&oacute;, el extremo de un trozo de toldo que extend&iacute;a sobre el melonar. Ya hab&iacute;a colocado varios de esta manera durante la hora que llevaba en el jard&iacute;n. Fue este trabajo el que le hizo realizar los peculiares movimientos observados por Jean Valjean desde el cobertizo.&nbsp;<br />Continu&oacute;:&nbsp;<br />&ldquo;Me dije: la luna brilla, va a haber helada. &iquest;Y si le pongo sus chaquetas a mis melones? Y -a&ntilde;adi&oacute;, mirando a Jean Valjean con una sonora carcajada-, usted hubiera hecho bien en hacerlo usted mismo. &iquest;Pero c&oacute;mo lleg&oacute; aqu&iacute;? "<br />Juan Valjean, al comprobar que aquel hombre lo conoc&iacute;a, al menos con el nombre de Madeleine, no tom&oacute; m&aacute;s precauciones. Multiplic&oacute; las preguntas. Por extra&ntilde;o que parezca, sus partes parec&iacute;an al rev&eacute;s. Fue &eacute;l, el intruso, quien hizo las preguntas.&nbsp;<br />&ldquo;&iquest;Y qu&eacute; es esa campana que tienes en la rodilla? "<br />" &iexcl;Eso! " respondi&oacute; Fauchelevent. "Esto es para que se mantengan alejados de m&iacute;".&nbsp;<br />&ldquo;&iquest;Mantenerse alejado de ti? "&nbsp;<br />El viejo Fauchelevent hizo un gui&ntilde;o indescriptible.&nbsp;<br />&ldquo;&iexcl;Ah! &iexcl;Bend&iacute;ceme! En esta casa no hay nada m&aacute;s que mujeres, muchas chicas j&oacute;venes. Parece que es peligroso encontrarme.<br />La campana les avisa. Cuando llego, se van&rdquo;.<br /><br />&ldquo;&iquest;Qu&eacute; es esta casa? "<br />"Bueno, lo sabes muy bien".&nbsp;<br />&ldquo;No, no lo hago. "<br />"Vaya, me conseguiste este lugar aqu&iacute; como jardinero".&nbsp; &nbsp;&nbsp;<br />&ldquo;Resp&oacute;ndeme como si no lo supiera&rdquo;.&nbsp;<br />"Bueno, entonces es el convento del Petit Picpus".<br />Jean Valjean lo record&oacute;. El azar, es decir la Providencia, lo hab&iacute;a arrojado precisamente a ese convento del barrio Saint Antoine, en el que el viejo Fauchelevent, lisiado por su ca&iacute;da del carro, hab&iacute;a sido admitido, por recomendaci&oacute;n suya, dos a&ntilde;os antes. Repiti&oacute; como si hablara consigo mismo:&nbsp;<br />&ldquo; &iexcl;El Convento del Petit Pipcus! "<br />&mdash;Pero, en serio &mdash;prosigui&oacute; Fauchelevent&mdash;, &iquest;c&oacute;mo diablos ha conseguido usted entrar, padre Madeleine? De nada te sirve ser santo; Eres un hombre y aqu&iacute; no entran hombres.<br /><br />&nbsp; &ldquo;Pero t&uacute; est&aacute;s aqu&iacute;&rdquo;<br />&ldquo;No hay nadie m&aacute;s que yo. "<br />&ldquo;Pero&rdquo;, prosigui&oacute; Jean Valjean, &ldquo;tengo que quedarme aqu&iacute;&rdquo;.&nbsp;<br />" &iexcl;Oh! Dios m&iacute;o&rdquo;, exclam&oacute; Fauchelevent.&nbsp;<br />Jean Valjean se acerc&oacute; al anciano y le dijo con voz grave.&nbsp;<br />&ldquo;Padre Fauchelevent, le salv&eacute; la vida&rdquo;.&nbsp;<br />&ldquo;Yo fui el primero en recordarlo&rdquo;, respondi&oacute; Fauchelevent.&nbsp;<br />Bueno, ahora puedes hacer por m&iacute; lo que una vez hice por ti&rdquo;.&nbsp;<br />Fauchelevent tom&oacute; entre sus viejas manos arrugadas y temblorosas las manos robustas de Jean Valjean, y pasaron algunos segundos antes de que pudiera hablar; por fin exclam&oacute;:&nbsp;<br />&iexcl;Oh! &iexcl;Ser&iacute;a una bendici&oacute;n de Dios si pudiera hacer algo por ti a cambio de eso! &iexcl;Te salvo la vida! Se&ntilde;or alcalde, el anciano est&aacute; a su disposici&oacute;n.&nbsp;<br />Una maravillosa alegr&iacute;a hab&iacute;a transfigurado, por as&iacute; decirlo, al viejo jardinero. Un resplandor pareci&oacute; brillar en su rostro.<br />&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;<br />&iquest;Qu&eacute; quieres que haga? a&ntilde;adi&oacute;.<br />&ldquo;Te lo explicar&eacute;. &iquest;Tienes una habitaci&oacute;n? "<br />&ldquo;Tengo una chabola solitaria, all&aacute;, detr&aacute;s de las ruinas del antiguo convento, en un rinc&oacute;n que nadie ve nunca. Hay tres habitaciones&rdquo;.&nbsp;<br />En efecto, la chabola estaba tan bien escondida detr&aacute;s de las ruinas y tan bien dispuesta que nadie deber&iacute;a verla... que Jean Valjean no la hab&iacute;a visto.&nbsp;<br />"Bien", dijo Jean Valjean, "Ahora te pido dos cosas".&nbsp;<br />&ldquo;&iquest;Qu&eacute; son, se&ntilde;or Madeleine? "<br />&ldquo;Primero, que no le cuentes a nadie lo que sabes sobre m&iacute;. En segundo lugar, que no intentar&aacute;s aprender nada m&aacute;s&rdquo;.&nbsp;<br />&ldquo;Como quieras. S&eacute; que no puedes hacer nada deshonroso y que siempre has sido un hombre de Dios. Y adem&aacute;s, fuiste t&uacute; quien me puso aqu&iacute;. Es tu lugar, yo soy tuyo&rdquo;.&nbsp;<br />" Muy bien. Pero ahora ven conmigo. Iremos por la ni&ntilde;a&rdquo;.<br />&ldquo;&iexcl;Ah! dijo Fauchelevent. &ldquo;&iexcl;Hay una ni&ntilde;a! "<br />No dijo una palabra m&aacute;s y sigui&oacute; a Jean Valjean como un perro sigue a su amo.<br /><br />Al cabo de media hora Cosette, sonrosada de nuevo ante un buen fuego, dorm&iacute;a en la cama del viejo jardinero. Jean Valjean se hab&iacute;a puesto la corbata y el abrigo; su sombrero, que hab&iacute;a arrojado por encima de la pared, hab&iacute;a sido encontrado y tra&iacute;do. Mientras Jean Valjean se pon&iacute;a el abrigo, Fauchelevent se hab&iacute;a quitado la r&oacute;tula con la campana que ahora, colgada de un clavo cerca de una contraventana, adornaba la pared. Los dos hombres se calentaban, acodados sobre una mesa sobre la que Fauchelevent hab&iacute;a puesto un trozo de queso, pan integral, una botella de vino y dos copas, y el anciano dijo a Jean Valjean, poniendo la mano en la rodilla:&nbsp;<br />&ldquo;&iexcl;Ah! &iexcl;Padre Madeleine! &iquest;No me conoc&iacute;as al principio? &iquest;Salvas la vida de las personas y luego las olvidas? &iexcl;Oh! Eso es malo; te recuerdan. &iexcl;Eres un desagradecido! "</font><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El Convento.&nbsp;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">I</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Antes de cerrar los ojos, Jean Valjean hab&iacute;a dicho: &ldquo; De ahora en adelante debo quedarme aqu&iacute; &rdquo;. Estas palabras se persiguieron en la mente de Fauchelevent durante toda la noche.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A decir verdad, ninguno de los dos hab&iacute;a pegado ojo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Valjean, presenti&eacute;ndose descubierto y que Javert lo segu&iacute;a, sab&iacute;a perfectamente que &eacute;l y Cosette estar&iacute;an perdidos si regresaban a la ciudad. Dado que la nueva r&aacute;faga que lo hab&iacute;a azotado lo hab&iacute;a arrojado a su claustro, Jean Valjean solo ten&iacute;a un pensamiento: quedarse all&iacute;. Ahora bien, para alguien en su desafortunada posici&oacute;n, este convento era a la vez el lugar m&aacute;s seguro y el m&aacute;s peligroso; el m&aacute;s peligroso, pues, al no permitirse la entrada a nadie, si lo descubrieran, ser&iacute;a un delito flagrante, y Jean Valjean solo dar&iacute;a un paso del convento a la prisi&oacute;n; el m&aacute;s seguro, pues si consegu&iacute;a permiso para quedarse, &iquest;qui&eacute;n ir&iacute;a a buscarlo? Vivir en un lugar imposible; eso ser&iacute;a la seguridad.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por su parte, Fauchelevent se devanaba los sesos. Empez&oacute; por decidir que estaba completamente desconcertado. &iquest;C&oacute;mo hab&iacute;a llegado el se&ntilde;or Madeleine all&iacute;, con semejantes muros? Los muros de un claustro no se cruzan tan f&aacute;cilmente. &iquest;C&oacute;mo era posible que estuviera con una ni&ntilde;a? Un hombre no escala un muro empinado con una ni&ntilde;a en brazos. &iquest;Qui&eacute;n era esa ni&ntilde;a? &iquest;De d&oacute;nde ven&iacute;an ambos?</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Desde que Fauchelevent estaba en el convento, no hab&iacute;a o&iacute;do ni una palabra de M &mdash;---sur m&mdash;---, y no sab&iacute;a nada de lo ocurrido. Sin embargo, por algunas palabras que se le escaparon a Jean Valjean, el jardinero pens&oacute; que podr&iacute;a concluir que el se&ntilde;or Madeleine probablemente hab&iacute;a fracasado debido a los tiempos dif&iacute;ciles y que sus acreedores lo persegu&iacute;an, o que podr&iacute;a estar involucrado en alg&uacute;n asunto pol&iacute;tico y se estaba ocultando. Al estar oculto, el se&ntilde;or Madeleine hab&iacute;a tomado el convento por un asilo, y era natural que deseara permanecer all&iacute;. Fauchelevent tanteaba entre conjeturas, pero no ve&iacute;a nada claro excepto esto: &laquo;El se&ntilde;or Madeleine me ha salvado la vida&raquo;. Esta sola certeza fue suficiente y lo decidi&oacute;. Se dijo a s&iacute; mismo: &laquo;Ahora me toca a m&iacute;&raquo;. A&ntilde;adi&oacute; en su conciencia: &laquo;El se&ntilde;or Madeleine no dud&oacute; tanto cuando se trataba de meterse bajo la carreta para sacarme&raquo;. Decidi&oacute; que salvar&iacute;a al se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero que permaneciera en el convento, &iexcl;qu&eacute; problema! Ante ese intento casi quim&eacute;rico, Fauchelevent no retrocedi&oacute;; este pobre campesino travieso, sin m&aacute;s pelda&ntilde;o que su devoci&oacute;n, su buena voluntad, un poco de esa antigua astucia campestre, comprometido por una vez al servicio de una intenci&oacute;n generosa, emprendi&oacute; la escalada de las imposibilidades del claustro y las escarpadas escarpaduras de las reglas de San Benito. Fauchelevent era un anciano ego&iacute;sta de toda la vida, y que, cerca del final de sus d&iacute;as, lisiado, enfermo, sin inter&eacute;s ya en el mundo, encontr&oacute; dulce ser agradecido, y al ver una acci&oacute;n virtuosa por realizar, se entreg&oacute; a ella como quien, al momento de morir, encuentra a mano una copa de un buen vino que nunca ha probado, la bebe con avidez.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tom&oacute; entonces su resoluci&oacute;n: dedicarse al se&ntilde;or Madeleine.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El padre Fauchelevent llam&oacute; suavemente a una puerta y una voz suave respondi&oacute;: &ldquo; Pase &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta puerta era la del sal&oacute;n asignado al jardinero, para comunicarse con &eacute;l cuando fuera necesario. Este sal&oacute;n estaba cerca del sal&oacute;n del cap&iacute;tulo. La priora, sentada en la &uacute;nica silla del sal&oacute;n, esperaba a Fauchelevent.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El jardinero hizo una t&iacute;mida reverencia y se detuvo en el umbral de la celda. La priora, que rezaba el rosario, levant&oacute; la vista y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; &iexcl;Ah! Es usted, padre Fauvent &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta abreviatura se hab&iacute;a adoptado en el convento.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fauchelevent reanud&oacute; su reverencia.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Padre Fauvent, le he llamado.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Estoy aqu&iacute;, reverenda madre &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Quiero hablar con usted &rdquo;. &ldquo; Y yo, por mi parte &rdquo;, dijo Fauchelevent con una audacia que lo alarm&oacute; a &eacute;l mismo, &ldquo; tengo algo que decirle a la reverend&iacute;sima madre &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La priora lo mir&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ah, tiene una comunicaci&oacute;n que hacerme &rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; &iexcl;Una petici&oacute;n! &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Bueno, &iquest;qu&eacute; es? &rdquo;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El buen hombre comenz&oacute; ante la reverenda priora una arenga r&uacute;stica, bastante difusa y muy profunda. Habl&oacute; extensamente de su edad, de sus achaques, del peso de los a&ntilde;os que, a partir de entonces, se le duplicar&iacute;an, de las crecientes exigencias de su trabajo, del tama&ntilde;o del jard&iacute;n, de las noches que pasar&iacute;a, como la de anoche, por ejemplo, cuando tuvo que poner toldos sobre los melones por la luna; y finalmente termin&oacute; con esto: que ten&iacute;a un hermano, un hermano no joven; que si se deseaba, este hermano podr&iacute;a venir a vivir con &eacute;l y ayudarlo; que era un excelente jardinero; que la comunidad recibir&iacute;a buenos servicios de &eacute;l, mejores que los suyos propios; que, de lo contrario, si su hermano no era admitido, como &eacute;l, el mayor, se sent&iacute;a derrotado e incapaz de trabajar, se ver&iacute;a obligado a irse, pens&oacute; con mucho pesar, y que su hermano ten&iacute;a una ni&ntilde;ita que traer&iacute;a consigo, que ser&iacute;a criada bajo Dios en la casa, y que, &iquest;qui&eacute;n sabe?, alg&uacute;n d&iacute;a se convertir&iacute;a en monja.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando termin&oacute;, la priora dej&oacute; de deslizar el rosario entre sus dedos y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; &iquest;Puedes, de aqu&iacute; a la noche, conseguir una barra de hierro resistente? &rdquo;&nbsp;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; &iquest;Para qu&eacute; obras? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; &iquest;Para usarla como palanca? &rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; S&iacute;, reverenda madre &rdquo;, respondi&oacute; Fauchelevent.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La priora, sin a&ntilde;adir palabra, se levant&oacute; y se dirigi&oacute; a la habitaci&oacute;n contigua, que era el sal&oacute;n del cap&iacute;tulo, donde probablemente estaban reunidas las madres vocales. Fauchelevent se qued&oacute; solo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">III</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Transcurri&oacute; aproximadamente un cuarto de hora. La priora regres&oacute; y volvi&oacute; a sentarse.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ambas parec&iacute;an preocupadas. Relatamos lo mejor que podemos el di&aacute;logo que sigui&oacute;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iquest;Padre Fauvent?&raquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iquest;Reverenda madre?&raquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iquest;Conoce la capilla?&raquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Tengo un peque&ntilde;o palco all&iacute; para ir a misa y a los oficios&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iquest;Y ha estado en el coro hablando de su trabajo?&raquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Dos o tres veces&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Hay que levantar una piedra&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iquest;Pesada?&raquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;La losa del pavimento junto al altar&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iquest;La piedra que cubre la b&oacute;veda?&raquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;S&iacute;&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Esa es una obra en la que ser&iacute;a bueno contar con dos hombres&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;La piedra est&aacute; dispuesta para girar sobre un pivote&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Muy bien, reverenda madre, abrir&eacute; la b&oacute;veda&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Y las cuatro madres coristas le ayudar&aacute;n&raquo;. &ldquo;&iquest;Y cuando se abra la b&oacute;veda?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Hay que volver a cerrarla.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Eso es todo?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;No.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Deme sus &oacute;rdenes, reverenda madre.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Hay que bajar algo.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se hizo el silencio. La priora, tras un temblor en el labio inferior que parec&iacute;a vacilaci&oacute;n, habl&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Padre Fauvent?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Reverenda madre?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Sabe que esta ma&ntilde;ana falleci&oacute; una madre.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;No.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Padre Fauvent, debemos hacer lo que desean los muertos. Ser enterrados en la cripta bajo el altar de la capilla, no entrar en terreno profano, permanecer en la muerte donde ella or&oacute; en vida; esta fue la &uacute;ltima petici&oacute;n de la Madre Crucifixi&oacute;n. Ella lo pidi&oacute;, es decir, lo orden&oacute;.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Pero est&aacute; prohibido.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Prohibido por los hombres, ordenado por Dios.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Si se supiera?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Tenemos confianza en usted.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Podemos contar con usted?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Obedecer&eacute;.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Est&aacute; bien.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Reverenda madre, necesitar&eacute; una palanca de al menos seis pies de largo.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;D&oacute;nde la conseguir&aacute;?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Donde hay rejas, siempre hay barras de hierro. Tengo mi mont&oacute;n de hierro viejo al fondo del jard&iacute;n.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Padre Fauvent, est&eacute; en el altar mayor con la barra de hierro a las once. El oficio comienza a medianoche. Todo debe estar terminado un buen cuarto de hora antes.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Har&eacute; todo lo posible para demostrar mi celo por la comunidad. Reverenda madre, &iquest;esto es todo?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;No.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Qu&eacute; m&aacute;s hay, entonces?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Todav&iacute;a queda el ata&uacute;d vac&iacute;o.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esto los detuvo. Fauchelevent reflexion&oacute;. La priora reflexion&oacute;. &ldquo;Padre Fauvent, &iquest;qu&eacute; se har&aacute; con el ata&uacute;d?&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se enterrar&aacute;.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Yo me encargar&eacute; de eso.&rdquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El rostro de la priora, hasta entonces sombr&iacute;o y ansioso, volvi&oacute; a sereno. Le hizo el gesto de un superior que despide a un inferior. Fauchelevent se dirigi&oacute; a la puerta. Al salir, la priora alz&oacute; suavemente la voz.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Padre Fauvent, estoy satisfecha con usted; ma&ntilde;ana, despu&eacute;s del entierro, tr&aacute;igame a su hermano y d&iacute;gale que traiga a su hija.&rdquo;</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">IV</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esa misma tarde, Jean Valjean, gracias a una peque&ntilde;a puerta visible desde la calle que daba al jard&iacute;n, sali&oacute; con Cosette mientras Fauchelevent distra&iacute;a al portero. Volvi&oacute; a entrar casi de inmediato y el portero, sin percatarse de nada, lo condujo oficialmente al sal&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La priora, con el rosario en la mano, los esperaba. Una madre, con el velo bajado, estaba de pie junto a ella. Una modesta vela encendida, o casi podr&iacute;amos decir, pretend&iacute;a iluminar el sal&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La priora examin&oacute; a Jean Valjean. Nada examina con tanto cuidado como una mirada baja.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mir&oacute; a Cosette atentamente y luego dijo, aparte, a la madre:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Ser&aacute; hogare&ntilde;a".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Las dos madres conversaron en voz baja durante unos minutos en un rinc&oacute;n del sal&oacute;n, y entonces la priora se volvi&oacute; y dijo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"Padre Fauvent, tendr&aacute; otra r&oacute;tula y una campanilla.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Necesitamos dos, ahora". As&iacute; que, a la ma&ntilde;ana siguiente, se oyeron dos campanillas en el jard&iacute;n, y las monjas no pudieron evitar levantarse un extremo del velo. Vieron a dos hombres cavando uno al lado del otro, en la parte baja del jard&iacute;n, bajo los &aacute;rboles: Fauvent y otro. &iexcl;Inmenso acontecimiento! El silencio se rompi&oacute;, hasta el punto de decir:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Es un ayudante de jardinero!&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Las madres a&ntilde;adieron:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Es hermano del Padre Fauvent&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De hecho, Jean Valjean fue nombrado regularmente; ten&iacute;a la r&oacute;tula de cuero y la campana; a partir de entonces, recibi&oacute; su comisi&oacute;n. Su nombre era Ultimus Fauchelevent.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La priora, tras esta predicci&oacute;n, inmediatamente escuch&oacute; el comentario de la priora: &ldquo;Ser&aacute; hogare&ntilde;a&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tras esta predicci&oacute;n, la priora inmediatamente se hizo amiga de Cosette y le ofreci&oacute; un lugar en el colegio como alumna de beneficencia.<br /><br />V</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cosette, al ingresar al convento, tuvo que vestirse como las colegialas. Jean Valjean logr&oacute; que le entregaran la ropa que ella hab&iacute;a dejado a un lado. Era el mismo traje de luto que le hab&iacute;a tra&iacute;do para que se lo pusiera al dejar a los Th&eacute;nardier. No estaba muy usado. Jean Valjean enroll&oacute; estas prendas, as&iacute; como las medias y los zapatos de lana, con mucho alcanfor y otras sustancias arom&aacute;ticas, tan abundantes en los conventos, y las meti&oacute; en una peque&ntilde;a maleta que logr&oacute; conseguir. La puso en una silla cerca de su cama y siempre guardaba la llave en el bolsillo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Padre&raquo;, le pregunt&oacute; Cosette un d&iacute;a, &laquo;&iquest;qu&eacute; es esa caja que huele tan bien?&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Una vida muy agradable comenz&oacute; de nuevo para &eacute;l.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Trabajaba a diario en el jard&iacute;n y era muy &uacute;til. Anteriormente hab&iacute;a sido podador, y ahora se sent&iacute;a como en casa siendo jardinero. Conoc&iacute;a todos los trucos y secretos del trabajo del campo. Los aprovechaba al m&aacute;ximo. Casi todos los &aacute;rboles frutales eran silvestres; los injertaba y hac&iacute;a que dieran frutos excelentes. A Cosette le permit&iacute;an ir todos los d&iacute;as y pasar una hora con &eacute;l. Como las hermanas estaban tristes y &eacute;l era bondadoso, la ni&ntilde;a lo comparaba con ellas y lo veneraba. Todos los d&iacute;as, a la hora se&ntilde;alada, corr&iacute;a al peque&ntilde;o edificio. Al entrar en el antiguo lugar, lo llenaba de para&iacute;so. Jean Valjean disfrutaba de su presencia y sent&iacute;a que su propia felicidad aumentaba gracias a la felicidad que le proporcionaba a Cosette.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A la hora del recreo, Jean Valjean la observaba desde lejos mientras jugaba y retozaba, y pod&iacute;a distinguir su risa de la de los dem&aacute;s.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Porque ahora, Cosette re&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Incluso el semblante de Cosette hab&iacute;a cambiado, en cierto modo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El tono sombr&iacute;o hab&iacute;a desaparecido. La risa es la luz del sol; ahuyenta el invierno del rostro humano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando terminaba el recreo y Cosette entraba, Jean Valjean vigilaba las ventanas de su aula y, por la noche, se levantaba de la cama para echar un vistazo a las ventanas de la habitaci&oacute;n donde ella dorm&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dios tiene sus propios caminos. El convento contribuy&oacute;, como Cosette, a confirmar y completar, en Jean Valjean, la obra del obispo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo lo que lo rodeaba: este jard&iacute;n tranquilo, estas flores fragantes, estos ni&ntilde;os que gritaban de alegr&iacute;a, estas mujeres mansas y sencillas, este claustro silencioso, se adentraron gradualmente en todo su ser, y, poco a poco, su alma se sumi&oacute; en el silencio como este claustro, en la fragancia como estas flores, en la paz como este jard&iacute;n, en la sencillez como estas mujeres, en la alegr&iacute;a como estos ni&ntilde;os. Y entonces reflexion&oacute; que dos casas de Dios lo hab&iacute;an repelido: la segunda, cuando la sociedad humana volvi&oacute; a aullar tras &eacute;l, y las galeras lo esperaban de nuevo; y que, de no haber sido por la primera, habr&iacute;a reca&iacute;do en el crimen, y de no haber sido por la segunda, en el castigo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo su coraz&oacute;n se derret&iacute;a de gratitud, y amaba cada vez m&aacute;s. As&iacute; pasaron varios a&ntilde;os. Cosette crec&iacute;a.</font></span></span><br /><br /><span><font size="4"><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&mdash;------------------------------------------------</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Marius</span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">--------------------------------------------------&nbsp;</span></font></span><br /><br /><br /><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700"><font size="7">Parvulus</font></span></span><br /><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Unos ocho o nueve a&ntilde;os despu&eacute;s de los acontecimientos narrados en la segunda parte de esta historia, se vio, en el Boulevard du Temple, cerca del Ch&acirc;teau d'Eau, a un ni&ntilde;o de once o doce a&ntilde;os que habr&iacute;a encarnado con bastante exactitud el ideal del gamin de Par&iacute;s si, con la risa de su juventud en los labios, su coraz&oacute;n no hubiera estado completamente oscuro y vac&iacute;o. Este ni&ntilde;o iba bien abrigado con unos pantalones de hombre, pero no los hab&iacute;a heredado de su padre, y con una camisa de mujer, que no era herencia de su madre. Unos desconocidos lo hab&iacute;an vestido con esos harapos por caridad. Aun as&iacute;, ten&iacute;a padre y madre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero su padre nunca pens&oacute; en &eacute;l, y su madre no lo quer&iacute;a. Era uno de esos ni&ntilde;os tan dignos de compasi&oacute;n, que tienen padres y madres, y sin embargo son hu&eacute;rfanos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este ni&ntilde;o nunca se sinti&oacute; tan feliz como en la calle. El pavimento no le era tan duro como el coraz&oacute;n de su madre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sus padres lo hab&iacute;an lanzado a la vida de una patada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Con gran ingenio, hab&iacute;a extendido sus alas y emprendido el vuelo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era un pilluelo bullicioso, p&aacute;lido, &aacute;gil, despierto y p&iacute;caro, con un aire a la vez vivaz y enfermizo. Iba, ven&iacute;a, cantaba, jugaba a la pelota, rascaba las alcantarillas, robaba un poco, pero lo hac&iacute;a con alegr&iacute;a, como los gatos y los gorriones; re&iacute;a cuando lo llamaban recadero y se enfadaba cuando lo llamaban vagabundo. No ten&iacute;a techo, ni comida, ni fuego, ni amor, pero estaba alegre porque era libre. Cuando estas pobres criaturas son hombres, la piedra de molino de nuestro sistema social casi siempre entra en contacto con ellas y las muele, pero mientras son ni&ntilde;os escapan porque son peque&ntilde;os. El agujero m&aacute;s peque&ntilde;o las salva.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, a pesar de lo deshabitado que estaba este muchacho, a veces, cada dos o tres meses, se dec&iacute;a a s&iacute; mismo: &laquo;&iexcl;Ven, voy a ver a mi madre!&raquo;. Entonces dejaba el bulevar, el Cirque, la Porte Saint Martin, bajaba por los muelles, cruzaba los puentes, llegaba a las afueras, caminaba hasta la Salp&ecirc;tri&egrave;re y llegaba... &iquest;ad&oacute;nde? Precisamente a ese doble n&uacute;mero, 50-52, que el lector conoce: el edificio Gorbeau.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En la &eacute;poca referida, el edificio n&uacute;mero 50-52, habitualmente vac&iacute;o y permanentemente decorado con el cartel de HABITACIONES EN ALQUILER, estaba, para su sorpresa, alquilado por varias personas que, por lo dem&aacute;s, como siempre ocurre en Par&iacute;s, no ten&iacute;an ninguna relaci&oacute;n ni conexi&oacute;n entre s&iacute;. Todos ellos pertenec&iacute;an a esa clase indigente que empieza por el peque&ntilde;o burgu&eacute;s en situaci&oacute;n de miseria y desciende, de grado en grado de miseria, por los estratos inferiores de la sociedad, hasta llegar a aquellos seres en quienes terminan todas las cosas materiales de la civilizaci&oacute;n: el basurero y el trapero.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La casera de Jean Valjean hab&iacute;a fallecido y hab&iacute;a sido reemplazada por otra exactamente igual. La nueva anciana se llamaba Madame Burgon, y su vida no hab&iacute;a sido destacable m&aacute;s que por una dinast&iacute;a de tres periquitos, que sucesivamente empu&ntilde;aron el cetro de sus afectos.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entre quienes viv&iacute;an en el edificio, los m&aacute;s desdichados eran una familia de cuatro personas: padre, madre y dos hijas casi adultas, alojadas las cuatro en la misma buhardilla, una de esas celdas de las que ya hemos hablado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A primera vista, esta familia no presentaba nada muy peculiar, salvo su extrema indigencia; el padre, al alquilar la habitaci&oacute;n, se hab&iacute;a dado el nombre de Jondrette. Alg&uacute;n tiempo despu&eacute;s de su instalaci&oacute;n, que se hab&iacute;a parecido singularmente, para tomar prestada la memorable expresi&oacute;n de la casera, a la entrada de &laquo;nada en absoluto&raquo;, este Jondrette le dijo a la anciana, que, como su predecesora, era al mismo tiempo portera y barredora de escaleras: &laquo;Madre Fulana, si alguien viene a preguntar por un polaco o un italiano o, tal vez, un espa&ntilde;ol, soy yo&raquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ahora bien, esta familia era la familia de nuestro vivaz y peque&ntilde;o ni&ntilde;o descalzo. Cuando lleg&oacute; all&iacute;, encontr&oacute; angustia y, lo que es m&aacute;s triste a&uacute;n, ninguna sonrisa, un hogar fr&iacute;o y corazones fr&iacute;os. Al entrar, le preguntaban: "&iquest;De d&oacute;nde vienes?". &Eacute;l respond&iacute;a: "De la calle". Al irse, le preguntaban: "&iquest;Ad&oacute;nde vas?". &Eacute;l respond&iacute;a: "A la calle". Su madre le preguntaba: "&iquest;A qu&eacute; has venido?".</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El ni&ntilde;o viv&iacute;a, en esta ausencia de afecto, como esas plantas p&aacute;lidas que crecen en los s&oacute;tanos. No sent&iacute;a sufrimiento por su modo de existencia y no le guardaba rencor a nadie. No sab&iacute;a c&oacute;mo deb&iacute;an ser un padre y una madre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero, aun as&iacute;, su madre amaba a sus hermanas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;amos olvidado decir que en el Boulevard du Temple a este ni&ntilde;o se le llamaba el Peque&ntilde;o Gavroche. &iquest;Por qu&eacute; se llamaba Gavroche? Probablemente porque su padre se llamaba Jondrette. Romper todos los v&iacute;nculos parece ser el instinto de algunas familias desdichadas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La habitaci&oacute;n que ocupaban los Jondrette en el edificio de viviendas Gorbeau era la &uacute;ltima al final del pasillo. La celda contigua la ocupaba un joven muy pobre llamado Monsieur Marius.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Veamos qui&eacute;n y qu&eacute; era Monsieur Marius.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700"><font size="5">El Gran Burgu&eacute;s</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En las calles Boucherat, de Normand&iacute;a y de Saintonge, a&uacute;n quedan algunos ancianos que conservan el recuerdo de un noble anciano llamado Monsieur Gillenormand, y a quienes les gusta hablar de &eacute;l.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Monsieur Gillenormand, tan vivo como cualquier hombre puede estarlo en 1831, era uno de esos hombres que se han convertido en curiosidades, simplemente por haber vivido mucho tiempo, y que son extra&ntilde;os, porque antes eran como todos los dem&aacute;s, y ahora ya no lo son. Era un anciano peculiar, y sin duda un hombre de otra &eacute;poca: el aut&eacute;ntico burgu&eacute;s del siglo XVIII, un ejemplar perfecto, un poco altivo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;a pasado los noventa a&ntilde;os, caminaba erguido, hablaba en voz alta, ve&iacute;a con claridad, beb&iacute;a mucho, com&iacute;a, dorm&iacute;a y roncaba. Conservaba todos sus treinta y dos dientes. Solo usaba gafas para leer.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ten&iacute;a una hija soltera de m&aacute;s de cincuenta a&ntilde;os, a la que maltrataba duramente cuando se enfadaba y a la que con gusto habr&iacute;a azotado. Le parec&iacute;a que ten&iacute;a unos ocho a&ntilde;os. Golpeaba con fuerza a sus criados.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Viv&iacute;a en el Marais, rue des Filles du Calvaire, n.&ordm; 6.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La casa era suya. Ocupaba un antiguo y amplio apartamento en el primer piso, entre la calle y los jardines.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El jard&iacute;n, que estaba justo debajo de sus ventanas, se comunicaba con el &aacute;ngulo entre ellas mediante una escalera de doce o quince escalones, que el anciano sub&iacute;a y bajaba con mucha alegr&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Su abrigo era de tela ligera, con amplios ribetes, una larga cola de golondrina y grandes botones de acero. A esto se suman los pantalones cortos y las hebillas de los zapatos. Siempre llevaba las manos en los bolsillos. Dec&iacute;a con autoridad: &laquo;La Revoluci&oacute;n Francesa es un caos de bribones&raquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;a ganado varios premios en su juventud en el colegio de Moulin, donde naci&oacute;, y hab&iacute;a sido coronado por las manos del duque de Nivernais, a quien llamaba El Duque de Nevers. Ni la Convenci&oacute;n, ni la muerte de Luis XVI, ni Napole&oacute;n, ni el regreso de los Borbones hab&iacute;an podido borrar el recuerdo de esta coronaci&oacute;n. El Duque de Nevers era para &eacute;l la gran figura del siglo. &laquo;&iexcl;Qu&eacute; noble y gran se&ntilde;or!&raquo;, dijo, &laquo;&iexcl;y qu&eacute; elegante porte ten&iacute;a con su cinta azul!&raquo;. Monsieur Gillenormand veneraba a los Borbones y sent&iacute;a horror por el a&ntilde;o 1789: relataba constantemente c&oacute;mo se salv&oacute; durante el Terror y c&oacute;mo, de no haber tenido tanta alegr&iacute;a e ingenio, le habr&iacute;an cortado la cabeza si alg&uacute;n joven se hubiera atrevido a elogiar la rep&uacute;blica en su presencia. Se pon&iacute;a p&aacute;lido y, furioso, al punto de desmayo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ten&iacute;a dos criados, un hombre y una mujer. Cuando un criado entraba a su servicio, Monsieur Gillenormand lo rebautizaba. Les daba a los hombres el nombre de su provincia: Nimois, Comtois, Poitevin, Picard. Su &uacute;ltima ayuda de c&aacute;mara fue un hombre corpulento, rechoncho y jadeante de cincuenta y cinco a&ntilde;os, incapaz de correr veinte pasos, pero como hab&iacute;a nacido en Bayoneta, Monsieur Guillenormand lo llamaba Vasco. En cuanto a las criadas, en su casa todas se llamaban Nicolette. Un d&iacute;a, una orgullosa cocinera, con faja azul, de la noble estirpe de los porteros, se present&oacute;. &laquo;&iquest;Cu&aacute;nto quiere al mes?&raquo;, pregunt&oacute; Monsieur Gillenormand.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Treinta francos&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iquest;C&oacute;mo se llama?&raquo;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Olympie&raquo;. Recibir&aacute;s cincuenta francos y te llamar&aacute;s Nicolette.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;a tenido dos esposas: una hija de la primera, que permaneci&oacute; soltera, y otra hija de la segunda, que muri&oacute; a los treinta a&ntilde;os, y que se cas&oacute; por amor, por suerte o por cualquier otra raz&oacute;n, con un soldado de fortuna que sirvi&oacute; en los ej&eacute;rcitos de la Rep&uacute;blica y del Imperio, gan&oacute; la cruz en Austerlitz y fue nombrado coronel en Waterloo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Esta es la desgracia de mi familia&raquo;, dijo el viejo burgu&eacute;s.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En 1814, durante los primeros a&ntilde;os de la Restauraci&oacute;n, Monsieur Gillenormand, a&uacute;n joven &mdash;ten&iacute;a solo setenta y cuatro a&ntilde;os&mdash; viv&iacute;a en el barrio de Saint Germain, rue Servandoni, cerca de Saint Sulpice. Se retir&oacute; al Marais solo al retirarse de la sociedad, tras cumplir ochenta a&ntilde;os.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En cuanto a las dos hijas de Monsieur Gillenormand, acabamos de hablar de ellas. Nacieron con diez a&ntilde;os de diferencia.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La menor se hab&iacute;a casado con el hombre de sus sue&ntilde;os, pero ya hab&iacute;a fallecido. La mayor no estaba casada.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En el momento en que entra en la historia que relatamos, era una vieja virtud, una mojigata incombustible, una de las narices m&aacute;s agudas y una de las mentes m&aacute;s obtusas que se pudieran descubrir. Un incidente caracter&iacute;stico.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fuera de la familia inmediata, nadie conoc&iacute;a su nombre de pila. Se llamaba Mademoiselle Gillenormand, la mayor.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estaba triste, con una oscura tristeza cuyo secreto desconoc&iacute;a. En toda su persona se percib&iacute;a el estupor de una vida terminada pero nunca comenzada.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ella cuidaba la casa de su padre. El se&ntilde;or Gillernormand ten&iacute;a a su hija con &eacute;l, como hemos visto que el se&ntilde;or Bienvenue ten&iacute;a a su hermana. Estas casas de un anciano y una solterona no son raras, y siempre tienen el aspecto conmovedor de dos debilidades que se apoyan la una en la otra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Adem&aacute;s, en la casa, entre esta solterona y este anciano, hab&iacute;a un ni&ntilde;o, un ni&ntilde;o peque&ntilde;o, siempre tembloroso y mudo ante el se&ntilde;or Gillernormand. El se&ntilde;or Gillernormand nunca le hablaba a este ni&ntilde;o sino con voz severa, y a veces con el bast&oacute;n en alto: "&iexcl;Aqu&iacute;! &iexcl;Se&ntilde;or, brib&oacute;n, venga aqu&iacute;! &iexcl;Resp&oacute;ndame, granuja! &iexcl;D&eacute;jame verte, brib&oacute;n!", etc.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Lo idolatraba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era su nieto. Veremos a este ni&ntilde;o otra vez.<br />&#8203;</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Quienquiera que aquel d&iacute;a hubiera pasado por la peque&ntilde;a ciudad de Vernon y hubiera caminado sobre aquel hermoso puente monumental que muy pronto ser&aacute; reemplazado, esperemos, por alg&uacute;n horrible puente de alambre, habr&iacute;a notado, al posar su mirada desde lo alto del parapeto, a un hombre de unos cincuenta a&ntilde;os, con un casco de cuero en la cabeza, vestido con pantalones y chaleco de tela gris tosca, al que estaba cosido algo amarillo que hab&iacute;a sido una cinta roja, calzado con zuecos de madera, amarillentos por el sol, con el rostro casi negro y el cabello casi blanco, una gran cicatriz en la frente que se extend&iacute;a por la mejilla, encorvado, cabizbajo, mayor de lo que su edad indicaba, caminando casi todos los d&iacute;as con una pala y una navaja de podar en la mano, en uno de esos compartimentos amurallados, en las cercan&iacute;as del puente, que, como una cadena de terrazas, bordean la margen izquierda del Seine.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todos estos cercados est&aacute;n delimitados por el r&iacute;o a un lado y por una casa al otro. El hombre del chaleco y los zuecos de madera del que acabamos de hablar viv&iacute;a, alrededor del a&ntilde;o 1817, en el m&aacute;s peque&ntilde;o de estos cercados y en la m&aacute;s humilde de estas casas. All&iacute; viv&iacute;a solo, en silencio y en la pobreza, con una mujer que no era ni joven ni vieja, ni hermosa ni fea, ni campesina ni burguesa, que lo atend&iacute;a. El cuadrado de tierra que &eacute;l llamaba su jard&iacute;n era famoso en el pueblo por la belleza de las flores que cultivaba en &eacute;l. Las flores eran su oficio.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Quienquiera que, por aquel entonces, hubiera le&iacute;do las memorias militares, las biograf&iacute;as, los Moniteurs y los boletines del Gran Ej&eacute;rcito, se habr&iacute;a topado con un nombre que aparece con bastante frecuencia: el de George Pontmercy. De joven, este George Pontmercy fue soldado del regimiento de Saintonge. En Waterloo, lider&oacute; un escuadr&oacute;n de coraceros en la brigada de Dubois. Fue &eacute;l quien tom&oacute; la bandera del batall&oacute;n de Lunenburg. La llev&oacute; a los pies del emperador. Estaba cubierto de sangre. Al tomar la bandera, hab&iacute;a recibido un golpe de sable en el rostro. El emperador, complacido, le grit&oacute;: &laquo;&iexcl;Es usted coronel, es usted bar&oacute;n, es usted oficial de la Legi&oacute;n de Honor!&raquo;. Pontmercy respondi&oacute;: &laquo;Se&ntilde;or, gracias por mi viuda&raquo;. Una hora despu&eacute;s, cay&oacute; al barranco de Ohain. &iquest;Qui&eacute;n era este George Pontmercy? Era el mism&iacute;simo bandolero del Loira.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Tras la Restauraci&oacute;n, pas&oacute; a tener medio sueldo y lo envi&oacute; a una residencia, es decir, bajo vigilancia en Vernon. El rey Luis XVIII, haciendo caso omiso de todo lo ocurrido durante los Cien D&iacute;as, no reconoci&oacute; ni su cargo de oficial de la Legi&oacute;n de Honor, ni su rango de coronel, ni su t&iacute;tulo de bar&oacute;n. &Eacute;l, por su parte, no desaprovechaba ocasi&oacute;n para firmarse como CORONEL BAR&Oacute;N PONTMERCY. Solo ten&iacute;a un viejo abrigo azul y jam&aacute;s sal&iacute;a sin lucir la escarapela de oficial de la Legi&oacute;n de Honor.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No ten&iacute;a nada m&aacute;s que su m&iacute;sero sueldo como jefe de escuadr&oacute;n. Alquil&oacute; la casa m&aacute;s peque&ntilde;a que pudo encontrar en Vernon.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Viv&iacute;a all&iacute; solo, como acabamos de ver. Bajo el Imperio, entre dos guerras, tuvo tiempo para casarse con Mademoiselle Gillenormand. El viejo burgu&eacute;s, que se sinti&oacute; verdaderamente ultrajado, consinti&oacute; con un suspiro, diciendo: &laquo;Las familias m&aacute;s importantes se ven obligadas a ello&raquo;. En 1815, Madame Pontmercy, una mujer admirable en todos los sentidos, noble y excepcional, digna de su marido, falleci&oacute;, dejando un hijo. Este ni&ntilde;o habr&iacute;a sido la alegr&iacute;a del coronel en su soledad; pero el abuelo, imperiosamente, exigi&oacute; a su nieto, declarando que, si no se lo entregaban, lo desheredar&iacute;a. El padre cedi&oacute; por el bien del peque&ntilde;o, y, al no poder tener a su hijo, se dedic&oacute; a amar las flores.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Gillenormand no ten&iacute;a trato con su yerno. Para &eacute;l, el coronel era un bandido, y para el coronel, un cabeza hueca. El se&ntilde;or Gillenormand jam&aacute;s hablaba del coronel, salvo para hacer alusiones burlonas a su baron&iacute;a. Qued&oacute; expresamente acordado que Pontmercy no deb&iacute;a intentar ver a su hijo ni hablarle, so pena de que el muchacho fuera rechazado y desheredado. Para los Gillenormand, Pontmercy era una molestia. Pretend&iacute;an criar al ni&ntilde;o a su antojo. Quiz&aacute; el coronel obr&oacute; mal al aceptar estas condiciones, pero se someti&oacute;, creyendo que hac&iacute;a lo correcto y sacrific&aacute;ndose &eacute;l solo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La herencia del abuelo Gillenormand era modesta, pero la de la se&ntilde;ora Gillenormand la mayor era considerable. Esta t&iacute;a, que hab&iacute;a permanecido soltera, era muy rica por parte materna, y el hijo de su hermana era su heredero natural. El ni&ntilde;o, llamado Marius, sab&iacute;a que ten&iacute;a un padre, pero nada m&aacute;s. Nadie le hablaba de &eacute;l. Sin embargo, en la sociedad a la que lo introdujo su abuelo, los susurros, las insinuaciones, el ambiente, poco a poco fueron iluminando la mente del peque&ntilde;o; finalmente comprendi&oacute; algo, y a medida que asimilaba, por una suerte de infiltraci&oacute;n y lenta penetraci&oacute;n, las ideas y opiniones que, por as&iacute; decirlo, formaban el ambiente que lo rodeaba, lleg&oacute; a pensar en su padre solo con verg&uuml;enza y con el coraz&oacute;n cerrado.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Mientras crec&iacute;a as&iacute;, cada dos o tres meses el coronel se escapaba, ven&iacute;a furtivamente a Par&iacute;s como un fugitivo de la justicia quebrantando su prohibici&oacute;n, y se dirig&iacute;a a Saint Sulpice, a la hora en que la t&iacute;a Gillenormand llevaba a Marius a misa. All&iacute;, temblando de miedo de que la t&iacute;a se volviera, oculto tras una columna, inm&oacute;vil, sin atreverse a respirar, ve&iacute;a a su hijo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El veterano, marcado por las cicatrices, le ten&iacute;a miedo a la solterona.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Dos veces al a&ntilde;o, el 1 de enero y el d&iacute;a de San Jorge, Marius escrib&iacute;a cartas filiales a su padre, que su t&iacute;a le dictaba y que, cualquiera dir&iacute;a, eran copias de alg&uacute;n escritor de cartas consumado; esto era todo lo que el se&ntilde;or Gillenormand permit&iacute;a; y el padre respond&iacute;a con cartas muy tiernas, que el abuelo guardaba en el bolsillo sin leer.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">MARIUS PONTMERCY pas&oacute;, como todos los ni&ntilde;os, por diversas situaciones. Al dejar las manos de la t&iacute;a Gillenormand, su abuelo lo confi&oacute; a un digno profesor, de la m&aacute;s pura inocencia cl&aacute;sica.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius curs&oacute; sus a&ntilde;os universitarios y luego ingres&oacute; en la facultad de derecho. Era mon&aacute;rquico, fan&aacute;tico y austero.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sent&iacute;a poco cari&ntilde;o por su abuelo, cuya alegr&iacute;a y cinismo lo her&iacute;an, y el lugar de su padre era un oscuro vac&iacute;o.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por lo dem&aacute;s, era un muchacho ardiente pero sereno, novelesco, generoso, orgulloso, religioso, altivo; honorable incluso en la dureza, puro incluso en la insociabilidad.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En 1827, Marius acababa de cumplir dieciocho a&ntilde;os. Al llegar una tarde, vio a su abuelo con una carta en la mano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Marius&raquo;, dijo el se&ntilde;or Gillenormand, &laquo;ma&ntilde;ana partir&aacute;s para Vernon&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iquest;Para qu&eacute;?&raquo;, dijo Marius.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Para ver a tu padre&raquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius se estremeci&oacute;. Hab&iacute;a pensado en todo menos en que llegar&iacute;a el d&iacute;a en que tendr&iacute;a que ver a su padre. Nada podr&iacute;a haber sido m&aacute;s inesperado, m&aacute;s sorprendente y, debemos decir, m&aacute;s desagradable. Era una aversi&oacute;n obligada a la intimidad. No era disgusto; no, era pura monoton&iacute;a.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius, adem&aacute;s de sus sentimientos de antipat&iacute;a pol&iacute;tica, estaba convencido de que su padre, el sablero, como lo llamaba Monsieur Gillenormand en los momentos m&aacute;s dulces, no lo amaba; eso era evidente, ya que lo hab&iacute;a abandonado y lo hab&iacute;a dejado en manos de otros.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sinti&eacute;ndose no amado en absoluto, no sent&iacute;a amor. Nada m&aacute;s natural, se dijo a s&iacute; mismo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Qued&oacute; tan asombrado que no le pregunt&oacute; al se&ntilde;or Gillernormand. El abuelo continu&oacute;:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Parece que est&aacute; enfermo. Pregunta por usted&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al d&iacute;a siguiente, al anochecer, Marius lleg&oacute; a Vernon. Apenas comenzaban a encenderse las velas. Le pregunt&oacute; a la primera persona que encontr&oacute; por &laquo;la casa del se&ntilde;or Pontmercy&raquo;, pues en sus sentimientos coincid&iacute;a con la Restauraci&oacute;n, y &eacute;l tampoco reconoc&iacute;a a su padre ni como bar&oacute;n ni como coronel.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Le se&ntilde;alaron la casa. Llam&oacute;; una mujer entr&oacute; y abri&oacute; la puerta con una peque&ntilde;a l&aacute;mpara en la mano.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Se&ntilde;or Pontmercy?&rdquo;, dijo Marius.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La mujer permaneci&oacute; inm&oacute;vil.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Est&aacute; aqu&iacute;?&rdquo;, pregunt&oacute; Marius.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La mujer asinti&oacute; afirmativamente.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iquest;Puedo hablar con &eacute;l?&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La mujer hizo un gesto negativo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;Pero soy su hijo!&rdquo;, continu&oacute; Marius. &ldquo;Me espera&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Ya no le espera&rdquo;, dijo la mujer.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entonces &eacute;l la not&oacute; llorando.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se&ntilde;al&oacute; la puerta de una habitaci&oacute;n inferior; &eacute;l entr&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En esta habitaci&oacute;n, iluminada por una vela de sebo sobre la repisa de la chimenea, hab&iacute;a tres hombres: uno de pie, otro de rodillas y otro en camisa, tendido cuan largo era en el suelo. El que estaba en el suelo era el coronel.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los otros dos eran un m&eacute;dico y un sacerdote que rezaba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El coronel hab&iacute;a sufrido tres d&iacute;as antes una fiebre cerebral. Al principio de la enfermedad, present&iacute;a que iba a estar mal y le hab&iacute;a escrito al se&ntilde;or Gillenormand para preguntar por su hijo. La enfermedad hab&iacute;a empeorado. La misma noche de la llegada de Marius a Vernon, el coronel sufri&oacute; un ataque de delirio; salt&oacute; de la cama a pesar del criado, gritando: "&iexcl;Mi hijo no ha venido! &iexcl;Voy a verlo!". Luego sali&oacute; de su habitaci&oacute;n y se desplom&oacute; en el suelo del recibidor. Acababa de morir.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Hab&iacute;an llamado al m&eacute;dico y al cura. El m&eacute;dico hab&iacute;a llegado demasiado tarde; el cura hab&iacute;a llegado demasiado tarde. El hijo tambi&eacute;n hab&iacute;a llegado demasiado tarde.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A la tenue luz de la vela, pudieron distinguir en la mejilla del coronel, p&aacute;lido y supino, una gruesa l&aacute;grima que hab&iacute;a ca&iacute;do de su ojo agonizante. El ojo estaba vidrioso, pero la l&aacute;grima no estaba seca. Esta l&aacute;grima era por la demora de su hijo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius contempl&oacute; a este hombre, a quien vio por primera y &uacute;ltima vez: ese rostro venerable y varonil, esos ojos abiertos que no ve&iacute;an, ese cabello blanco, esas extremidades robustas en las que distingu&iacute;a aqu&iacute; y all&aacute; l&iacute;neas marrones que eran cortes de sable, y una especie de estrellas rojas que eran agujeros de bala. Contempl&oacute; esa gigantesca cicatriz que imprim&iacute;a hero&iacute;smo en ese rostro en el que Dios hab&iacute;a impreso bondad.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pens&oacute; que ese hombre era su padre y que ese hombre estaba muerto, y permaneci&oacute; impasible.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El dolor que experiment&oacute; fue el dolor que habr&iacute;a sentido ante cualquier otro hombre al que hubiera visto tendido en la muerte.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luto, un luto amargo, reinaba en esa habitaci&oacute;n. La criada se lamentaba sola en un rinc&oacute;n; el cura rezaba, y se o&iacute;an sus sollozos; el m&eacute;dico se secaba los ojos; el cad&aacute;ver mismo lloraba.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este m&eacute;dico, este sacerdote y esta mujer miraron a Marius a trav&eacute;s de su aflicci&oacute;n sin decir palabra; era &eacute;l quien era el extra&ntilde;o. Marius, demasiado impasible, se sinti&oacute; avergonzado y abochornado por su actitud; ten&iacute;a el sombrero en la mano, lo dej&oacute; caer al suelo, para hacerles creer que el dolor le quitaba la fuerza para sostenerlo.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al mismo tiempo, sinti&oacute; algo parecido al remordimiento y se despreci&oacute; por actuar as&iacute;. &iquest;Pero era culpa suya? &iexcl;En realidad no amaba a su padre!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El coronel no dej&oacute; nada. La venta de sus muebles apenas pag&oacute; su entierro. La criada encontr&oacute; un trozo de papel que le entreg&oacute; a Marius. Dec&iacute;a esto, escrito a mano por el coronel:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Para mi hijo. El emperador me nombr&oacute; bar&oacute;n en el campo de batalla de Waterloo. Dado que la Restauraci&oacute;n impugna este t&iacute;tulo que he comprado con mi sangre, mi hijo lo tomar&aacute; y lo llevar&aacute;. No hace falta decir que ser&aacute; digno de &eacute;l&rdquo;. En el reverso, el coronel hab&iacute;a a&ntilde;adido: &ldquo;En esta misma batalla de Waterloo, un sargento me salv&oacute; la vida. Este hombre se llama Th&eacute;nardier. No hace mucho, creo que regentaba una peque&ntilde;a taberna en un pueblo a las afueras de Par&iacute;s, en Chelles o en Montfermeil. Si mi hijo lo encuentra, le har&aacute; a Th&eacute;nardier todo el favor que pueda&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No por deber hacia su padre, sino por ese vago respeto a la muerte que siempre es tan imperioso en el coraz&oacute;n humano, Marius tom&oacute; este papel y lo apret&oacute;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No quedaba rastro del coronel. Monsieur Gillenormand vendi&oacute; su espada y uniforme a un comerciante de segunda mano. Los vecinos despojaron el jard&iacute;n y se llevaron las flores raras. Las dem&aacute;s plantas se volvieron espinosas y raqu&iacute;ticas, y murieron.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius solo permaneci&oacute; cuarenta y ocho horas en Vernon. Tras el entierro, regres&oacute; a Par&iacute;s y volvi&oacute; con su suegro, sin pensar en su padre m&aacute;s que si nunca hubiera vivido. En dos d&iacute;as, el coronel fue enterrado y en tres d&iacute;as olvidado.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius llevaba crep&eacute; en el sombrero. Eso era todo.<br /><strong>&#8203;</strong></font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">III</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius hab&iacute;a conservado los h&aacute;bitos religiosos de su infancia. Un domingo fue a o&iacute;r misa en San Sulpicio, en la misma capilla de la Virgen a la que lo llevaba su t&iacute;a de peque&ntilde;o, y estando ese d&iacute;a m&aacute;s distra&iacute;do y so&ntilde;ador que de costumbre, se coloc&oacute; detr&aacute;s de una columna y se arrodill&oacute;, sin darse cuenta, ante una silla de terciopelo de Utrecht, en cuyo respaldo estaba escrito este nombre: Monsieur MABEUF, MAYORDOMO.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Apenas hab&iacute;a comenzado la misa cuando un anciano se present&oacute; y le dijo a Marius:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or, este es mi lugar&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius se alej&oacute; r&aacute;pidamente y el anciano ocup&oacute; su asiento. Despu&eacute;s de la misa, Marius permaneci&oacute; absorto en sus pensamientos a unos pasos de distancia; el anciano se acerc&oacute; y le dijo: &ldquo;Le ruego que me disculpe, se&ntilde;or, por haberlo molestado hace un momento y por molestarlo de nuevo ahora. Pero me ha considerado impertinente y debo explicarme&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Se&ntilde;or&rdquo;, dijo Marius, &ldquo;es innecesario&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl;S&iacute;!&rdquo;, continu&oacute; el anciano; &ldquo;no quiero que tenga una mala opini&oacute;n de m&iacute;. Ver&aacute;, le tengo mucho aprecio a ese lugar&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Me parece que la misa es mejor all&iacute;. &iquest;Por qu&eacute;? Te lo dir&eacute;. A ese lugar he visto venir durante diez a&ntilde;os, regularmente, cada dos o tres meses, a un padre pobre y valiente, que no ten&iacute;a otra oportunidad ni otra forma de ver a su hijo, impedido por arreglos familiares. Llegaba a la hora en que sab&iacute;a que su hijo iba a misa. El peque&ntilde;o nunca sospech&oacute; que su padre estaba all&iacute;. &iexcl;Quiz&aacute;s ni siquiera sab&iacute;a que ten&iacute;a un padre, el inocente ni&ntilde;o! El padre, por su parte, se escond&iacute;a tras una columna para que nadie lo viera. Mir&oacute; a su hijo y llor&oacute;. Este pobre hombre adoraba a este peque&ntilde;o. Lo vi.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Este lugar se ha santificado, por as&iacute; decirlo, para m&iacute;, y he adquirido la costumbre de venir aqu&iacute; a o&iacute;r misa. Lo prefiero al estrado, donde tengo derecho a estar como celador. Incluso conoc&iacute; vagamente a este desafortunado caballero. Ten&iacute;a un suegro, una t&iacute;a rica, parientes, no recuerdo exactamente, que amenazaron con desheredar al ni&ntilde;o si &eacute;l, el padre, lo ve&iacute;a. Se hab&iacute;a sacrificado para que su hijo alg&uacute;n d&iacute;a fuera rico y feliz. Estaban separados por opiniones pol&iacute;ticas. Ciertamente apruebo las opiniones pol&iacute;ticas, pero hay gente que no sabe d&oacute;nde detenerse. &iexcl;Bendito sea! Porque un hombre estuvo en Waterloo no es un monstruo; un padre no es separado de su hijo por eso. Fue uno de los coroneles de Bonaparte. Est&aacute; muerto. Creo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Viv&iacute;a en Vernon, donde mi hermano es cura, y se llamaba algo as&iacute; como Pontmarie, Montpercy. Ten&iacute;a un hermoso corte de sable.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Pontmercy&rdquo;, dijo Marius, palideciendo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Exactamente; Pontmercy. &iquest;Lo conoc&iacute;a?</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Se&ntilde;or &rdquo;, dijo Marius, &ldquo; era mi padre &rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El anciano s&iacute;ndico junt&oacute; las manos y exclam&oacute;:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl; Ah ! &iexcl; Eres el ni&ntilde;o ! S&iacute;, eso es; ya deber&iacute;a ser un hombre. &iexcl; Bueno ! Pobre ni&ntilde;o , puedes decir que tuviste un padre que te quiso mucho &rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius ofreci&oacute; el brazo al anciano y lo acompa&ntilde;&oacute; a su casa. Al d&iacute;a siguiente le dijo al se&ntilde;or Gillenormand: &ldquo; Hemos organizado una partida de caza con unos amigos. &iquest;Me permites estar ausente tres d&iacute;as? &rdquo;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo; Cuatro &rdquo;, respondi&oacute; el abuelo: &ldquo; Ve; divi&eacute;rtete &rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y, con un gui&ntilde;o, le susurr&oacute; a su hija:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;&iexcl; Menuda aventura amorosa ! &rdquo;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">IV</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius fue a Vernon y pas&oacute; varias horas junto a la tumba de su padre. Luego, regres&oacute; a Par&iacute;s, fue directo a la biblioteca de la facultad de derecho y pidi&oacute; el archivo del Moniteur. Ley&oacute; el Moniteur; ley&oacute; todas las historias de la rep&uacute;blica y del imperio, el Memorial de Sainte-H&eacute;l&egrave;ne, todas las memorias, diarios, boletines, proclamas; lo devor&oacute; todo. La primera vez que vio el nombre de su padre en los boletines del Gran Ej&eacute;rcito, tuvo fiebre durante una semana entera. Fue a ver a los generales a las &oacute;rdenes de George Pontmercy, entre otros, al conde H. El s&iacute;ndico, Mabeuf, a quien hab&iacute;a vuelto a ver, le cont&oacute; la vida en Vernon, el retiro del coronel, sus flores y su soledad. Marius lleg&oacute; a comprender plenamente a este hombre excepcional, sublime y gentil, a esta especie de le&oacute;n-cordero que era su padre. Mientras tanto, absorto en este estudio, que le absorb&iacute;a todo el tiempo y todos sus pensamientos, apenas ve&iacute;a a los Gillenormand. Aparec&iacute;a a la hora de comer; luego, cuando lo buscaban, se hab&iacute;a ido. La t&iacute;a refunfu&ntilde;&oacute;. El abuelo sonri&oacute;. "&iexcl;Bah, bah! &iexcl;Es la edad de las muchachas!". A veces, el anciano a&ntilde;ad&iacute;a: "&iexcl;Dios m&iacute;o, pens&eacute; que era galanter&iacute;a! Parece una pasi&oacute;n".</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fue una verdadera pasi&oacute;n. Marius estaba en camino de adorar a su padre.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al mismo tiempo, se produjo un cambio extraordinario en sus ideas. Las fases de este cambio fueron numerosas y graduales.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Como esta es la historia de muchas mentes de nuestro tiempo, consideramos &uacute;til seguir estas fases paso a paso e indicarlas todas.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta historia, que ahora contemplaba, lo sobresalt&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El primer efecto fue el desconcierto.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La rep&uacute;blica, el imperio, hab&iacute;an sido para &eacute;l, hasta entonces, nada m&aacute;s que palabras monstruosas. La rep&uacute;blica, una guillotina en el crep&uacute;sculo; el imperio, un sable en la noche. Los hab&iacute;a contemplado, y all&iacute;, donde esperaba encontrar solo un caos de oscuridad, hab&iacute;a visto, con una especie de sorpresa asombrosa, mezclada con miedo y alegr&iacute;a, estrellas brillando: Mirabeau, Vergniaud, Saint-Just, Robespierre, Camille Desmoulins, Danton, y un sol naciente: Napole&oacute;n. No sab&iacute;a d&oacute;nde estaba. Retrocedi&oacute; cegado por los esplendores. Poco a poco, el asombro se desvaneci&oacute;, se acostumbr&oacute; a este resplandor; contempl&oacute; los actos sin v&eacute;rtigo, examin&oacute; a los personajes sin error; la revoluci&oacute;n y el imperio se pusieron en una perspectiva luminosa ante sus ojos esforzados. Vio cada uno de estos dos grupos de acontecimientos y hombres organizarse en dos enormes hechos: la rep&uacute;blica en la soberan&iacute;a del derecho c&iacute;vico restituido a las masas, el imperio en la soberan&iacute;a de la idea francesa impuesta a Europa; Vio surgir de la revoluci&oacute;n la gran figura del pueblo, y del imperio la gran figura de Francia. Se declar&oacute; a s&iacute; mismo que todo eso hab&iacute;a sido bueno.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estaba lleno de arrepentimiento y remordimiento, y pens&oacute; con desesperaci&oacute;n que todo lo que ten&iacute;a en su alma solo pod&iacute;a dec&iacute;rselo a una tumba. &iexcl;Oh! Si su padre viviera, si a&uacute;n lo hubiera tenido, si Dios en su misericordia y en su bondad hubiera permitido que su padre a&uacute;n viviera, c&oacute;mo habr&iacute;a corrido, c&oacute;mo se habr&iacute;a lanzado de cabeza, c&oacute;mo le habr&iacute;a gritado a su padre: "&iexcl;Padre! &iexcl;Estoy aqu&iacute;! &iexcl;Soy yo! &iexcl;Mi coraz&oacute;n es igual al tuyo! &iexcl;Soy tu hijo!". &iexcl;C&oacute;mo habr&iacute;a abrazado su cabeza blanca, mojado su cabello con l&aacute;grimas, contemplado su cicatriz, apretado sus manos, adorado sus ropas, besado sus pies! &iexcl;Oh! &iquest;Por qu&eacute; hab&iacute;a muerto su padre tan pronto, antes de la adolescencia, antes de la justicia, antes del amor de su hijo? Marius ten&iacute;a un sollozo continuo en su coraz&oacute;n que dec&iacute;a a cada momento: "&iexcl;Ay!".<br />&#8203;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al mismo tiempo, se volvi&oacute; m&aacute;s serio, m&aacute;s solemne, m&aacute;s seguro de su fe y de su pensamiento. Destellos de la verdad llegaban a cada instante para completar su razonamiento. Era como un crecimiento interior. Sent&iacute;a una especie de engrandecimiento natural que estas dos cosas nuevas, su padre y su pa&iacute;s, le tra&iacute;an.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De la rehabilitaci&oacute;n de su padre hab&iacute;a pasado naturalmente a la rehabilitaci&oacute;n de Napole&oacute;n. Una noche estaba solo en su peque&ntilde;a habitaci&oacute;n junto al tejado. Su vela estaba encendida; estaba leyendo, apoyado en su mesa junto a la ventana abierta. Todo tipo de enso&ntilde;aciones lo invadieron desde la amplitud del espacio y se mezclaron con sus pensamientos. &iexcl;Qu&eacute; espect&aacute;culo es la noche! O&iacute;mos sonidos sordos, sin saber de d&oacute;nde vienen; vemos a J&uacute;piter, mil doscientas veces m&aacute;s grande que la Tierra, brillando como una brasa; el cielo es negro, las estrellas centellean, es aterrador.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Le&iacute;a los boletines del Gran Ej&eacute;rcito, aquellas heroicas estrofas escritas en el campo de batalla; ve&iacute;a all&iacute;, a intervalos, el nombre de su padre, el nombre del emperador por todas partes; todo el gran imperio aparec&iacute;a ante &eacute;l; sent&iacute;a como si una marea creciera y subiera en su interior; a ratos le parec&iacute;a que su padre pasaba a su lado como un soplo y le susurraba al o&iacute;do; poco a poco se fue desviando; cre&iacute;a o&iacute;r los tambores, los ca&ntilde;ones, las trompetas, el paso mesurado de los batallones, el galope sordo y lejano de la caballer&iacute;a; de vez en cuando alzaba la vista al cielo y ve&iacute;a las colosales constelaciones brillando en los abismos infinitos, luego volv&iacute;a la vista al libro y ve&iacute;a las otras cosas colosales movi&eacute;ndose confusamente. Su coraz&oacute;n estaba lleno. Se sinti&oacute; transportado, tembloroso, sin aliento, de repente, sin saber qu&eacute; lo mov&iacute;a ni a qu&eacute; obedec&iacute;a, se levant&oacute;, extendi&oacute; los brazos por la ventana, mir&oacute; fijamente la penumbra, el silencio, el querido infinito, la eterna inmensidad, y grit&oacute;: &laquo;&iexcl;Viva el emperador!&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Desde ese momento todo hab&iacute;a terminado.&#128072;</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El emperador hab&iacute;a sido para su padre solo el capit&aacute;n amado, a quien se admira y por quien se siente devoto; para Mario era algo m&aacute;s. Era la encarnaci&oacute;n misma de Francia, conquistando Europa con las espadas que empu&ntilde;aba y el mundo con la luz que irradiaba. Mario vio en Bonaparte el espectro centelleante que siempre se alzar&aacute; en la frontera y que proteger&aacute; el futuro. D&eacute;spota, pero dictador; d&eacute;spota resultante de una rep&uacute;blica y culminante de una revoluci&oacute;n. Napole&oacute;n se convirti&oacute; para &eacute;l en el hombre del pueblo, como Jes&uacute;s es el hombre-Dios. Todas estas revoluciones se consumaron en &eacute;l sin que su familia lo sospechara.</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cuando, en este misterioso trabajo, se hubo despojado por completo de su antigua piel borb&oacute;nica y ultra, cuando se hubo despojado de su piel arist&oacute;crata, jacobita y realista, cuando fue plenamente revolucionario, plenamente democr&aacute;tico y casi republicano, fue a casa de un grabador del Quai des Orf&egrave;vres y encarg&oacute; cien tarjetas con su nombre: BAR&Oacute;N MARIUS PONTMERCY.</font></span></span><br /><span><font size="4"><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Por una consecuencia natural, a medida que se acercaba a su padre, a su recuerdo y a las cosas por las que el coronel hab&iacute;a luchado durante veinticinco a&ntilde;os, se distanciaba de su abuelo. Como ya hemos mencionado, durante mucho tiempo los caprichos del se&ntilde;or Gillenormand le hab&iacute;an resultado desagradables. Ya exist&iacute;a entre ellos la aversi&oacute;n de un joven serio por un anciano fr&iacute;volo. Mientras compart&iacute;an las mismas opiniones pol&iacute;ticas y las mismas ideas, Marius se hab&iacute;a encontrado con el se&ntilde;or Gillenormand a trav&eacute;s de ellas como si estuvieran en un puente. Cuando este puente cay&oacute;, apareci&oacute; el abismo. Y entonces, sobre todo, Marius sinti&oacute; una repugnancia indescriptible al pensar que el se&ntilde;or Gillenormand, por motivos est&uacute;pidos, lo hab&iacute;a separado sin piedad del coronel, privando as&iacute; al padre del hijo, y al hijo del padre.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Por el cari&ntilde;o y la veneraci&oacute;n que sent&iacute;a por su padre, Marius casi hab&iacute;a llegado a sentir aversi&oacute;n por su abuelo.</span></font></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sin embargo, como ya hemos dicho, nada de esto se trasluc&iacute;a externamente. Solo que se volv&iacute;a cada vez m&aacute;s fr&iacute;o; lac&oacute;nico en las comidas y casi nunca estaba en casa. Cuando su t&iacute;a lo rega&ntilde;aba por ello, se mostraba muy apacible y pon&iacute;a como excusa sus estudios, los tribunales, los ex&aacute;menes, las disertaciones, etc. El abuelo no cambiaba su infalible diagn&oacute;stico: "&iquest;Enamorado? Lo entiendo". Marius se ausentaba de vez en cuando.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iquest;Ad&oacute;nde puede ir?", preguntaba la t&iacute;a.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En uno de estos viajes, que siempre eran muy cortos, fue a Montfermeil, obedeciendo el mandato de su padre, y busc&oacute; al antiguo sargento de Waterloo, el posadero Th&eacute;nardier. Th&eacute;nardier hab&iacute;a fracasado, la posada estaba cerrada y nadie sab&iacute;a qu&eacute; hab&iacute;a sido de &eacute;l. Mientras hac&iacute;a estas investigaciones, Marius estuvo fuera de casa cuatro d&iacute;as.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Sin duda&raquo;, dijo el abuelo, &laquo;se est&aacute; extraviando&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cre&iacute;an haber notado que llevaba algo, sobre el pecho y debajo de la camisa, colgado del cuello con una cinta negra.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700"><font size="4">V</font></span></span><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Fue a Vernon a donde Marius lleg&oacute; la primera vez que se ausent&oacute; de Par&iacute;s. All&iacute; regresaba cada vez que Monsieur Gillenormand dec&iacute;a: &laquo;Se ha acostado&raquo;. Una ma&ntilde;ana, Marius, al regresar de Vernon, fue dejado en casa de su abuelo y, fatigado por las dos noches pasadas en la diligencia, sintiendo la necesidad de compensar su falta de sue&ntilde;o con una hora en la escuela de nataci&oacute;n, corri&oacute; r&aacute;pidamente a su habitaci&oacute;n, apenas tuvo tiempo de quitarse el abrigo de viaje y la cinta negra que llevaba al cuello, y se fue al ba&ntilde;o.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Gillenormand, que se hab&iacute;a levantado temprano como todos los ancianos sanos, lo oy&oacute; entrar y se apresur&oacute; con todas sus fuerzas, con sus piernas envejecidas, a subir a lo alto de la escalera donde se encontraba la habitaci&oacute;n de Marius para abrazarlo, interrogarlo mientras lo abrazaba y averiguar algo sobre su origen.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pero el joven tard&oacute; menos en bajar que el octogenario en subir, y cuando el abuelo Gillenormand entr&oacute; en la buhardilla, Marius ya no estaba.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La cama no se movi&oacute;, y sobre ella se exhibieron sin recelo el abrigo y la cinta negra.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Me gusta m&aacute;s as&iacute;&raquo;, dijo el se&ntilde;or Gillenormand.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y un momento despu&eacute;s entr&oacute; en la sala donde la se&ntilde;orita Gillenormand, la mayor, ya estaba sentada, bordando las ruedas de su coche.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La entrada fue triunfal.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Gillenormand sosten&iacute;a en una mano el abrigo y en la otra la cinta del cuello, y exclam&oacute;:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iexcl;Victoria! &iexcl;Vamos a desentra&ntilde;ar el misterio! &iexcl;Conoceremos el final del final, sentiremos el libertinaje de nuestro embaucador! &iexcl;Aqu&iacute; estamos, incluso con el romance! &iexcl;Tengo el retrato!</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">De hecho, una caja de piel de tibur&oacute;n negra, parecida a un medall&oacute;n, estaba sujeta a la cinta.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El anciano tom&oacute; su caja y la mir&oacute; un rato sin abrirla.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y se puso las gafas. Desplegaron el papel y leyeron esto:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Para mi hijo. El emperador me nombr&oacute; bar&oacute;n en el campo de batalla de Waterloo. Ya que la Restauraci&oacute;n impugna este t&iacute;tulo que he comprado con mi sangre, mi hijo lo tomar&aacute; y lo llevar&aacute;. No necesito decir que ser&aacute; digno de &eacute;l&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los sentimientos del padre y el hijo son indescriptibles. Sintieron un escalofr&iacute;o como el aliento de una calavera. No intercambiaron palabra. Monsieur Gillenormand, sin embargo, dijo en voz baja, como hablando consigo mismo:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Es la letra de ese sablero&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La t&iacute;a examin&oacute; el papel, lo gir&oacute; por todos lados y lo volvi&oacute; a guardar en la caja.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Justo en ese momento, un peque&ntilde;o paquete oblongo, envuelto en papel azul, cay&oacute; de un bolsillo del abrigo. Mademoiselle Gillenormand lo recogi&oacute; y desdobl&oacute; el papel azul. Eran las cien tarjetas de Marius. Le pas&oacute; uno de ellos al se&ntilde;or Gillenormand, quien ley&oacute;: BAR&Oacute;N MARIUS PONTMERCY.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El anciano llam&oacute;. Lleg&oacute; Nicolette. El se&ntilde;or Gillenormand tom&oacute; la cinta, la caja y el abrigo, los tir&oacute; al suelo en medio de la sala y dijo:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iexcl;Ll&eacute;vense esas cosas!&raquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pas&oacute; una hora entera en completo silencio. El anciano y la solterona estaban sentados de espaldas, y probablemente, cada uno de lado, pensando en lo mismo. Al cabo de esa hora, la t&iacute;a Gillenormand dijo:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iexcl;Qu&eacute; bonito!&raquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Pas&oacute; una hora entera en completo silencio. El anciano y la solterona estaban sentados de espaldas, y probablemente, cada uno de lado, pensando en lo mismo. Al cabo de esa hora, la t&iacute;a Gillenormand dijo:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;&iexcl;Hermoso!</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Ahora eres bar&oacute;n. Te presento mis respetos. &iquest;Qu&eacute; significa esto?</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius se sonroj&oacute; levemente y respondi&oacute;:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;Significa que soy hijo de mi padre.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El se&ntilde;or Gillenormand contuvo la risa y dijo con dureza:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;Tu padre: yo soy tu padre.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;Mi padre &mdash;continu&oacute; Marius con la mirada baja y gesto severo&mdash; fue un hombre humilde y heroico que sirvi&oacute; gloriosamente a la Rep&uacute;blica Francesa, que form&oacute; parte de la historia m&aacute;s grande que la humanidad haya escrito jam&aacute;s, que vivi&oacute; un cuarto de siglo en el campamento, de d&iacute;a bajo la metralla y las balas, de noche en la nieve, el barro y la lluvia, que captur&oacute; banderas, que recibi&oacute; veinte heridas, que muri&oacute; olvidado y abandonado, y que solo tuvo un defecto: &ldquo;Eso fue amar demasiado a dos ingratos, su patria y yo&rdquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esto era m&aacute;s de lo que Monsieur Guillenormand pod&iacute;a escuchar.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al o&iacute;r la palabra rep&uacute;blica, se levant&oacute;, o mejor dicho, se puso de pie de un salto.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Cada una de las palabras pronunciadas por Marius hab&iacute;a producido en el rostro del viejo realista el efecto de una explosi&oacute;n de fuelle sobre un carb&oacute;n encendido. De oscuro se hab&iacute;a vuelto rojo, de rojo p&uacute;rpura, y de p&uacute;rpura brillante.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">"&iexcl;Marius!", exclam&oacute;. &iexcl;Ni&ntilde;o abominable! &iexcl;No s&eacute; qui&eacute;n era tu padre! &iexcl;No quiero saberlo! &iexcl;No s&eacute; nada de &eacute;l! Pero lo que s&iacute; s&eacute; es que entre toda esa gentuza solo hab&iacute;a unos miserables. &iexcl;Que todos eran mendigos, asesinos, gorros rojos, ladrones! &iexcl;Digo todos! &iexcl;Digo todos! &iexcl;No conozco a nadie! &iexcl;Digo todos! &iquest;Me oyes, Marius? &iexcl;Mira, s&iacute;, eres tan bar&oacute;n como mi zapatilla! &iexcl;Todos eran bandidos que serv&iacute;an a Robespierre! &iexcl;Todos bandidos que serv&iacute;an a Bonaparte! &iexcl;Todos traidores que traicionaron, traicionaron, traicionaron! &iexcl;A su leg&iacute;timo rey! &iexcl;Todos cobardes que huyeron de los prusianos y los ingleses en Waterloo! Eso es lo que s&eacute;. Si tu padre est&aacute; entre ellos, no lo conozco, lo siento, tanto peor, tu servidor.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">A su vez, Marius se convirti&oacute; en el carb&oacute;n, y Monsieur Gillenormand en el fuelle. Marius se estremec&iacute;a por completo, no sab&iacute;a qu&eacute; hacer, le ard&iacute;a la cabeza. Su padre hab&iacute;a sido pisoteado y pisoteado en su presencia, pero &iquest;por qui&eacute;n? Por su abuelo. &iquest;C&oacute;mo vengar a uno sin ultrajar al otro? Le era imposible insultar a su abuelo, y le era igualmente imposible no vengar a su padre. Por un lado, una tumba sagrada, por el otro, canas. Por unos instantes, se sinti&oacute; mareado y tambale&aacute;ndose con todo ese torbellino en la cabeza; luego levant&oacute; la vista, mir&oacute; fijamente a su abuelo y grit&oacute; con voz atronadora:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iexcl;Abajo los Borbones y el gran cerdo Luis XVIII!&raquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Luis XVIII llevaba cuatro a&ntilde;os muerto; pero a &eacute;l le daba igual.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El anciano, escarlata como estaba, de repente se volvi&oacute; m&aacute;s blanco que su pelo. Se volvi&oacute; hacia un busto del duque de Berry que reposaba sobre la repisa de la chimenea y le hizo una profunda reverencia con una majestuosidad peculiar. Luego, se alej&oacute; dos veces, despacio y en silencio, de la chimenea, recorriendo toda la habitaci&oacute;n y haciendo crujir el suelo como si una imagen de piedra caminara sobre &eacute;l. La segunda vez, se inclin&oacute; hacia su hija, que soportaba la impresi&oacute;n con el estupor de una oveja vieja, y le dijo con una sonrisa casi serena:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;Un bar&oacute;n como monsieur y un burgu&eacute;s como yo no podemos estar bajo el mismo techo&raquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Y de repente, enderez&aacute;ndose, p&aacute;lido, tembloroso, terrible, con la frente hinchada por el temible resplandor de la ira, extendi&oacute; el brazo hacia Marius y le grit&oacute;:</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&laquo;&iexcl;Fuera!&raquo;.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius sali&oacute; de casa.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Al d&iacute;a siguiente, Monsieur Gillenormand le dijo a su hija:</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&ldquo;Enviar&aacute;s sesenta pistolas cada seis meses a este bebedor de sangre, y no volver&aacute;s a hablarme de &eacute;l&rdquo;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Con un inmenso remanente de furia que descargar, y sin saber qu&eacute; hacer con &eacute;l, habl&oacute; con su hija con frialdad durante m&aacute;s de tres meses.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Marius, por su parte, se march&oacute; sin decir ad&oacute;nde iba, y sin saber ad&oacute;nde iba, con treinta francos, su reloj y algo de ropa en una bolsa de viaje. Alquil&oacute; un descapotable por horas, se subi&oacute; y condujo al azar hacia el Barrio Latino.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Qu&eacute; iba a hacer</font><strong style=""><font size="4"> Marius? &#128072;</font><br /><br /></strong></span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><br /><br /><br /><br /><br /><br /><br /><font size="7"><br />Par&iacute;s:&nbsp;<br /></font></span></span><br /><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="7">Las semillas de la revoluci&oacute;n</font></span></span><br /><span></span><br /><br /><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700"><font size="5">Las amigos de la A B C</font></span></span><br /><span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700"><font size="4">I</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En aquel per&iacute;odo, aparentemente indiferente, se percib&iacute;a vagamente una especie de emoci&oacute;n revolucionaria. Se o&iacute;an susurros provenientes de las profundidades del 89 y del 92. El joven Par&iacute;s, valga la expresi&oacute;n, estaba en plena transformaci&oacute;n. La gente se transformaba casi sin sospecharlo, por el mero transcurso del tiempo. La manecilla que recorre el reloj tambi&eacute;n se mueve entre las almas. Cada uno dio el paso que ten&iacute;a delante. Los mon&aacute;rquicos se convirtieron en liberales, los liberales en dem&oacute;cratas.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era como una marea creciente, complicada por mil reflujos; la peculiaridad del reflujo es crear mezclas; de ah&iacute;, combinaciones de ideas muy singulares; los hombres veneraban al mismo tiempo a Napole&oacute;n y a la libertad. Ahora estamos escribiendo la historia. Estos fueron los espejismos de aquel d&iacute;a. Las opiniones pasan por fases.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El monarquismo voltairano, una variedad grotesca, ten&iacute;a un hom&oacute;logo no menos extra&ntilde;o: el liberalismo bonapartista.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Otros grupos de mentes eran m&aacute;s serios. Comprend&iacute;an los principios; se aferraban a la justicia. Anhelaban lo absoluto, vislumbraban las infinitas realizaciones; lo absoluto, por su misma rigidez, impulsa la mente hacia lo ilimitado y la hace flotar en lo infinito.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">No hay nada como un sue&ntilde;o para crear el futuro. Utop&iacute;a hoy, carne y hueso ma&ntilde;ana.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En aquel entonces, a&uacute;n no exist&iacute;an en Francia organizaciones como la Liga de los Tugen alemanes ni los Carbonarios italianos; pero aqu&iacute; y all&aacute; surg&iacute;an iniciativas poco conocidas. La Cougourde tomaba forma en Aix; en Par&iacute;s, entre otras asociaciones de este tipo, se encontraba la Sociedad de los Amigos del ABC.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&iquest;Qui&eacute;nes eran los Amigos del ABC? Una sociedad cuyo objetivo, aparentemente, era la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os; en realidad, la elevaci&oacute;n de los hombres.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se declaraban Amigos del ABC.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&mdash;--------</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="2">1 A B C en franc&eacute;s se pronuncia ah-bay-say, exactamente igual que la palabra francesa abaiss&eacute;.</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los abaiss&eacute; (los humillados) eran el pueblo. Quer&iacute;an elevarlos.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Los amigos de la ABC no eran numerosos; era una sociedad secreta en sus inicios.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Se reun&iacute;an en Par&iacute;s, en dos lugares: cerca de las Halles, en una vinoteca llamada Corinthe, a la que nos referiremos m&aacute;s adelante, y cerca del Pante&oacute;n, en un peque&ntilde;o caf&eacute; de la Place Saint Michel llamado Le Caf&eacute; Musain, ahora demolido. El primero de estos dos lugares de encuentro estaba cerca de los obreros, el segundo cerca de los estudiantes.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Las reuniones ordinarias de los amigos de la ABC se celebraban en una trastienda del Caf&eacute; Musain.</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Esta habitaci&oacute;n, bastante alejada del caf&eacute;, con el que se comunicaba por un largo pasillo, ten&iacute;a dos ventanas y una salida por una escalera privada a la peque&ntilde;a rue des Gr&eacute;s.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">All&iacute; fumaban, beb&iacute;an, jugaban y re&iacute;an. Hablaban a gritos de todo y en susurros de otras cosas. En la pared estaba clavado, un detalle suficiente para despertar las sospechas de un polic&iacute;a, un viejo mapa de Francia durante la Rep&uacute;blica.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">La mayor&iacute;a de los amigos del ABC eran estudiantes, que se llevaban muy bien con algunos obreros. Los nombres de los principales son los siguientes: Enjolras, Combeferre, Jean Prouvaire, Feuilly, Courfeyrac, Bahorel, Lesgle o Laigle, Joly y Grantaire.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Estos j&oacute;venes formaban una especie de familia entre ellos, unidos por la fuerza de la amistad. Todos, excepto Laigle, era del sur.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Enjolras, a quien hemos mencionado primero (el motivo se ver&aacute; m&aacute;s adelante), era hijo &uacute;nico y rico. Enjolras era un joven encantador, capaz de ser terrible.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Era un hombre de acci&oacute;n y a la vez combativo; desde el punto de vista inmediato, un soldado de la democracia; por encima del movimiento de la &eacute;poca, un sacerdote del ideal.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Junto a Enjolras, quien representaba la l&oacute;gica de la revoluci&oacute;n, Comebeferre representaba su filosof&iacute;a. Entre la l&oacute;gica de la revoluci&oacute;n y su filosof&iacute;a existe esta diferencia: que la l&oacute;gica pod&iacute;a culminar en la guerra, mientras que la filosof&iacute;a solo pod&iacute;a terminar en la paz.</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Jean Prouvaire era a&uacute;n m&aacute;s comedido que Combeferre. Jean Prouvaire era un hombre entregado al amor; cultivaba flores, tocaba la flauta, compon&iacute;a versos, amaba a la gente, lloraba por las mujeres, lamentaba la infancia.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todo el d&iacute;a reflexionaba sobre cuestiones sociales: salarios, capital, cr&eacute;dito, matrimonio, religi&oacute;n, libertad de pensamiento, libertad de amor, educaci&oacute;n, castigo, miseria, asociaci&oacute;n, propiedad, producci&oacute;n y distribuci&oacute;n.</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Por la noche contemplaba las estrellas, esos seres inmensos. Como Enjolras, era rico e hijo &uacute;nico. Hablaba con suavidad, inclinaba la cabeza, bajaba la mirada, sonre&iacute;a con timidez, vest&iacute;a mal, ten&iacute;a un aire torpe, no se sonrojaba por nada, era muy t&iacute;mido, pero aun as&iacute; intr&eacute;pido.</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Feuilly era fabricante de abanicos, hu&eacute;rfano, que con dificultad ganaba tres francos al d&iacute;a y que solo ten&iacute;a un pensamiento: liberar al mundo. Ten&iacute;a otro deseo: instruirse, a lo que tambi&eacute;n llamaba liberaci&oacute;n. Hab&iacute;a aprendido a leer y escribir por s&iacute; mismo. Todo lo que sab&iacute;a, lo hab&iacute;a aprendido solo. Feuilly era generoso. Ten&iacute;a un abrazo inmenso.</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Enjolras era el l&iacute;der, Combeferre el gu&iacute;a, Courfeyrac el centro. Los dem&aacute;s aportaban m&aacute;s luz, &eacute;l m&aacute;s intensidad; la verdad es que pose&iacute;a todas las cualidades de un centro: plenitud y luminosidad.</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Bahorel era un hombre de buen humor y mala compa&ntilde;&iacute;a, siempre dispuesto a romper una losa, luego a arrasar una calle, luego a derrocar un gobierno, para ver las consecuencias; un estudiante de und&eacute;cimo grado.</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Sirvi&oacute; de nexo entre los Amigos del ABC y otros grupos a&uacute;n sin una estructura definida, pero que m&aacute;s adelante tomar&iacute;an forma.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">En este c&oacute;nclave de j&oacute;venes mentes destacaba un miembro audaz: Lesgle o L&eacute;gle (de Meaux). Sus compa&ntilde;eros, por brevedad, lo llamaban Bossuet.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Bossuet era un tipo jovial, aunque desafortunado. Su especialidad era no tener &eacute;xito en nada. Por otro lado, se re&iacute;a de todo.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todos estos j&oacute;venes, tan diversos como eran, y de quienes, en conjunto, solo deber&iacute;amos hablar con seriedad, compart&iacute;an la misma religi&oacute;n: el progreso.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Todos eran hijos leg&iacute;timos de la Revoluci&oacute;n Francesa. El m&aacute;s jovial se torn&oacute; solemne al pronunciar la fecha: &laquo;89&raquo;. Eran j&oacute;venes; la sangre pura de los principios corr&iacute;a por sus venas. Se adhirieron sin reservas al derecho incorruptible y al deber absoluto.</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Entre todos estos corazones apasionados y todas estas mentes inquebrantables, hab&iacute;a un esc&eacute;ptico.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">El nombre de este esc&eacute;ptico era Grantaire. Todas esas palabras: derechos del pueblo, derecho del hombre, contrato social, Revoluci&oacute;n Francesa, rep&uacute;blica, democracia, humanidad, civilizaci&oacute;n, religi&oacute;n, progreso, eran para Grantaire pr&aacute;cticamente insignificantes. Les sonri&oacute;. El escepticismo,</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">no hab&iacute;a dejado ni una sola idea completa en su mente.</font></span></span><br /><span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Aun as&iacute;, este esc&eacute;ptico albergaba un fanatismo.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Grantaire admiraba, amaba y veneraba a Enjolras.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Grantaire, en quien la duda se insinuaba, disfrutaba viendo florecer la fe en Enjolras.</font></span></span><br /><span></span><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Enjolras, siendo creyente, desde&ntilde;&oacute; a este esc&eacute;ptico y, sobrio, despreci&oacute; a este borracho. Le concedi&oacute; una pizca de altiva compasi&oacute;n.</font></span></span><br /><span></span><br /></div>  <div class="paragraph" style="text-align:right;"><span><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700"><font size="5">Continuar&aacute;...</font></span></span></div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Acerca de esta versión.]]></title><link><![CDATA[https://www.reikisimo.com/club-del-libro/acerca-de-esta-version]]></link><comments><![CDATA[https://www.reikisimo.com/club-del-libro/acerca-de-esta-version#comments]]></comments><pubDate>Mon, 30 May 2022 03:24:42 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">https://www.reikisimo.com/club-del-libro/acerca-de-esta-version</guid><description><![CDATA[&nbsp; Cuando era joven le&iacute; Los Miserables de Victor Hugo. Me caus&oacute; bastante impresi&oacute;n.&nbsp; Luego, una ma&ntilde;ana de primavera en Dubl&iacute;n, le&iacute; en la portada del Irish Times que un dublin&eacute;s, Colm Wilkenson, hab&iacute;a causado un gran revuelo en Londres como Jean Valjean en el musical Les Mis.&nbsp; Y yo pens&eacute;,&nbsp; " Genial. &iexcl;Han hecho un musical de Los Miserables! Pero, &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a alguien disfrutar de este music [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div class="paragraph"><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Cuando era joven le&iacute; Los Miserables de Victor Hugo. Me caus&oacute; bastante impresi&oacute;n.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Luego, una ma&ntilde;ana de primavera en Dubl&iacute;n, le&iacute; en la portada del Irish Times que un dublin&eacute;s, Colm Wilkenson, hab&iacute;a causado un gran revuelo en Londres como Jean Valjean en el musical Les Mis.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Y yo pens&eacute;,</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; " Genial. &iexcl;Han hecho un musical de Los Miserables! Pero, &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a alguien disfrutar de este musical si no leyera el libro primero? "</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Bueno, por supuesto, miles han disfrutado del musical, sin el libro primero, desde&nbsp;entonces.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; M&aacute;s tarde, cuando estaba ense&ntilde;ando en Gorsebrook, us&eacute; Les Miserables en mi curso de ingl&eacute;s. Y, por supuesto, tambi&eacute;n us&eacute; el musical. Una gran combinaci&oacute;n.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; En su mayor parte, obtuvo una gran respuesta de los estudiantes. A la mayor&iacute;a nunca se les hab&iacute;a pedido que leyeran algo como esto antes en sus vidas. Y combinado con la m&uacute;sica del programa, a muchos les encant&oacute;.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Entonces un d&iacute;a, muy cerca del final del a&ntilde;o, tuve que matar unos 15 minutos con mi clase al final de la tarde.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; El t&eacute;rmino escolar realmente hab&iacute;a terminado. Pero, para mantenerlos ocupados, les di a cada uno una hoja de papel y les ped&iacute; que escribieran tres oraciones, cada una de las cuales conten&iacute;a alg&uacute;n tipo de comentario sobre haber estudiado Los Miserables como parte de su curso de ingl&eacute;s.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Fueron directamente a trabajar. Todos ten&iacute;an algo significativo que decir. Y estos eran&nbsp; &nbsp; de grado 8. Realmente me impresion&oacute; favorablemente cuando le&iacute; sus comentarios.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;Esto no era una tarea. Despu&eacute;s de leer los comentarios, me di cuenta de que realmente no hab&iacute;a apreciado cu&aacute;ntos de mis estudiantes, algunos de los cuales eran estudiantes de ingl&eacute;s como segundo idioma y otros que no eran lectores muy h&aacute;biles, se hab&iacute;an visto afectados por Les Miserables.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; S&oacute;lo unos pocos no estaban entusiasmados.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp;Despu&eacute;s de jubilarme, decid&iacute; tomar mi edici&oacute;n abreviada de 525 p&aacute;ginas de Los Miserables (Usamos dos. Una era de 325 p&aacute;ginas y la otra de 525) y hacerla un poco m&aacute;s atractiva para que TODOS estuvieran m&aacute;s interesados &#8203;&#8203;y entusiasmados.</font></span></span><br /><br /><span><font size="4"><span style="color:rgb(0, 0, 0)">&nbsp; V&iacute;ctor Hugo pod&iacute;a ser un poco prolijo y florido y, a veces, se alejaba de la trama principal. Esto dej&oacute; a algunos de los estudiantes desanimados y confundidos. Me di cuenta cuando estaban tensos y estaban </span><span style="color:rgb(0, 0, 0)">bregando.&nbsp;</span></font></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Habiendo observado algunos, mientras hojeaban el libro, decid&iacute; hacer algunas modificaciones.</font></span></span><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Acort&eacute; la introducci&oacute;n y simplifiqu&eacute; el lenguaje de la primera parte de la novela. As&iacute; que cualquiera podr&iacute;a manejarlo.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Esto facilit&oacute; que los lectores menos h&aacute;biles continuar&aacute;n hasta llegar a la parte de la historia que los atra&iacute;a. Despu&eacute;s de eso, el idioma no importaba. Se ocupar&iacute;an de ello porque quer&iacute;an saber qu&eacute; iba a pasar.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Y luego, simplemente elimin&eacute; ciertas peque&ntilde;as partes de la novela que confund&iacute;an a muchos de los lectores, incluy&eacute;ndome a m&iacute;, y que no eran realmente esenciales para el alma o la trama principal de la historia.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Se lo he ofrecido s&oacute;lo a dos personas para que lo lean y les ha encantado. &iexcl;Corrieron a trav&eacute;s de &eacute;l! Ninguno de los dos hab&iacute;a visto nunca el musical.</font></span></span><br /><br /><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">&nbsp; Creo que todos los escolares deber&iacute;an tener la oportunidad de leer esta nueva versi&oacute;n abreviada de Los Miserables. &iexcl;Creo que les har&iacute;a bien!</font></span></span><br /></div>  <div class="paragraph" style="text-align:right;"><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">Nota: No solo los ni&ntilde;os(as) de la escuela lo disfrutar&aacute;n.</span></div>  <div class="paragraph" style="text-align:right;">Michael Doherty</div>]]></content:encoded></item><item><title><![CDATA[Los MISERABLES]]></title><link><![CDATA[https://www.reikisimo.com/club-del-libro/los-miserables]]></link><comments><![CDATA[https://www.reikisimo.com/club-del-libro/los-miserables#comments]]></comments><pubDate>Tue, 17 May 2022 14:53:22 GMT</pubDate><category><![CDATA[Uncategorized]]></category><guid isPermaLink="false">https://www.reikisimo.com/club-del-libro/los-miserables</guid><description><![CDATA[ 	 		 			 				 					 						  &ldquo; Millones de personas en todo el mundo se han conectado con la historia tal como se presenta en el musical Les Miserables &rdquo;    El libro cubre muchas emociones y temas con los que todos estamos familiarizados, en todas partes, directa o indirectamente.  &#8203;&#8203;&#128064;REACCIONES A LES MIS&#128064;.   					 								 					 						          					 							 		 	   Comentarios de las reacciones de un grupo de lectores en Halifax N.S. alrededor de 1984.  A [...] ]]></description><content:encoded><![CDATA[<div><div class="wsite-multicol"><div class="wsite-multicol-table-wrap" style="margin:0 -15px;"> 	<table class="wsite-multicol-table"> 		<tbody class="wsite-multicol-tbody"> 			<tr class="wsite-multicol-tr"> 				<td class="wsite-multicol-col" style="width:50%; padding:0 15px;"> 					 						  <div class="paragraph"><strong><font color="#2a2a2a" size="3">&ldquo; Millones de personas en todo el mundo se han conectado con la historia tal como se presenta en el musical Les Miserables &rdquo;</font></strong></div>  <div class="wsite-spacer" style="height:50px;"></div>  <div class="paragraph"><font color="#2a2a2a" size="4">El libro cubre muchas emociones y temas con los que todos estamos familiarizados, en todas partes, directa o indirectamente.</font></div>  <h2 class="wsite-content-title"><br /><br />&#8203;&#8203;&#128064;REACCIONES A LES MIS&#128064;.</h2>   					 				</td>				<td class="wsite-multicol-col" style="width:50%; padding:0 15px;"> 					 						  <div><div class="wsite-image wsite-image-border-none " style="padding-top:10px;padding-bottom:10px;margin-left:0;margin-right:0;text-align:center"> <a> <img src="https://www.reikisimo.com/uploads/7/7/6/9/7769312/les-mis2_orig.jpg" alt="Picture" style="width:auto;max-width:100%" /> </a> <div style="display:block;font-size:90%"></div> </div></div>   					 				</td>			</tr> 		</tbody> 	</table> </div></div></div>  <h2 class="wsite-content-title"><em><strong><span><span style="color:rgb(0, 0, 0)"><font size="4">Comentarios de las reacciones de un grupo de lectores en Halifax N.S. alrededor de 1984.</font></span></span></strong></em></h2>  <div class="paragraph"><font size="4"><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">Aqu&iacute; yace Jean Valjean</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">siempre misericordioso,</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">siempre amable,</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">Nunca libre.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Les Mis es un libro que nunca olvidar&eacute;. Encontr&eacute; el libro conmovedor y, por decir lo menos, disfrut&eacute; ley&eacute;ndolo.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Jean Valjean siempre logra sacar lo bueno de s&iacute; mismo. Cuando saca a relucir esto en s&iacute; mismo es casi como una lecci&oacute;n o nos hace querer hacerlo junto con &eacute;l.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Lo que saqu&eacute; de la novela parece ser respeto por los dem&aacute;s.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~ Disfrut&eacute; mucho leyendo la novela. Fue significativo porque sent&iacute; los dolores de los personajes, sus alegr&iacute;as, sus angustias y sus esperanzas.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~La novela me hizo pensar en mi propia vida y en c&oacute;mo podr&iacute;a mejorar mis actitudes.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Jean Valjean, o al menos parte de &eacute;l, habita dentro de todos nosotros.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">Fue r&aacute;pido, intenso e impredecible. Lo disfrut&eacute; porque no se parece a ninguna otra novela que he le&iacute;do.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Me encant&oacute;, especialmente las partes sobre Marius y Cosette.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Vali&oacute; la pena leer la novela porque inclu&iacute;a lecciones morales de verdad y justicia.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~ De todas las novelas que he le&iacute;do, esta ser&iacute;a la que cre&oacute; la respuesta m&aacute;s emocional dentro de m&iacute; y me llen&oacute; de un sentimiento c&aacute;lido y el conocimiento de un buen conjunto de valores morales por los cuales vivir mi vida.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Creo que puedes encontrar similitudes entre cada personaje y t&uacute;. El libro tambi&eacute;n evoc&oacute; una incre&iacute;ble respuesta emocional.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~No puedo encontrar palabras para enfatizar lo bien que me siento al leer este libro.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Jean se trajo a s&iacute; mismo y a los dem&aacute;s alegr&iacute;a y felicidad y esa es una meta que todos deber&iacute;amos tener y esa es la raz&oacute;n para vivir.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Encontr&eacute; que la novela es tanto emotiva como esclarecedora.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Creo que mi personaje favorito era Gavroche porque era muy valiente y lleno de valor.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Si tuviera la opci&oacute;n de leer cualquier libro que quisiera, leer por segunda vez, no elegir&iacute;a este libro.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Si tuviera la oportunidad de leer Los Miserables nuevamente, definitivamente lo har&iacute;a. Este libro est&aacute; lleno de todo: suspenso, romance y aventura.</span><br /><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0)">~Me sorprendi&oacute; terminar la novela, aunque cuando la termin&eacute; estaba muy orgulloso de m&iacute; mismo por terminarla.</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">Aqu&iacute; hay un hombre,</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">Que nunca fue hombre,</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">Que fue m&aacute;s que un hombre,</span><br /><span style="color:rgb(0, 0, 0); font-weight:700">Que la mayor&iacute;a.</span></font><br /><br />&#8203;</div>]]></content:encoded></item></channel></rss>